Politikha / Blog de Luis Alberto Chávez

28 enero, 2014

Ni la razón, ni la fuerza; la costumbre



A poco menos de siete años para el Bicentenario de la República, el Perú tiene un nuevo mapa. La Corte Internacional de Justicia de La Haya zanjó la controversia que sobre delimitación marítima sostenían ambos países.

No le ha dado plenamente la razón a ninguno de los dos países. Ambos tienen argumentos a favor y en contra. Ha sido, como empiezan a señalar los especialistas, una “solución creativa”.

El Perú ha recuperado lo que en justicia le correspondía, pero que, en la práctica, nunco pudo asegurar por su impotencia de ejercer soberanía en zonas marítimas que, en los hechos, Chile mantenía en su poder.

Nos referimos concretamente al llamado “triángulo externo” que la Corte, con el trazo acordado, ni siquiera consideró necesario referirse a él. Chile consideró siempre esa zona como “altamar” a pesar de que claramente se ubica dentro de la proyección de las 200 millas de mar peruano. El Perú jamás pudo ejercer su pleno derecho sobre estas aguas, hasta ayer.

En relación al “triángulo interno”, verdadera superposición de los respectivos mares de Chile y Perú, denominada técnicamente como “área en controversia”, de un total aproximado de 38,300 Km2, el Perú ha obtenido poco más de 21 mil 900 Km2 y Chile 16 mil 300 Km2. Nada mal si consideramos que hasta ayer Chile ejercía pleno dominio sobre esa zona.


Por supuesto que hubiera sido mejor que la Corte aprobara la línea equidistante desde el Punto Concordia como planteó el Perú, no solo por cuestiones jurídicas, sino por la simple lógica del derecho de los pueblos ribereños a tener mar. Es un hecho que el fallo de la Corte no ha resuelto la desproporción en la ecuación hombre-mar entre los habitantes de Tacna y Arica. Chile preserva en su integridad su riqueza pesquera hasta 80 millas mar adentro. Perú, en una porción de su territorio que comprende a la Región Tacna, no. Corresponde, en consecuencia, al Estado peruano, atender este tema y proponer un plan de desarrollo para este territorio.

Pero ese es el costo de habernos sometido a un tercero y de haber decidido resolver la controversia por la vía pacífica. El Perú no tenía, ni tiene hoy, los medios necesarios para obligar a Chile ir en otra dirección. De manera que la solución diplomática, la corte arbitral internacional, era el camino adecuado.

En relación a la línea equidistante que proponíamos dentro del área de controversia, Chile ha ganado –O Perú ha perdido definitivamente, si se quiere–, 16 mil 300 Km2.

Esos 16 mil 300 Km2 no los perdimos ayer. Lo teníamos perdido desde que se resolvió la Guerra del Pacífico. Nunca –repito–, nunca pudimos ejercer nuestro derecho soberano sobre esa porción de mar. Esa es la verdad.

En cuanto a los argumentos jurídicos, la Corte entendió que si bien Perú y Chile no tienen un tratado de límites expreso, sí existe una frontera marítima tácita explicitada en la fuerza de la costumbre. Ese límite cuyo momento de inicio no fue precisado en documento alguno, es referido y aplicado, para todo caso práctico, en múltiples acciones realizadas por las partes.

En este caso, la Corte siguió el razonamiento de Chile. Existe entre Perú y Chile una frontera marítima que pasa por el paralelo geográfico en la zona de bajamar a la altura del Hito Nº 1. El Punto Concordia que proponía el Perú como inicio de la frontera marítima no fue tomado en cuenta por la Corte. El Punto Concordia queda como punto final de la frontera terrestre, generando un triángulo de tierra de unos 300 metros de Costa Seca.

En lo que sí nos respaldo la Corte fue en el criterio de buscar la equidad para ambos países. De manera que en este punto no le dio la razón a Chile que argumentaba que la línea del paralelo que marca la frontera marítima debía extenderse hasta las 200 millas. La Corte resolvió, por el contrario, que esa línea solo se extiende hasta las 80 millas.

¿Qué fue lo que la Corte tomó en cuenta para señalar 80 millas y no 20, 40 o 60? El nuevo derecho del mar y los diversos espacios en los que se dividen ahora las 200 millas que tienen los países costeños, sin duda. Pero, también, el comportamiento de ambos países en el tiempo, los usos y costumbres, la materialización de los hechos, la manera en que resolvieron sus impasses y la práctica histórica de sus actividades pesqueras.

