Politikha / Blog de Luis Alberto Chávez

15 julio, 2018

Justicia... crisis sistémica


Los audios revelados por IDL Reporteros y Panorama revelan una crisis moral profunda del sistema de justicia en el Perú. En este caso, la justicia no solo es injusta y lenta, sino corrupta. Los cargos son ocupados no por méritos, sino por relaciones. Los fallos se acomodan, según el postor. Hay tráfico de influencias, de favores y de sentencias. Todo se compra, todo se vende.

¿Es reciente esta crisis? No. Es histórica. Lamentablemente, está en nuestra raíz como nación. Si uno revisa los expedientes del Archivo General de la Nación podrá encontrar casos parecidos. Jueces vendidos, alquilados. Fiscales chantajistas, peseteros, coimeros. Juicios truchos.

La llegada de la República no mató el germen de la corrupción engendrado en La Colonia. Peor aún, lo amamantó y robusteció. Muchas fortunas actuales datan de esa etapa oscura de codicia y angurria virreinal. Nuestra democracia no nació de la construcción de ciudadanía, sino de la bastardía del robo, la prepotencia y la injusticia.

La ley no se hizo en nuestro caso para edificar un régimen de gobierno, sino para asegurar derechos para unos y la renta de los poderosos. En esas condiciones, el Poder Judicial no fue un ente encargado de administrar justicia, sino de legalizar la injusticia.

Los jueces, dentro de la sociedad, son los garantes de la vida civilizada. Cuando los hombres no se ponen de acuerdo y desean resolver sus diferencias, acuden al juez. Una justicia justa es garantía no solo de solución de controversias entre los hombres, sino también entre las personas jurídicas.

La seguridad jurídica, como se la conoce, es fundamental para lograr la predictibilidad y la estabilidad en las reglas de juego, condiciones necesarias para captar inversiones y desarrollar la economía.

En una sociedad moderna lo que se valora de un juez es el sentido de dignidad, moralidad y probidad. Un juez es un servidor público, por tanto, un termómetro de la democracia. Cuando falla el juez, cuando la justicia se corrompe, pierde el sistema.

De esa dimensión del problema estamos hablando cuando vemos la crisis en la que se encuentra la justicia peruana. Es una crisis sistémica, no solo orgánica. Y la solución a ella no puede venir de adentro.

Por esta razón, hizo bien el presidente Vizcarra en reaccionar de manera rápida ante la crisis desatada. Allan Wagner y la comisión especial que preside lo ayudará a desarrollar medidas concretas para reformar la justicia, mientras que la salida del ministro de Justicia, Salvador Heresi, le puede sumar fortaleza y respaldo ciudadano si encuentra un reemplazo probo y de alta solvencia moral y jurídica.

Frente a la crisis sistémica, moral y funcional del organismo encargado de elegir jueces y fiscales, no cabe, sino, la renuncia de todo el Consejo Nacional de la Magistratura. Y a empezar todo de nuevo. Por lo que hemos visto hasta ahora, el principal obstáculo que encontrará el Presidente Vizcarra para impulsar esta reforma será el Congreso. Pero... ese tema será motivo de otro post.  




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08 julio, 2018

Carta abierta al presidente Vizcarra


Palacio de Gobierno.
Ing. Martín Vizcarra.
Presidente de la República.

Estimado Presidente,

No le haga caso a las encuestas. No del todo, al menos. Su aprobación cae mientras su desaprobación crece. Cuando eso pasa, el tracking estadístico dibuja la boca abierta de un cocodrilo que es difícil cerrar. Pero no imposible.

Lo favorece el tiempo. En una campaña electoral, si la boca del cocodrilo se abre en el tramo final de la carrera, es difícil cerrarla. Cambiar la percepción pública requiere no solo tiempo, sino acciones, gestos, pero, sobre todo, decisiones. Estrategia política clara y nervio comunicacional templado, presidente.

Lamentablemente, le han cortado el brazo publicitario. Una de las herramientas más importantes para dar la batalla en la mente de la gente, presidente, y ganar la opinión pública. No es que la publicidad sea la panacea, pero ayuda sobre todo cuando no se tiene voceros políticos proactivos y dispuestos a dar pelea en medios.

Tres años en el gobierno es una vida, presidente, siempre y cuando gobierne. Aún sin el brazo publicitario, tiene excelentes posibilidades de cambiar el curso del humor público. Sus mejores aliados son las buenas expectativas en el campo económico, la recuperación del precio de los minerales y el aumento de las exportaciones.

Pero, en serio, donde deberá redoblar esfuerzos, presidente, no es en el campo comunicacional o económico, sino principalmente en el terreno político. Aquí, contra lo que debe luchar es con la sensación que tiene la gente de que su gobierno es o sigue siendo corrupto.

En este escenario, hace poco, usted tuvo una iniciativa excelente. Hizo pública la denuncia de un alcalde cusqueño contra un funcionario del MEF que arreglaba el financiamiento de obras estatales a cambio de una coima. Fue una movida estratégica de su parte. Hágale seguimiento, presidente. Que no sea flor de un día. Encargue a un funcionario de su confianza su monitoreo. O, mejor aún, presente más casos. Eso infundirá temor y lo hará ver duro y firme en la lucha contra este flagelo.

