El escándalo de un barco cargado de cemento mexicano acoderado en el Callao a la espera de la eliminación del arancel del 12% empieza a volverse pesado. No es la primera vez que el Consorcio CEMEX intenta ingresar al país. Un empresario cementero nacional recuerda que hace tres años su empresa había decidido abrir una planta productora en Texas, Estados Unidos.
Los estudios definitivos quedaron listos el primer trimestre del 2004. Al poco tiempo empezó la construcción de la planta de cemento. Siguiendo el ejemplo de otras empresas peruanas que han abierto mercado fuera instalando plantas procesadoras en los mercados de destino, el fabricante nacional de cemento no calculó la respuesta de los herederos de Moctezuma.
Un día apareció una flota de barcos cargadores repletos de cemento mexicano en los puertos del norte y centro del país. Otros barcos chinos con más cemento en sus bodegas viraron en altamar y enrumbaron hacía el Perú.“Si no dejan de construir su planta en Texas, descargamos el cemento, inundamos el mercado y los dejamos fuera”, les dijo la voz del teléfono a los empresarios nacionales.
Como los negocios son también una estrategia de guerra, la empresa nacional pensó alargar las conversaciones esperando que el cemento mexicano endureciera en las bodegas. Pusieron una acción de amparo y lograron retrasar el ingreso de la mercadería.
El cemento se endureció y terminó, esa vez, en el fondo del mar. Pero la empresa nacional llegó a la conclusión que sería una pelea larga que no podrían sostener en el tiempo. Dos años después desistieron de instalar una fábrica en Texas y se regresaron con sus chivas a atender el mercado nacional.
CEMEX y el Banco Azteca intentaron ingresar durante el gobierno anterior. Buscaron loobistas de cuello y corbata, pero no lo lograron. Hasta hoy que cambió el régimen, aparecieron nuevos contactos mejor dispuestos a defender aquello de que "la empresa nacional debe competir si quiere tener éxito en mercados del exterior".
El cemento no ha subido desde el 2001, las empresas nacionales pueden producir más de 7'500,000 toneladas anuales, el mercado interno con terremoto y todo no demanda más de 5'800,000 toneladas; pese a ello, los cementeros nacionales creyeron en la palabra del presidente García e invirtieron en importación de maquinarias para producir hasta 9'800,00 toneladas anuales. Pero, un día, en medio del fútbol, descubrieron que el 12% del arancel al cemento importado había sido eliminado.
Y, claro, el cemento de los mexicanos estaba listo para ser conducido a las bodegas del Callao. ¡Qué eficiencia!, ¡Qué modernidad! ¡Así se comporta el libre mercado!
Esta mañana el Presidente defendió la eliminación del arancel al cemento. Señaló que las empresas deben aprender a ser competitivas y que al final el público ganará pues accederá a productos de mejor calidad a más bajo precio. Eso está bien en la teoría.
Lo que no dijo el Jefe del Estado es que el cemento nacional cubre la demanda en exceso, su precio se ha mantenido estable y, sobre todo, no dijo que un buque de bandera mexicana merodeaba en las costas del Perú a la espera de que le enciendan el faro para descargar su pesada mercadería. Mismo piratas en el Callao.
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19 octubre, 2007
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