Politikha / Blog de Luis Alberto Chávez

15 octubre, 2017

Szyszlo, amor infinito




Hubiera sido imposible soportar la vida separados. Ninguno podría haber sobrevivido sin el otro. 

Su amor nació a escondidas, vadeando el peligro. 

El amor es como un cuadro. Es algo único, irrepetible. 

Puedes pintar muchas obras en tu vida, con los mismos elementos, pero no habrá dos iguales.

Los colores son sentimientos atrapados en el lienzo.

Trazas un boceto sobre la tela, pero son los paletazos los que configuran finalmente la forma que tendrá el cuadro.

El carbón te orienta, pero no define tu vida. Esta se forma cada trazo, en cada golpe, en cada caricia del pincel sobre la tela.

Es una danza que combina el amor, la nostalgia, la alegría, la tristeza o la furia.

Todos estos elementos, salidos de tu mano, van orientando finalmente las líneas, los contornos, las dimensiones, que tienes en tu mente, hasta constituir la forma.

Aparecen, se descubren, entonces, las imágenes. Líneas definidas, intensas, puras, pero también otras, insondables, profundas, menos rectas.

Ambas dejan huella. Cada una a su manera.  Son los amores del alma que nos regala la vida.

Tenías razón, maestro Szyszlo, "lo opuesto a la muerte no es la vida, sino el amor. Es donde germina la vida, lo que la precede".

Tu muerte y la de Lila, juntos, es solo otra obra de amor. Un sol negro atrapado en su intensidad más profunda e infinita. Un vacío que lo llena todo.




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08 octubre, 2017

Peruanos camiseta


Hay un ambiente diferente en esta eliminatoria Rusia 2018. Lo veo en las calles, en las oficinas, en los buses, en los restaurantes, en los paraderos. En el ánimo de la gente, en su forma de mirar, en el talante optimista alrededor de los kioskos de periódicos.

Se entiende el entusiasmo colectivo ante la posibilidad bastante cercana de lograr la ansiada clasificación al mundial de fútbol. Han pasado 36 años y se ha sufrido mucho.

Pero es algo más. Es más que un estado de ánimo o buen humor. Es una mezcla de sentimiento de orgullo y elevada autoestima.

Es como una ráfaga de confianza y seguridad que cruza todas las edades y todos los sectores sociales, que desborda tanto en hombres como en mujeres y que su signo de identidad más evidente es vestir a diario la casaquilla nacional.

Antes los he visto hacerlo, pero el día de los partidos o para ir al estadio. Esta vez es diferente. Hoy la gente viste la blanquirroja para ir a sus trabajos, a sus centros de estudio o a donde sea. Lo hacen como señal de identificación y alegría de algo que sienten a punto de alcanzar.

Son los verdaderos peruanos camiseta que desbordan las fronteras y que se apoderaron de Ezeiza para recibir a la selección en un ambiente seguro. Los periodistas argentinos reconocieron que jamás selección extranjera alguna fue recibida de esa manera en Buenos Aires.

No es triunfalismo. Es deseo de triunfo. No es celebración. Es deseo de hacerlo.

Es también un reconocimiento al esfuerzo de un grupo de muchachos que trabajó en silencio, sin escándalos y sin favoritismos; esto último, mérito de un técnico inteligente y reposado como Gareca que logró transmitir a la afición la sensación de trabajo meritocrático y sin argollas.

"No hemos ganado nada", dicen los jugadores cuando la prensa le acerca los micrófonos. Y es verdad. La respuesta que todos esperamos la tendremos recién este martes. Allí veremos si estos jóvenes logran coronar el sueño de más de 30 millones de peruanos.

Es un ambiente diferente, no cabe duda. Se respira un aire nuevo. Hay una nueva generación de jugadores más plantados en su carrera, que en la farándula, más profesionales y, esperemos, más globales. Como si todos estuviéramos en modo fútbol.

Mientras más lejos lleguen, más peruanos camiseta tendremos.



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01 octubre, 2017

El hombre que se fue al frío


El Primer Vicepresidente debe estar terminando de hacer sus maletas. Duda entre llevarse toda la ropa de verano o solo empacar la de invierno. No sabe si volverá seguido a reemplazar al Presidente Pedro Pablo Kuczynski o se ausentará por largos periodos para regresar solo en Navidad y Fiestas Patrias.

Sí, el Primer Vicepresidente de la República ha sido expectorado del primer círculo del poder. Sigue en la línea de sucesión constitucional, pero acabaron sus funciones como ministro, consejero, representante, vocero o cualquier otro encargo para el que Martín Vizcarra estaba —como los Boy Scout—, siempre listo.

El ex gobernador de Moquegua entró con buen pie a la política nacional. Lo acompañaba el éxito de su gestión y los logros alcanzados principalmente en Educación, razón por la cual estuvo en el bolo para ese ministerio, lo mismo que para dirigir el primer gabinete como Presidente del Consejo de Ministros.

