Politikha / Blog de Luis Alberto Chávez

22 enero, 2017

Geopolítica y corrupción a ritmo de samba

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Entre los últimos días de agosto y los primeros días de setiembre del año 2000 se realizó en Brasilia, la Primera Cumbre Presidencial Sudamericana. En ese marco, el presidente anfitrión, Fernando Henrique Cardoso, presentó el “Plan de Acción para la Integración de la Infraestructura de Sudamérica”, un estudio elaborado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Fue el nacimiento de lo que luego se conocería como el Proyecto IIRSA, el más grande plan para integrar el continente sudamericano a través de megaobras de infraestructura, principalmente carreteras, puentes e hidroeléctricas, generando 12 ejes de integración y desarrollo, a lo largo de los cuales, los países sudamericanos se integrarían de manera competitiva en el comercio mundial.
Eran tiempos de globalización y de la participación expectante del Brasil en el escenario mundial. No era la primera vez que el Brasil pensaba y actuaba en grande. Su mirada geopolítica expansionista lo había llevado desde inicios del siglo XX a versa no solo como la locomotora de esta parte del mundo, sino como el espacio hegemónico entre los dos mares: El Atlántico y El Pacífico. Era el pensamiento de Mario Travassos, uno de los más influyentes estrategas geopolíticos brasileños: los mares eran los espacios decisivos de los Estados.
La dictadura militar brasileña (1964-1985) coincidió con gobiernos militares en casi todo Sudamérica. Esto facilitó el intercambio de estudios, proyecciones y visiones sobre el futuro de la integración continental, siendo discutidos y compartidos en casi todas las escuelas militares. En el Perú, uno de los que mejor comprendió este tipo de argumentación, el de establecer una alianza estratégica con el Brasil, fue el general Edgardo Mercado Jarrín.
Desde la década de los setentas datan los primeros estudios serios para integrar el continente sudamericano. Las carreteras transestatales o continentales se remontan a estas fechas. El concepto era superar las barreras naturales que imponía el continente sudamericano, básicamente la Cordillera de Los Andes, el el Amazonas y la Cuenca del Orinoco. El propio Brasil era visto "desde dentro" como un archipiélago verde que necesitaba articular su territorio, ordenar su producción y expandir su influencia hacia el Pacífico.
El proyecto IIRSA presentado el 2000 era la coronación del largo sueño acariciado por el Brasil de consolidar su influencia en la región sudamericana y ser protagonista en la escena mundial. Se buscaba dotar al territorio, de la infraestructura necesaria para organizar la producción de materias primas que el mundo demandaba. El financiamiento de los megaproyectos a cargo del BID le otorgaba el certificado de garantía que se requería para llevar adelante el ambicioso plan.
Si los estudios eran de origen brasileño y éstos coincidían con la visión geopolítica expansionista del gran país sudamericano, no debiera asombrarnos que fueran las empresas públicas y privadas brasileñas las encargadas de llevar adelante estas megaobras.
Sin importar quién estuviera en el poder –a Fernando Henrique Cardoso lo sucede Lula del Partido de los Trabajadores–, la visión geopolítica del Brasil se llevó adelante bajo un esquema de alianza público-privada en el que el sector político verde-amarello le abrió las puertas a las grandes empresas brasileñas que iniciaron su despegue con la ejecución de este plan.
En los puntos 37 y 38 de la declaración de la Primera Cumbre Sudamericana de Presidentes, se lee: "Integración y desarrollo de la infraestructura física son dos líneas de acción que se complementan. La formación del espacio económico ampliado suramericano, que anhelan las sociedades de la región, dependerá de la complementación y expansión de proyectos existentes y de la identificación de otros nuevos proyectos de infraestructura de integración, orientados por principios de sostenibilidad social y ambiental, con capacidad de atracción de capitales extraregionales y de generación de efectos multiplicadores intraregionales. Avances en el campo de la infraestructura, por su parte, revertirán en nuevos impulsos para la integración, creándose así una dinámica que debe ser incentivada. Ese escenario sería también beneficiado por una política de inversiones con perspectiva regional y no sólo nacional. (...) Por su volumen, la financiación de los proyectos de infraestructura de integración deberá ser compartida por los gobiernos, por el sector privado y por las instituciones financieras multilaterales...".
Lo que en la práctica ocurrió fue que las empresas brasileñas empezaron a ganar todas las licitaciones en todos los países involucrados con el proyecto IIRSA. La corrupción trastocó lo que obedecía a un natural proceso de integración. La empresa privada brasileña alineó sus objetivos a la tradicional visión geopolítica de su país.
Brasil siempre miró al continente sudamericano como su espacio vital. Hoy, este país es una de las ocho principales economías del mundo. Forma parte de los BRICS, países que están a un paso de ser considerados desarrollados, donde también se encuentran Rusia, India, China y Sudáfrica. Nadie pone en duda su protagonismo mundial. A la luz de lo que venimos conociendo, la forma en que sus principales empresas se fueron adjudicando las obras de infraestructura más importantes de la región, vemos que la corrupción, lamentablemente, se sumó a un plan geopolítico mayor, que buscaba acelerar el crecimiento económico del país y afirmar el protagonismo del Brasil en el escenario mundial.

