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15 julio, 2009

El orden , el desorden y el cuarto gabinete

El premier Javier Velásquez Quesquén está envuelto en una paradoja sin solución: si tiene éxito, debe renunciar. Y si fracasa, también. Es decir, de todas maneras tiene que irse antes del 28 de julio del 2011.

La razón es sencilla: el chiclayano postulará al próximo Congreso y como tal debe renunciar al menos seis meses antes de las elecciones. Lo mismo puede decirse de Aurelio Pastor o Luis Alva Castro. Por esta razón no se podrá cumplir el deseo del presidente de que este tercer gabinete sea el último de su gestión.

Porque si ahora ha sido difícil para el gobierno convocar nuevas personalidades para su gabinete, la tarea será más complicada un año antes de que termine su periodo. No habrá quien quiera cargar con el muerto. Excepto, claro, los “Alvaro Gutiérrez” que nunca faltan.

Peor aún, si se mantiene el curso de colisión en que parece estar empeñado el presidente Alan García.

El Baguazo no lo ha hecho entrar en razón.

García insiste en su denuncia del complot internacional, de una nueva guerra fría latinoamericana, con titiriteros extranjeros moviendo sus hilos en cada protesta social.

Esta visión de un Perú en el que se define la línea imperial o independentista encaja en su monosilábica instrucción para los próximos meses de orden e inclusión social.

¿Orden para enfrentar el descontento social con mano dura, encarcelar a dirigentes políticos opositores, cerrar ONGs independientes y clausurar emisoras de radio en las provincias? ¿Orden para abrir carreteras tomadas con apoyo de las Fuerzas Armadas y toques de queda?

¿Inclusión social con aumento del hambre en el país y cifras manipuladas del INEI que dicen que la pobreza se ha reducido?, ¿con división de las organizaciones amazónicas?, ¿con Santiago Manuin en la cárcel y su colon fuera del cuerpo?, ¿con 500 alcaldes provincianos reclamando en las calles aumento de presupuesto y 27 alcaldes de Lima en Palacio recibiendo su tajada?

En una situación así, orden e inclusión social son incompatibles.

Inclusión social alude a la existencia de un régimen de oportunidades para todos. De participación de individuos y colectividades en todas los campos de la vida política, económica, social y cultural.

Orden es un estado de convivencia democrática con respeto al estado de derecho, pero también con un Estado presente y al servicio de todos, especialmente los más pobres.

Un régimen político que se apoya en la fuerza para el ejercicio arbitrario de su gobierno no es un régimen democrático. Es un gobierno sin controles ni contrapesos.

Si la fórmula es enfrentar el descontento con la fuerza el resultado es generar más violencia. El riesgo de este camino sin retorno es que el país puede terminar -al final del mandato aprista-, en una situación de verdadera convulsión social.

13 julio, 2009

El tercer gabinete, según El País

(JAIME CORDERO, Diario El País)Simon era un personaje ajeno al partido que gobierna, con declaradas ambiciones de ser candidato presidencial en los comicios del 2011, que llegaba con fama de ser un hombre dialogante y conciliador. Velásquez es hombre del partido aprista, disciplinado defensor del Gobierno y considerado un "incondicional" del presidente. Su llegada al cargo de jefe de Gabinete representa el retorno del partido de Gobierno a los mandos del ejecutivo. Así quedó claro desde el momento mismo de su juramento, cuando fue aplaudido por una nutrida masa aprista que colmó el Salón Dorado del palacio de Gobierno.

Los antecedentes de Velásquez y su antecesor también son disímiles. Mientras que Simon llegaba al cargo hace algo más de ocho meses luego de una bien considerada gestión como presidente regional de Lambayeque, el nuevo presidente del Consejo de Ministros viene de ser presidente del Congreso, una de las instituciones políticas menos populares en el país, con cifras de aprobación pública apenas superiores al 10%, según recientes sondeos, y constantes sospechas de corrupción. Incluso el mismo Velásquez fue acusado recientemente de copar con militantes del partido las oficinas del Parlamento durante su gestión como presidente.

"Espero que sea el último Gabinete presidencial al que le tomo juramento", dijo García el sábado. Si se atiende a las circunstancias que originaron la salida de los anteriores jefes de Gabinete, esta declaración se puede interpretar como la esperanza de que el resto de su mandato transcurra sin mayores crisis. El primer Gabinete de García, liderado por el aprista Jorge del Castillo, fue relevado luego de que el escándalo de los Petroaudios, una serie de grabaciones que evidenciaron presuntos sobornos para favorecer a una petrolera en la entrega de exploraciones, embarrara a conocidos personajes del partido de Gobierno.

El segundo Gabinete, el encabezado por Simon, no resistió la protesta de los nativos de la selva peruana ante un paquete de leyes del Ejecutivo que, según ellos, atentaban contra la propiedad de sus tierras. Tras dos meses en huelga, la protesta derivó en enfrentamientos que acabaron con 34 muertos, entre ellos 24 policías. Ahora, una de las principales misiones de Velásquez será velar por el cumplimiento de los compromisos asumidos por su antecesor para desactivar las protestas, no sólo en la selva peruana, también en varias localidades del sur del país.

Sin embargo, la oposición ha asumido la designación con escepticismo. "Será un Gabinete de choque y represión", considera Mario Huamán, secretario general de la Confederación General de Trabajadores de Perú (CGTP). Por su parte, Carlos Tapia, portavoz del partido nacionalista de Ollanta Humala, declaró que con Velásquez "se impone la línea dura en el Gobierno".

Tampoco los nativos se mostraron muy de acuerdo: "El Gabinete será de corte alanista y eso no nos da ninguna confianza", declaró Daysi Zapata, presidenta en funciones de Aidesep, la asociación que representa a la mayoría de poblaciones amazónicas.

"Es una muy mala noticia", comenta sobre la designación el periodista y ex ministro del Interior en el Gobierno de Alejandro Toledo Fernando Rospigliosi, en una columna publicada ayer en el diario La República. "En primer lugar, es un político de capacidades muy limitadas.

En segundo lugar, es todo lo opuesto a lo que ofreció Alan García en la campaña electoral. En tercer lugar, no aporta una cuota de popularidad al Gobierno, cosa que García necesita con urgencia después de su estrepitoso derrumbe en las encuestas". Rospigliosi opina que Velásquez "será un ministro-secretario, obsecuente a los dictados del presidente. Como no tiene peso propio y le debe todo a García, será incapaz de decir que no".

"El país espera orden e inclusión social", declaró García, quien ayer renovó a otros cinco nuevos ministros, entre ellos los de Defensa, Interior y Justicia. Para que se cumpla su deseo de que éste sea su último Gabinete, Velásquez tendrá que hilar fino y cerrarle la boca a sus críticos.