Politikha / Blog de Luis Alberto Chávez

29 noviembre, 2006

Así empezó el TLC (2)

Los Países Andinos obtuvieron en bloque la ampliación del ATPDEA, pero era evidente que no avanzarían juntos hacia un TLC con los Estados Unidos. Bolivia fue la primera en abandonar el esfuerzo. El precario escenario político del país altiplánico hacía imposible que se pudiera sostener una negociación en ese sentido.

Ecuador, tras la caída de Lucio Gutiérrez y la llegada de Alfredo Palacio, intentó hasta el último momento seguir el paso a Colombia y Perú, pero la campaña electoral agotó esta posibilidad. El triunfo de Rafael Correa ha terminado por cerrar las puertas.

Perú se adelantó a Colombia y logró aprobar el Tratado en su Congreso y firmarlo en Washington en abril del 2006. Llegar a este punto tomó tiempo y significó acciones osadas como aquella tomada en setiembre del 2005 cuando las estrategias de Perú y Colombia empezaron a mostrar diferencias ante Estados Unidos.

El jefe negociador de Colombia, Hernando José Gómez, y el ministro de Comercio, Industria y Turismo, Jorge Humberto Botero, eran los más reacios a seguir avanzando.
Toledo tomó el teléfono y habló con el Presidente Alvaro Uribe.

- ¿Qué está pasando Alvaro? Nos estamos entrampando y Estados Unidos está sacando provecho del juego tratándonos por separado. ¿Puedes recibirme si voy con mi gente a hablar?

- Encantado, Alejandro, aquí te espero.

El 5 de Setiembre del 2005 el equipo negociador peruano del TLC en pleno arribó a Colombia para sostener una reunión de trabajo con sus pares de ese país. En una sala de la Casa de Nariño se reunieron los presidentes de ambos países acompañados de sus ministros y negociadores, y en otra sala lo hicieron los empresarios de ambos países.

Colombia no avanzaba porque tenía problemas con los cuartos traseros del pollo que Estados Unidos pretendía introducir a su país causando un serio daño a los productores avícolas colombianos. Había también sensibilidad en el azúcar. Y en la propiedad intelectual de los productos farmacéuticos. Colombia defendía igualmente su industria cultural, en especial, el cine y la música.

Perú no tenía mayor inconveniente en estos temas. El equipo llegó a las 10 y 30 de la mañana y partió a las 17 horas. Era evidente que a partir de entonces ambos países irían separados, en tiempos distintos, pero juntos en su decisión de lograr el TLC.

Para que no quede duda de su actuación en bloque se llamó por teléfono al Presidente ecuatoriano. Dos meses después, se suspendieron las negociaciones. Ecuador se quedó en el camino y Colombia y Perú siguieron adelante con velocidades distintas. Un mes después, en diciembre de 2005, nuestro país alcanzó un preacuerdo.

En marzo de 2006, Toledo viajó a Estados Unidos para promover el Tratado de Libre Comercio con ese país en coordinación con el Presidente Alvaro Uribe. Ambos se repartieron la tarea de contactar a los congresistas norteamericanos. Toledo se reunió con Bush, con congresistas demócratas y republicanos y con las cabezas del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo.

Al mes siguiente, en la sede de la OEA, Perú, finalmente, firmó el TLC. En todo este tiempo la tónica ha sido de esfuerzo constante, de contactos directos y de visitas al más alto nivel. A partir de julio, con el cambio de gobierno, se debía alcanzar la ratificación del tratado en el Congreso norteamericano, pero se bajó la guardia y ahí tenemos los resultados.

Ahora deberemos negociar con los demócratas que históricamente son más duros y reacios a firmar acuerdos comerciales. Tarea difícil y ardua. Es como si volviéramos a nadar otra vez contra corriente.

28 noviembre, 2006

Así empezó el TLC

Las primeras conversaciones para lograr un TLC con Estados Unidos empezaron el 23 de marzo del 2002, en el Salón de Embajadores de Palacio de Gobierno. Ese día conversaban el Presidente George W. Bush, de visita en nuestro país, y el Presidente Alejandro Toledo.

Era casi un sacrilegio abordar el tema. Por entonces, no había el casi consenso que hoy existe. El ahora partido de gobierno jaqueaba al gobierno desde el Congreso y sus fuerzas del campo se movilizaban en contra de cualquier medida que pudiera significar liberar nuestra economía.

Los más optimistas consideraban la ratificación de la ATPA –más tarde convertida en ATPDEA-, pero no se les ocurría pensar que el Perú estuviera preparado para entablar una negociación en serio con el gigante norteamericano.

Toledo fue a la vena con Bush.

- ¿Y por qué no damos un paso adelante e iniciamos conversaciones para ir a un Tratado de Libre Comercio entre nuestros países, George?- le dijo, sin protocolos.

Los ojos pequeños y redondos de Bush se abrieron, sorprendidos. ¿Hablaría en serio el presidente peruano? No había sido fácil llegar a este punto. El sistema de preferencias arancelarias para ayudar a las exportaciones de los países andinos, productores de coca, fue gradual. Se expidió en 1991 y entró en vigencia al año siguiente para Colombia y Bolivia y en agosto del 1993 se extendió para Ecuador y Perú.

En diciembre del 2001, seis meses después de asumir el Gobierno, Toledo se encontró con la expiración del ATPA. Su renovación y ampliación requería un acto legislativo del Congreso americano. En ese momento, los países andinos buscaban la ampliación de las preferencias hasta el 2006.

El Presidente peruano mostraba su osadía al plantear un TLC. Más aún si consideramos que en aquel momento, Ecuador luchaba por liberar de aranceles su atún, mientras el Perú esperaba que los productos textiles tuvieran arancel cero y no 20% como eran gravados entonces.

Recién en la segunda semana de febrero de ese año, 2002, los cancilleres de los cuatro países habían obtenido una prórroga de 90 días en los beneficios arancelarios. La política de preferencias arancelarias que permitía exportar a Estados Unidos 6, 500 partidas con arancel cero había sido un éxito. Las fuerzas económicas lo sabían, pero las fuerzas políticas se oponían.

Conforme avanzaba el tiempo, se instaló en el país una fuerte corriente opositora a la firma de un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos; promovida más por intereses ideológicos que comerciales.

