Politikha / Blog de Luis Alberto Chávez

31 diciembre, 2007

El partido: ¿comunidad o sociedad?

Alessandro Pizzorno desarrolló una teoría para explicar el desarrollo de la participación política en una organización. En “Cuaderno de Sociología” XV, Piazzorno encontró dos características del comportamiento humano en una estructura organizada: un sistema de solidaridad y un sistema de intereses. La primera alude a una “comunidad de iguales” donde los fines de los participantes coinciden. La segunda responde más bien a una “sociedad de intereses”, divergentes, múltiples.

Según esta diferenciación, los partidos pueden organizarse en comunidades solidarias o en sociedades de intereses. O, bien pueden ser etapas sucesivas en la vida de un partido que nace con muchas expectativas pero que en el camino éstas decaen, cambian o desaparecen.

En la primera fase de surgimiento del partido prevalece la cooperación para la obtención de un fin común; en el segundo, la competición interna, para satisfacer intereses individuales.

Así un partido político nace como una comunidad de iguales, con principios solidarios y altruistas; pero a medida que se va acomodando al sistema se transforma en una sociedad de intereses.

Angelo Panebianco, otro teórico de los partidos políticos, afirma que “con el paso del tiempo, el partido tiende a transformarse y deja de ser un sistema de solidaridad para convertirse en un sistema de intereses: con la burocratización y la implicación progresiva en la rutina cotidiana, la organización se diversifica y crea, sobre las cenizas, de la igualdad inicial, nuevas desigualdades”.

Cuando esto ocurre, la curva de participación de militantes, adherentes y simpatizantes, declina. Si llamamos a este proceso “institucionalización”, tendremos entonces dos etapas marcadas –una inicial, como comunidad, y otra sucesiva, como sociedad- en la que la organización pierde su atractivo inicial lo que genera el alejamiento de las bases. El proceso inverso explicaría la refundación de aparatos partidarios con la finalidad de mantener siempre vigente los valores iniciales, comunitarios, solidarios, de la militancia.



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28 diciembre, 2007

Un partido de ciudadanos

Cuando se escarba en el diagnóstico de la crisis de los partidos, por lo general, existe consenso. Se trata de organizaciones anquilosadas, carentes de organización democrática interna; de gran resistencia al cambio; con un control oligárquico de la conducción política; de carácter cerrado y a veces patrimonial de la dirección; que ve a los ciudadanos como meros instrumentos electorales.

Los partidos políticos surgen en Europa en la primera mitad del siglo XIX. Según Norberto Bobbio el primer embrión de representación política fueron las organizaciones de notables, barones de la tierra, cuyo foco de atención político era difundir o constituir los parlamentos. En 1832 The Reform Act de Inglaterra permitió que grupos industriales y comerciales se sumaran a la participación de la cosa pública. Fueron asociaciones locales formadas para promover candidatos al Parlamento y realizar y sufragar elecciones. No había conexión o vinculación entre estos grupos; la organización era mínima, por lo general individualizada y basada en el comité. El sufragio, era limitado.

La revolución industrial y la aparición de la clase obrera impactaron de manera importante en la estructura de los partidos. Diversos movimientos de protesta se cohesionaron hasta generar una explosión de partidos de los trabajadores en el viejo continente. Nacen los partidos socialistas: Alemania, 1875; Italia, 1892; Inglaterra, 1900; Francia, 1905. Surgen así, los partidos de aparato, organizaciones masivas, con programa político sistemático para conquistar el poder, estructura piramidal con dirección central - cuerpo de líderes profesionales del qué hacer político- y bases dirigidas y organizadas.

El partido de aparato es considerado el partido político moderno, producto de la democracia de masas. Con el tiempo fue perdiendo paulatinamente sus características originarias (participación de las bases, lucha por la transformación de la sociedad, educación moral y política de la masa) para acentuar más su vocación electoral, darle mayor importancia a la actividad parlamentaria y aumentar su influencia. En realidad, se fue adecuando a los tiempos, o como dirían los politólogos, se fue aggiornando debido a cambios estructurales en la relación ciudadano-Estado. Las reglas de convivencia social eran ahora más estables, la percepción de las diferencias de clase habían disminuido y, en conjunto, la participación política de la sociedad era mucho más amplia. Todo ello, ocurre en apenas los últimos cincuenta años del siglo XX.

