(Agencias) Cientos de miles de personas padecerán de inanición y los niños sufrirán de malnutrición, con consecuencias por el resto de sus vidas, si los precios de los alimentos continúan subiendo, advirtió el director del Fondo Monetario Internacional (FMI) Dominique Strauss-Kahn.
El funcionario dijo además que la inflación en los precios de los productos generará conflictos sociales. Además, ocurrirán "trastornos" en el entorno económico y empeorarán los balances por cuenta corriente de muchos países, especialmente en África.
Eventualmente, podría afectar a las naciones desarrolladas. "Así que no es solamente una cuestión humanitaria" dijo Strauss-Kahn, quien aseguró que "lo que está en juego es la estabilidad política de muchos países".
Esto ha quedado demostrado en Egipto, Filipinas y en especial Haití, donde cayó el sábado el gobierno del primer ministro Jacques Edouard Alexis, censurado por el Senado tras unos disturbios por la carestía de los alimentos que han causado por lo menos cinco muertes.
"Podría agravar la pobreza de 100 millones de personas", dijo el presidente del Banco Mundial Robert Zoellick, quien abrió el encuentro con un pedido a los países participantes a que aporten US$ 500 millones que necesita el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas para responder a la emergencia.
En la reunión anual de ministros de Economía del FMI que culminó ayer en Washington, EE UU, el Fondo pidió que se tomen fuertes medidas en contra del aumento de los precios y de la crisis financiera internacional.
Ante la crisis financiera que vive EE UU por los créditos subprime del sector inmobiliario, el organismo solicitó a los gobiernos que consideren posibles "operaciones de rescate" de bancos con dinero público, como ha ocurrido con Bear Stearns.
Esto es para el FMI "una tercera línea de defensa" ante la crisis. La primera es una bajada de los intereses en los países desarrollados y la segunda, una expansión fiscal para estimular la economía.
Esos consejos contrastan con los que dio a los países asiáticos durante la crisis de 1997, cuando les recomendó reducir el gasto, pese a que tenían unas cuentas saneadas, lo que según muchos expertos agudizó los problemas.
Los biocombustibles, que nacieron con la promesa de convertirse en alternativa "verde" al petróleo, se han convertido en culpables de la crisis global alimentaria. Algunos ministros presentes en la cumbre llegaron a decir que usar los alimentos como combustible "era un crimen contra la humanidad".
La era de los biocombustibles aumentó la demanda de maíz y soja, lo que elevó el precio de ambos granos. Este mayor precio fue el incentivo para destinar más tierras a esos cultivos, lo que redujo el espacio para otros productos, que también se encarecieron.
Los cambios en el precio del trigo se trasladaron a la harina, el pan y otros derivados. La subida de la soja se reflejó en los aceites para cocinar y la margarina. El pollo, la carne de ganado y los lácteos también subieron, ya que los citados animales son grandes consumidores de maíz y soja.
A esto se sumaron otros factores como las sequías, la subida del petróleo y el consiguiente encarecimiento de fertilizantes y costes de transporte y el incremento del consumo en países como China. Esa combinación fatídica ha impulsado en un 48% los precios de los alimentos desde finales del 2006, según el FMI.
De ahí que hayan empezado a multiplicarse los llamados para frenar los biocombustibles, sobre todo los que se producen a base de maíz en los países ricos.
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14 abril, 2008
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