Politikha / Blog de Luis Alberto Chávez

09 junio, 2014

Facciosos y Partidarios *


"Facción" no es el mejor término político para definir una tendencia dentro de un partido, pero es el que ha utilizado un ex dirigente de Perú Posible para identificarse a sí mismo y a su grupo.
En su origen, la facción precedió al partido; representaba el apetito desbocado por hacerse del poder. Darío, el rey de Persia en el Siglo VI a.C., señalaba que la avidez desmedida creaba las facciones que luego echaban a perder la oligarquía. Por esa razón señalaba que el mejor gobierno era "el de uno, el mejor"; la monarquía.
Los partidos políticos como organizaciones son más recientes, de fines del Siglo XIX.
Las facciones se identifican con intereses más personalistas y caudillistas, en tanto que los partidos repesentan ideas más grupales o comunitarias.
En la actualidad, la facción alude más bien a un grupo que se incuba, desarrolla e  insurge dentro de un partido.
Por su espíritu subversivo -que subvierte el orden establecido-, la facción articula un bando, una pandilla que disiente, un grupo que acomete y arremete contra la institucionalidad partidaria.
Los facciosos -seguidores, identificados o pertenencientes a una facción- son, por definición, anti institucionalistas, anti sistema partidario.
Pero no se puede asumir que una facción sea negativa per se. Una facción puede fortalecer un partido, si confronta ideas, programas. O puede menoscabarlo, si se dedica solo a criticar, insultar y, sobre todo, si todo su esfuerzo gira en torno a encumbrar a una persona.
Si la facción es abiertamente separatista o conspirativa, entonces, no hay beneficio para el partido. Todo lo contrario. En ese caso, la facción no actúa como aliciente o acicate de la organización política, sino como impedimento o freno.  
En el Perú hemos tenido de los dos tipos de facciones. El socialcristianismo, desgajado de la Democracia Cristiana, fue a la larga positivo para el debate político. Otras facciones extremas y radicales que salideron del Apra o la Izquierda, terminaron al margen de la ley.
Pizzorno señala que los partidos pasan de ser una comunidad solidaria a convertirse en una sociedad de intereses. En el primer momento, los miembros comparten los intereses; en el segundo, estos difieren, son divergentes y hasta contrapuestos.
Hay también mucho de vanidad en una facción. Weber decía que la vanidad es un enemigo "demasiado humano" que el político tiene que vencer día a día. Su presencia es madre del apresuramiento y del mal cálculo político.
Los apetitos de liderar un grupo son naturales, humanos, cíclicos, generacionales. La caída de un Príncipe erige a quien lo saca. Es la ley de la recompensa.
Pero hacerlo sin respetar la institucionalidad partidaria, renunciando a sus cargos directivos, a sus reglas de juego, denostando públicamente a sus dirigentes y socavando a su líder en cuanta tribuna se le ofrezca, puede ser considerado una acto de traición partidaria o cuando menos deslealtad.
Las facciones pertenecen a la pre política. Tiempo de furias y asaltos del poder. Los partidos, con todas sus limitaciones, son organizaciones que articulan los diversos intereses. Los hechos y el tiempo determinarán qué tipo de facción ha nacido en Perú Posible. Entonces se verá si se cumple lo que el gran canciller de Napoleón, Talleyrand, decía: "En política, la traición es una cuestión de fechas".
(*) Publicado en Diario16, el lunes 9 de junio de 2014, p. 6.

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30 mayo, 2014

Respuesta a El Jorobado


El día de hoy, el columnista de Perú 21, Carlos Melendez, "El Jorobado",  publica un breve artículo en el que hace una serie de juicios equivocados sobre Perú Posible y su dirigencia. En aras de un debate sereno, con todos los elementos de juicio sobre la mesa, aquí mi respuesta:

DICE CARLOS MELENDEZ: "Las elecciones subnacionales ponen a prueba la cohesión interna de las organizaciones políticas. La selección de candidatos ediles y la negociación de frentes con otras fuerzas han generado tensiones entre los liderazgos partidarios y las fuerzas de recambio. Estas tiranteces son normales y pueden dar cuenta de la vitalidad orgánica. Pero si los sectores más personalistas se imponen, en el fondo se alarga la agonía de la organización".

