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25 diciembre, 2015

Justicia y penas con sentido común



La sentencia de 6 años y 8 meses de prisión efectiva contra Silvana Buscaglia Zapler por abofetear e insultar a un policía que le aplicó una infracción de tránsito, es a todas luces exagerada. Más aún si la condena por homicidio simple es de 6 años.

El principio de autoridad de la policía ha sido reparado y eso está bien; pero a costa de la proporcionalidad de la pena. La sanción es justa, pero desproporcionada.

La señora Buscaglia es una de los más de 1,098 casos que según LaRepública, se han resuelto en apenas 72 horas debido a la aplicación del Decreto Legislativo 1194 que permite aplicar jucios rápidos cuando el infractor es detenido en flagrancia.

Estos juicios sumarios estaban previstos desde el 2004, pero no eran obligatorios, sino potestativos.

Hoy si una persona comete cualquier delito y es apresado en plena flagrancia el fiscal tiene la obligación de procesarlo y el juez de sentenciarlo, en horas.

El problema es que las penas han aumentado. Lo que puede llevar a sentencias extremas como el de la señora Buscaglia, cometiéndose abusos e injusticias.

Lo que esta señora cometió fue una falta de respeto absoluto a la autoridad, con violencia y prepotencia (Ver video aquí). El transfondo ­–lo han asegurado psicólogos y expertos en el tema–, probablemente encierre un desprecio racista de un grupo social que considera inferior al resto.

Pero 6 años y 8 meses por esta agresión, es desproporcionado.

Para que las sanciones por delitos en flagrancia no se conviertan en un abuso de la autoridad tiene que haber sentido común en quien ejerce la ley. O un contrapeso de opiniones que vayan en busca de la proporcionalidad de la pena.

El decrecho anglosajón tiene un modelo que podríamos empezar a pensar en introducirlo en nuestro sistema: el common law.

No existe en el derecho romano occidental. El common law es –en la práctica– una corte de personas no especializadas en derecho que administran justicia siguiendo el sentido común y la proporcionalidad del delito y la pena.

El common law se basa en las costumbres, en la jurisprudencia de casos anteriores, pero, principalmente, en el sentido común, antes que en la norma escrita o el código.

Los casos son juzgados con diversos puntos de vista; no solo el jurídico o estrictamente normativo y legal.

Un tribunal múltiple en lo profesional y hasta pluricultural podría encontrar un mejor equilibrio en encontrar la proporcionalidad de la pena. Y no estar atado como el juez que sentenció a la señora Buscaglia a una pena escrita establecida en el Código Penal.

La selección de estos jueces podría ser incluso por sufragio universal.

Y podría introducirse en nuestro sistema de administración de justicia de manera parcial, solo para casos como el que comentamos o delitos de tránsito sin lesiones graves y/o muerte, jucio de alimentos, agresiones de pareja, entre otros.

Después de todo, el Art. 138 de la Constitución Política del Perú señala que la potestad de administrar justicia emana del pueblo.



15 abril, 2012

Rehenes de la información

¿Rescate?, ¿liberación?, ¿negociación?, ¿escape? A 24 horas de finalizada la libertad de 36 trabajadores tomados en rehenes por sendero en Kepashiato, Camisea, Cusco, no se puede saber con exactitud qué pasó. Las informaciones en los medios son confusas. Y las declaraciones oficiales aún más. Se ha completado la operación para liberar a los secuestrados, pero la ciudadanía sigue siendo rehén de la información.

Mientras desde el lado oficial se afirmaba que el “rescate” de los trabajadores fue producto de la presión de las fuerzas combinadas del Ejército y la Policía Nacional, los propios trabajadores señalaban una “liberación voluntaria” de sus captores.

La alta cifra de muertos y heridos de las Fuerzas del Orden puede ayudar a inferir que hubo un poco de todo. Las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional desarrollaron un operativo de cerco por aire y tierra que incluyó helicópteros artillados.

El despliegue originó una presión sobre los perseguidos y las ráfagas de balas disparadas desde el aire produjeron confusión entre captores y rehenes, lo que fue aprovechado por un grupo de estos últimos para escapar. Posteriormente, los terroristas prepararon su huida, minaron el camino y decidieron soltar a los trabajadores.

Los resultados son terribles: 2 suboficiales Ejército, 1 de la Policía, fallecidos, 2desaparecidos y 10 soldados heridos, producto de minas antipersonales colocadas alrededor del helicóptero en que pereció abatida la capitana PNP Nancy Flores Paucar, que se intentaba rescatar.

En esta circunstancia, no se puede decir que el Operativo Libertad haya sido ejemplar, como se apresuró a decir el presidente de la República.

¿Hubo negociación? Hasta el momento, no es posible afirmarlo o desmentirlo. La empresa y el gobierno lo niegan. Sin embargo, allí están las conversaciones entre los senderistas y representantes de las empresas -grabadas por un medio de comunicación- que demuestran que, al menos, hubo contacto radial entre secuestradores y empresas.

Lo único que queda claro es la desinformación que hubo desde un primer momento en este tema. El manejo informativo del gobierno fue deplorable. Pese a que se conocía que los rehenes fueron liberados la madrugada del sábado, hasta pasado el mediodía, no se confirmaba nada generándose angustia en los familiares y especulación de todo tipo en medios y redes sociales. Se organizó un comando operativo, pero no un comando informativo. Y bien sabemos que cuando se cierran las puertas de la información se abren las ventanas anchas de la especulación.