Politikha / Blog de Luis Alberto Chávez

16 junio, 2016

La izquierda chapulina


La izquierda ha salvado la democracia, acaba de afirmar Mario Vargas Llosa en un artículo periodístico. Y tiene razón. Aunque probablemente no será la última vez que tenga que hacerlo. El sindrome del Chapulín Colorado. Veamos por qué.
 
Si la bancada de Fuerza Popular tensa la cuerda hasta el punto de quebrar el equilibrio democrático de poderes y entra al peligroso juego de someter al Poder Ejecutivo, las miradas se dirigirán a la primera minoría legislativa, la bancada del Frente Amplio.

No hay sorpresa en cuanto a su posición, anunciada desde el comienzo y ratificada ayer en conferencia de prensa. El Frente Amplio será oposición democrática. Tiene una agenda legislativa que espera sacar adelante, algunas coincidencias con peruanos por el Kambio, y también algunas exigencias de sectores sociales, principalmente.

Pero si los jaques de Fuerza Popular son persistentes, al punto de socavar la gobernabilidad, la izquierda tendrá que reevaluar su posición y decidir –una vez más– si acude al llamado de salvar la democracia.

Si así fuera estaríamos hablando de una izquierda moderna, renovada, sin anacronismos, liberada de dogmas ideológicos. Una izquierda a la española o a la chilena, con una visión clara en defensa de la democracia.

Llegado a este punto habría que redefinir  el término "oposición democrática". Una cosa sería como la entiende Fuerza Popular y otra muy distinta como la conceptúa el Frente Amplio.

No hacerlo sería caer en el juego de Fuerza Popular. Encontrarse los extremos. Algo que por lo que hemos escuchado ayer a Verónika Mendoza, es improbable que ocurra. Las diferencias entre el fujimorismo y la izquierda no solo son ideológicas ni programáticas; son también territoriales. El fujimorismo es fuerte allí donde la izquierda necesita serlo. Ambas agrupaciones comparten y disputan el mismo espacio social.

Esa diferencia y antagonismo claro entre FP y el FA llevó a Verónika Mendoza a romper el statu quo de votar en blanco o viciado, e impulsar activamente el voto por PPK en la región sur del país, grabando incluso un spot en quechua, lo que, sin duda, ayudó a neutralizar el voto rural fujimorista.

Esa izquierda renovada que encarna hoy Verónika Mendoza ayudó a ganar al representante liberal de la derecha; algo que representa un cambio notable, inédito, en el país. Entender ese paso, es fundamental para saber cuál será el comportamiento de la izquierda en caso el enfrentamiento entre el legislativo y el ejecutivo deteriore el nuevo gobierno a punto de fracturarlo y hacerlo inviable.

El Frente Amplio ha decidido no estar en el gobierno, sino en la oposición democrática. Eso es una cosa y otra que, llegado el momento, esta organización política apueste claramente por defender la estabilidad del nuevo gobierno. O como dice nuestro Premio Nobel, defender la democracia. En traje rojo y con su Chipote Chillón. En esa línea la izquierda, se encontrará con colectivos civiles, movimientos y organizaciones que defienden firmemente la democracia.

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10 junio, 2016

Fuerza Popular, su gran oportunidad


Que Keiko Fujimori y su partido Fuerza Popular hayan decidido esperar la proclamación del Jurado Nacional de Elecciones, para reconocer la derrota electoral, y aceptar la victoria de PPK, podría ser más que una mera disquisición legalista.

Es una postura válida y estrictamente legal. Pero, en este caso, el mensaje implícito, puede exceder la forma.

Para los mal pensados, podría revelar una pequeña cucharada del jarabe amargo que tiene preparada la bancada naranja para los próximos años.

Si así fuera, sería un error.

Keiko tiene la oportunidad de mostrarle al país que realmente ha cambiado y que más allá de discursos tipo Harvard, es capaz de conducir una bancada mayoritaria con responsabilidad y pensando en el interés general del país.