MI RESPUESTA: Los sectores "personalistas" de Perú Posible no se han impuesto. Al contrario son "los personalistas" los que han perdido. Perú Posible institucionalizó sus reglas de juego hace dos años en un congreso estatutario. Allí se decidió que la elección interna de candidatos sería por delegados. Los "personalistas" son los que quieren que las reglas de juego se adecúen a sus propósitos. Insistir en una candidatura cuando no se cumple ni siquiera con las firmas necesarias para ello y zaherir al partido, su organización y a sus dirigentes a través de los medios de comunicación, es prueba irrefutable de un onanismo político que privilegia lo mediático-personal a la institucionalidad. Aspirar a ser candidato es válido. Para ello se debe trabajar, persuadir, convencer. No atacar, distorsionar e imponer.

DICE CARLOS MELENDEZ: "Sus falencias (se refiere a Perú Posible) se concentran en dos áreas. Primero, no ha logrado consolidar una marca que comunique tendencia programática alguna. ¿Son de izquierda o de derecha? Confunden la indefinición con ser de centro".

MI RESPUESTA: No usamos categorías de definición que han sido superadas: derecha, centro, izquierda. Pero, si el autor las prefiere usar, nos ubicamos en el espectro político de centro-izquierda. Somos un partido democrático, moderno e inclusivo. Glocales. Nos identifica la defensa de la democracia, el manejo  responsable de la economía, la búsqueda de nuevos mercados, pero también la acción directa del Estado con los más pobres. Promovemos el desarrollo con inclusión social.  Buscamos el diálogo y el consenso. De ahí la creación del Acuerdo Nacional.

DICE CARLOS MELENDEZ: "La candidatura truncada de Juan Sheput para la Alcaldía de Lima prometía una alternativa al personalismo predominante, pero evidenció la concentración y el centralismo de las decisiones vitales en Toledo y su entorno".

MI RESPUESTA: Es al revés. El único personalismo predominante que se ve en los medios de comunicación es el de Juan Sheput. Siendo miembro de la Comisión Política, Sheput no asiste a las reuniones. No le gusta exponer internamente sus ideas, confrontarlas, consensuarlas, proponerlas o retirarlas. Le gusta hablar solo en medios. Es un político-mediático y bien por él. Pero que no venga a decir que en Perú Posible no existe institucionalidad. Todos los lunes se reúne la Comisión Política en el local del partido. También lo hacen los secretarios distritales y el CEN. Las decisiones se toman a través de colegiados, por voto. El secretario general, Luis Thais, visita las bases para hablar de unidad. Otros lo hacen para despotricar contra los dirigentes nacionales.

DICE CARLOS MELENDEZ: "Para que PP no se autodestruya por inanición necesita incrementar sus participaciones electorales. Mas estas deberían ser autónomas, independientes de alianzas en las que son socios menores y de la injerencia de un desprestigiado líder fundador".

MI RESPUESTA: Participar con un candidato que no aparece en las encuestas no necesariamente es la mejor opción para un partido. Competir por competir solo activa la maquinaria de propaganda. De lo que se trata es de llegar al poder con cuadros para estimular el nervio central de la organización. El partido debe regular sus fuerzas; debe leer con atención el escenario político actual y responder en consecuencia. La elección del 2014 servirá para reordenar el tablero del 2016. En este primer tiempo, la dispersión de candidatos solo ayuda a quien hoy encabeza las encuestas. El principal objetivo es derrotar al candidato que pretende ganar Lima en alianza con un candidato que  quiere ser nuevamente presidente. Perú Posible se ubica en esa posición de lucha. Insistir con ir a Lima con candidato propio, autoproponerse y luego desdecirse, es solo producto de un personalismo desbocado. ¿De cuándo acá un periodicazo reemplaza al contacto directo con la gente?

