Politikha / Blog de Luis Alberto Chávez

20 mayo, 2018

La memoria larga de la Nación


En el país se ha puesto en discusión el tema de la memoria. No la memoria de las personas, sino de la Nación, de la colectividad, de los hechos que ocurrieron entre 1980 y hoy y que algunos no quieren aceptar que ocurrieron, o no quieren entender o simplemente quieren tergiversarlos o negarlos.

La verdad, como la Historia, es una sola, aunque la mayoría de las veces, en la práctica, existan muchas “opiniones” y muchas “mentiras”. La historia la escriben los vencedores, dijo George Orwell. La historia, sí, pero el relato de los hechos, no necesariamente apuntan a la verdad.

En el Perú el proceso post violencia terrorista no termina. Ni de cerrarse, ni de comprenderse. Mucho menos de superarse. Es una herida abierta. Lo demuestra el hecho de que exista hoy un grupo de poder que pretenda alterar la memoria y re-escribir la historia.

En el Perú hubo terrorismo. Sí. Es una verdad tan grande como el atentado a Tarata. Pero también hubo asesinatos extrajudiciales a manos de las Fuerzas Armadas contra campesinos y contra terroristas y allí están Putis, Accomarca y otros para señalarlo.

Reconocer que se cometieron delitos en ambos lados no es ser pro terruco. El Lugar de la Memoria (LUM) está allí para recordarnos a todos lo que pasó. No lo que hubiéramos querido que pase.

Es doloroso reconocer los hechos de sangre que hubo en nuestro país en nombre de la democracia. Como es terrible reconocer que hubo grupos organizados que combatieron contra Estado y el gobierno con métodos terroristas.

Pero es necesario aceptar los hechos tal y como fueron si en verdad queremos no volver a cometerlos. Acomodar la historia a un plan para hacernos creer que la estrategia anti-subversiva estuvo exenta de crímenes es alterar hoy nuestra memoria corta para afectar la memoria larga.

Hannah Arendt nos enseña que borrar la línea divisoria entre la verdad de hecho y la opinión es una de las muchas formas que la mentira puede asumir.

La memoria larga del país es necesaria para saber quiénes somos, qué hicimos y a dónde vamos. Tergiversar los hechos, repetir mentiras de forma permanente o simplemente eliminar aquello que no reconocemos, puede, de tanto insistir, alterar la memoria larga de la Nación que es la única que como ocurre en nuestro cerebro, consiente almacenar información por periodos extensos. No permitamos que cierren el LUM.



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13 mayo, 2018

¿Conspiración?


Hace bien el presidente Martín Vizcarra en deslindar que no fue parte de un complot o conspiración para defenestrar al presidente Pedro Pablo Kuczynski. Aunque la traición sea moneda corriente en política, no es nunca una buena compañera.

Era necesario hacerlo porque venía cargándose una nube negra en torno a la renuncia de PPK en el sentido de que había sido víctima de una conspiración para expectorarlo del poder. ¿Hubo realmente una conspiración? ¿Fue Mamani un lobo solitario o fue mas bien parte de un esquema mayor, una pieza seleccionada para cumplir una misión?

Algún día se sabrá. Lo cierto es que actuó con intención proterva, oscura, cainita. Buscó,  promovió y logró pescar en cocha sucia. Su deleznable acción no limpia a quienes cayeron en su trampa. Pero héroe de la democracia... ni por asomo.

Kuczynski renunció legalmente. Se adelantó, se asustó o se cubrió. Sea como sea, tiró la toalla y Vizcarra la recogió legalmente. Hoy sabemos que arrinconado por la amenaza de los audios o para librarse de una inminente censura parlamentaria, el plan de PPK fue renunciar con sus dos vicepresidentes y tirar todo por la borda.

Mercedes Aráoz se lo pidió a Vizcarra directamente, pero el entonces embajador del Perú en Canadá, ante la disyuntiva de patear el tablero o aferrarse a la sucesión constitucional, prefirió lo segundo. Y así se lo hizo saber al propio Pedro Pablo.

¿Fue la decisión de Vizcarra parte de un acuerdo? ¿Hubo en su determinación solo un análisis personal o de su entorno? ¿Y el premier Villanueva? ¿Su diligencia para promover la vacancia de PPK respondió también a un plan mayor? ¿O lo hizo pensando en el país? ¿Para salir del entrampamiento en el que estábamos? ¿Mamani es solo un taimado traidor o parte de un complot?

Ante los rumores de conspiración cada vez más altos, el presidente Vizcarra se vio obligado a salir esta semana a decir que NO. Que no hubo tal conspiración. Que él decidió asumir el derrotero legal que la historia le puso en el camino. El presidente Vizcarra reveló que durante su conversación con Kuczynski fue claro en señalar que si bien era leal a la presidencia, también lo era con el país.