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28 diciembre, 2016

Poder y dinero

Es un terremoto político. Dos placas tectónicas chocaron entre sí: el poder y el dinero. Su epicentro es el Brasil, pero sus repercusiones cruzan toda América Latina, con efectos en Europa, y quien sabe qué otros paraísos financieros del mundo. Su efecto será devastador.

La manera de hacer negocios de Odebrecht, probablemente, sea similar a otras grandes corporaciones en el mundo. Es decir, colocando como principio de negocio, la rentabilidad a cualquier precio, incluida la corrupción.

Este afán desmedido por lucrar, sin principios éticos o morales, está en casi toda empresa que contacta con el Estado para hacer negocios. Para estas empresas, la corrupción está incluida en los costos fijos. Son parte de la ciega y ramificada transnacional Corrupción S.A.

Los políticos que delinquen, traman, siguen, se confabulan, o caen en este juego sucio, no son tampoco la excepción. El caso Odebrecht demuestra que son la regla.

Odebrecht no hacía distingos ideológicos o políticos al momento de romper la mano y obtener los contratos y obras del Estado. El dinero sucio llegaba tanto al de derecha como al de izquierda, al liberal como al socialista.

El daño ya está hecho. La peor sanción para un político, no es la cárcel —depósito natural para quien delinque—,sino el repudio ciudadano, el señalamiento público de su traición, la memoria manchada que herederá en la Historia. 

La traición de un político a su pueblo se pagaba en la antigüedad con el ostracismo. No la muerte, sino la muerte civil.

El terremoto político llamado Odebrecht arrasará con una casta de políticos. Ojalá que como todo movimiento telúrico de grado superlativo destruya todo lo que esté corrompido. La única virtud será reconstruir todo. Todo nuevo. No, todo de nuevo. 

Entonces surgirán nuevos políticos y nuevas formas de hacer política. Nuevas empresas y nuevas formas de hacer empresas. Hombres y mujeres que no sean dominados por el poder ni por el dinero. ¿O será inevitable que estas placas —poder y dinero— acumulen nuevamente energía y cada cierto tiempo colisionen?



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24 diciembre, 2016

Diálogo y sinceramiento económico

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El diálogo iniciado por el presidente Pedro Pablo Kuczynski y la lideresa opositora que controla el Congreso, Keiko Fujimori, es positivo para la salud política del país. Aun cuando la intermediación y la puesta en escena –con monseñor Cipriani–, no hayan sido la mejor, lo importante es que se retomó la comunicación directa entre quienes el pueblo decidió repartir el poder.

Es igualmente importante el llamado al diálogo con las restantes fuerzas políticas, las reuniones con las bancadas del Congreso y la próxima convocatoria al Acuerdo Nacional. El diálogo por definición involucra a todos.

Con estos contactos iniciales podemos decir que el gobierno superó la crisis y retomó la iniciativa política que, sin duda, lo ayudará a salir del estado de debilidad y sometimiento en que lo dejó la censura al ministro de Educación Jaime Saavedra.