No es necesario un modelo de cohabitación, cogobierno o alianza con el gobierno de Peruanos por el Kambio. Basta apoyar la gobernabilidad, es decir, permitir que el Ejecutivo pueda desarrollar su propuesta de gobierno.

O hacer un esfuerzo real por acercar posiciones en temas claves que la población espera: recuperación del crecimiento económico, inseguridad ciudadana, descentralización, lucha contra la corrupción, infraestructura básica. Y apoyar los temas claves de PPK: educación, salud, agua, rerservorios altoandinos e irrigaciones, carreteras, acceso al crédito para PYMES.

Si el alargue que vemos en reconocer la derrota es solo producto del momento –se debe respetar el luto– o si revela un comportamiento obstruccionista que se acentuará en el tiempo, es algo que se dilucidará con los días.

Superado el escenario electoral, la verdadera vena de Fuerza Popular se verá en la cancha; en su comportamiento frente al ejecutivo.

¿Utilizará el poder que tiene en el Congreso para censurar gabinetes? Eso tiene un límite constitucional que ya PPK ha señalado claramente no quiere llegar. ¿Optará por desgastar al ejecutivo de a pocos, descabezando ministros? Sería demasiado obvio e igualmente pondría al país en jaque permanente. ¿Negará facultades delegadas al gobierno si este las pidiera? A la larga podría ser un boomerang y acelerar el desgaste naranja.

De manera que lo sensato es empujar el barco en una misma dirección, buscando llegar en los mejores términos el 2021.

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09 junio, 2016

PPK, se acabó el recreo

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Finalizado, con suspenso y melodrama, el conteo electoral, el flamante Presidente de la República electo, Pedro Pablo Kuczynski, debe poner en práctica uno de sus slóganes de campaña, terminar el recreo y trabajar en serio para asumir el sillón presidencial.

Varias tareas le esperan por delante. El primer reto será, sin duda, armar el equipo de gobierno.

Aquí Pedro Pablo tendrá que posponer a sus congresistas que miran con natural expectativa el colocarse también el fajín ministerial. Una bancada de 18 congresistas no da como para armar una selección sin descuidar el Congreso.

El equipo de gobierno debe ensanchar la mesa. No achicarla. Y eso pasa por lograr una convocatoria en sectores democráticos y pluralistas dispuestos a ponerse la camiseta. En esto PPK tiene amplia experiencia y contactos.

Otro de los retos será organizar la casa por dentro. PPK no tiene partido organizado. Y a juzgar por las amenazas que tuvo en la definición electoral, tampoco un estado mayor sólido y experimentado.

Armar el partido tomará su tiempo. Pero organizar un consejo asesor presidencial es más rápido. Un equipo que no solo diseñe politicas de Estado, sino que proponga respuestas rápidas a las tensiones y problemas políticos que genera el día a día.

Es altamente probable que el gobierno sea espoloneado desde el poder legislativo. Pero esto que podría ser una fortaleza opositora es a la vez su debilidad. Veamos por qué.

¿Tendrá que negociar Pedro Pablo con los fujimoristas? Sin duda. Como lo haría cualquiera que requiera mayoría en el Congreso para aprobar sus propuestas. Pero sin someterse. Sin claudicar. Sin dejarse arrinconar.

El Presidente de la República tiene al pueblo como su primer interlocutor. A él es al que debe dirigirse y explicarle los alcances y beneficios de las decisiones que decida llevar adelante. Y sobre él debe recostarse.

Para ello debe explicitar la agenda gubernativa y señalar con claridad lo que se pretende hacer. Gobernar es hacer. Pero también comunicar. Hacer docencia. Escuchar y cumplir.

Si el gobierno tiene éxito en respaldar sus medidas ante la opinión pública; el juego de la oposición quedará en evidencia. Tendrá que adelantarse a las jugadas del contrario para dejarlo en falta. Trazar una línea quirúrgica del off side.