Finalmente, el 1 de octubre del 2002, Estados Unidos aprobó la renovación del ATPDEA por cuatro años más. Un año después, en noviembre de 2003, se iniciaron las conversaciones formales hacia un Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos junto a Ecuador y Colombia.

Lo que había empezado en una conversación en Palacio de Gobierno había dado sus frutos... pero todavía el camino sería largo y tortuoso. (Esta historia continuará).

26 noviembre, 2006

TLC: Verdades Mondas y Lirondas

- El Apra se equivocó en su postura electoral de oponerse a un Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos.

- El Apra trabó la aprobación del tratado en el Congreso peruano lo que retrasó el proceso por lo menos dos meses.

- Alan García tuvo mensajes contradictorios respecto al TLC que crearon desconfianza y confusión en Washington.

- El 13 de marzo de 2006, en Trujillo, dijo que si Toledo “se atreve a firmar el TLC, sencillamente borraré su firma para que sea discutido por el país”.

- En abril del 2006, en Lima, sostuvo que la bancada aprista no aprobará al carpetazo el TLC. “De no alcanzar el tiempo para un debate capítulo por capítulo y línea por línea, el documento tendría que ser debatido por el próximo Congreso”.

- El 23 mayo del 2006, en Ica, García amenazó: “Vamos a renegociar el TLC en defensa de los campesinos”.

- El 28 de julio de 2006, durante su mensaje a la Nación , el Presidente de la República entrante no dijo una palabra sobre el TLC. Silencio oficial que Washington escuchó.

- Ya en el Poder, Alan García se equivocó en viajar él solo a Estados Unidos y no llevar ni representación política ni empresarial peruana.

- Fue un error político no conversar con congresistas demócratas y republicanos, pensando que un presidente no puede rebajarse a conversar con legisladores.

- El Gobierno actual dejó pasar la oportunidad de señalar en Washington que el TLC es para el Perú una política de Estado.

- Responsabilizar a Toledo por la no aprobación del TLC es un manotazo de ahogado. La responsabilidad política de este papelón es del gobierno aprista y de Alan García que no supo continuar la política del gobierno anterior.

- Toledo colocó el TLC en la agenda norteamericana. Para ello usó el mecanismo de negociación más alto: la diplomacia presidencial.

- En su último viaje a Estados Unidos, Toledo conversó con el Presidente de Estados Unidos y 50 altos funcionarios del gobierno norteamericano.

- Toledo tuvo citas con George Bush, Condolezza Rice, el secretario de comercio Carlos Gutiérrez y la representante comercial de Estados Unidos, Susan Schwab.

- Además tuvo contacto directo con 7 senadores (3 republicanos: Grassley, Frist y Coleman; 4 Demócratas: Baucus, Wyden, Lincoln, Dodd) y 33 Representantes (17 Republicanos, entre ellos, Wriller, Tanner, Thomas, Blunt y Hudsholf; y 16 Demócratas, entre ellos, Rangel, Meeks, Tausher y Watt).

- Toledo se reunió además con los siguientes bloques legislativos: Comité de Finanzas del Senado, Comité de Medios y Arbitrios, Blue Dogs Coalition, New Democrats Coalition y Black Caucus Coalition).

- Alan García, en cambio, durante su viaje a Estados Unidos se reunió con medios académicos y representantes de ONGs, que no votan en las cámaras.

- Alan García debiera aprender del Presidente Alvaro Uribe quien se ha propuesto hablar con cada uno de los 535 congresistas de los Estados Unidos.

- Es responsabilidad del Presidente de la República Alan García asumir personalmente la tarea de impulsar las relaciones con el establishment político norteamericano a fin de lograr la ratificación del Tratado de Libre Comercio.

- Actualmente existe confusión en el equipo negociador del Gobierno. A De Soto se le ha sumado Del Castillo, mientras la titular del sector, la ministra Araoz, está fuera de juego. No hay una cabeza definida.

- Este primer fracaso del Gobierno aprista corre el riesgo de frenar las inversiones y aumentar el desempleo.

25 noviembre, 2006

Violencia post electoral

No es poca cosa el grado de violencia desatado tras el resultado electoral: 114 distritos asaltados por las turbas, 251 personas detenidas, 16 policías heridos y un soldado muerto en Ancash, Elmer Roque Morales. En 6% de las circunscripciones territoriales básicas del Estado se ha producido estos brotes desconociendo los resultados.

Las razones que se han expresado para explicar esta conducta son variadas:

1) Los votos golondrinos -gente llegada de un lugar distinto a quienes el JNE le entregó DNI-, motivó alteración de la masa electoral en favor de uno de los candidatos.

2) El resultado de la boca de urna anunciada por los medios de comunicación alimentó falsas expectativas que luego los resultados oficiales no respaldaron.

3) El diseño de la cédula de votación no contuvo la fotografía de los candidatos a las alcaldías provinciales y distritales, lo que causó confusión primero y defección y cólera después.

4) La falta de un plan de inteligencia y de Seguridad impidió la disposición eficiente de elementos policiales y militares en todo el proceso electoral.

5) Intereses políticos derivados de fuerzas ligadas al narcotráfico o terrorismo han buscado generar desorden y alteración del orden público

En el fondo, ninguna institución de Gobierno acepta responsabilidad alguna en los hechos. Frente a ello, el Presidente de la República no ha dudado en autorizar a la policía el uso de sus armas para enfrentar a los sublevados, lo que ha generado reacciones encontradas en otros sectores políticos.

La autoridad del Estado ha sido vulnerada, pero las armas de la Policía atentando contra la masa iracunda no resolverá el problema. Por el contrario, puede agudizarlo. La violencia engendra más violencia.

Quizás por eso ha salido rápidamente el Primer Ministro en su papel de bombero –una vez más- ha llamado a las autoridades electas a resolver con el diálogo lo que ahora se denomina conflictos sociales.

Preocupa la salida extrema que propone el Jefe del Estado. Ya antes ha expresado su proclividad a someter a pelotones de fusilamiento a terroristas, a implantar la pena de muerte para violadores, y ahora, ha autorizado a la policía el uso de sus armas contra revoltosos.

Hay una línea de conducta, violenta y terminal, que empieza a apreciarse con nitidez en las reacciones de un hombre que, por la función que cumple, debieran siempre encaminarse con ponderación y cabeza fría. Malo, muy malo.

23 noviembre, 2006

Asociación de Regiones del Perú

Las asociaciones o gremios institucionales son, junto a los partidos y otras organizaciones sociales, el factor que diferencia a las democracias modernas de las nuestras.