La Corte hizo un seguimiento histórico a la práctica pesquera y encontró que la mayor parte de la actividad de ambos países se concentró siempre dentro de las 80 millas marinas. Y es claro que en este punto se revela nuestra principal carencia. No tenemos una flota naval comercial privada o pública que haya tenido presencia a lo largo del tiempo más allá de las 80 o 100 millas. De hecho, el incidente con la flota pesquera del multimillonario Onasis, allá por 1954, se registró a 126 millas de distancia de nuestra costa norte, pero no hay muchos antecedentes de esta naturaleza.

En resumen, al final del día, el Perú  puede estar satisfecho por la sentencia de La Haya. Sin guerra, ni costos innecesarios, hemos arribado a un punto en que nuestra frontera marítima en el sur difiere de la línea óptima –que hubiéramos tenido si otras fueran las circunstancias del poder nacional– en apenas 16 mil 300 Km2. Dos argumentos jurídicos pesaron a nuestro favor: una frontera marítima tácita no establecida explícitamente en documentos, pero aceptada en la práctica, y el criterio de justicia y equidad.

En este orden de cosas, una lección que podemos extraer y que debe constituirse en un faro para los peruanos del futuro, es que muchas veces las cosas se resuelven –para bien o para mal– no solo por la razón o la fuerza, sino por la costumbre. De aquí para adelante, el Perú y Chile deben mirar su futuro con tranquilidad y, de cara al Pacífico, asumir que el desarrollo está en potenciar nuestras relaciones comerciales con el otro lado del ancho Océano.

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26 enero, 2014

Carta a mis hijos ad portas del fallo de La Haya



26 de enero de 2014.

Queridos hijos,

Ojalá mañana puedan seguir por televisión la lectura de sentencia de la Corte Internacional de La Haya sobre la delimitación marítima entre Chile y Perú.

Es un acontecimiento importante que tendrá gran impacto en sus vidas.

Es también un acto ejemplar, pues, dos países que tienen puntos de vista distintos sobre cómo trazar el límite marítimo, al no ponerse de acuerdo, recurren a un tercero que les dirá cómo hacerlo.

No es un acto inamistoso contra Chile. Es un acto civilizado, de ambos países. Lo bárbaro sería dirimir esas diferencias con una guerra.

Perú le reclamó a Chile desde 1986 que debíamos estudiar el tema de la delimitación marítima y ponernos de acuerdo. Ya en 1977 un marino peruano había escrito un libro donde demostraba que tal límite no existía.

El Perú, Chile y Ecuador fueron países pioneros en la defensa de las 200 millas marinas a mediados del Siglo XX. Es decir, mientras el resto de países del mundo señalaba que el mar de los países ribereños debía tener entre 3 y 12 millas de ancho, Perú, Ecuador y Chile sostenían que ese derecho debía ser de 200 millas.

¿Y por qué estos tres países pequeños sostenían una tesis tan audaz? La respuesta se debe a la riqueza de nuestros mares. El Oceáno Pacífico es uno de los mares más ricos del planeta. Eso lo saben las potencias industriales, por eso les convenía que estos tres países y otros tuvieran una franja pequeña de mar. De esta manera los grandes países desarrollados podían pescar frente a nuestras costas y llevarse los frutos del mar.

Perú, Chile y Ecuador se plantaron firmes ante el mundo defendiendo la tesis de las 200 millas. Dieron muchas razones, biológicas, marinas, históricas, geográficas. Pero la principal, creo, fue que estos países tenían derecho a salvarguardar los nutrientes que el mar ofrecía para sus poblaciones.

Les dije, el Pacífico es uno de los mares más ricos en especies marinas. Y por ese tiempo, entre los cuarenta y cincuenta se comercializaba fuertemente la ballena. Después vendría la anchoveta, de la que el Perú llegó a ser primer productor del mundo en los sesenta.

Entonces, para proteger esas riquezas marinas, Perú, Ecuador y Chile decidieron proclamar ante el mundo la defensa de las 200 millas marinas. ¿Por qué 200 y no 100 ó 300? Como les señalé líneas arriba hubo muchas razones. Entre las marinas y biológicas destaca el ancho que mide la Corriente de Humboldt –también llamada Corriente Peruana–, que es una masa de agua fría que discurre frente a las costas de estos tres países, creando las condiciones medioambientales que explican la riqueza marina.