Si a pesar de ello el fujimorismo insiste en tensar la cuerda desde el legislativo, quedará expedito el mecanismo constitucional de cerrar el Congreso y convocar a nuevas elecciones para su renovación.

El país observará este juego de poderes y comprenderá (habrá que ayudarlo a que lo haga, claro) hasta qué punto las fuerzas políticas siguen las reglas de juego de la política. Conversar, coincidir, oponer o diverger. Pero, en ningún, caso obstruir, conspirar o atentar contra la gobernabilidad.


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01 junio, 2016

La política antiética


Desde el origen, la ética  estuvo enraízada con la política; era consustancial a ella. O mejor dicho, la política no podía concebirse sin un comportamiento ético. En el mundo antiguo, se consideraba que la política debía ser ejercida por hombres justos, buenos, que asumieran con honor la función pública, pensando en el bien común y no en el beneficio personal.

El tiempo –pero sobre todo la realidad– borró esta visión o concepción idílica de la política. Entonces, se la analizó y sistematizó desde su objeto real de estudio; los diferentes modelos de poder y ciudad-estado existentes. El objeto de la política es el poder y la manera de conservarlo, señaló Maquiavelo. Y para ello se echaba mano a todo tipo de acciones y decisiones, desprovistas de bondad o principios éticos; la fuerza, la traición, el pillaje, el engaño y demás consideraciones que podrían ubicarse en lo que llamaremos "el lado oscuro del poder".

Lo primero que cayó en esta definición moderna de política fue, precisamente, la ética.

Lo vemos ahora que se disputa la segunda vuelta en el Perú. Fuerza Popular, el partido heredero del fujimorismo, no ha dado muestras de cambio o renovación, como pensaron algunos, hace unos meses, tras la presentación de su lidereza en Harvard, que entusiasmó a muchos. El tiempo se encargó de poner las cosas en su sitio: no hubo un cambio sustantivo, sino solo una posición pragmática para ganar votos.

El fujimorismo esencialmente sigue siendo lo mismo. Si no veamos los hechos más recientes: 1) La acusación de vínculos con el narcotráfico de un grupo de congresistas electos, 2) El secretario general de FP, Joaquín Ramírez, investigado por lavado de activos por la DEA, y 3) La participación directa del empresario Joaquín Chlimper en la manipulación de un audio que buscaba proteger a Ramírez.
En ningún momento, la lidereza de la organización, Keiko Fujimori, ha cuestionado estos comportamientos. Por el contrario, los ha avalado y defendido, haciendo  recordar lo peor del fujimorismo; el fujimorismo oscuro.

Todo se acepta. El origen por lo menos incierto de la fortuna del secretario general, el comportamiento torcido de alterar un audio para deslegitimar un testigo y proteger al investigado, el uso de inmuebles y vehículos del cuestionado secretario general como bienes de campaña.

La conducta antiética revela que nada importa con tal de alcanzar el poder. El fin justifica los medios. Se pierde todo principio y juicio de lo bueno y lo malo. Se abandona el criterio ético para caer en el vacío del reino de las sombras.

La pregunta de ¿qué es mejor, un gobierno leyes buenas u hombres buenos?, sigue siendo válida. Como ayer, las leyes pueden ser buenas o justas, pero, en tanto existan hombres no buenos que las apliquen, siempre será conveniente el cambio del hombre para afianzar las instituciones.

Aristóteles llamaba a esto "un despertar", un cambio que nace desde dentro del pensamiento y sentimiento humano, que lo capacita para ejercer la función pública sea como funcionario o como político. Lo que hemos visto de los dirigentes de Fuerza Popular en estas semanas, es todo lo contrario. Más de lo mismo. Más del fujimorismo reñido con la ética pública. Expresión clara de la política antiética.