En el Perú, no existen instituciones fundacionales masivas. O existen muy pocas y débiles. En los países occidentales modernos, en cambio, la fuerza social está organizada.

Veamos un ejemplo. Los periodistas tienen un colegio, dos asociaciones de prensa, otra de reporteros gráficos y por ahí en formación un colegio de comunicadores sociales. La gran mayoría de profesionales no participa en ninguna de ellas.

Por eso su representación gremial es débil, inorgánica, casi inexistente. Los periodistas con trayectoria, los más destacados, los líderes de opinión, no están ni colegiados ni inscritos en asociación alguna. No hacen vida institucional.

Las instituciones mueren si carecen de miembros. Y languidecen si sólo se reciclan entre el puñado de socios que tiene. Los peruanos no estamos acostumbrados, en su gran mayoría, a pertenecer o formar parte de organizaciones sociales.

La asociación de padres de familia es otro buen-mal ejemplo de organización social. Nos quejamos de las apafas, de los cobros excesivos, del cero aoprte que tienen en la educación de nuestros hijos, pero sólo vamos una vez al año a las reuniones del colegio.

No hemos encontrado el valor del trabajo asociativo.

Las mujeres de los sectores populares sí lo hicieron en la década del cincuenta cuando, producto de las invasiones a Lima, instalaron ollas comunes para paliar el hambre.

Luego, ampliaron la práctica para atender a los pobladores de menores de recursos; para defenderse de la miseria. El Estado impulsó durante el gobierno de Belaúnde las Cocinas Familiares, a través de una gran gestión de Violeta Correa. Y eso ayudó. Pero las mujeres defendieron su autonomía y crearon la Central de Comedores Populares de Lima y Callao.

Hoy, en su tercera fase de desarrollo, hay comedores que están superando su etapa de sobrevivencia para convertirse en pequeños centros de producción. Han dado el salto de la subvención al mercado.

En el caso de las regiones, los objetivos políticos son distintos, pero la finalidad igualmente utilitaria. Deben organizarce para negociar con el poder central, desde una perspectiva descentralista y de desarrollo.

La Asociación de Regiones del Perú debe constituirse en un espacio de encuentro de los presidentes regionales en el que se discutan y promuevan iniciativas legislativas, agenda de temas y prioridades con el gobierno central, y relaciones y comunicaciones con los poderes del Estado.

¿Por qué los conflictos sociales necesitan en primera instancia la intervención del Consejo de Ministros? Porque no se siente el poder municipal o regional. O porque éste es simplemente avasallado por la masa inorgánica que no tiene canales de expresión ni de negociación.

Es momento, pues, de construir organización social para fortalecer el sistema. En el caso de las regiones, esto significa dar el salto y pasar de Señoríos o Cacicazgos a Poderes Regionales con visión, vocación y compromiso nacional.

22 noviembre, 2006

Señoríos del Perú… uníos

Es la primera vez que coincido con García.

- Uyuyuy.

- Tranquila, doctora.

Sí, el Perú es un mosaico de grupos locales, regionalistas, asentados sobre una historia de cacicazgos y antiguos señoríos. Así somos en la cultura. El problema es que tendemos a serlo en la política.

Frente a esta realidad, el Presidente de la República ha realizado un rápido movimiento de fichas para encarar mejor parado el resto del juego.

García considera que ante la fragmentación política que se ha revelado el pasado domingo, él sigue siendo el factor de unidad nacional. Divide y reinarás.

Lo que no dice el Primer Mandatario -pero sí sabe y teme-, es que los Señoríos podrían unirse y obligarlo a sentarse en la mesa para obtener beneficios. Negocia y ganarás.

Los presidentes regionales electos pueden convertirse en un factor de equilibrio del poder central, cosa que le corresponde al Congreso, pero que no ha ejercido.

Para ello, los poderosos señoríos departamentales deberán formar una especie de AMPE Regional con la finalidad de establecer una plataforma y plan de trabajo para los próximos años.

Temas como las regalías y canon mineros, transferencia de recursos, competencias y funciones, presupuestos públicos, incremento de gasto social, proyectos productivos, concesión y privatización de recursos, reforma del Estado, carreteras, entre otros, forman parte de la agenda de trabajo entre el poder central y el poder regional.

No es poca cosa tener en una misma mesa a líderes como Yehude Simon, Juan Manuel Guillén, Vladimiro Huaroc, Iván Vásquez, Alex Kouri y otros colocando la agenda política al Presidente García.

García se ha dado cuenta de lo que podría venirse y uno a uno los está citando a Palacio para hablar con ellos y establecer los primeros acuerdos.

La pregunta es ¿pueden los gobiernos regionales lograr más solos que juntos? Quizás en una primera etapa valga la pena ir separados, cada quien con su pliego de reclamos. Pero, más temprano que tarde, los Señoríos comprenderán que el poder de la soga depende del número de hebras que se logre trenzar.

20 noviembre, 2006

Elecciones: exclusión y fragmentación

En la columna del 13 de Noviembre advertíamos algunas premisas elementales sobre las elecciones de ayer:

a) Los partidos políticos perderían las elecciones municipales y regionales.
b) Los independientes se impondrían, aún siendo malas copias de los partidos.
c) La democracia se asienta y fortalece sobre partidos políticos, enseña la teoría.
d) En el Perú, la teoría política –a secas- no funciona.

El Perú republicano no se asentó sobre una estructura democrática ni participativa. A diferencia del proceso de consolidación de las democracias occidentales en otros países, en el Perú, lo que hubo fue un largo proceso militarista excluyente y la afirmación de grupos de poder elitista.

Cuando en 1871 se funda el Partido Civil, el primer partido político peruano, éste no escapa a sus orígenes caudillista y aristocrático. La gran masa indígena o rural no tenía ni voz ni voto dentro de este proyecto. Basadre señala que pertenecían a este partido: “generalmente (con algunas excepciones notorias)… los grandes propietarios urbanos, los grandes hacendados productores de azúcar y algodón, los hombres de negocios prósperos, los abogados con los bufetes más famosos, los médicos de mayor clientela, los catedráticos, en suma, la mayor parte de la gente a que les había ido bien”. En suma, un modelo elitista y excluyente.