La consecuencia de estos cambios en la estructura y fines de los partidos es la aparición de los denominados “partidos atrapatodo”, organizaciones que utilizan a la militancia básicamente con fines electorales, con nula o escasa educación política y moral de las bases y con una persistencia por cooptar a los “expertos” o recurrir a personas de prestigio para aumentar las posibilidades electorales.

Desde su origen, las funciones del partido político son dos fundamentalmente: 1) transmisión de la demanda política y 2) participación en el proceso de las decisiones políticas. La primera alude a la posibilidad de intermediar ciertas exigencias y necesidades de la población en la toma de decisiones; mientras que la segunda indica el objeto de ser del partido: participación en el proceso de las decisiones políticas. Así, el partido actúa como correa de transmisión de las aspiraciones de la sociedad o como ejecutor mismo de dichas políticas. Influye o ejerce. Intercede o gobierna.

Estos partidos de aparato o atrapatodo, también denominados partidos de masas, tienen -a diferencia de los entes embrionarios, los clubes de notables-, una organización compleja, una demanda política diversa; constituidos en su mayoría por adherentes y con una minoría de profesionales de la política –“el círculo interno”, lo llama Bobbio- “que toma las decisiones importantes, define la línea política y controla nombramientos, más allá del posible disenso o de los intereses reales de las bases del partido”.

Este es el germen de nuestros partidos. Partidos de aparato nacidos en Europa que han evolucionado de acuerdo al grado de desarrollo social y económico alcanzado en sus propias jurisdicciones. Estructuras verticales, impactadas por los partidos de los trabajadores. Maquinarias electorales, desarticuladas de las bases y –como ocurre en muchos de nuestros casos- de la sociedad. En este aspecto, nuestros partidos siguen comportándose como la Iglesia Católica del siglo pasado; esperando a sus fieles en los templos en lugar de convocarlos en las calles y casas como los modernos evangélicos.

Si surge un nuevo partido éste seguramente nacerá sin los lastres del pasado, sin el burocratismo de las viejas organizaciones políticas y con una vocación proactiva. Un componente importante de la evolución de los partidos es el concepto de ciudadanía. El desarrollo de los partidos está ligado al asentamiento de la democracia, de la manera en que el desarrollo de la ciudadanía está ligado a la conquista de derechos. Se debe, por ello, avanzar más allá de la efervescencia partidaria que se despierta en época de elecciones. Modernizar los partidos políticos es democratizarlos al interior, renovar sus elites, e introducir mecanismos de participación interna. Es, en suma, pasar del partido de masas y de cuadros al partido de ciudadanos.



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26 diciembre, 2007

Apuntes sobre partidos políticos

En las últimas tres décadas, los peruanos hemos acudido a las urnas más que cualquier otro compatriota en el pasado. 25 procesos electorales para elegir y revocar autoridades nacionales, regionales y locales; referendums, procesos constituyentes; algo inusual en toda la historia de la República.

El Perú es parte de una primavera democrática que por primera vez vive la región de manera sostenida. Y al mismo tiempo es parte también de la paradoja que encierra esta situación: vivimos en democracia, pero enfrentamos una creciente crisis social.

A tal punto que un informe reciente de las Naciones Unidas revela que más del 50% de los latinoamericanos “están dispuestos a sacrificar un gobierno democrático en aras de un progreso real socioeconómico”, es decir, con alguna forma de gobierno autoritario.

En otras palabras, el sistema democrático se ve amenazado debido a la exigencia de resultados de la ciudadanía que el sistema democrático y sus procesos electorales en sí mismos no son capaces de ofrecer.

La democracia electoral funciona, pero la democracia como gobierno tiene sus límites.