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29 mayo, 2016

El voto ético

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Cómo se forma el voto de los electores y qué factores deciden el mismo, es algo que diversas disciplinas investigan, sin que exista consenso en su origen o evolución. Hay respuestas desde diversos campos, según sea la disciplina que acometa el esfuerzo: la ciencia política, la economía, la psicología, la sociología, la estadística, la comunicación y la publicidad.

La ciencia política alude al papel del liderazgo político y el problema de llegar al poder y mantenerse, al sostenimiento de un grupo de ideas, la identificación política, la fidelidad partidaria y la capacidad para movilizar la estructura organizativa en tiempos de campaña y fuera de ella; para proyectar y ganar nuevas adherencias o simpatías.

La economía lleva el razonamiento sobre el impacto del crecimiento y/o decrecimiento que las medidas económicas tienen concretamente sobre los electores. Esto requiere prestar atención tanto a los beneficiarios del modelo como a los marginados. Examinar los niveles de pobreza y desigualdad y la expectativa que tiene la gente de mejoras personales y familiares.

La psicología indaga sobre elementos de la conducta, el comportamiento de masas, la proyección de la personalidad, las actitudes y gestos del candidato. Los procesos de empatía, disonancia, afecto o rechazo.

La sociología aporta el análisis de grupos y las dinámicas entre ellos, la estratificación en niveles socioeconómicos, el comportamiento de individuos y comunidades, y la aplicación de encuestas y sondeos cuyos modelos de interpretación, proyección y predicción, son reforzados por modelos matemáticos extraídos de la estadística.

La comunicación social aporta el análisis del mensaje, las propuestas de gobierno, el manejo de medios, de redes sociales, la cobertura de los candidatos; mientras que la publicidad incide en la importancia de la estrategia de campaña, el slogan y mensajes, la producción gráfica, audiovisual, digital, y el manejo del marketing político en general.

Sea como fuere son múltiles los elementos que convergen en una decisión. Y la decisión electoral responde a ese mecanismo multivariable que forma primero un parecer, luego un juicio, hasta que, finalmente, se convierte en una determinación. Y aún en esta etapa, es posible aún, cambiar de posición y emitir un voto diferente al pensado o razonado previamente.

Así, tenemos diversos tipos de votos. El voto disciplinado, duro, militante. O el voto crítico, pensado, razonado. Pero también, el voto conveniente, interesado, personalista. O el voto nulo, blanco, alpinchista o viciado. En todos los casos, las interpretaciones de cómo se forma el voto tendrán las mil y un explicaciones que aportan las diversas ciencias y humanidades.

Un factor ausente muchas veces en diversas decisiones, es el componente ético que se transforma en las urnas en el voto ético.

La ética alude al comportamiento de las personas y los valores que asumimos en sociedad. Es, en consecuencia, una disciplina que estudia el comportamiento del hombre como ser social. Lo que significa que en una etapa electoral, el proceso de definición de voto, pasa por la reflexión de lo que consideramos mejor para nosotros y para toda la comunidad o país.

El voto ético se asienta sobre un proceso de reflexión interna y externa. Qué queremos como país, qué modelo de sociedad proponemos construir, qué aspiramos como grupo y no solo como individuos. Este proceso de deliberación ética es clave para votar con plena conciencia, analizando el contexto y tomando con responsabilidad las consecuencias de nuestras acciones. En resumen; pienso, luego voto. Seguiremos hablando sobre ello.






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25 marzo, 2016

Proceso y estados alterados

El presente proceso electoral ha sido irremediablemente alterado, manoseado y, por tanto, afectado. La razón es la sombra de dudas que han proyectado los propios organismos electorales al hacer un uso extensivo, diverso, interpretativo y subjetivo de los cambios introducidos en la Ley Electoral sobre dádivas y proselitismo.

La más reciente resolución del JEE de Lima Centro 1 ­–aprobada entre gallos y medianoche–, contorsiona el derecho para librar a la candidata de Fuerza Popular de la exclusión del proceso.

Incorpora elementos interpretativos, donde la ley no interpreta.