En general, nuestra historia está signada por la heterogeneidad cultural, étnica, social, que la política no pudo resolver, sino casi hasta nuestros días. Tenemos atravesados en nuestra estructura fundacional el uso de la fuerza y la coerción como métodos para unir voluntades y pueblos.

Lo incas aplicaron este modelo para construir su imperio. En base a la fuerza de las armas o a la negociación impuesta por ventaja militar, ellos impusieron un modelo de dominación que los españoles encontraron a medio cuajar.

Los dominios del imperio incaico eran un mosaico de naciones e identidades unido por la fuerza. Los españoles desataron ese nudo y liberaron fuerzas que luego ellos mismos atraparon bajo el sello imperial y cristiano. De un modelo de dominio y coerción “desde dentro”, se pasó a uno “desde fuera”.

Las revueltas criollas por la independencia no hicieron más que devolver a un grupo de poder las riendas de dominio otra vez “desde dentro”. Pero no terminaron nunca con el proceso de formación de la nación, ni del reconocimiento de la existencia de millones de seres humanos que nunca se fueron de estas tierras.

Lo que hubo desde el comienzo en nuestra historia fue exclusión y fragmentación. Estas características tuvieron su propia dinámica en los campos social, económico y político. Somos tan diversos, amplios y complejos que lo mostramos hasta en nuestras cosas cotidianas como la música, el baile y los vestidos que exhibimos.

En lo político, la exclusión se expresa en el gradualismo que hubo en la obtención de la ciudadanía. El voto inicial fue censatario, es decir, votaban sólo aquellos que estaban al día con sus impuestos. La mujer no votó sino hasta la década del cincuenta. Y la masa analfabeta recién lo pudo hacer en los ochenta.

Hemos avanzado, por supuesto. La resolución de conflictos se da hoy en una mesa amplia de varias sillas. Ya no sólo hay asiento para el patrón minero y el gobierno, también la población tiene algo qué decir. La violencia se canaliza más civilizadamente, aunque no lo parezca.

A sólo quince años del bicentenario de la independencia, los peruanos somos diversos y dispersos. Estamos construyendo nuestra identidad como Nación y nuestra representación política está marcada por la división y el localismo. Hemos conquistado democracia, pero estamos insatisfechos con ella. Los partidos tendrán que ponerse a estudiar esta realidad y dejar de ser los aparatos electorales que cada cinco años se pelean por pequeños espacios de poder.

Una visión local articulada a una propuesta nacional con líderes de las propias zonas es la ruta hacia la consolidación de movimientos homogéneos que permitan soldar nuestras diferencias históricas.

16 noviembre, 2006

TLC: rosario de equivocaciones

A poco más de 100 días de Gobierno no cabe duda que los reflejos del Presidente siguen siendo más mediáticos que de fondo. La decisión de enviar la mitad del gabinete a Washington para salvar el honor en la aprobación del TLC, así lo demuestra.

Hoy es claro que el Apra se equivocó en su apreciación inicial de los beneficios que significaba un tratado de libre comercio con los Estados Unidos. Porque fue su decisión de no aprobar, en su momento, el tratado en el Congreso peruano lo que motivó que ahora mendiguemos con el plazo.

Se equivocó luego el Presidente García en viajar él solo al país del norte y no llevar ni representación política ni empresarial peruana que pusiera de manifiesto un mensaje de unidad y continuidad respecto de la gestión del gobierno anterior.

García dejó pasar la oportunidad para señalar claramente que para el Perú el TLC es una política de Estado. En lugar de montarse sobre la ola trabajada por Toledo, prefirió construir un nuevo motivo para convencer a los gringos: Estados Unidos debe darse cuenta que necesita el TLC con el Perú para enfrentar, de carambola, a Chávez.

Pero, en el mismo Estados Unidos, se volvió a equivocar el Presidente cuando, en lugar de entablar contacto con la representación demócrata o republicana en el Congreso, prefirió “discursear” en ONGs gringas o en foros académicos que reditúan aplausos, pero no votos.

Por eso –hay que decirlo- se equivocó también, de palmo a palmo, el siempre dispuesto primer ministro, Jorge del Castillo, cuando afirmó que García no podía rebajarse en conversar con parlamentarios norteamericanos porque ese no era su nivel.

No, don Jorge. En Estados Unidos las instituciones políticas funcionan. Los congresistas ejercen un poder real. Representan al ciudadano y con igual o mayor fuerza a las empresas, de las cuales reciben jugosas y públicas contribuciones. El presidente Uribe lo entendió así, por eso tiene trazada la meta de conversar con cada uno de los 535 congresistas norteamericanos.

El Perú no está en la primera página de prioridades de los intereses de los Estados Unidos. Se requiere por ello el contacto del más alto nivel para interesar la comunidad política norteamericana. Y ese contacto es, en nuestro caso, el jefe del Estado. No la ministra de Justicia. Ni la del Interior.

Queda la sensación que el envío de la misión ministerial encabezada por Del Castillo, pero en realidad piloteada por Allan Wagner –más en su papel de diplomático que de ministro de Defensa-, ha sido enviada por García no sólo para intentar a última hora, un esfuerzo plus pro TLC, sino para tapar los errores que se arrastran desde el principio.

Errores que nuevamente se vuelven a cometer en otro punto de la agenda internacional de suma importancia para el país, como es la ausencia del Presidente peruano en la próxima reunión de Apec en Vietnam.

La población puede aplaudir que el Presidente no viaje para ahorrar, pero el Perú pierde la oportunidad de fortalecer su presencia en un foro que reúne a las 21 economías más dinámicas del mundo y que es responsable de más del 50% de la producción mundial. Pero estas son cosas de fondo y nuestro Presidente, lamentablemente, sigue pensando en función de las cámaras.

15 noviembre, 2006

TLC: el ejemplo colombiano

El Presidente Alvaro Uribe ha señalado el camino. Durante dos días estuvo en Estados Unidos dando pelea para aprobar el TLC. Uribe tiene claro el alto costo que representa para la economía de su país, la no ratificación de ese instrumento de libre mercado.

El ATPDEA generó en Colombia unos 600 mil puestos de trabajo. La incertidumbre del TLC originó que la marca Levis de Estados Unidos cancele los pedidos a empresas textiles colombianas. Impacto: 6 mil empleos sanos perdidos.