La consecuencia de este desencuentro la pagan las instituciones democráticas. Las poblaciones resienten su confianza en ellas al no encontrar solución a sus demandas; demandas que, por otro lado, se ofrecen resolver durante los procesos electorales.

En campaña, son los partidos políticos los que canalizan estas demandas ciudadanas. La gente vota confiando en sus propias expectativas de solución, pero, al final se desilusiona al comprobar que los candidatos y sus partidos, se olvidan de sus promesas electorales, alimentando la desconfianza de la ciudadanía y aumentando el descrédito de la política y sus instituciones.

Este desfase entre ofrecimiento electoral y acción de gobierno es quizás uno de los factores que ha llevado a que menos de un cuarto de la población crea en los partidos políticos. La gente no cree en los partidos políticos, porque en general no cree en (o no les cree a) los políticos.

La consecuencia es un círculo vicioso que corroe todo el sistema. El descreimiento en los partidos políticos debilita el sistema democrático alentando salidas antisistema.

Entonces, la gente no confía en los partidos, pero tiene que votar por ellos, porque hasta hoy no se ha inventado otro mecanismo de representación política que canalice las expectativas de los ciudadanos en una contienda electoral.

El partido político sigue siendo el instrumento mediante el cual la ciudadanía deposita su cuota de confianza.

Los resultados no pueden ser más desalentadores. Según diversas encuestas realizadas en nuestro país, más del 90% desconfía o no cree en los partidos políticos.

No es un resultado exclusivamente nacional. Según el Latinobarómetro 2007, en general, en América Latina, existe esta misma sensación. Lo mismo ocurre en el mundo. Los partidos políticos como organizaciones están en crisis. La pregunta es por qué.
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* El presente texto forma parte de un reciente trabajo titulado "Introducción al Estudio de los partidos políticos desde su organización y estructura" que acabo de presentar a la Cátedra Mariátegui como fin de una Diplomatura sobre Teoría Política y Buen Gobierno.



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23 diciembre, 2007

La pobreza no tiene color político

La pobreza es la expresión de la desigualdad. Es también la evidencia del desequilibrio profundo de la sociedad. De la falta de oportunidades para unos. De una inadecuada redistribución de los recursos para otros. La pobreza puede verse también como un círculo vicioso que se reproduce exponencialmente, si el Estado no interviene.

Difícilmente, las personas por sí solas dejan su condición de pobres. Es el Estado el que debe delinear y ajustar todos sus programas y políticas al objetivo sostenido de superar y eliminar las causas de la pobreza de un país.

Lo que menos debe hacerse con la pobreza es politizarla. Usar el carné partidario o ayudar primero a los que votaron por un partido es no sólo nefasto y antiético, sino perverso, porque mal educa a la gente; la vuelve mendiga del poder de turno.

El uso de los programas de gobierno para fines políticos partidarios es quizás uno de los más pesados lastres que arrastramos como sociedad y que, en fondo, impide romper el círculo vicioso de la pobreza. Los pobres no tienen color político. Este es el cuadro de la pobreza en el Perú de hoy preparado por "Perú Descentralizado", la ONG de Rudecindo Vega:


Hay diversas causas de la pobreza; alguna de ellas son estructurales, históricas. Otras son económicas, sociales, incluso culturales. En nuestro país, la pobreza es más rural que urbana; golpea más a la mujer, a los niños, a los analfabetos, a los campesinos.

Desde el punto de vista de la economía, la pobreza se explica por la baja productividad del campo. El campesino, al no obtener un buen precio por sus productos, anula su capacidad de ahorro o inversión en otros rubros; es decir, no genera riqueza.

La pobreza es también reflejo de una educación devaluada que impide a las personas a mejorar su posición en el mercado para acceder a un puesto de trabajo con un sueldo digno. La pobreza se explica también por el acceso a infraestructura y servicios básicos. Los pobres carecen de servicios indispensables para vivir y generar actividades económicas.