La ley no indica, por ejemplo, que se deba probar que el dinero entregado sea patrimonio del infractor.  La resolución del JEE, introduce este elemento.

Dice también la resolución del JEE que el acto al que asistió la candidata de FP no fue de carácter proselitista, sino cultural.

¿Ignora el JEE que Factor K es una agrupación cultural solo de fachada? Que en realidad es una organización encargada de captar jóvenes para Fuerza Popular a través de actividades artísticas.

El acto de premicación fue un acto proselitista, preparado ex profesamente para recibir a los candidatos de FP y para dejar en claro que era dicha organzación política la patrocinadora de las actividades. ¿O cree el JEEE que Factor K podría aludir a la K de Kuczynski?

Pero el problema no es solo de los organismos electorales.

El origen de este cambalache electoral está en la decisión del Congreso que aprobó –por insistencia, debido a la observación del Ejecutivo–, una serie cambios a la ley electoral ¡en medio del proceso en curso!

Estos cambios, hay que decirlo, obedecieron a presiones de ONGs internacionales, nacionales, opinólogos, politólogos y medios de comunicación, que desde hace un tiempo buscan reglamentar la política hasta volverla un espejo suizo.

Es decir, los cambios políticos, culturales, como son los cambios en la profundización de la democracia, se quieren atajar por vía de la ley.

El resultado es este remedo de elecciones que estamos obligados –por ley– a tener.

Un proceso donde, por lo menos, la pluralidad de elección, ha sido recortada, retaceada, disminuida.

A estas alturas, a 15 días de acudir a las urnas ­–3 millones lo harán vía voto electrónico–, con incertidumbre sobre qué candidatos quedarán finalmente, con jóvenes preparándose para salir a las calles, lo único que tenemos claro es que estamos ante un proceso y estados alterados.



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14 marzo, 2016

El fantasma ha despertado



Un fantasma ha despertado. Estaba dormido. Aturdido. Arrinconado. Pero estaba allí. Resistiendo los medios, las encuestas, las redes. Ese fantasma salió de su habitación el 15 de marzo y llenó la Plaza San Martín: el antifujimorismo.  

Según Ipsos, el antivoto naranja era 40% en febrero y sube a 44% en marzo. Y va in crescendo.

Nadie sabe hasta donde llegará esta fuerza, pero el fujimorismo ha sentido la pegada. Su primer error ha sido responder con prepotencia; como antes, como siempre; y llamar a los jóvenes del 15M, terroristas.

Esos jóvenes indignados han salido para cerrarle el paso a Keiko Fujimori.

Pero su agenda es mayor. Protestan contra los organismos electorales, contra sus decisiones y sus integrantes. Contra el proceso electoral en general al que no lo sienten seguro, confiable, democrático.

Protestan contra los candidatos que representan el pasado, el viejo orden, integrantes de la vieja clase política, antidemocrática y corrupta.

Esos jóvenes delinean uno de dos  caminos que empiezan a bifurcarse. Los que confían en la presente campaña electoral y quienes consideran que este proceso está irremediablemente viciado.

Esto plantea un problema para la democracia.

¿Son más importantes los principios generales que los procesos burocráticos? ¿Están intrínsicamente ligados, o pueden acaso comprenderse uno sin el otro? ¿Es más importante el derecho a elegir y ser elegido o las normas de cumplimiento administrativo para inscribir una candidatura?

Dependerá de qué respondas para ubicarte en uno y otro camino.

Pero independientemente de donde te ubiques, esta elección va camino a una pendiente de polarización. Fujimoristas vs antifujimoristas.

¿Aguantará el proceso una arremetida final así? ¿O una ola de violencia extrema puede perturbar y desequilibrar de manera irremediable el precario proceso electoral?

Es una respuesta que solo las calles tienen. La polarización amenaza con no terminar con el resultado electoral. La autoridad presidencial que emerja de este proceso tendrá una legitimidad de piel de cristal. 

En todo caso, el fantasma ha despertado. Y anda suelto.


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