“Yo me propongo hablar con cada uno de los 535 congresistas de los Estados Unidos, así sea en reuniones de grupo y con sus asistentes, para pedirles que nos ayuden a que Colombia tenga acceso a este mercado”, señaló Uribe tras culminar su gira a los Estados Unidos.

Lo que ha conseguido es que el gobierno norteamericano anuncie a través de la oficina de la Representante Comercial su apoyo a la prórroga de las preferencias arancelarias otorgadas a los Países Andinos.

“Expresamos nuestro apoyo a la extensión de las preferencias comerciales para Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia de manera oportuna, de tal manera que se minimice cualquier interrupción de negocios”, señaló hoy el vicerepresentante comercial de Estados Unidos, John Veroneau.

Sin duda, es un triunfo de la denominada diplomacia presidencial directa que en nuestro país practicara el entonces Presidente Alejandro Toledo y que en el Perú, con tanta mezquindad, criticaban sus opositores políticos. Nunca quisieron entender el por qué de las giras presidenciales al exterior.

En un mundo de abierta competencia, los mercados se conquistan; no se conceden gratuitamente “porque a los Estados Unidos le conviene, no crean, los gringos son inteligentes” como ingenuamente -y con soberbia- dijo el Presidente Alan García en su visita al Brasil.

Uribe ha continuado este camino de diplomacia presidencial directa. Y no se ha sentido disminuido por haber tocado las puertas de demócratas y republicanos, pero también de empresarios y grupos editoriales importantes de Washington. Uribe ha conversado de tú a tú con Charles Rangel, futuro jefe del Comité de Medios y Arbitrios, de quien dependen los acuerdos comerciales.

El congreso norteamericano se volverá a reunir el 4 de diciembre. Hasta entonces debemos redoblar los esfuerzos para pelear en la cancha grande. Una misión encabezada por un viceministro no inspira ni fuerza ni confianza.

Es responsabilidad del Primer Mandatario asumir personalmente la tarea de impulsar las relaciones con el establishment político norteamericano a fin de impulsar la ratificación del tratado de libre comercio.

No hacerlo significaría afrontar la siguiente encrucijada: o se la juega en serio y mete fierro a fondo en este tramo final, o asume su responsabilidad ante lo que puede ser su primera derrota política.

13 noviembre, 2006

Democracia y participación electoral

La democracia como sistema encierra una contradicción de origen que las elecciones regionales y municipales del próximo domingo confirmarán: los grupos independientes se impondrán mayoritariamente, en detrimento de los partidos políticos.

La teoría política precisa que no existe democracia sin partidos políticos, pero la práctica política nos dice que los partidos vienen perdiendo la partida a la hora de la verdad. ¿Por qué?

No basta decir que las elecciones municipales no son del todo políticas ya que el votante busca al “buen vecino”, antes que al cuadro partidario. Toda elección es política, en el sentido amplio del término, es decir, relativa al ámbito público y representativo.

Los independientes organizados lo hacen para tentar la administración del Estado, la Res Pública , como la definió Aristóteles. Se organizan como club electoral como lo hace un partido político. Compiten por una cuota de poder.

El problema es la casi nula vida política organizada que practican los ciudadanos. En su gran mayoría, la gente no participa en instituciones políticas. Los partidos se dejan llevar por esta parálisis -casi anomia institucional-, y no hacen nada por atraer feligreses.

Los partidos son hoy cascarones vacíos, debilitados, viejas maquinarias cuya estructura se inspira en las organizaciones de masas de inicios del siglo pasado. Al problema de los partidos como estructura y organización interna, debemos sumar la falta de legitimidad de estas estructuras frente a la ciudadanía. La gente no cree en los partidos políticos.

Se pensó que la ley de partidos podía mejorar esta situación, aunque lo único que ha conseguido es que la valla electoral disminuya el fraccionamiento de la representación nacional en el Congreso. Pero no se ha avanzado nada en la recuperación de la democracia, quizás porque este tema esté relacionado más a la gestión de gobierno de los partidos que a la vida interna de los mismos.

Esa es la explicación de la debacle que se le viene al partido de gobierno. El rechazo que recibirá el domingo en las urnas será un castigo a los pésimos gobiernos regionales y locales que ha regentado. Son estas malas experiencias de gestión las que impactan directamente en la población y generan desconfianza en las posibilidades de desarrollo que brinda la democracia.

Un informe del PNUD del 2004 encontró que más de la mitad de los encuestados en Latinoamérica estaban dispuestos a sacrificar un gobierno democrático en aras de un progreso real socioeconómico, apostando a alguna forma de gobierno autoritario. Las encuestas periódicas de la Universidad de Lima, señalan que entre 70% y 90% de la gente desconfía o no cree en los partidos políticos.

Los partidos se debilitan y al mismo tiempo la gente no participa en estas organizaciones. Es un círculo vicioso que nadie hasta ahora ha logrado romper en ninguna parte. Desde este punto de vista, los independientes organizados no son más que malas copias de los partidos políticos. Fraccionan el electorado y una vez conquistado el objetivo del voto dejan de lado a sus votantes.

La democracia no se robustecerá con una “refundación” de los partidos cada cinco años, vía la elección de movimientos independientes. Es la consolidación de estructuras en el tiempo, las que necesita la democracia para consolidarse como sistema. Hay dos ejemplos que pueden seguir los partidos para ese fin: uno es el ímpetu que ponen las iglesias evangélicas para arrebatar masas a la iglesia católica; otra, es la capacidad de adaptación que tienen las pymes a nuevos y cambiantes escenarios. El partido debe inspirar una nueva fe -sin Mesías ni Elegidos-, sino con doctrina clara y realista para enrumbar la Nación , y al mismo tiempo, tener la capacidad de adaptabilidad de las pymes para hacer tanto con tan poco, esto es, afrontar con disciplina e inteligencia los desafíos de la dura realidad.

11 noviembre, 2006

TLC: llame a Toledo, Dr. García

Un sánguche mixto y una gaseosa fue el almuerzo que compartieron el Presiente Toledo y el influyente representante demócrata, Charles Rangel en julio de este año, en uno de los comedores del Building Congress, en Washington. Negociaban la viabilidad del Tratado de Libre Comercio. No hubo testigos. Fue una conversación de a dos.

Charles Rangel es conocido como “El congresista del Harlem”, es un representante de Nueva York que acaba de ser reelecto, y que a partir de enero del próximo año presidirá el Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes, una de las vallas que debe afrontar el TLC con el Perú.