El impacto de todos estos factores incide en la reproducción de la pobreza, tornándola crónica. Así, una familia pobre sin recursos económicos, sin servicios de calidad, vivirá en un lugar igualmente pobre. Los hijos de esas familias muy probablemente se conocerán y se reproducirán en esas condiciones, aumentando su pobreza.

Hay excepciones, por supuesto. El ejemplo de los migrantes emprededores parapetados en la informalidad es prueba de ello. Pero la regla general es que el estado debe intervenir en el soporte de las condiciones básicas de nutrición, salud, educación e infraestructura para lograr que los ciudadanos mejoren sus capacidades y tengan igualdad de oportunidades para competir más adelante.

Si tuviéramos que resumir las causas múltiples de la pobreza podríamos señalar las siguientes: Inequitativa distribución de recursos y servicios; falta de voluntad o incapacidad de los líderes a fin de ejecutar un Plan de Desarrollo estratégico-político; recursos naturales insuficientemente aprovechados; Educación deficiente; escasa investigación; economía rural de subsistencia. Y ahora, gracias a Jorge Del Castillo, habría que agregarle una más: el uso político de los programas sociales del Estado.




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16 diciembre, 2007

El gesto de Bush

Está claro que el viernes 14 de diciembre de 2007, el Presidente García se encontró circunstancialmente firmando el TLC con los Estados Unidos, al lado del Presidente George W. Bush. Si no se hubiera opuesto con tenacidad durante la campaña electoral esa circunstancia se hubiera realizado hace dos años por lo menos y habría tenido al frente a Alejandro Toledo.

Pero esas son cosas que la política enseña. La realidad es que correspondió a García asumir este último tramo y prefirió asumirlo sólo, sin tener el gesto de invitar a quien -aún a costa de su popularidad en el gobierno- se jugó entero por obtener este mecanismo.

Quizás en esto radique el gesto de Bush: en enviar una notita de puño y letra al Presidente Toledo, el mismo día de la firma del TLC, en la que reconoce su "trabajo intenso" para alcanzar el acuerdo. Algo que entre peruanos, resulta difícil de aceptar.

La nota es corta, pero significativa:

"The White House
Washington
Diciembre 14, 2007

Querido Alejandro:

Hoy he firmado el TLC con el Perú. Yo conozco tu trabajo intenso para lograr este acuerdo, así como el del Presidente García.

A pesar que no estuviste como Presidente en ejercicio cuando este Tratado se aprobó por el Congreso, tu trabajo ha ayudado enormemente para que esta ley sea posible.

Espero que tú estés bien y dale mis saludos a tu esposa.

Sinceramente,

George W. Bush”.



Un espaldarazo y reconocimiento por donde se lo mire.

13 diciembre, 2007

Réquiem por el Señor Arrarte

Leyendo Caretas 2006 me entero, por Augusto Elmore, de la desaparición de Eduardo R. Arrarte, fundador del Patronato de Lima y benefactor de la ciudad al estilo de los antiguos caballeros. Con buenas maneras, pero en el caballo, siempre, capitalizando amistades.

Tengo fresco el recuerdo de sus largas conversaciones, preocupaciones y devaneos en defensa de la Lima Histórica, la vieja ciudad que había sido olvidada por todos y que se deterioraba envuelta en el caos de los ambulantes, la basura regada en las calles, las casonas tugurizadas, pero, sobre todo, la desidia y el inveterado abandono de la gente que la habitaba.

Don Eduardo luchaba tenazmente para nadar contra corriente e inculcar a las autoridades locales que debían salvaguardar la ciudad para no borrarla de su Historia. No añoraba el pasado virreynal; soñaba con la futura Lima ordenada, con un crecimiento en sus tres polos, más el Centro Histórico recuperado y puesto en valor.

No pensaba en Lima como una ciudad-museo; sino como una ciudad viva, con gente viviendo en las casonas, con servicios y áreas de esparcimiento y trabajo; no en tugurios malolientes.

Un día lo entrevisté para que me contara la historia de cómo así se había cargado al hombro la tarea de promover ante la UNESCO que Lima sea declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad. Era 1988 y hacía un año y medio que había ingresado a La República.

