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07 abril, 2008

Otra vez el chuponeo telefónico

Nuevamente la sospecha de alguien escuchando detrás de la línea telefónica. Otra vez, lo peor de la década pasada brota –como pústulas infectas- en este gobierno. La línea privada del editor de política del diario El Comercio, Juan Paredes Castro, ha sido chuponeada a 400 metros de su casa, sin que nadie sepa por quién.

La respuesta sobreactuada del gobierno abona en su contra. El presidente de la República, el Premier, los ministros de Defensa, del Interior y hasta los comandantes generales han salido a rechazar este método antidemocrático y vedado.

Pero más que por sus voces, por sus actos los conocereis.

Es necesario que el Congreso investigue a fondo las conexiones de este chuponeo y descarte con meridiana claridad su origen público o privado.

No es la primera vez que los periodistas recibimos alertas sobre el retorno de este sistema de rastreos e interceptación de las comunicaciones con una conexión que apunta a las más altas esferas del régimen.

“Están escuchando todo. Están interfiriendo llamadas y chequeando correos electrónicos. Tengan cuidado con los teléfonos. No son seguros”, nos adviritió hace un tiempo un alto jefe policial.

Según esta fuente, el sietema de interceptación de comunicaciones a adversarios políticos, dirigentes gremiales, pero también a empresarios e inversionistas -con fines comerciales-, se ha reinstalado en la cúpula del poder.

Puede que sólo sea una sospecha infundada, producto de más de diez años de haber vivido un estado de paranoia política en el que nada era seguro y se sospechaba de todo.

La democracia no puede permitirse convivir con estos métodos oscuros, de orejas pegadas al auricular, reportando todo al poder de turno.

El presidente García debe asegurarnos que ya dejó de jugar a las trampas y chuponeos telefónicos como acostumbró a realizar en su primer gobierno, con el general Edwin “Cucharita” Díaz, antes de que Vladimiro perfeccionara el sistema.



18 octubre, 2007

¿Acaso han vuelto los Psicosociales?

Mi hija de trece años regresó hoy asustada del colegio. Sus amigas y profesores no hablaban de otra cosa que no fuera el terremoto que hoy a las tres de la tarde sacudiría Lima y Callao. Las referencias del descabellado pronóstico eran nebulosas. Para unos, un hombre lo había dicho en Ica hace unos días. Para otros, fue un bebé recién nacido que ante la sorpresa de la enfermera por su fealdad, y aún envuelto en sangre, había proferido: “más feo será lo que ocurra el 18”.

No hubiera pasado de una anécdota de cole, si no fuera porque una mujer joven me tocó la puerta en la tarde y pidió colaboración para su marido enfermo. Apenas le entregué un sencillo vi su rostro aterrado: ¿ha escuchado usted que hoy habrá terremoto?, dijo al tiempo que se persignaba.

Luego, entro a la página web de Radioprogramas y me encuentro con la siguiente nota: “Ante las versiones alarmistas y equivocadas sobre la ocurrencia de un fenómeno natural que podría ocasionar un desastre en las provincias de Lima y Callao, el Instituto Nacional de Defensa Civil (INDECI) exhortó a la población a mantener la calma y tomar en cuenta únicamente las versiones oficiales que generan los organismos especialistas en el tema”.

Mientras almorzábamos, comenté el tema y se desenredó la madeja.

No recordaba que hace unas semanas, mientras el alza del pan era inminente y el gobierno preparaba la rebaja de los aranceles a la importación de la harina de trigo, una ciudadana brasileña denunció que se había cortado los labios al encontrar una hoja de afeitar en un pan que compró en una panadería de barrio en Magdalena.

A los pocos días, cuando la rebaja del arancel alcanzó no sólo al producto terminado –la harina-, sino al insumo importado –el trigo-, y aún así el alza del precio del pan era indetenible, otra señorita se quejó de haber encontrado alfileres oxidados en sus tostadas. En ambos casos, la prensa acudió en tropel y las municipalidades realizaron aparatosos operativos de inspección y clausura de panaderías.

Por allí nomás un señor de edad, denunció en la tele que encontró un diente de oro dentro de un pan que compró, ya no en una panadería de barrio, sino en la exclusiva tienda Vivanda de San Isidro. Nuevamente la prensa rebotó la “noticia”. Un canal de televisión puso un microondas tempranero y el gerente de la tienda señaló que ese diente no pertenecía a ninguno de sus empleados pues así lo había determinado un odontograma que realizó a cada uno de los trabajadores.

El pasado fin de semana, mientras se aguardaba con expectativa el debut de la selección peruana en las eliminatorias al mundial Sudáfrica 2010, el gobierno sorprendió a los industriales con la reestructuración de más de 4.200 partidas arancelarias. Era la respuesta del Presidente García a su bajón en las encuestas. 30% de aprobación, lo colocan en el zócalo de la popularidad, comparado con el resto de presidentes latinoamericanos.

Anoche, viendo los noticiarios, me entero que un avión pasó un susto en Tumbes al no bajarle el tren de aterrizaje; otro avión no pudo salir de Cusco porque un ave se había colado entre sus turbinas y, por si fuera poco, un grupo de empleados que hacía trabajos de mantenimiento en el aeropuerto cusqueño, descubrió en una pared la imagen viva del Cristo coronado de espinas.

Entonces, dije, ya basta. Hice una rápida explicación en la mesa de que cosas son los operativos psicosociales y por qué a veces los gobiernos se valen de ellos para mantener a la gente ocupada, distraída, temerosa. Les conté lo de las vírgenes que lloran de la época de Fujimori que aparecieron en árboles y casas, de los curanderos milagrosos que llegaron por esa época al Perú, de avistamiento de ovnis y aparecidos.

En eso estaba, cuando mi hija de trece años, la que trajo la novedad del terremoto que ocurriría hoy en Lima, me dijo:

- No te procupes, Papá. La gente no es tonta. Si ellos lo hacen muy seguido, la gente se dará cuenta y no sólo no les hará caso, sino que les creerá menos y será peor para ellos.