El Comité de Medios y Arbitrios es algo así como la caja del gobierno americano. Tiene a su cargo la revisión y aprobación de todas las leyes de impuestos e ingresos presupuestales, además de temas sensibles como el seguro social, el desempleo y la aprobación de tratados de comercio internacionales.

Rangel es hoy por hoy, junto a Nancy Pelosi, uno de los políticos más poderosos e influyentes de la política norteamericana post electoral. Sus ingresos por donaciones de empresas y corporaciones transnacionales han aumentado extraordinariamente en los últimos tiempos, como previendo el papel que jugaría a partir de ahora.

En su reciente conferencia de prensa, el pasado domingo, Rangel dijo que de ahora en adelante Bush tendrá que decidir si quiere o no quiere ser un “lame duck president”, pato rengo, literalmente, es decir, algo así como un “presidente irrelevante”.

Por supuesto que esta proyección de su poder ya se conocía a mediados de este año. Por eso es que Toledo, olvidándose de protocolos y de su investidura de presidente latinoamericano, acompañó a Rangel a la cafetería del Congreso y habló con él durante horas con un sánguche frío y una gaseosa de por medio.

La conversación empezó protocolar, nada amigable, tornándose dura por momentos. El representante norteamericano estaba interesado en conocer la política laboral y sindical del Perú. Toledo le dijo que nuestro país cumple con todos los compromisos de la OIT y que firmaría lo necesario si faltaba más. Pero lo que en realidad se cruzó como una sombra en la conversación fue las declaraciones del entonces presidente electo Alan García: “El Perú debe renegociar el TLC con Estados Unidos porque es desfavorable para los intereses de los miles y miles de campesinos pobres que sufrirán su impacto”.

-Es un discurso para las calles-, explicó Toledo-. Estoy seguro que el Presidente García quiere un TLC igual que yo porque, de lo contrario, su programa Sierra Exportadora no sería viable.

Parece increíble, pero así fue: Toledo defendió a García en Washington.

En ese momento, el mérito del ex presidente fue colocar en agenda norteamericana el tema del TLC con el Perú. Se necesitaba continuar esta política de contacto directo al más alto nivel. En este caso no valen disculpas como esa de que “el presidente García no puede ir a rebajarse a conversar con diputados porque no es su nivel”.

Lo cierto es que en su viaje a Estados Unidos, el Presidente García conversó con medios académicos y representantes de ONGs, que no votan en las cámaras. En términos futbolísticos, jugó en segunda división.

Hoy necesitamos una contraofensiva relámpago. Bush está demasiado golpeado como para colocar en su agenda de fin de año el TLC con el Perú. El Presidente colombiano, Alvaro Uribe, así lo han entendido y este lunes viajará a Washington para impulsar entre legisladores demócratas y republicanos la firma de un Tratado de Libre Comercio, o la ampliación del ATPDEA.

Su agenda es impresionante. Uribe tiene citas pactadas con los legisladores demócratas Max Baucus, líder de su partido en el Comité de Finanzas del Senado; Charles Rangel, eventual nuevo presidente del Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara; y, Nita Lowey, del Subcomité de Operaciones Extranjeras de la Cámara. También figuran en su agenda los legisladores republicanos, Richard Lugar, presidente del Comité de Relaciones Internacionales del Senado; y, John McCain, miembro del Comité de Servicios Armados, así como la representante comercial de Estados Unidos, Susan Schwab.

Este es el camino, Presidente García. Aprenda de su amigo Uribe.

De esa lista, Toledo ha conversado y conoce a todos y más. Si realmente quiere convencernos que ha cambiado, haga un giro maestro, presidente y llame a quien conoce el escenario político norteamericano y puede ayudar a sacar el TLC.

Llame a Toledo, Dr. García.

09 noviembre, 2006

Bush, Tocqueville y el TLC

En mayo de 1831, un joven aristócrata francés, por encargo de su gobierno viajó a los Estados Unidos con el propósito de preparar un informe sobre el sistema penitenciario americano. Lo que hizo, Alex de Tocqueville, fue entregar un retrato social y político que revelaba el funcionamiento de las instituciones, así como las costumbres de los habitantes norteños del nuevo mundo.

Tocqueville quedó deslumbrado con la red de instituciones, el gran tejido social que hacía viable la vida en sociedad de los norteamericanos. El pueblo en ese país es soberano, dijo, “la sociedad se gobierna a si misma por sí misma” y el poder de la mayoría era limitado.

175 años después, el Presidente George W. Bush puede suscribir esa frase. El gran pensador francés avizoró el gran poder liberador que tendría la generalización del sufragio como base del sistema democrático.

En un estado democrático el poder es limitado por el voto ciudadano. Así lo ha reconocido Bush al aceptar los resultados electorales, producto del cual, el poder republicano que ostentaba, ha sido equilibrado con la mayoría demócrata alcanzada en el Senado y en la Cámara de Representantes.

Bush pierde las elecciones, su poder disminuye, pero no cae el sistema; éste sigue funcionando. Y sus instituciones igual. Por eso, corresponde al gobierno peruano iniciar los contactos con las piezas claves del nuevo tablero político estadounidense.

Y eso implica, desde el punto de vista peruano y andino, prepararse para eventualmente no aprobar el Tratado de Libre Comercio.

El Presidente Toledo hizo sus mayores esfuerzos para colocar el TLC en la agenda norteamericana y, fiel a su estilo, no se cansó de conversar uno a uno y en grupo con senadores y representantes demócratas y republicanos.

La posta debió continuarla el Presidente García, pero éste prefirió jugar para las tribunas locales, antes que enfrentar el partido en la cancha grande y ajena de Washington. Su visita con el Presidente Bush, no fue acompañada de una iniciativa similar ante los legisladores de ambos partidos.

La tarea de contactar a las nuevas fuerzas de poder recayó en nuestro embajador recién llegado y en el economista Hernando de Soto que actúa sólo, sin admitir esfuerzos de empresarios, congresistas nacionales o, al menos, la ministra del sector.

Ahora debemos enfrentar el plan B. Lograr que se amplíe la ATPDEA, mecanismo que ha logrado potenciar nuestra balanza comercial. No hacerlo, haría peligrar más de un millón de puestos de trabajo.