Al final de la charla quedamos en trabajar algunas ideas y así surgieron dos que se mantuvieron durante un tiempo. Una de ellas fue elaborar un Boletín Informativo sobre los avances en las gestiones ediles de restauración de casonas o monumentos históricos en los que participaba el Patronato de Lima, la Municipalidad Metropolitana de Lima, el Instituto Nacional de Cultura, la Iglesia Católica y la Agencia Española de Cooperación Internacional.

“Noticias de Martincito”, se llamó ese boletín de una página impresa a un solo color por anverso y reverso, escrita por mí, con datos del memorioso y cordial arquitecto Juan Günther y revisada por Augusto Elmore, primero, y por el propio Eduardo R. Arrarte, después.

La segunda idea que fructificó fue agrupar a periodistas de prensa, radio y televisión en una asociación simbólica denominada “Periodistas Amigos de Lima”, con la finalidad de promover la difusión de notas, reportajes y comentarios que dieran cuenta de las riquezas históricas de la ciudad y reforzaran la identidad y el cariño hacia la capital de la República. El encuentro inaugural de este grupo de amigos se realizó en el Club de la Unión.

Fueron años de intensa campaña propagandística por la querida vieja Lima. De esa época datan los afiches coleccionables “Balcones de Lima”, “Rejas de Lima”, “Puertas y Portadas de Lima”, que aún veo colgando como cuadros en algunas oficinas.

Tres años después, el 12 de diciembre de 1991, Lima consiguió el título de Patrimonio Cultural de la Humanidad, gracias al esfuerzo de hombres como Eduardo R. Arrarte, que entendieron que los grandes sueños se empiezan a veces con pequeñas cosas; manteniendo siempre un espíritu infatigable y el ánimo templado; teniendo fe en lo que se hace; planificando meticulosamente hasta el detalle; y sumando vocaciones y pasiones en los hombres y mujeres de buena voluntad o promoviendo que éstas afloren.

Descanse en paz, Don Eduardo. Lima lo extrañará.



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10 diciembre, 2007

Fujimori y el código naranja

Exaltado, en unos pocos minutos, Alberto Fujimori, trazó su estrategia de defensa: recibió un país en bancarrota, con hiperinflación, asediado por el terrorismo no sólo de Sendero Luminoso y el MRTA, sino del Comando Rodrigo Franco y otros; las Fuerzas Armadas y Policiales estaban replegadas, 13 millones de peruanos vivían discriminados en las zonas más pobres del país; 25 millones de peruanos fueron liberados y recuperaron plenamente sus derechos humanos. Fruto de decisiones como esa, el Perú hoy, en efecto, avanza.

El argumento recuerda la película dirigida por Bob Rainer, Cuestión de Honor, que narra la muerte del soldado William Santiago a quien La Marina había aplicado un “Código Rojo” que no existe en ningún manual, pero que se usa para eliminar a supuestos elementos débiles –dentro de las Fuerzas Armadas- que no sirven para luchar contra enemigos poderosos sean potencias extranjeras o terroristas.

El general Jessep (Jack Nicholson), autor de la orden de muerte, no puede entender cómo unos civiles “vestidos de mariquitas” pretenden juzgar un acto que en el fondo es la base de las Fuerzas Armadas de un país democrático que envía sus hijos a la guerra para que otros puedan ir tranquilos a estudiar o a trabajar y regresar a casa a ver televisión.

El abogado(Tom Cruise)logró arrinconar al general hasta arrancarle la confesión de que fue él quién dictó el Código Rojo contra el soldado Wiliam Santiago utilizando su propia lógica de defensa y llevándolo al extremo de enseñarle que detrás de cualquier acción encaminada a defender la Patria, el uniforme o el país existe un Código de Honor.

Es el Código de Honor el que ha sido trastocado por Fujimori.

- ¡Soy inocente!, clamó ante cámaras, luego de trazar una idea del país al borde del colapso que recibió y que, según su código naranja equivocado, hizo lo que tuvo qué hacer.