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Parque José María Arguedas *


La Parada fue más que el primer gran mercado mayorista de la capital. Fue el primer punto de confluencia de los migrantes. Allí llegaban y se detenían todas las líneas de buses interprovinciales. Familias enteras bajaban en ese punto, en la nueva y aterradora ciudad. De ahí su nombre: La Parada.
La decisión de la alcaldesa de Lima de trasladar La Parada y ordenar y formalizar el comercio mayorista demuestra no solo coraje, sino responsabilidad con el futuro de la ciudad. No podíamos seguir viviendo en medio del desorden, la informalidad y la delincuencia.
En su lugar se levantará un parque que recuerde la gesta social de miles de peruanos y peruanas que llegaron a la capital para transformarla –no sin resistencia y esfuerzo– en lo que es hoy: una Lima mestiza, una Lima de todos.
Ahora bien, si lo que se propone la autoridad municipal es simbolizar la gesta de los que llegaron a la capital, ¿por qué en lugar de un nombre genérico como “Parque del Migrante”, no simboliza La Parada con el nombre de un ícono de la cultura migrante y le pone “Parque José María Arguedas”?
Arguedas no tiene una plaza, calle o monumento importante en la capital. Y nadie mejor que él para representar al migrante andino. No solo en su obra, sino en su vida personal.
Lo migrante es para Arguedas el centro de su producción literaria, tanto como su investigación antropológica. Su vida y obra son expresión viva de la síntesis de la cultura peruana.
Aún cuando Arguedas habla quechua y escribe sobre el mundo andino, Arguedas-escritor no es un autor “indigenista puro”.
Sus primeros trabajos literarios, Agua (1935), Los ríos profundos (1958), Yawar fiesta (1941), pueden ser considerados “neoindigenistas”.
Pero obras como El sexto (1961), Todas las sangres (1964), El zorro de arriba y el zorro de abajo (1968), como sostienen diversos críticos literarios, escapan al indigenismo.
Arguedas, en su obra literaria, es la voz y alma de los nuevos ciudadanos de la capital.
Y en su faceta como antropólogo también se interesa por este tema hasta el final de sus días. En una carta que le escribe a John Murra le expresa su alegría al caminar por Chosica y encontrar en una tienda de discos “dos mil seiscientos cuarenta títulos de música serrana”. (...) “No les matarán toda el alma”.
Alguna vez, recogiendo testimonios para su trabajo antropológico, José Matos Mar recordaba las veces que, mirando La Parada desde el cerro San Cosme, conversó con José María Arguedas, sobre el futuro de Lima. Una nueva fuerza había llegado para transformar la ciudad.
Arguedas vio en La Parada y en los barrios populares de Lima y de otras ciudades de la costa peruana, el surgimiento de esa nueva fuerza del Perú profundo. Los migrantes llegaron con sus miedos, sus sueños, su esperanza, su cultura. Y su espíritu emprendedor.
La Parada fue más que un mercado mayorista. Fue un punto de llegada, de encuentro. Un punto de llegada y encuentro de todas las sangres.
Un Parque José María Arguedas en el lugar donde los migrantes dejaron sus primeras alforjas, donde empezaron a soñar en busca de oportunidades, sería un merecido reconocimiento a un ícono de la cultura migrante. El Concejo Municipal de Lima tiene la palabra.


(*) Artículo publicado en Diario 16 el 25 de mayo de 2014. P.4.

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23 abril, 2014

La otra revolución: del campo a la ciudad *


En las alturas de la Cuenca de Lurín, a dos horas y media de Lima, un grupo de pobladores viene realizando una revolución silenciosa, pacífica, del campo a la ciudad. Ellos vienen convirtiendo su pequeña agricultura rural, familiar, de subsistencia, en una agricultura rentable, competitiva y de mercado. El camino al cambio no ha empezado por obtener el título de propiedad de la tierra, ni por el crédito. Ni siquiera por la innovación agrícola –todo eso lo han hecho, además–, sino por el agua. Esta revolución en el campo empezó por aumentar la capacidad hídrica.