Estas son las consecuencias de la democracia. El pueblo norteamericano le ha dicho, en las urnas, basta a su Presidente. Y esa decisión, de alguna u otra manera nos afecta a todos. Después de todo, Tocqueville, en su tiempo, también fue duro con ciertos aspectos de la democracia estadounidense. Dijo, por ejemplo, que la opinión pública podía tender hacia la tiranía y que el gobierno de la mayoría podía ser tan opresivo como el gobierno de un déspota.

Y eso que no pudo avizorar el necio proceder de un gobernante que se metió a Iraq para lograr mayor seguridad mundial y lo que ha conseguido, es todo lo contrario. Habemus democracia.

08 noviembre, 2006

Beatriz Merino: el contrapeso necesario

Hay varias formas de definir una democracia. La clásica la define como el sistema de gobierno originado en elecciones libres y que divide la administración del Estado en tres poderes autónomos.

Norberto Bobbio define la democracia como un conjunto de reglas, producto de las cuales, queda claro "quién está a cargo de tomar decisiones colectivas y bajo qué procedimientos".

En tanto que Robert Dahl indica que en una democracia existe control de las decisiones del gobierno, cuyo poder está depositado en los funcionarios electos.

Es decir que en una democracia existen organismos que ejercen contrapeso al poder electo. Esto asegura la protección de la libertad de los individuos frente a la prepotencia del Estado.

Ese es el elemento central que separa la democracia de la dictadura: la existencia de mecanismos de pesos y contrapesos al poder nacido de la voluntad popular.

La ausencia de estos contrapesos sería peligrosa, pues, envanecería al gobernante y lo llevaría a confundir poder delegado por poder absoluto.

Cuando el gobernante se rige por su voluntad antes que por la ley, se fractura la democracia. Por eso el papel que empieza a jugar la defensora del pueblo, Beatriz Merino es saludable.

Ante la ausencia de una voz orgánica opositora, con partidos políticos disminuidos y líderes afónicos, la voz de la Defensoría del Pueblo llena un espacio y juega el rol de contrapeso al poder político que, por momentos, pareciera marear al gobernante de turno.

Beatriz Merino se pronunció primero a favor de la pena de muerte para los violadores, sin seguir la corriente de los opositores al régimen que cuestionaron la decisión del Poder Ejecutivo.

Luego, paró en seco el desplante del Primer Ministro, Jorge del Castillo, en la protesta de la comunidad Achuar por la contaminación de sus tierras y ríos.

Y ahora pide al Congreso serenidad en torno a la aprobación de la ley que cercena la libertad de asociación, contratación y expresión de las ONGs.

Los legisladores han salido con todo a defender su fuero y se han amparado en la definición clásica de democracia, es decir, en la autonomía de los poderes del Estado y en que no pueden avocarse a mandato imperativo.

Pero, lo cierto es que la defensora empieza a marcar la cancha y ha salido a recordarnos que la definición moderna de democracia es ejercer el contrapeso necesario, dentro de un sistema en el que el poder –y su representante máximo- no pueden actuar como si en verdad se creyeran la pegajosa ranchera del pasado: “El Rey”.

06 noviembre, 2006

Fotografía: 100 días del Gobierno

Muchos balances políticos se han hecho esta semana sobre los primeros 100 días del gobierno aprista. Para no aburrirlos, pero sin desentendernos del tema, abordamos el análisis desde una perspectiva distinta, inspirada en lo mejor que ha hecho esta segunda administración: actuar para las cámaras.

Foto 1: El Gobierno

Más que el gobierno, el que más aparece en la foto es el Presidente Alan García. Buscando el flash y acomodando su mejor perfil, sonríe apenas escucha ¡click!. Posero y mediático como ninguno, no se planta frente a la cámara si no pasa antes por el baño y se mira en el espejo. Cada sesión de fotos resulta interminable en busca de la pose perfecta. Sus ministros, en cambio, se pelean para no opacar al fotogénico presidente, y si bien al comienzo salieron en busca de un espacio, algunos parecen desdibujarse con rapidez. Los más serios son los uniformados. Aparecen con sus caras de palo y no se ríen ni siquiera cuando el fotógrafo les dice ¡Whisky! o ¡Mira el pajarito!

Foto 2: La Oposición

Casi ni aparece en la foto. Tardona, sin reflejos, totalmente desubicada y desaliñada luce su peor cara, mientras su sonrisa forzada le da el aspecto de imbécil. Los representantes del Congreso ni siquiera han logrado una toma de conjunto y cada uno presenta sin haber leído bien las instrucciones una fotografía carné en blanco y negro. Los que lucen las camisetas partidarias, en cambio, y que eran los llamados a darle color a la foto se han colocado de espaldas a la cámara: están allí pero es como si no estuvieran. No existen. La fila de sentados que le correspondía a los actores provincianos está vacía. Los muy zonzos se han echado, preocupados por su campaña a la reelección. La señora de la sonrisa ancha y torcida ha preferido irse a la peluquería y parece que le ha agarrado el gusto a su silla de rectora. El bravucón de polo colorado casi arruina la foto porque quiso pegarle al fotógrafo al no entender la frase “no se mueva porque le disparo”. El ex presidente ni siquiera está en la foto. Se fue a Estados Unidos y dice que enviará su picture por Internet. Un desastre esta oposición.
Foto 3: La Prensa
En medio de tanta tecnología, en lugar de usar una cámara digital, ha ido a la sesión con una cámara de fuelle y obturador manual del Parque Universitario. Le cuesta enfocar el objetivo y a veces actúa como si no tuviera uno. Ya no usa revelador, porque no revela nada. Al contrario se mete al cuarto oscuro y, claro, como está oscuro, no ve nada y no publica nada. Así fue con el tema del sexto hijo del Presidente Alan García. Hace dos semanas que Pilar Nores está con una depre terrible -que no debiera tenerla luego de la exitosa teletón por “Sembrando”-, y la prensa, no dice nada, bien cuñau, sigamos hablando de la pena de muerte.

Foto 4: El Pueblo

Está de relleno en la foto. Por ahora. Espera con paciencia que los de adelante se peleen por salir en la toma, mientras aguarda el momento oportuno para presionar y tomar una foto con una cámara de por lo menos 7.5 megapixels. Hoy no está nítido, pero no es desenfoque, eso sólo un espejismo producto de la profundidad de foco del lente. Algunos confundidos creen que para ganar profundidad de imagen hay que abrir el obturador. Al contrario, hay que cerrarlo. Y eso significa tener claras las cosas y no dejarse seducir por el fotógrafo que para obtener un mejor precio por una buena foto le da un chupete al niño. Por ahora la foto del pueblo es una foto carné y en algunos momentos ha llegado a tamaño pasaporte. Pero si quiere hacerse notar y ser protagonista debe adquirir la dimensión de una gigantografía.