Como el general Jessep, Fujimori no entiende que el Estado no puede responder con los mismos métodos empleados por sus asesinos, porque perdería el valor ético que necesita para diferenciarse del enemigo y señalar su superioridad moral.

Fujimori se desespera por mostrarse como un patriota que se jugó por el país y asumió reformas y actos necesarios para recuperarlo. Ahora que todos disfrutamos de las ventajas de un país pacificado, pretendemos juzgarlo como un vulgar asesino. ¡Por qué, si yo les di la paz que tanto necesitaban!, parece decir.

Las escenas finales de la película de Rainer pueden ayudar a comprender por qué la aplicación de la muerte extrajudicial a manos de quienes precisamente juran defender la vida de sus ciudadanos es un hecho condenable.

El teniente Kendrik al escuchar la sentencia que lo expulsa del cuerpo armado se dirige a otro oficial y le pregunta ¿qué hicimos mal?, ¿por qué nos sancionan si sólo cumplimos con nuestro deber?

- No, soldado. No hicimos bien –reflexiona el oficial. Actuamos mal. Nosotros somos soldados y nuestro deber es defender a gente como el soldado Santiago; no matarlo.

La defensa debe tener presente esta diferencia entre la aplicación de un “Código Naranja” que viola los derechos humanos, y el uso de un verdadero Código de Honor que está por encima del objetivo a cumplir. El fin no justifica los medios.



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09 diciembre, 2007

Constitución con división

El Presidente Evo Morales ha decidido tensar su país hasta el límite. Contra viento y marea pretende aprobar una Constitución que tiene muchos cambios, entre ellos, su reelección indefinida. El plazo vence este viernes 14.

La imagen de una Bolivia dividida nunca ha sido más elocuente. En Oruro grupos de campesinos, mineros y cocaleros cuidan el desarrollo de la asamblea constituyente instalada con 164 representantes del partido oficialista MAS, de un total de 255. Mientras, en Santa Cruz, los huelguistas de hambre que se rebelan ante la Constitución que consideran espúrea, sobrepasan los 600.

Cinco de los nueve departamentos que tiene Bolivia han amenazado con desconocer la nueva Carta Magna y declarar el 15 de diciembre la autonomía de sus pueblos. Un contrasentido, a juzgar por el primer artículo aprobado a las 00:45 horas: “Bolivia se constituye en un Estado Unitario Social de Derecho plurinacional, comunitario, libre, autonómico y descentralizado, independiente, soberano, democrático e intercultural”.

Según reportes de prensa, el debate sobre el articulado es breve y sin mayor profundidad; una pantomima para cumplir el requisito legal de aprobarlo previa discusión política.

El revés político sufrido por Chávez en Venezuela no ha amilanado a Evo quien, por el contrario, ha respondido con convocar a un referendo revocatorio que defina la continuidad no sólo de la Presidencia de la República, sino de lo prefectos de los 9 departamentos.

Recientemente el relator especial de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Rodolfo Stavenhagen, estuvo doce días en Bolivia conversando con autoridades del país y visitando las regiones para comprobar directamente el trato a las comunidades indígenas bolivianas.

El relator encontró expresiones racistas más propias de un país colonial que de un estado democrático moderno, en especial contra las mujeres. Y concluyó que existían actos de discriminación y racismo entre la clase política y los medios de comunicación. El informe es oportuno y pone sobre el tapete uno de los temas de fondo de Bolivia.

Si hay una fractura en el país altiplánico esta es primero social antes que política. Precisamente la nueva constitución plantea avances respecto al derecho a la tierra que, lamentablemente, han quedado desvirtuados ante otros artículos copias de deseos vitalicios en el poder.

Si las constituciones son un pacto de la sociedad, un conjunto de reglas, fruto del diálogo y el consenso, éste requisito no se cumple en Bolivia, donde la nueva Carta Magna, por el contrario, ha profundizado la división de los pueblos del altiplano.