El trabajo ahora es ordenar nuevamente la agenda, priorizar y consensuar los temas. Pero sobre todo, sincerar cifras y establecer escenarios realistas sobre los cuales se moverán los acuerdos. En ese camino, ¿debe presentar el gobierno una agenda legislativa para implementar reformas o debe primero informar la real situación que nos espera a los peruanos el 2017 y acordar los mecanismos necesarios para hacerle frente?

El premier ha anunciado temas como la lucha contra la corrupción, seguridad ciudadana y formalización. Todos importantes, por cierto, pero similares a los esbozados  en la primera ronda de diálogo que inició en julio para solicitar el apoyo de las fuerzas políticas a la investidura del gabinete ministerial.

Sin embargo, un tema que debe estar sobre el tablero de toda conversación es el panorama económico del 2017. Creemos que es fundamental que los ministros de Economía y de Agricultura sinceren primero las perspectivas del país en ambos sectores. Así como se sanea la salud política del país, es importante también encarar la salud económica.

Algunas preguntas que debiera tener claro el gobierno al momento de sentarse a conversar: ¿Se reducirá el IGV uno, dos o tres puntos como se había prometido? ¿Responderá la caja fiscal a los nuevos dispositivos tributarios aprobados? ¿Qué impacto tendrá la sequía en la producción de alimentos? ¿Se necesitará importar alimentos, se disparará el precio de estos, rebrotará la inflación?

Si no abordamos estos temas y sobre todo, si no se toman las previsiones para paliar sus consecuencias, cualquier debate en torno a reformas institucionales, modificaciones constitucionales o aspectos meramente legales, no serán respaldados por la calle que buscará soluciones directas e inmediatas a sus necesidades.

Bien sabemos que cuando se reducen los ingresos del Estado y la plata no alcanza para asumir emergencias,  aumentan la presión política, las protestas sociales y las demandas ciudadanas en general. Todo ello genera a su vez un agudo estrés sobre el sistema democrático. El diálogo está muy bien, pero debe ir acompañado de un sinceramiento económico. Y de soluciones realistas para asumir los costos, cualquiera que estos sean. En esto sí, se necesita el esfuerzo y la compresión de todos.

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16 diciembre, 2016

¿Co-Gobierno?



La censura al ministro de Educación, aprobada por el voto contundente de 78 congresistas,  deja en situación de debilidad al gobierno de Pedro Pablo Kuczynski. 

El resultado inmediato de la caída de Saavedra ha sido casi obligar al Presidente a sentarse a  dialogar ­–de igual a igual–, con la lideresa de oposición. 

Aun cuando hay quienes creen que esto revela una vocación democrática del jefe del Estado, que sin duda lo es, quien gana con esa foto es Keiko Fujimori.

Con esta movida, promovida por la Iglesia, la lideresa de Fuerza Popular pasa de la oscura trastienda donde se encontraba desde su derrota electoral, al primer escenario del poder.

En el pulseo entre Ejecutivo y Legislativo, ha ganado el Congreso. Que sea una victoria pírrica dependerá de la reacción que tenga el Ejecutivo. Sobre todo, en el nombramiento del reemplazo de Saavedra.

Si Kuczynski acepta coordinar con su principal opositor, el relevo en el Ministerio de Educación, habrá profundizado su debilidad y dependencia.

Esperar luz verde de una fuerza política contraria para tu equipo ministerial sería reconocer, ipso facto, la capacidad de veto de tu opositor. Y una invitación candorosa a ir por más. Es lo que pasaría con el nombramiento de cualquier tecnócrata, sin convicción ni firmeza política.

Si, en cambio, el gobierno decide nombrar a alguien identificado con la reforma educativa,  ducho en los avatares políticos y pechador ­–como Daniel Mora, por ejemplo–, el mensaje sería otro: quien gobierna soy yo.

A no ser que se proponga un co-gobierno.

En ese caso, sí, se convoca al mayor oponente, se hace una matriz de coincidencias a partir los planes de gobierno ­–agenda mínima de consenso, se puede llamar–, se abre el espacio a otras fuerzas políticas para no dar la impresión absoluta de que se ha  pactado, y se reconfigura el gobierno.

No es nada descabellado en política. Puede ser un mecanismo de sobrevivencia. Bien sabemos que el objetivo de la política no solo es ganar o acceder al poder, sino mantenerse.