Los agricultores de la Mancomunidad Municipal de Lurín repararon que la tierra sin agua carece de valor. Es tierra abandonada. Nadie la trabaja. Su primera preocupación fue entonces obtener agua. O mejor dicho, retenerla, porque, como en todas las zonas altoandinas del país, entre diciembre y marzo vienen las lluvias. En esa temporada, se genera en Lurín cerca de 80 millones de m3 de agua. El 5% se utiliza para actividades agrícolas, ganaderas y consumo humano. El resto se va al mar.
A pulso, los comuneros de las zonas media y alta de la cuenca construyeron reservorios de mediana capacidad para retener esta agua. Usaron los vasos naturales de las laderas del macizo andino. Sólo en el distrito de Tupicocha construyeron 8 de estos reservorios que, en conjunto, represan un millón de m3 de agua. Los demás distritos siguen este ejemplo.
Retener y almacenar el agua fue el primer paso de esta revolución silenciosa. El siguiente fue modificar un patrón cultural, acentuado en nuestras comunidades andinas: el riego por inundación. No sin esfuerzo, desconfianza al comienzo y tras un proceso gradual de experimentación, introdujeron el riego por goteo. La nueva técnica les permitió dosificar el uso de agua de los reservorios y maximizar su eficiencia. Al mismo tiempo, aumentó la productividad del campo y generó el excedente necesario para acceder a mercados más grandes y competitivos.
Con agua y productividad, el tercer paso fue la asociatividad empresarial. Es un mito que el minifundio –la denominada agricultura familiar–, no puede ser rentable. Las zonas altoandinas del Perú están fraccionadas en unidades agrícolas menores de 2 hectáreas (Censo Nacional Agrario - 2013). Pero la pequeña y dispersa propiedad no está asociada a una distribución familiar de la tierra –como podría pensarse–, sino a lo que el etnohistoriador rumano, John Murra, llamó con propiedad “la economía vertical andina”, pequeñas parcelas articuladas y ubicadas en diferentes pisos ecológicos por razones de clima. Al sembrar de manera escalonada, a diferente altura, el campesino se protege de las pérdidas por heladas.
Esta fragmentación de la tierra observable en todo el ande no impide que se realice una agicultura competitiva para acceder a mercados mayores, a condición de que se asegure el agua. El problema fundamental en la Sierra es que la agricultura rural familiar depende del riego por secano, es decir, de la estación de lluvias. Si llueve hay siembra, si no, no. El 63,8% de la tierra cultivable en el Perú se riega bajo esta modalidad. La tierra que no se riega se queda sin trabajar. El Censo Nacional Agropecuario preguntó cuál era la razón por la que no se trabajaba la tierra. 48,8% respondió “por falta de agua”, mientras que 24% dijo “por falta de crédito”. El problema principal de la Sierra no es la tierra ni la propiedad, sino el agua.
Y este es el problema central que vienen resolviendo los agricultores de las partes media y alta de Lurín. El problema del agua. La agricultura familiar en el mundo es responsable del 56% de la producción de alimentos. En el Perú, este porcentaje sube a 70%. Promover e impulsar la agricultura familiar para que nuestras comunidades altoandinas se alimenten mejor –como ocurre con el Programa de Recuperación de Andenes– está muy bien, pero es mucho más estratégico vencer la pobreza saliendo del modelo de subsistencia.
El camino que vienen siguiendo los productores de la Cuenca de Lurín abre una ruta segura para superar la barrera de la subsistencia: construcción de represas altoandinas, riego tecnificado, productividad y mercado. El crédito viene con la confianza en estos factores precedentes. Un modelo que asegura la transformación de una agricultura rural familiar, en otra de producción y comercialización. Como remarcó el ex ministro de Agricultura, Carlos Amat y León, hace unos días al comentar esta experiencia monitoreada técnicamente por el Centro Global para el Desarrollo y la Democracia (CGDD): “Si estas represas se hubieran construido masivamente en la Sierra antes de los ochenta, Sendero Luminoso no habría existido”. He ahí el verdadero cambio, la revolución, para las poblaciones altoandinas. Del campo a la ciudad.

* Artículo de opinión publicado en el Diario La República, el 19 de abril de 2014.

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18 abril, 2014

Peruanos en el exterior: se mantiene la subrepresentación política


La incorporación de los peruanos en el exterior al Congreso de la República a través de la elección de dos parlamentarios, no mejora la representación nacional.

Al contrario, la empeora.

Parece un contrasentido, pero los números indican que no lo es.

El proyecto aprobado en la Comisión de Constitución señala que los dos representantes de los peruanos en el exterior saldrán de la cuota correspondiente a Lima que de 36 congresistas pasa a 34.

Es decir, en lugar de sumar distritos electorales, se resta al mantener el número de congresistas en  130.

No aumentar el número total de representantes significa que a nivel nacional seguimos teniendo un congresista por cada 230 mil pobladores.