Seguro encontrará la enorme dificultad de gobernar con un equipo sin capacidad para liderar una agenda con temas que conecten con la ciudadanía, presidente. Esto a su vez profundiza el problema de percepción de debilidad que la gente tiene de usted. 

La batalla por colocar la agenda pasa primero por construirla, luego ejecutarla y comunicarla. El mensaje del 28 de julio es la ocasión propicia para hacerlo. No se trata de pensar qué voy a opinar hoy, sino de proponer hoy y mañana los temas de opinión. No es una cuestión de contenidos, presidente, sino de temas.


Detener el bostezo del cocodrilo estadístico requiere tiempo, paciencia e inteligencia, presidente. Las encuestas ni siquiera son fotografías del momento. A veces son meros brochazos distorsionados e impresionistas. Su cargo viene con un manual de funciones. Siga las instrucciones y si tiene que cambiar piezas para avanzar, no lo dude, presidente.



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29 junio, 2018

Muerte digna


La noticia vino de España. La Cámara de Diputados acogió un proyecto de ley del PSOE partido en el gobierno—, para regular la primera ley de eutanasia en el país.
Aún cuando no exista certeza de que la ley se apruebe, el debate sobre el poner fin a la vida para evitar alargar el sufrimiento de las personas que padecen enfermedades terminales, incurables o discapacidad crónica con sufrimiento extremo, se ha instalado.
La iniciativa le otorga a las personas que sufren males incurables y en fase terminal el derecho a morir dignamente, a poner fin a sus padecimientos, liberándose del cautiverio más espantoso que uno puede sufrir: el dolor.
El final anticipado de la vida con aprobación, asistencia y garantía médica, tiene como objetivo poner fin al sufrimiento. Es la estación límite del ser humano donde el dolor, el padecimiento y el sufrimiento de algún mal terrible que la ciencia no puede curar, termina doblegando la voluntad de vivir.
La eutanasia no es por supuesto la primera opción ante una enfermedad terminal. Primero están los cuidados y el efecto paliativo de la enfermedad. El dolor y los padecimientos extremos son la frontera que definiría el paso de la vida a la muerte.
Seis países europeos y cinco estados federales de los Estados Unidos tienen legislación que permite la muerte asistida. En nuestra región, desde el 2015, solo Colombia posee una ley que permite poner fin a la vida ante sufrimiento extremo y males incurables.
El debate tiene diversos ángulos. Y en el se imbrican consideraciones religiosas, éticas, jurídicas y médicas. Ideas y respeto. No sectarismo, ni fanatismo. Ni prejuicios.
A la muerte se le respeta. En muchos lugares, incluido el Perú, sin leyes que la respalden, existe la práctica de no continuar los esfuerzos médicos para dejar que la naturaleza culmine su tarea. No es muerte asistida. Ni eutanasia pasiva. Es dejar ir.
En ese punto, los médicos paran sus esfuerzos, ponen en neutro sus máquinas y pasan a consolar a los familiares. 
Cuando humanamente no hay nada más qué hacer, aceptamos la muerte. Y nos consolamos en la resignación. Lo que rechazamos, lo que no aceptamos, es el dolor y el sufrimiento perpetuos.
Si vivir con dignidad es la característica que todo ser humano debiera tener, morir con dignidad debiera ser también un derecho humano al paso final. Un tránsito sereno que ponga fin al sufrimiento. 
Morir con dignidad implica no sufrir. El dolor nos mata. Y no solo a quien lo padece físicamente.

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24 junio, 2018

Laboratorio político


El Perú no deja de ser un laboratorio activo para la ciencia política.

A lo largo de los últimos tiempos hemos experimentado: gobiernos militares vía golpes de estado directos, retorno a la democracia vía un proceso constituyente, violencia política y terrorismo, autogolpe de estado y autoritarismo competitivo, crisis de partidos políticos y surgimiento de los autodenominados independientes, coaliciones locales y regionales de líderes antipartidos, movimientos y partidos penetrados por los poderes informales (narcotráfico, minería ilegal), República sin ciudadanos, democracia sin partidos y partidos sin democracia manejados por familiares o grupos de poder económico.

Pero lo que ahora conocemos abre un nuevo capítulo.

Estamos ante un gobierno constitucional sin representación parlamentaria oficial. Un modelo que desbarranca al partido que lo llevó al poder para depender o aliarse con el partido al que derrotó en la campaña general.

Todo en aras, no de la gobernabilidad, sino de la sobrevivencia del régimen.

No es una alianza ni tácita ni explícita, ni un pacto o acuerdo, ni un co-gobierno. Es una estrategia de ocupación y manejo del gobierno. Un estado de situación y de hecho.

Una constatación de la realidad que esta semana se desbordó por boca de los integrantes de Peruanos por el Kambio, la agrupación política que ganó las elecciones, pero que al caer su presidente fue relegada de los nuevos círculos del poder del sucesor constitucional.