04 noviembre, 2006

Terrorismo y pena de muerte

El terrorismo es una expresión de guerra asimétrica que basa su poder en el factor sorpresa. Actualmente se le considera un peligro mundial, aunque su centro de acción no esté definido, ya que opera no desde un territorio o Estado, sino que cuenta con redes internacionales.

Su gran poder ofensivo no está en los medios que maneja -aunque hay quienes prevén el uso de bombas químicas-, sino en el recurso humano que emplea. Más que en las armas, su fuerza real está en la ideología y en su expresión extrema, el fanatismo.

El terrorismo es también una expresión de totalitarismo. El tercer totalitarismo que conoce el mundo tras la aparición y derrota del bolchevismo ruso y del nacional-socialismo de la Alemania nazi. Por eso se afirma que el terrorismo no es un fin, sino un medio para llegar a un objetivo.

Actualmente Estados Unidos libra una guerra abierta contra el terrorismo inspirado en ideología religiosa musulmana, y tiene tropas desplegadas en Irak y Afganistán que le está costando miles de muertos.

En el Perú quedan aún rezagos de una cruenta manifestación de terrorismo ideológico político que, según la Comisión de la Verdad, causó más de 68 mil muertos y 25 mil millones de dólares en pérdidas.

El Perú rechazó y rechaza el terrorismo. Los campesinos organizados, con el apoyo de sus Fuerzas Armadas lograron, después de años de aprendizaje, combatir el fenómeno de Sendero Luminoso y del MRTA.

El accionar conjunto de FF.AA. Policía Nacional y ciudadanía, con una demostración excepcional de inteligencia de los organismos coercitivos del Estado, logró desmembrar la expresión terrorista en nuestro país y encarcelar a sus principales dirigentes. El costo de aprendizaje fue alto, como sabemos, y no exento de errores, como toda guerra.

Por eso, muy pocos seguramente se pueden oponer a una propuesta como la lanzada por el Presidente Alan García de imponer la pena de muerte para los terroristas. El problema es si hay necesidad de una medida de ese tipo o si estamos –una vez más- ante métodos conocidos de operaciones psicológicas destinadas a ocultar problemas más agudos de la conducción del país. El Estado tiene razones que no siempre son entendidas por los ciudadanos. Y el mal uso de ellas puede hacer peligrar la seriedad de su administrador de turno: el Gobierno.

Según ha informado la ministra del Interior Pilar Mazzeti, el martes 31 de octubre ella recibió de la Embajada de los Estados Unidos la información de un probable atentado contra el Presidente de la República. A las pocas horas, el país fue informado por el propio Presidente García de la decisión de su Gobierno de implantar la pena de muerte para los terroristas. ¿Tiene relación una cosa con la otra? ¿Estamos ante un real peligro que amenaza la continuidad del Estado o del Gobierno y que merece la pena máxima para sus seguidores? ¿No estamos ante una respuesta emotiva, producto de un informe que la propia embajada norteamericana no ha querido reconocer como válido?

¿O es una táctica desinformativa bien planeada en tres actos: 1) Aviso a la embajada, 2) Alerta de la embajada al Ministerio del Interior y 3) Anuncio de pena de muerte para los terroristas? Adelantándose a suspicacias como ésta el Primer Ministro Jorge del Castillo ha dicho: “(La información) no ha salido del local de Alfonso Ugarte, ha salido de la embajada de los Estados Unidos”. ¿Qué fuente le entregó a la embajada norteamericana la información, en ausencia de su titular, James Curtis Struble, quien se encontraba de viaje en su país y regresó a Lima recién la madrugada del viernes 2 de noviembre?

Son preguntas que deben esclarecerse ante un hecho de suma gravedad como el que pretende imponer el Gobierno. Todos rechazamos el terrorismo mundial y local. Pero así mismo, nadie quiere un poder estatal que gobierne en base a psicosociales, con repercusiones graves para la vida de todos los peruanos, para no hablar de las implicancias que a nivel internacional tendría una medida de este tipo. Lo que tenemos que evitar es que se instale nuevamente el fantasma de un peligro mayor que ronda siempre en situaciones como ésta: el terrorismo de Estado.

01 noviembre, 2006

Hildebrandt reloaded

Vuelve César Hildebrandt. Ha sido una felina reacción política la de Juan de la Puente. En Primera, como el nombre de su periódico. No podía ser de otra manera. Es una buena forma de empezar una gestión y, al mismo tiempo, terminar las especulaciones en torno a su nombramiento. Juan no ha asumido la dirección del periódico para sumarse al corifeo tufillo aprista que tiene hoy la prensa peruana.

El hecho que De la Puente tenga una relación contractual en el Congreso y que haya entrevistado a su presidenta –su jefa?–, no significa que haya cruzado el rubicón hacia la Casa del Pueblo. Tampoco el hecho que sea amigo de Jorge Del Castillo, poder que, se afirma, estaría detrás de La Primera. El retorno de César termina esas especulaciones, me parece.

Por lo demás, la mezcla de Hildebrandt con De la Puente, o viceversa, es saludable para la prensa peruana. Y para el sistema democrático en general. Indica que podemos dejar de lado nuestras diferencias y que se puede ejercer el periodismo sin censuras ni llamadas de atención, pero también sin miedos ni medias tintas.

La denuncia de Hildebrandt –la de la compra de vacunas por 22 millones de soles- será investigada por los órganos correspondientes. Para eso está el Congreso y el Poder Judicial. La prensa cumplió su rol fiscalizador y lanzó una claraboya de alerta. El sistema debe ahora funcionar.

En el otro tema, dejemos que Federico Danton siga su vida tranquila y que la opinión pública pase más adelante la factura del costo que tiene la mentira del padre. Una primera encuesta le sonríe, por ahora, al acelerado papá-presidente. El tiempo y el silencio de Pilar dirán hasta cuando.

Bienvenido nuevamente César. Es mejor soplarnos diariamente tu maniática búsqueda de la perfección, producto de un higado bien aceitado y un humor mezcla de miel y almizcle, a no tener nada que leer.