En el caso de los peruanos en el exterior la proporcionalidad indica 1 congresista por cada 1.5 millones de peruanos que viven fuera del país, ó 1 congresista por cada 350 mil peruanos que votan en el exterior.

La subrepresentación política es uno de los problemas que el Congreso no quiere asumir.

Con ocasión del debate sobre la bicameralidad, señalamos en un post anterior que 130 parlamentarios en las dos cámaras -como se proponía en aquel momento-, era un número menor del que tuvo el Congreso peruano en 1919 formado por 138 representantes.

En 1919, el Perú tenía una población de 4 millones 382 mil 400 habitantes y una tasa de crecimiento poblacional anual de 1,22%. Hoy el Perú multiplica esa población casi por 8 y tiene una tasa de crecimiento poblacional es aún más alta: 1.33%.

Es un contrasentido quitarle dos congresistas a Lima para dárselos a los peruanos en el exterior. Lo que se tiene que hacer es recuperar la proporcionalidad en la representación nacional y en ese caso, los peruanos en el exterior tendrían no menos de 5 representantes.

Otorgar 2 curules a 3 millones de compatriotas que viven fuera del país, quitando representación a un Congreso ya de por sí subrepresentado es un contrasentido.

En lugar de soluciones parche el Congreso debiera aprobar la bicameralidad y aumentar el número de congresistas aún cuando sea una medida impopular. No hacerlo sólo demuestra que seguimos arrastrando el lastre del autogolpe del 92 que arremetió contra las instituciones democráticas y arrinconó a los partidos políticos.


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16 abril, 2014

Unión Civil: dos lados del mismo problema


LADO A:

Todos somos iguales ante la ley, reza el dicho. También ante los ojos de Dios, reza la Iglesia.

La ley es obra del hombre.

La religión -para quienes creen en Dios- es su palabra. Para los que no creen, es proyección del pensamiento humano.

De cualquier modo, el hombre, por inspiración divina o propia, es igual ante la ley y ante Dios.

No cabe, en consecuencia, discriminación alguna por razones políticas, económicas, sociales o religiosas.

Por juicios como este se abolió la esclavitud, el apertheid o los campos de concentración.

¿Puede mantenerse un grupo humano al margen de ciertos derechos civiles que rigen para otros? ¿Tienen las parejas homosexuales los mismos derechos que las parejas heterosexuales? ¿Deberían tenerlo?

La lucha por la Unión Civil es un derecho de minorías. En tanto seres humanos, tienen derecho a buscar su felicidad. El único requisito para ello es que su derecho no vulnere los derechos de otros.

La felicidad debiera ser el primero de todos los derechos. Para todos.


LADO B:

Las parejas del mismo sexo tienen derecho a la felicidad. Esa es una verdad inobjetable.

También lo es que la humanidad solo prevalecerá si se mantienen los sexos opuestos.

No dudo del amor, cariño, o sentimientos puros, entre hombres con hombres y mujeres con mujeres.

Pero, el hombre, en su igualdad natural y social, es diverso y único. Siendo igual a cualquiera de sus congéneres, es diferente y complementario por naturaleza.

La lógica para que esto sea así es que la especie no sobreviviría si todos fueran hombres-hombres o mujeres-mujeres.

El sexo opuesto es una de las manifestaciones de esta diferencia, necesaria para mantener la vida.

Los sexos opuestos se complementan y aseguran la continuidad de la especie. Ir a contracorriente de esta manifestación de la naturaleza sería suicida.

En el mundo animal -que vive en estado de naturaleza-, cuando falta uno de los roles que asegure la continuidad, alguno de los miembros cambia de sexo para procrear.

El cambio de sexo existe, pero como excepción. Y sólo para preservar la especie. No es la regla. No podría serlo si proyectamos la situación. Un mundo de parejas del mismo sexo sería inviable.

CONCLUSION:

El hombre dejó de vivir en estado de naturaleza, para vivir en sociedad. Al hacerlo, dictó la ley. Y la ley señala que todos somos iguales ante ella. La Unión Civil homosexual no perturba la sobrevivencia de la especie. Solo protege derechos civiles que ya tienen las parejas heterosexuales. Y no lesiona los derechos de otros.

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