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06 diciembre, 2007

Un TLC para todos

El camino recién empieza. La ratificación del TLC en el senado norteamericano es una oportunidad que aprovecharán de inmediato los de arriba y que si no se hace nada mirarán pasar los de abajo.

Ya tenemos un mercado de 200 millones de consumidores. Falta ahora aumentar nuestra capacidad exportable; diversificarla y volverla competitiva.

El TLC, en sí mismo, no es la solución a los problemas del país; pero ayuda a vender mejor lo que producimos. Por eso esta herramienta puede convertirse en una locomotora de crecimiento que aportaría 1,5 puntos al PBI.

Si logramos diversificar nuestras exportaciones dependeremos menos del precio mundial de las materias primas, aumentará el empleo y los pobres tendrán mejores oportunidades de salir de esa situación.

En una clase reciente, el economista Javier Iguiñiz, señalaba que en el Perú la pobreza no es a causa de la exclusión, sino de una mala inclusión. Los pobres no están excluidos del mercado, sino incluidos en condiciones desventajosas, sin seguridad social, con pésimos salarios, con sobre carga laboral y mal alimentados.

El TLC barrerá a algunos, probablemente campesinos que no podrán competir con cultivos baratos provenientes de los Estados Unidos. El Estado tiene que pensar en ellos. No todo lo puede arreglar el mercado. El sentido de justicia, por ejemplo.

Pero, además, la gran empresa debe articular a la mediana y pequeña empresa. El TLC no es un fin; es un medio para potenciar el crecimiento.

El gobierno tiene la responsabilidad de garantizar políticas sociales deliberadas para transformar este instrumento en más puestos de trabajo con remuneraciones dignas. No se puede conquistar mercados si a los campesinos, agricultores, obreros, técnicos o estibadores les pagamos una miseria. Mejor dicho, claro que se puede, pero no sería socialmente ético.

Esto obliga al Estado peruano a distribuir mejor los beneficios de la expansión económica que traerá el TLC. Abrir mercados sólo tendrá sentido si distribuimos mejor los frutos del crecimiento, con equidad, de manera descentralizada, arrancando de la pobreza, la miseria y la exclusión a más de la mitad de compatriotas.

El Perú necesita invertir más en electrificación rural, en puertos, aeropuertos, carreteras para competir con otras regiones del mundo. Pero también más en nutrición, salud y educación. Sin inversión social, no sirve crecer.

El objetivo de la economía no es el crecimiento, sino la satisfacción de las necesidades humanas. Se crece no para ensanchar las diferencias sociales, sino para acortarlas. Más que un TLC hacia adentro debemos trabajar para lograr un TLC para todos.



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04 diciembre, 2007

No, mi comandante

El resultado electoral en Venezuela marca el inicio de la cuenta regresiva del Presidente Chávez en el poder. Sus sueños de permanecer indefinidamente en el sillón presidencial tienen ahora el plazo fijo que el pueblo le confió y que no ha querido extender. En cinco años más, Chávez debe ceder la posta. No hacerlo sería su suicidio político.

¿Cumplirá el presidente bolivariano este designio democrático? Difícil afirmarlo por ahora. Los resultados del plebiscito constitucional lo han frenado un poco, pero no lo han detenido del todo. Ahí está esa frase sarcástica con tufillo a venganza “por ahora, no pudimos”.

Venezuela rechazó en las urnas el modelo socialista planteado por Chávez. Dijo no a los cambios en la propiedad privada, a la reforma de la Fuerza Armada, al fin de la autonomía del Banco Central de Reserva y, por supuesto, dijo no a la reelección indefinida.

Venezuela se negó a pasar de la democracia a la autocracia.

El aire fresco de la oposición vino de los jóvenes universitarios, quienes fueron los primeros en salir a las calles a protestar primero por el cierre de RCTV y por el cambio del modo de vida consagrado en la Constitución después.

Sus marchas callejeras recordaron al fenómeno estudiantil peruano ocurrido tras el cierre del Tribunal Constitucional. Los jóvenes tomaron las calles y desde allí sirvieron de catalizador para otros grupos sociales que se unieron a las protestas.