En palabras de Vizcarra, le dijo a PPK: “lo que más quisiera es que termine su periodo de mandato, y estoy para respaldarlo. Pero si en caso por un factor que establece la Constitución no puedo renunciar, no es una falta de lealtad... pero tengo una responsabilidad con el país'". ¿No podía renunciar el primer vicepresidente? Nadie puede discutir ahora el resultado. La sucesión democrática funcionó y el país sigue su marcha.

¿Es esta la verdad? Eso es otra cosa. Algún día quizás la sepamos. Nos quedamos mientras tanto en la esfera política.


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06 mayo, 2018

Ni política ni comunicación, es la economía.

A 45 días de asumir el mandato, el presidente Martín Vizcarra despliega su estrategia política-comunicacional. Viajes continuos a provincias, defensa del proceso de descentralización, entrevistas medio por medio, conversación con todas las fuerzas políticas, fuerte tutelaje de Fuerza Popular y diferenciación radical, cuando no abierta confrontación, con todo lo que le recuerde a su antecesor y a Peruanos por el Kambio, el partido que lo llevó al poder.

Pero, a donde debiéramos mirar es a su política económica, que es donde se vienen estudiando los cambios que sí definirán el rumbo de este gobierno.

Las declaraciones del presidente Vizcarra y del premier Villanueva indican que este podría ser el gobierno del sentido común, de las generalidades o de las buenas intenciones. Un gobierno que acuña frases con las que nadie puede estar en desacuerdo. “Las cosas que están mal se mejorarán y las que están bien se potenciarán”. ¿Quién podría estar en desacuerdo con algo así?

Estos  mensajes funcionan debido a que el gobierno se encuentra como en un periodo de gracia o luna de miel que terminará apenas el gobierno empiece a tomar medidas concretas como, por ejemplo, lo que se viene pensando hacer en materia tributaria.

Subir los impuestos al alcohol, cigarrillos y gaseosas es un cosa, pero modificar el Impuesto Selectivo al Consumo a los combustibles es otra. Estudiar modificar el Impuesto a la Renta tiene un sentido, pero gravar en concreto a los independientes que ganan 3 mil soles mensuales es otra muy diferente.

El gobierno puede igualmente proponer eliminar las exoneraciones tributarias que tienen las inversiones privadas en educación, pero deberá enfrentar el malestar que generará en la población el aumento de las pensiones universitarias o de institutos técnicos y colegios.

Es una disyuntiva complicada. Por un lado, el gobierno busca disminuir el déficit fiscal a menos de 3 puntos porcentuales y al mismo tiempo debe elevar la recaudación tributaria de 12% del PBI, a por lo menos 16% del PBI. Si no lo hace, podría comprometer en el mediano plazo el grado de inversión que tiene el país por un aumento del ratio del pago de la deuda externa respecto al nivel de ingresos que proyecta.

Todo ello dentro de un programa agresivo de inversión pública y de recuperación de la confianza para promover la inversión privada, que es la única que realmente genera empleo.

Para soportar todo este paquete de medidas económicas ¿alguien dijo paquetazo?— el gobierno tiene a su favor nuevos aliados políticos. Los defensores más entusiastas de Villanueva no estuvieron en la bancada de PPK, sino en el bloque de Fuerza Popular.

Muy pocos se atreven a señalar una alianza política. Pero coincidencia de objetivos o de pareceres no es. Veremos cómo reaccionan estos aliados ante las medidas anunciadas en materia tributaria y fiscal. Su aplicación es inminente. No debe pasar del periodo perfecto de distracción que nos regalará el mundial de fútbol Rusia 2018. Entonces, ni política ni comunicación; es la economía. El tiempo es breve. No digan que no se les avisó.




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29 abril, 2018

La sociedad: enferma y culpable




Conectada a un ventilador artificial, Eyvi Liset Ágreda Marchena (22), se encuentra sometida a un sueño inducido que le evite el dolor. Cuando despierte, la pesadilla apenas habrá comenzado. Tiene el 60% de su cuerpo quemado y comprometidas las vías respiratorias. Su vida nunca será la misma.

Ella fue atacada por Carlos Javier Hualpa Vacas (37), un cocinero de oficio,  acosador frustrado, obsesionado en ser correspondido, narcisista, impulsivo, según las primeras pruebas psicológicas realizadas, quien esta semana, la abordó subrepticiamente, mientras ella se desplazaba en un bus público, la roció con gasolina y le prendió fuego. Trastornado, pero consciente de lo que hacía.

La sociedad está enferma, sin duda, pero no es inimputable.

Hualpa Vacas debe ser juzgado por tentativa de feminicidio y sometido a  la pena más severa. Su caso es uno de los más espeluznantes, escabrosos, pero no el único, ni el último, lamentablemente.

80 por ciento de peruanos sufre algún tipo de trastornos mentales sin que reciban tratamiento alguno. Las estadísticas de violencia, asesinatos, homicidios, feminicidios, nos revelan que el problema va en aumento.

En el periodo 2011-2015 se registraron 556 mujeres asesinadas, según reporte del INEI tomado del Observatorio de Criminalidad del Ministerio Público. El 67,3% de las víctimas tenían de 18 a 34 años de edad. 

