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03 septiembre, 2010

La lección de Las Bambas

La inversión de 4,200 millones de dólares en el Proyecto Cuprífero de Las Bambas, Apurímac, sin mayor resistencia de la población, ni conflictos sociales, es producto del aprendizaje del Estado.

De un Estado que logró diseñar entre el 2003 y 2004 un modelo de inversión en el que se previó un Fondo de inversión social, en pleno proceso de exploración, en el que participaron las autoridades locales, regionales y la población.

Fueron negociaciones intensas, difíciles, de idas y venidas, las que se desarrollaron por entonces. Había una enorme resistencia en la población para aceptar la inversión extranjera.

Y no fue una estrategia de comunicación la que cambió la perspectiva de la población. O, mejor dicho, no sólo fue la intensa campaña de comunicación que incansablemente se desplegó en la zona de influencia, sino algo más concreto y necesario: la creación de un Fideicomiso.

Un fondo de 45 millones de dólares que permitió realizar obras de infraestructura, carreteras, colegios, postas médicas. Se creó un proyecto de piscicultura, se invirtió en mejora de pastos y forraje para animales; se invirtió en capacitación técnica para los jóvenes.

El efecto originó un proceso de retorno voluntario de la gente al terruño; una migración al revés. Las Bambas se percibe ahora como una oportunidad de trabajo, de mejora social, de desarrollo.

Los yacimientos de Las Bambas se descubrieron en 1911 y sólo se pudo lograr un acuerdo concreto de explotación ochenta años después, cuando aprendimos la lección.

Lo interesante es que las Bambas está a 260 kilómetros del Cuzco, en la región Apurímac, provincia de Cotabambas, pero no ha sido influenciada por el rechazo que en la capital imperial ha despertado la explotación del Gas de Camisea.

Las reservas probadas se estiman en 40.5 millones de toneladas con leyes mayores a 2%de cobre y un potencial de exploración superior a 400 millones de toneladas.

Las Bambas es más grande que Antamina. Pero no sólo por la inversión y la riqueza que generará; sino por la capacidad de su gente de exigir con firmeza inversión de impacto directo en sus comunidades. Por la forma en que entendió que el desarrollo no puede ser sólo para el gran capital.

La minería no puede ser nunca más riqueza para unos pocos y pobreza para el resto comuneros. El Fideicomiso, producto de largas sesiones entre el Estado y la sociedad apurimeña, por eso, es un producto a replicar, un modelo de cogestión de la inversión y una demostración que las poblaciones andinas merecen ser tratadas como contraparte en todos sus aspectos.