El problema sería explicarle a tu electorado las razones de ese cambio. Pero, para entonces, tendrías el respaldo del otro sector con el que pactas. ¿Te gusta? ¿No te gusta? Entonces, prepárate para la guerra que en política es lo mismo que prepárate para gobernar.

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11 diciembre, 2016

Compartir o partir el poder

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Confirmada la posición del gobierno de NO presentar la Cuestión de Confianza en la censura al ministro de Educación Jaime Saavedra, solo quedan dos caminos viables para resolver esta crisis.

1) El gobierno le pide la renuncia al ministro y evita el tránsito bochornoso de que el Congreso lo censure. 

2) El gobierno deja que el Congreso lo censure y que asuma ante la opinión pública la consecuencia política de esta acción.

Todo indica que el gobierno seguirá esta segunda opción y deberá buscar un reemplazo. El ministro será censurado por el Congreso. La consecuencia inmediata será que el Ejecutivo quedará debilitado. Pero puede que logre su cometido de cargarle al fujimorismo el costo político de su decisión.

La frase del presidente Kuczynski en Arequipa "No quiero confrontación (con el Congreso), pero tampoco quiero que me chanquen", suena más a un pedido de un cuarto intermedio, un toque de campana que lo salve, antes que una advertencia en señal de poder.

Por otro lado, la propuesta de reunir a Keiko y Pedro Pablo para acordar un pacto sobre reformas puntuales o sobre políticas públicas o incluso acordar una especie de cogobierno –siendo teóricamente posible y políticamente deseable por el establishment–, ha sido desairada por el vocero de Fuerza Popular, el congresista Galarreta.

El fujimorismo no quiere un acuerdo en las alturas. Tampoco quiere compartir el poder. Reclama el poder que considera suyo a través de la fuerza mayoritaria de los votos que tiene en el Congreso.

Este es el nudo gordiano de la relación Ejecutivo-Legislativo.

Ampliar la base del gobierno, construir una alianza que reequilibre las fuerzas políticas, es un imperativo para el gobierno. El otro camino es pactar. Pero esto requiere la voluntad de dos. 

La gobernabilidad pasa por un equilibrio de poderes. El otro factor es la opinión pública. Sumar fuerzas y ganar la calle ayudará a emparejar la balanza. Dejar que el Congreso desequilibre las decisiones de gobierno es un juego peligroso. 

Pueden ir por más. Y eso no sería compartir el poder, sino partirlo. Estamos todos avisados.

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06 diciembre, 2016

Cuestión de Confianza

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Está claro que el gobierno no forzará el dispositivo constitucional que tiene para hacer cuestión de confianza sobre el resultado final de la interpelación al ministro de Educación Jaime Saavedra.

Ni siquiera si este resultado fuera la censura.

El mecanismo de activar los artículos 133 y 134 de la Constitución se debatió al inicio del gobierno, cuando se organizó el gabinete y se tuvo que enfrentar el voto de investidura y la aprobación de facultades legislativas delegadas.

En ese momento, se descartó la política de ir al choque con el Congreso. Y se optó por el mecanismo de convencimiento, de negociación bancada por bancada y, eventualmente, por el pragmático razonamiento de ceder y conceder espacios de poder a la bancada mayoritaria.

Todo, dentro de un juego democrático de lo que lo que se conoce en la democracia occidental como Check and Balance, controles y contrapesos.

El ligero cambio de humor percibido en la semana indica que –al menos en teoría–, el tema se puso nuevamente sobre la mesa. El propio jefe de Estado admitió que activar este mecanismo –la cuestión de confianza– era una posibilidad.

Pero fue más un ejercicio teórico que otra cosa. El Ejecutivo está en Modo On en su relación con el Legislativo. Su percepción es que no estamos ni de lejos en un escenario de conflicto total o quiebre institucional.

Y no le falta razón. Estamos apenas en un pulseo de fuerzas, moderado con la reciente publicación de los resultados de la prueba PISA que si bien no son para saltar en un pie, al menos, indica claramente el camino a seguir.

A estas alturas sería necio que el resultado de la interpelación al ministro de Educación sea la censura.  No solo le haría daño el gobierno que perdería un alfil, sino que sería contraproducente para la propia bancada mayoritaria que no podría sostener su victoria ante la opinión pública.