Es un gobierno legítimo, por cierto, pero sui generis. Es un gobierno sin bancada parlamentaria. Un aporte del cambiante proceso político peruano a la ciencia política.

Es la expresión de un nuevo grupo de poder gestado al interior del grupo que ganó las elecciones. 

Si esta facción hubiera acordado con el grupo opositor un operativo para sacar al presidente de turno, sería complot, conspiración. Si no, estamos simplemente ante una sucesión constitucional.

Pero, si al asumir el gobierno —legítimamente heredado—, esta nueva facción sellara por lo bajo un acuerdo o asociación con el grupo que perdió las elecciones, sería un acto censurable.

Llegar a un acuerdo con tu enemigo o rival es válido, lícito y hasta común, siempre que sea sobre la mesa. Hacerlo en las sombras, bajo la mesa, es contubernio.

Por ahora, lo concreto es que el gobierno no coordina con la bancada original con la que llegó al poder. La ignora. No le hace caso. No le consulta. Ni le contesta el teléfono.  Un poco avanzaron esta semana, luego de la pataleta de sus principales voceros. Se reunieron y convinieron en seguir coordinando. Algo es algo.

El Ejecutivo requiere un interlocutor válido en el Legislativo. Una bancada que le permita desplegar su estrategia de gobierno, tejer alianzas o buscar votos para aprobar las reformas o leyes que necesite.

La lógica y la ética indican que esa bancada debe ser la que ganó las elecciones y con la que se llegó al gobierno. Excepto que estemos ante una nueva re-alineación de fuerzas y tengamos no solo un nueva expresión de gobierno, sino una nueva conformación del poder. Allí sí, todo encaja. 

*** ACTUALIZACIÓN***

48 horas después de publicar este post, el Presidente Vizcarra se reunió con la bancada parlamentaria de Peruanos por el Kambio en un restaurante. Fue una reunión informal, amigable hasta donde se sabe, con el objetivo de reafirmar lazos y reconstruir puentes. Esta semana que viene volverán a reunirse, esta vez para tratar asuntos de gobierno. Nada mal. Se empiezan a limar asperezas. Las críticas de los parlamentarios se centraron en el presidente del Consejo de Ministros, César Villanueva, quien tendrá que realizar sus mejores esfuerzos para recomponer la relación.




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15 junio, 2018

Ni siesta ni duermevela


Lentamente, de a pocos, el presidente Vizcarra parece sacudirse de la siesta moqueguana. La tozudez del Congreso en usar su fuerza numérica —y solo su fuerza—, esperemos, lo terminarán de despertar.
El Congreso es el que gobierna. Ese el mensaje que acaba de enviarle la Plaza Bolívar a la Plaza Mayor al aprobar por insistencia la “Ley Mordaza” —así la ha llamado el Presidente Vizcarra a la ley que prohíbe la publicidad oficial en medios privados.
Las leyes las aprueba el Congreso, pero las refrenda el Presidente de la República. Excepto, como ha ocurrido ahora, cuando el Legislativo apela al mecanismo de insistencia y aprueba la norma.
El Poder Legislativo y la mayoría que lo maneja han ido en contra de la opinión del Jefe del Estado. Se han enfrentado a él, recortándole la posibilidad de usar los medios de comunicación privados para difundir sus actos de gobierno.
Peor aún, el Congreso le ha recortado a parte de la ciudadanía su derecho a ser informado. No es mermelada. Es derecho a la información.
Lo que le queda ahora al Ejecutivo es plantear una acción de inconstitucionalidad, con aprobación del Consejo de Ministros. Y pechar al Congreso ante el Tribunal Constitucional.
Ese es el camino legal.
El camino mediático y de la opinión pública es otra cosa. Aquí el presidente Vizcarra debe salir de sus mensaje por Twitter y hablar alto y fuerte, de cara a la ciudadanía.
Si el Presidente quiere dejar en claro quién gobierna en el país debe salir de la burbuja de las redes sociales y ganar en la arena política. Nunca como ahora, los medios de comunicación lo van a apoyar.
Puede ganar la opinión pública. Lo acaba de experimentar al aprobar la ley para que la SBS supervise a las cooperativas. Con esa acción quedó clara su postura de lucha contra el lavado de activos.
Hoy se requiere una acción mayor. Debe ser firme en su postura ante el TC. Aunque no lo crea, esta actitud lo ayudará a reconfigurar el escenario político. Lo fortalecerá y puede ayudar a borrar la sombra de indefinición y debilidad que pesa sobre sus hombros.
El presidente tiene que defender ante la opinión pública que no está dispuesto a ser rehén del Congreso. Tiene que desnudar las intenciones de la mayoría parlamentaria. Sin exageraciones. Ni exabruptos.
Simplemente, respetando el derecho que tiene la ciudadanía a ser informado. La voluntad del Ejecutivo de restringir la publicidad oficial ya estaba clara. Nada de Cherrys tontos e ineficaces. Información necesaria, utilitaria. Cero autobombos.
Y para eso se requiere estar despierto, muy despierto. Ni siesta moqueguana, ni duermevela. Ojos de gato, Presidente. Abiertos y vigilantes aún en la oscuridad.


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