Bueno, sea como fuere, esa tesis de la defensa de las 200 millas, poco a poco, fue ganando adeptos en el mundo. Otros países, por diversas razones, también la habían sostenido antes, pero, lo cierto es que el impulso que Perú, Ecuador y Chile le dio a esta idea en foros internacionales fue notable.

En ese ambiente de defensa conjunta del mar, los tres países decidieron firmar acuerdos entre las tres partes. Allí nacieron los acuerdos de 1952 y 1954 que mañana escucharán en los alegatos de la Corte de La Haya.

Lo curioso es que hoy en día tanto Ecuador como Chile tienen mares de 200 millas a lo largo de toda su zona costera. Pero el Perú no. ¿Por qué? Por la forma inclinada o en ángulo que tiene nuestro mapa. Por su posición geográfica. A tal punto no tenemos 200 millas en toda nuestra costa que Tacna casi no tiene mar. Es decir, hay un mar frente a ella, pero cuando los pescadores tacneños salen con sus barcos, llegan a  los pocos minutos al mar que corresponde a Chile.

Esto hace que tengamos la siguiente paradoja. Perú, Ecuador y Chile defienden la tesis de las 200 millas cuando muy pocos lo hacían y hoy que esa tesis ha triunfado, ¡Perú no tiene 200 millas en toda su costa! Recién tenemos 200 millas marinas un poco más al norte de Camaná en Arequipa.

Esta es la razón por la que el Perú buscó por diversas formas hacer entender a Chile que debíamos conversar y llegar a acuerdos sobre este tema.
 
Cuando nuestro país proyectó sus 200 millas a lo largo de toda su costa encontró que una parte de este mar se superponía a las 200 millas de mar de Chile. Es lógico que esto ocurra porque Chile tiene una costa recta de 90 grados respecto al paralelo geográfico y la costa peruana tiene un ángulo agudo respecto al paralelo.

Esa es la materia de la controversia que la corte deberá resolver mañana.

Ante dos porciones de mar que se superponen la Corte debe dirimir qué porción de mar es para cada uno.

La Corte resolverá el tema pendiente entre Perú y Chile: debe establecer un límite marítimo definitivo entre ambos países.

Dirá: el mar de Chile llega hasta aquí y el Mar del Perú llega hasta acá. Punto.

Para arribar a esa conclusión la Corte debe trazar una línea (la frontera marítima) que empieza en la costa y se prolongue 200 millas mar adentro.

Para trazar esa línea deberá resolver cuestiones jurídicas de fondo que son importantes anotar:

El primer aspecto que deberá resolver la Corte es si existe o no existe límite marítimo. Perú dice que no y Chile dice que sí. ¿Se acuerdan que les dije que Perú, Ecuador y Chile habían firmado acuerdos tripartitos en 1952 y 1954 para defender las riquezas marinas? Bueno, Chile dice que esos acuerdos también establecieron límites marítimos entre las partes. Perú sostiene que no, que fueron tratados pesqueros.

El segundo aspecto es ¿Dónde empieza el límite marítimo? ¿Desde dónde se traza la línea? ¿Desde el “Punto Concordia”, como plantea Perú, o desde el Hito Nº 1 como plantea Chile? Estas cuestiones son mejor explicarlas con un mapa. Pero lo cierto es que Chile y Perú tienen interpretaciones distintas de dónde comienza o termina la frontera terrestre entre ambos países. ¿Recuerdan el polo que me mande a estampar? Tiene unos numeritos: 18º 21’ 08” S. 70º 22’ 39” O. Son las coordenadas donde el Perú sostiene que empieza la frontera terrestre: el Punto Concordia. Eso está clarito en el Tratado de 1929 que puso fin a la Guerra del Pacífico.

Establecer este punto es importante porque la norma dice que la frontera marítima se traza desde el punto donde la frontera terrestres llega al mar. Bueno, pues, entonces es muy importante que ese criterio se esclarezca.

Imagínense la costa verde. ¿Dónde empezaría el límite? ¿En el punto donde las olas revientan con las piedras? ¿O en la pista por donde pasan los carros? ¿Qué creen ustedes? Puede parecer un pedacito de tierra sin importancia, pero, créanme, es vital. Tengan en cuenta que están definiendo el punto desde donde se proyectará una línea recta 200 millas mar adentro. Así que cualquier diferencia en tierra se ensancha considerablemente en el mar.