Pero las fuerzas internas que siempre existen en torno al poder lo colocaron en el poderoso Ministerio de Transportes y Comunicaciones. La fuerza del Primer Vicepresidente le alcanzó para recomendar a su ex gerente general de Moquegua, Edmer Trujillo, al Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento. Sumando ambos ministerios, el primer vicepresidente manejaba más del 70% del Presupuesto.

Fue el mejor momento de poder de Martín Vizcarra. De allí en adelante todo cambió.

Chinchero le recordó que el poder se ejerce. O sometes o te sometes. No hay más. Él prefirió someterse al poder de una Contraloría fortalecida por el respaldo del Congreso... y perdió. Lo pusieron contra la espada y la pared al amenazarlo con un proceso de censura y renunció.

Lo hemos visto después haciendo esfuerzos para intermediar en la huelga de profesores, yendo al Cusco para dialogar con el Sutep y fracasar en el intento. En las últimas semanas, lo vimos en las fotos en cada conferencia de prensa del Presidente de la República o del ex Presidente del Consejo de Ministros. Sin poder alguno.

El nombramiento como embajador del Perú en Canadá es una oportunidad. ¿Exilio dorado? ¿Premio? ¿Castigo? ¿Un trabajo? ¿Un alejamiento del círculo de Poder? ¿Una espera para volver como Presidente del Consejo de Ministros? ¿Difícil saberlo, por ahora. Su futuro oscila entre un regreso con gloria y un alejamiento burocrático. Lo cierto es que, por un tiempo, Martín Vizcarra, no estará bajo los reflectores. Y eso puede ser bueno para él.

No debería llamar la atención el alejamiento temporal del Primer Vicepresidente. A no ser que se trate, en efecto, de algún tipo de castigo o represalia. La Constitución Política del Perú es clara en este aspecto y sigue la tradición de los Estados Unidos. El Vicepresidente asume funciones de Presidente "Por impedimento temporal o permanente del Presidente de la República". Punto.

Si un Vicepresidente carece de cargo en el Ejecutivo, su puesto se convierte en una tragedia muda. La anécdota que solía contar Thomas R. Marshall, Vicepresidente de Woodrow Wilson, grafica muy bien esta situación: "Hubo una vez dos hermanos. Uno se perdió en el mar y el otro fue elegido Vicepresidente. De ninguno de los dos se oyó hablar nunca más"

Uno, es seguro que se ahogó. El otro, probablemente se fue al frío.

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P.d. Feliz Día a todos los periodistas en su día, hoy 1 de Octubre. Que la verdad no solo los haga libres, sino íntegros.


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24 septiembre, 2017

Indulto: ¿ser o no ser?


La posibilidad de que el Presidente Pedro Pablo Kuczynski indulte a Alberto Fujimori apareció nuevamente esta semana, mientras el país recuperaba, relativamente, la calma política con la inauguración del gabinete Araóz.

Según unos, el Presidente estaría deshojando margaritas y calculando sus efectos políticos. Según otros, el Presidente ya habría decidido otorgar el indulto y solo estaría esperando el momento oportuno para darla a conocer.

El debate se centra no en la facultad del Presidente en otorgar el indulto —que la tiene—, sino en su conveniencia política, legal, moral y humanitaria.

Para empezar, el indulto es legal o no es indulto. Existe un procedimiento para activarlo que no puede saltarse. La potestad del presidente no está por encima de la ley. El indulto humanitario, si fuera el caso, está debidamente reglamentado y todo proceso de indulto debe sujetarse a él.

El indulto político no procede. Para ello el condenado tendría que ser un preso político. O sentenciado por sus ideas políticas. Y eso, que sepamos, en el Perú, no existe. Si por indulto político se entiende la facultad que tiene el jefe de Estado para concederlo —como un acto político—, entonces, es correcto. Es su potestad. No su libre albedrío.

El artículo 118 inciso 21 de la Constitución es claro: "Corresponde al Presidente de la República: conceder indultos y conmutar penas". Pero no es un derecho irrestricto, sin límite. No puede extender este derecho de gracia a condenados por delito de secuestro y extorsión, o a procesados por estos delitos.

Al procedimiento legal que implica conceder el indulto se agrega, además, un dilema ético para el presidente, quien debe decidir entre honrar su palabra (de campaña electoral) y negar el indulto o traicionarla y otorgar el indulto.

La única manera de resolver el entrampamiento moral es que la salud de Fujimori esté realmente en grave peligro. Ello debe estar sustentado por una junta médica independiente, altamente calificada e inobjetable profesionalmente.

La ley precisa que el indulto procedería solo en tres casos médicos posibles 1) Una enfermedad terminal, 2) Una enfermedad no terminal grave en etapa avanzada, progresiva, degenerativa e incurable, 3) Una enfermedad mental crónica, irreversible y degenerativa.

