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12 mayo, 2009

Padre Alberto: la tentación del amor

Durante años un joven sacerdote, bien parecido, había logrado alcanzar algunos dones más terrenales que celestiales. Era el pastor de una iglesia de Miami Beach, Florida, conducía diversos programas de televisión y radio, ofrecía entrevistas y sermoneaba todos los domingos con un acento boricua que conservaba de su natal Puerto Rico.

El Padre Alberto –así le llaman- era una figura mediática que había logrado destacar en el mundo católico mundial, al mejor estilo que los pastores evangélicos. Carismático, de palabra fácil y sonrisa amable, su fama creció más allá de su feligresía.

Su labor como pastor la dedicó a aconsejar parejas con problemas, matrimonios en peligro, jóvenes a punto de iniciarse en la vida conyugal.

Pero su verdadera misión era alejar de la tentación de la carne a hombres y mujeres de todas las edades. Después de todo vivimos en mundo pecador, donde el vicio y el placer fácil están a la vuelta de la esquina.

Pero un día, él mismo sucumbió como hombre… y se enamoró.

Su romance se inició hace un par de años con una mujer separada de 35 años que tiene dos hijos uno de catorce y otro de cinco. Algunos medios han empezado a especular que este último sería suyo. El ha dicho que sólo ha tenido sexo con una mujer – Ruahama Bunis, así se llama esta Eva moderna-, pero nada más.

Un paparazi los sorprendió toqueteándose en las playas de Miami, a vista y paciencia de todo el mundo; prodigándose amor y cariño como cualquiera de los mortales. “No me importaba que me vieran. Sólo me importaba que me viera Dios. Y estaba frente a él. El me miraba”.

La Iglesia deberá tomar pronto una decisión sobre el caso. ¿Expulsa al Padre Alberto por haber violado el celibato sacerdotal que impone la Religión Católica o lo acepta como sacerdote casado con lo que generará una ola de sotanas caídas sobre todo en los curas más jóvenes?

La Iglesia Católica impuso el celibato en el Siglo XV, en el Concilio de Trento. Desde entonces, es una de sus más arraigadas tradiciones. Seguramente, la Iglesia separará al Padre Alberto de sus filas. Lo que no podrá hacer es alejarlo de su fe. Hay quienes quieren seguirlo, incluso si predica el evangelio desde otra religión.

En la lucha por el amor célibe a Cristo y el amor puro de hombre, en el Padre Alberto, ganó el hombre.

Antes de conocer a Ruhama el Padre Alberto era inmune al sufrimiento de amar, al dolor de amor. No del amor a la humanidad –que tiene y mucho-, sino del más simple y puro amor terrenal que un hombre puede sentir por una mujer.

Así como Adán conoció la vergüenza luego de comer el fruto prohibido, así ahora el Padre Alberto conocerá el dolor y el placer, el dulce gozo y tormento de amar a una mujer.

Dejémosle, pues, que sienta en carne propia ese dulce sufrimiento humano: la tentación del amor.