Si la corte dice que los tratados del 52 y 54 son pesqueros y también de límites. Se acabó la cosa. Todo queda como está. Perdimos, en mi opinión.

Pero si la corte dice que no existe tratado de límites entre Perú y Chile, entonces deberá seguir desarrollando su juicio para no solo trazar una línea fronteriza marítima entre ambos países, sino hacerlo con criterio de justicia y equidad.

Y aquí viene el tercer aspecto a definir. Como hemos visto, la proyección de las 200 millas de mar de Chile y las 200 millas de mar de Perú se cruzan, se suporponen en un área de 37.900 km2, entonces, ¿cómo repartimos esa área? ¿qué tanto le damos a un país y qué tanto le damos al otro? Perú propone que se trace una línea media, equidistante. Habrá que esperar qué define la corte. A esta zona se la conoce como “triángulo interno”.

El cuarto aspecto que deberá resolver la corte es un espacio de 28 mil km2 que está fuera de las 200 millas de mar chileno, pero que, nuevamente, por la forma inclinada de nuestra costa, estaría dentro de nuestras 200 millas de mar proyectadas. Chile dice que eso es altamar. Perú afirma que es parte de sus 200 millas. A esto se le conoce como el “triángulo externo”.

Eso es todo. Mañana será un día importante. Será un momento que les tocará vivir y que espero sea el inicio de un futuro de paz y armonía con nuestros vecinos.

Beso para todos.

Papá.




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24 enero, 2014

Guillermo Faura, el marino pionero











El interés de la Nación por encima de cualquier otra consideración, 
reclama corregir nuestra delimitación marítima” 
(Guillermo S. Faura Gaig, "El Mar peruano y sus límites").


37 años atrás, en 1977, Guillermo Faura Gaig, vice-almirante de la Marina de Guerra del Perú, ex ministro de Marina del Gobierno de Juan Velasco Alvarado, escribió un libro –El Mar peruano y sus límites– con una tesis en la que incorporó los nuevos conceptos que sobre derecho marítimo se discutían en el mundo.

La tesis del vicelmirante Faura señalaba que el Perú no tenía tratado de límites marítimos con Chile, que los tratados de 1952 y 1954 eran de carácter pesquero y tripartitos, y que, en consecuencia, correspondía reelaborar nuestro mapa cartográfico y proyectar las 200 millas no por el paralelo terrestre geográfico, sino por una línea perpendicular paralela a la costa peruana.

Como al proyectar Chile y Perú sus respectivos mares territoriales –así los llamaba Faura–, ambos espacios se superponían, formando un cuadrilátero de 34.300 km2 (hoy se sabe que la medición exacta es 37.900 km2), el vicealmirante peruano proponía usar el mecanismo dirimente que en diversas partes del mundo venía imponiéndose para resolver espacios marítimos superpuestos de países con fronteras adyacentes: la línea bisectriz.

Faura llegó incluso a dibujar planos referenciales y señalar con claridad el error en que el Perú había caído al aceptar en algunos documentos –como en la histórica declaración de 1947 de José Luis Bustamente y Rivero proclamando las 200 millas–, la línea del paralelo terrestre como base para fijar el límite marítimo entre nuestros países.

El parelelo terrestre –señaló Faura con claridad– es una solución completamente inadecuada, porque no toma en cuenta la orientación y configuración de las costas de los Estados. Por esa razón “fue desechado el paralelo como método para emplearlo como límite por la Comisión de Derecho Internacional preparatoria de la Conferencia de Ginebra de 1958”. En esa misma reunión se acordó usar la “línea media” por representar mejor el concepto de equidad entre las partes.

El vicealmirante pionero explicó que con el paralelo terrestre como límite marítimo, Tacna tenía entre 0 y 40 millas de mar frente a sus costas; Moquegua entre 40 y 74 millas y tres cuartas partes de Arequipa tenían igualmente 74 millas marinas de mar. Punto por punto, refirió el mar recortado que tiene nuestra costa: Chala, 150 millas, Atico 128, Camaná 100, Mollendo 80, Ilo 40, Sama 20. “En cambio todo el litoral de Chile, desde el paralelo de la frontera terrestre y de Arica al sur, disfrutan de 200 millas frente a sus costas”. “La distribución equitativa entre ambos países correspondería a la línea media que significa para el Perú una extensión de 10 mil millas aproximadamente (34.300 km2)”.