¿Se encuentra Fujimori en alguno de estos tres casos? Habrá que esperar el informe médico.  Para evitar meterse en honduras, el Presidente ha preferido decir desde el Vaticano que: "por el momento este es un tema médico, nada más. No es un tema legal ni judicial. Los indultos humanitarios solo pueden hacerse si la persona tiene un peligro de salud".

Solo en una circunstancia extrema como esa un jefe de Estado no podría negarse a conceder el indulto humanitario. Pero, sea cual sea la respuesta a la duda hamletiana, el presidente perderá uno de los lados de la ecuación. Y la crisis política se habrá desatado nuevamente.

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17 septiembre, 2017

Gobierno de PPK: Bala de Plata


El desenlace de la crisis política registrada esta semana entre el ejecutivo y legislativo terminó con la recomposición parcial del gabinete y con una nueva presidenta del Consejo de Ministros, la carismática congresista Mercedes Aráoz.

El presidente confirmó una vez más que no es un político que busca pechar, sino, apechugar.

Las primeras declaraciones de la premier Aráoz y de sus nuevos ministros van en el mismo sentido: "Trabajo coordinado con el Congreso". "Comunicación con las fuerzas políticas". "Trabajo de los ministros en la cancha, con el pueblo".

¿Pero en realidad estamos nuevamente en el mejor de los mundos y todo ha vuelto a la normalidad?

No. Nada volverá a ser como antes.

Las formas y las buenas maneras probablemente se mantengan por un tiempo, pero, en el fondo, si el clima político vuelve a escalar, el ejecutivo tiene la manera de volver a poner las cosas en su sitio y moderar el nivel de beligerancia del Congreso.

Ahora el gobierno tiene una bala de plata, la capacidad de definir constitucionalmente el cierre del Congreso.

Disparar esa bala significa que el ejecutivo puede activar la cuestión de confianza sobre todo el gabinete, en caso el Congreso insista en censurar a sus ministros.

Por ahora el nombramiento de Mercedes Aráoz ha conseguido ese segundo aire que necesitaba con urgencia el gobierno. Abre una nueva oportunidad de diálogo con el fujimorismo en condiciones diferentes.

"El pueblo nos reclama menos enfrentamiento. Cooperemos y trabajemos juntos", ha dicho la presidenta del Consejo de Ministros en sus primeras declaraciones, con el arma bien guardada en la cartuchera.

Pero que nadie se equivoque. Existe una bala de plata en el tambor. Y Meche Aráoz es la única que ahora puede percutarla.


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10 septiembre, 2017

Gobierno de PPK: Segundo aire

Los maratonistas conocen mejor que nadie el fenómeno.

A los principiantes les ocurre al comienzo de la carrera, pero a los expertos mejor entrenados puede pasarle en cualquier momento del esfuerzo.

Es una sensación de ahogo, de cansancio, de mente que quiere seguir corriendo, pero de piernas que no responden.

Salir de ese estado, normalizar el ritmo de carrera y aún superarlo, requiere de lo que los entrenadores llaman apropiadamente el Segundo Aire.

Es como si el corredor que ya tocó fondo, recibiera de pronto un balón extra de oxígeno. Su sangre fluye con intensidad por el organismo logrando que los músculos respondan a las órdenes del cerebro.

En política sucede algo parecido.

Gobernar no es una carrera de 100 metros, es una maratón. No es, por tanto, una carrera de velocidad, sino de resistencia. Aunque los opositores insistan en convertirla en una de obstáculos.

Cuando el gobierno en su conjunto da signos de agotamiento es cuando se requiere ese Segundo aliento.

La caída en la aprobación presidencial en agosto (DATUM, 22% y GFK, 19%), es una señal clara de cansancio político, que amerita de manera urgente una bocanada grande de aire fresco.

No hacerlo alarga peligrosamente ese momento de quiebre antes de pasar al Segundo aire, que se conoce también como Punto muerto.

El gabinete Zavala —el verdadero balón de oxígeno presidencial— debe salir del Punto muerto en que se encuentra y pasar a grandes trancos al Segundo aire que necesita el gobierno.

Si es con Fernando Zavala o sin él, es otra cosa.

Lo que se requiere es un cambio de la política y su forma de ejecutarla y comunicarla ante la opinión pública.

Lo que no puede hacer el gobierno es mantener las cosas como hasta ahora. Hacerse el muertito no lo mueve del Punto muerto.

Los maratonistas saben que llegado a este punto solo tienen dos opciones. O mente domina al cuerpo y refuerzan la máquina —toman un Segundo aire y siguen—, o simplemente, tiran la toalla.

Si el gobierno quiere salir del Punto muerto requiere realizar acciones políticas con mayor intensidad, mejor comunicadas y sostenidas en el tiempo.

¿Puede un atleta sin aliento y cansado encontrar repentinamente la fuerza para seguir adelante y continuar su carrera hasta llegar a la meta?

Por supuesto. Es lo que hacen los fondistas. Y los políticos, cuando actúan como tales.


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