Este sentimiento de rechazo debe dar paso ahora a una propuesta más orgánica que consolide el bloque opositor en el próximo proceso electoral. Ese es el reto que tienen ante sí quienes expresaron en las urnas su rechazo al modelo chavista.

Chávez no se quedará con los brazos cruzados y sus seguidores ya le han sugerido que presente sus proyectos de reformas estructurales a través de iniciativas legislativas. Como él mismo se ha encargado de recordar a todos “la batalla será larga”.

Será un camino también largo para la oposición. Venezuela deberá demostrar que puede salir algo nuevo de este triunfo electoral. Algo que no sea el regreso a los partidos políticos de antaño. Tiene que ser algo fresco, distinto. Una plataforma de confluencia democrática que renueve la política partidaria del Orinoco.

Una cosa al menos es segura. Chávez no podrá ser el sucesor de Fidel.



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02 diciembre, 2007

Triángulo del desarrollo

La CADE 2007* terminó y una vez más dejó la sensación de haber invertido muchas horas al qué y escasos minutos al cómo. La reunión de ejecutivos confirmó que la inversión privada, el crecimiento económico sano y el rol promotor y subsidiario del Estado son necesarios para salir del subdesarrollo. El primer consenso –se puede afirmar- es el diagnóstico, ahora el asunto es cómo lo hacemos; cómo acortamos la brecha social, superamos la pobreza y damos el salto hacia el desarrollo.

Caminos hay varios, pero los que han sido estudiados señalan que todos pasan por aumentar la inversión en Educación, no sólo la básica, sino la superior incentivando la investigación e innovación cintífico-tecnológica. Es el caso de China, Japón, Corea, Taiwan, Singapur, Irlanda o España. En esa línea, bien vale el esfuerzo de unir Estado, empresa privada y universidad en un proyecto que nos permita alcanzar estos objetivos, conformando lo que llamaremos el triángulo del desarrollo.

Estudios recientes indican que cerca de un millón de jóvenes peruanos estudian nivel superior. Una mitad lo hace en 85 universidades del país y la otra en institutos técnicos. Pero ¿en qué medida estos jóvenes se insertan dentro del mercado laboral, ¿está la universidad formando los profesionales que el mercado demanda? Las cifras de desempleo y subempleo juvenil nos dicen que no.

Es necesario por ello establecer una alianza práctiva, ventajosa y rentable entre Estado, Universidad y Empresa Privada con la finalidad de lograr que la fábrica de profesionales que es la univerdad se oriente a las necesidades del mercado –en este caso la empresa- la cual a su vez incentiva la investigación universitaria aplicada a la industria aportando fondos directos, deducibles de impuestos.

La metodología es simple y no apela sólo a la sensibilidad social de los que más tienen, ni se queda en el concepto de responsabilidad social empresarial. Va más allá. Convierte a la empresa en socio de la universidad al financiar proyectos de investigación en áreas de interés de su propio negocio.

Por ejemplo, una empresa exportadora de fibra de vicuña o de tejidos o prendas hechos con ese material, ¿no estará interesada en financiar un proyecto de investigación de la universidad equis en aprovechamiento de pastizales o mejoramiento genético de la fibra de camélidos para la exportación?. ¿Podría convocarse a un concurso entre las universidades del país para promover entre sus estudiantes el interés en desarrollar estos proyectos financiados por la empresa privada?

Obviamente la empresa no lo haría por su espíritu de buen samaritano, sino porque está dentro de su área de interés, potenciaría su negocio y porque, además, sería deducible de su pago de impuestos, que es donde intervendría el Estado.

En este triángulo que une al Estado, la Empresa Privada y la Universidad, todos ganan. La universidad tendría recursos para investigación, las empresas aplicarían dichas investigaciones en sus productos y el Estado mejoraría la calidad del gasto en educación. ¿Se animará alguno de los tres sectores a dar el primer paso?

* Conferencia Anual de Ejecutivos



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