Al hacer el mapa cartográfico de la costa peruana, Faura reparó que las proyecciones de nuestras costas debían dibujar rectángulos y no paralelogramos como sucede cuando se usa el paralelo geográfico. También se dio cuenta no solo del espacio de mar peruano que se sobrepone al de Chile -llamado hoy "el triángulo interno"-, sino de un área de mar ubicado fuera de las 200 millas marinas chilenas, pero dentro de las 200 millas peruanas –originado por la proyección de las perpendiculares entre Camaná e Ilo– llamada ahora “el triángulo externo”.

Para solucionar todos estos temas, Faura propuso conversaciones bilaterales. Es decir una negociación directa con Chile, que permita, de común acuerdo, delimitar la frontera marítima, algo a lo que, como sabemos, el vecino del sur se negó siempre. 

El pensamiento del vicealmirante Faura fue audaz, moderno, jurídico y patriota. 37 años después, cada uno de los puntos que planteó serán resueltos por un tribunal internacional. Su libro merecería una reimpresión.


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13 enero, 2014

Concentración de medios o pluralidad informativa


Producir medios es como producir zapatos, dice un viejo aforismo liberal. Un negocio como cualquier otro. 
El razonamiento busca precisar que no hay diferencias entre producir un periódico o sandalias. Ambos se rigen al final por la ley de la oferta y la demanda. 
El mercado decide. El Estado debe estar al margen.
Sí y no. Desde el punto de vista económico, ambos son un negocio. Pero unidades de negocio diferente. 
Lo peor que puede pasar con comprar unos zapatos mal hechos es soportar un juanete. Pero la prensa escrita y su mal uso puede causar más daño que un escozor por zapato ajustado.
En un país sin instituciones, la prensa es un referente. Y en un clima tan polarizado, la libertad de prensa puede ser simplemente libertad de empresa. 
La libertad para abrir un negocio y obtener mediante asociación, compra o alianza empresarial, una posición de dominio en el rubro del mercado informativo puede significar –en determinadas circunstancias–, poner en riesgo la pluraridad informativa.
El Art. 61 de la Constitución Política del Perú busca moderar ese espíritu de libre mercado. 
“El Estado facilita y vigila la libre competencia. Combate toda práctica que la limite y el abuso de posiciones dominantes o monopólicas. Ninguna ley ni concertación puede autorizar ni establecer monopolios”.
“La prensa, la radio, la televisión y los demás medios de expresión y comunicación social; y, en general, las empresas, los bienes y servicios relacionados con la libertad de expresión y de comunicación, no pueden ser objeto de exclusividad, monopolio ni acaparamiento, directa ni indirectamente, por parte del Estado ni de particulares”.
En otras palabras, el Estado favorece la libre competencia en la medida que no haya abuso de parte de los actores. 
Es verdad que a este abuso la Constitución lo llama “exclusividad, monopolio o acaparamiento”, figuras que –Stricto sensu– no corresponden a la sociedad acordada entre los grupos El Comercio y Epensa, pero, el fondo del asunto es que pretende limitar el poder dominante que el propio Estado o un privado puede ejercer en “bienes y servicios relacionados con la libertad de expresión y de comunicación”.
Es cierto también que la fusión de ambos grupos periodísticos sólo se refierie a la parte logística, productiva y comercial de los diarios. Pero, la Constitución sin llegar a especificar  las distintas partes operativas de la unidad de negocio, dice que no puede haber un poder dominante, repito, en “bienes y servicios relacionados con la libertad de expresión y de comunicación”. E imprimir periódicos, distribuirlos y venderlos –además de facturar publicidad, la verdadera madre del negocio–, cae dentro de los límites planteados por la Constitución. 
El espírtu de este precepto constitucional es promover la libertad de pensamiento, la pluralidad informativa y de opinión, algo que, según han referido voceros de ambos grupos, no variará ya que ambos directorios mantienen sus respectivos equipos periodísticos y su línea editorial.
Esto es algo que todos los días se pondrá a prueba. La sociedad debe estar atenta y vigilante respecto a este tema que es el que realmente debe merecer interés público. La pluralidad informativa es señal de la salud democrática de una sociedad.
De manera, pues, que hay pues algunas sutiles diferencias entre producir zapatos y producir periódicos. Los primeros deben ajustarse siempre a hormas rígidas para que no nos causen daño, los segundos nos son beneficiosos cuando se salen de ellas. 


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