De todas formas habrá que estar atentos para el debate no se salga de cauce. Aquietar las pasiones.

El ministro Saavedra deberá tener la paciencia de Job para no pisar el palito frente a los ataques que soportará mañana; de todo calibre, incluso a nivel personal con el trabajo de su esposa en la SBS.

Responder el pliego interpelatorio con solvencia y serenidad es su boleto a conservar su puesto en el Ejecutivo. No la componenda por lo bajo, ni el chantaje por puestos públicos, a que nos tienen acostumbrados algunos "políticos profesionales".

Si de cuestión de confianza se trata, el ministro Saavedra ya tiene ganada la de la opinión mediática. Y la de la calle, con los jóvenes movilizados a favor de la reforma universitaria. Esperemos que el Congreso entienda este mensaje.



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07 octubre, 2016

Despachos y despechos

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Remedios de Escalada, la esposa del general José San Martín, no pudo ayudar a su marido en las tareas administrativas del poder. Murió de tuberculosis dos años después de decretarse la independencia del Perú. Pero lo hubiera hecho. Ayudó a recolectar fondos y joyas para la formación del ejército patriótico.

Las esposas de los poderosos no son mujeres que solo atiendan el hogar. En ninguna época. Aún cuando el derecho de género ni se conocía. Ni qué se diga de la compañera de Bolívar, Manuelita Sáenz, la Libertadora del Libertador.

Eso no quiere decir que la cónyuge comparta el poder. No, nada de eso. Pero negar que las esposas de los poderosos formen parte –en la casi mayoría de casos– del primer anillo del poder es negar la historia. Y negar la realidad.

El asunto es rayar bien la cancha. Formalizar ese poder. Evitar que opere en la sombra y que sea objeto de investigación, fiscalización y sanción pública, si fuera el caso. Es mil veces mejor visibilizar y normar las funciones de la cónyuge que dejar en el limbo jurídico sus actividades y roles.

En el país, todas las esposas de presidentes –de facto o no– han centrado sus labores en diversos ámbitos de lo que puede llamarse "ayuda social".

Consuelo de Odría realizaba reuniones, festivales y actividades con el fin de recaudar fondos para "ayudar a las barriadas". Violeta Correa de Belaúnde se dedicó no solo a abrir comedores familiares, regalando equipos de cocina con ayuda privada y pública. Hizo más, por supuesto, pero siempre con discresión.

Susana Higuchi de Fujimori terminó en problemas con el despacho a su cargo al revelar que familiares del Presidente traficaban con las donaciones que recibían del extranjero. Su hija Keiko ocupó su lugar.

Al llegar Alejandro Toledo al poder, no existía una administración civil de Palacio de Gobierno. Todo estaba en manos de la Casa Militar. Por eso, lo primero que se hizo fue crear el pliego presupuestal Despacho Presidencial. Luego se aprobó el Reglamento de Organización y Funciones  (ROF) y dentro de el, se formó el Despacho de la Primera Dama como órgano de apoyo al trabajo presidencial.  

Eliane Karp orientó su trabajo a visibilizar las comunidades indígenas y afroperuanas y a poner en valor la riqueza material e inmaterial de nuestras culturas milenarias.

Al llegar el presidente García, eliminó este despacho. Sin embargo, asignó a su esposa, oficinas y apoyo administrativo y logístico para que opere dentro de Palacio de Gobierno.

El presidente Humala no restituyó el despacho para la Primera Dama, pero sí creó la Dirección General de Bienestar y Acción Social (DGBAS), desde donde su esposa comandaba las actividades que realizaba.

Hoy, el nuevo inquilino de Palacio decidió modificar el ROF del Despacho Presidencial y crear una Oficina de Apoyo al cónyuge del Presidente con funciones, tareas y presupuestos específicos.

Es lo mejor. Normar es transparentar. Y, de paso, fiscalizar.

Las funciones específicas dependerá del estilo de cada cónyuge. Pero, si la señora del jefe del Estado va a realizar alguna actividad en apoyo al esposo-presidente, es mejor que la ley establezca los alcances, límites y responsabilidades. El despacho va. El despecho, la ojeriza y la crítica malsana, no.

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