Politikha / Blog de Luis Alberto Chávez

11 agosto, 2011

La agenda presidencial

El Presidente de la República, Ollanta Humala, podrá estar mudo. Pero no está inmóvil. Está operando. Como todo militar, primero está reconociendo el terreno, tanteándolo, estudiándolo, analizándolo. Luego, está desplegando sus fuerzas en puntos clave de la administración pública: defensa, interior, orden público, descentralización, conflictos sociales, programas sociales, viceministerios.

Que el jefe del Estado no sea verborreico, por ahora, no depende de cuestiones psicológicas o de estilos de gobierno propiamente. El silencio gubernamental se explica por la lucha de intereses contrapuestos que existe entre medios y gobierno por controlar o colocar la agenda pública o política.

Los medios tienen su agenda y presionan para imponerla. El gobierno tiene la suya y resiste el empuje de los medios. En otras palabras, no sólo el gobierno batalla para imponer su agenda; también los medios juegan su partido.

Finalmente, la agenda pública es lo que uno habla. Al existir intereses variados y contrapuestos, cada grupo social lucha por imponer sus temas de agenda. Esta crisis por colocar la agenda puede hacer perder el control del propio gobierno. Nos ocurrió a nosotros en el Gobierno de Toledo. Los escándalos dominaron la escena pública.

Desde este punto de vista hay quienes creen erróneamente que comunicar es siempre declarar. García, por ejemplo, considera que discursear, “hablarle al pueblo” es educarlo; una especie de pedagogía de la palabra. El estilo Humala, nos presenta la otra cara de la moneda: la pedagogía del silencio.

Muchos se han quedado con la imagen de la gallina que cacarea cuando pone un huevo para graficar la necesidad de publicitar los logros. La figura es correcta, pero muchos olvidan que primero se debe poner el huevo. Comunicar es por eso antes que hablar, gestionar. Invertir el proceso nos lleva a inaugurar hospitales sin terminar desgastando el poder de la palabra.

Ahora bien, no es lo mismo decir que el Presidente no tiene agenda porque no comunica lo que hace, que afirmar que no existe agenda presidencial. La agenda del Presidente es un documento diario que contiene las reuniones concertadas por el Secretario General de la Presidencia con el jefe del Estado. Las reuniones pueden ser públicas, privadas o “fuera de agenda”. En ellas el presidente despacha, analiza, decide, gestiona. No siempre se comunica lo que ocurre en estas reuniones.Pero lo que no puede hacerse es no informar las reuniones del Presidente.

Declarar a los medios puede no estar entre sus prioridades. Y esto irrita, obviamente, en primer lugar a la prensa. Pero, el presidente quizás no necesite tanto quien le escriba, sino más bien quien informe. Y esa tarea, de acuerdo a la Constitución, corresponde al Presidente del Consejo de Ministros. Él es el vocero del gobierno.

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09 agosto, 2011

La prensa británica... y la de acá

Sir Tristan Garel-Jonas es un Lord inglés. No se anda con rodeos. Y dice las cosas de manera directa, sin que se le mueva un pelo. Cuando le preguntaron sobre la relación de la prensa británica con el parlamento inglés, Lord Tristan Garel-Jones dijo: “La prensa en Inglaterra es bazofia”. Algunos de los congresistas que asistieron a su charla carraspearon. “Sólo nos queda un periódico decente” -prosiguió él-, como si reflexionara ante una taza de té a las cinco en punto.

La verdad es que la prensa británica no es el mejor ejemplo de relación con la política. Actualmente una comisión del parlamento investiga las interceptaciones telefónicas realizadas por el diario “The News of the World”, del imperio Murdoch, un tabloide lleno de primicias en base a chismes e intrigas logradas ilegalmente que hacía las delicias del público inglés.

El tema viene a cuento debido a la reacción que la prensa peruana ha tenido frente a unas sazonadas declaraciones del presidente del Congreso, Daniel Abugattas, considerando a la prensa un grupo de suplentes sentados en la banca con quienes no cuenta para ganar el partido. No es una declaratoria de guerra como la de Lord Garel-Jones, pero tampoco es una finura que digamos.

Si a eso le sumamos el oficio N°020-2011-PCM/DM firmado por el Presidente del Consejo de Ministros, según el cual, los ministros “deberán tener en cuenta” que las declaraciones multisectoriales a la prensa son de competencia del propio Salomón Lerner y que, además, cualquier entrevista “sobre asuntos de filosofía global y específicamente sobre modificaciones legales y constitucionales, se hallan en el campo de las atribuciones del Presidente de la República y, por su delegación, son de responsabilidad del Presidente del Consejo de Ministros”; entonces, estamos ante un panorama que no pinta bien o que pinta feo.

Nadie discute el derecho que tiene el gobierno a diseñar su política de comunicaciones. De hecho, ésta parece estar basada más en el silencio que en la elocuencia, a juzgar por el riguroso mutis presidencial que ya tiene casi dos semanas. Pero, que nadie se engañe. Estamos ante la primera etapa de una estrategia diseñada a cortar los vasos comunicantes entre prensa y poder.

Para nadie es un secreto que existe un sector de la prensa que frente al gobierno ha desarrollado una gruesa capa de resistencia. No sólo no le tiene confianza, sino que hasta le sabe mal. Este sinsabor se traduce en la práctica en imponer, desde los medios, la agenda política. Es decir, imponer la agenda mediática a la agenda de gobierno.

Está bien que los ministros articulen el mensaje y que el presidente del Consejo de Ministros sea el vocero del gobierno. Es su papel y rol constitucional. Quizás lo que no está bien es la forma; enviar un oficio membretado dando disposiciones por escrito conlleva una rutina burocrática, con resabio a parte militar, que revela vulnerabilidades, como de hecho ocurrió con la filtración del documento.

Más práctico hubiera sido que la Secretaría de Comunicaciones del gobierno expusiera en el Consejo de Ministros la política de comunicación que se propone llevar adelante la nueva administración y junto a ella el plan de comunicaciones para esta etapa inicial que es más que relación con los medios de comunicación o acciones de prensa. Comunicar no es sólo informar; es antes que nada gestionar, hacer. Para públicos diversos, con mensajes específicos y con un portafolio de productos y piezas comunicacionales Ad hoc.

Qué consejos daría Sir Garel-Jones de cómo comportarnos ante los medios, preguntaron los congresistas al visitante inglés. Sin perder el aplomo, el congresista británico, les respondió con otra anécdota: “Yo aprendí lo que me enseñó mi jefa, Margaret Tatcher: ella nunca leyó la prensa. Yo tampoco”. No hay que llegar a ese extremo. Como me decía el general Luis Arias Graziani, sobreviviente a varios gobiernos: “se puede gobernar con prensa o sin prensa, pero nunca contra la prensa”.

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