Datos del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP), indican que en enero de este año se produjeron 10 feminicidios y 44 tentativas de este delito. Para el primer trimestre del 2018 ya sumaban 32 los feminicidios y 82 las tentativas de feminicidio. En este mismo periodo, las consultas efectivas a la Línea 100 por algún tipo de violencia contra la mujer fueron 4,984.

Estamos ante una emergencia social, psicológica y policial. La falta de presupuesto en los hospitales públicos, comisarías y municipalidades no explica del todo la desatención. Para todo falta plata.

Los especialistas dicen que la solución está en la Educación. Es cierto, pero eso es a mediano y largo plazo. Para atender la emergencia en la que estamos se debe empezar por organizar el territorio. Los Centros de Emergencia Mujer (CEM) del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables son un buen primer paso.

Existen 300 en todo el país y funcionan principalmente en las comisarías. Se requiere de manera urgente duplicar o triplicar esa cifra. Y para ello esa misma modalidad de organizar un equipo multidisciplinario de atención debe extenderse a municipalidades, parroquias, postas médicas y universidades.

Todo espacio donde funcione una institución debería estar apta para abrir un CEM que brinda orientación legal, defensa judicial y consejería psicológica familiar.

Los especialistas en cada una de las áreas de asesoría pueden complementarse con brigadas de jóvenes bachilleres de carreras beneficiadas con un sistema de Servicio Civil Voluntario. Es decir, abogados, psicólogos, sociólogos, médicos, asistentes sociales, enfermeras, que cumplan trabajo en estos CEM para culminar su carrera.

El ahorro en alquileres costosos de algunas instituciones públicas, puede derivarse a la instalación de estos CEM. La empresa privada puede dar una mano también a través de Obras por Impuestos. No podemos permanecer impasibles ante tanta violencia y miseria humana. El lema #Niunamenos debe dejar de ser un slogan para convertirse en una meta concreta. De lo contrario, estaremos condenados a ser una sociedad enferma y culpable a la vez.


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22 abril, 2018

Corrupción: de la palabra a la acción




La corrupción, como un pulpo que lo envuelve todo, ha vuelto a babear en la sociedad peruana. Según una reciente encuesta nacional urbano-rural de Ipsos, 57% de los compatriotas considera la corrupción como el principal problema del país; por encima incluso que la delincuencia y la falta de seguridad.

Esto no ocurría desde el segundo gobierno de Alan García, el 2010.

Ya el Barómetro de Las Américas señalaba que la corrupción le pisaba los talones a la inseguridad ciudadana como el principal problema de la región. En ese mismo sondeo regional, 33% considera que todos los políticos están implicados en corrupción, mientras el 44% cree que más de la mitad lo está.

Es la factura Odebrecht, sin duda. Gracias a ella, la corrupción es hoy en América Latina una amenaza transnacional, lo mismo que el narcotráfico y el terrorismo. Atraviesa todos los Estados, todas las instituciones, derribando las bases mismas de la Democracia.

La corrupción desestimula la inversión privada, retarda el crecimiento e inhibe los esfuerzos para la reducción de la pobreza. Los líderes políticos que fueron elegidos para tomar decisiones en nombre del pueblo, pero que, en cambio, roban millones de dólares, enferman el alma de la gente.

La falta de confianza en el gobierno deviene entonces en inestabilidad política y ésta en inestabilidad económica, lo que acrecienta la falta de confianza de los inversionistas. Según el Banco Mundial, la corrupción es causante de al menos 1,500 millones de dólares en sobornos cada año. Este mismo organismo considera que el costo de la corrupción a nivel mundial es del 2% del PBI nacional y en nuestro país, la Defensoría del Pueblo, calcula esta cifra en 10%.

Ojalá ese dinero se invirtiera en educación, innovación, becas. Crearíamos mejores estudiantes con capacidad para tener mejores oportunidades en la vida. Sociedades más incluyentes, menos complacientes con la corrupción, crean mayor participación de los jóvenes en sistemas de educación de calidad y en empleo productivo.

Necesitamos una Educación que fomente habilidades y capacidades que se adapte a los avances tecnológicos, buscando un equilibrio entre las habilidades cognitivas y las socio-emocionales. Pero también necesitamos un replanteo moral. La Educación es la herramienta más poderosa para ese cambio. Es la que forma el capital humano calificado; condición indispensable para el desarrollo.

Esperemos la presentación del gabinete Villanueva ante el Congreso de la República. El Plan Nacional de Integridad y Lucha contra la Corrupción 2018-2021, debe no solo conocerse, sino aplicarse en todos los estamentos de gobierno. 

El presidente Vizcarra tiene la gran oportunidad de hacer realidad el Compromiso de Lima, “Gobernabilidad democrática frente a la corrupción”, firmado recientemente en la VIII Cumbre de las Américas. Y dejar una impronta en su gobierno: reducir el índice de percepción de la corrupción, combatiéndola frontal y diligentemente, apuntando no a los tentáculos, sino a la cabeza del corrupto y viscoso octopus.





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