El Presidente García insiste en defender los Núcleos Ejecutores. La idea, en principio, no es mala. Ni nueva. Es una experiencia de autogestión comunal que se ha ido perfeccionando en el tiempo. Empezó con Fujimori quien la utilizó para clientizar a los más pobres, desconociendo la institucionalidad local.
Durante el gobierno de Alejandro Toledo se encontró a los Núcleos Ejecutores manejados exclusivamente por el gobierno central a través de FONCODES.
Lo que se hizo fue descentralizar su operatividad a través de los gobiernos locales.
La idea era destinar recursos directamente a los más pobres para que pudieran mejorar su calidad de vida, fortaleciendo corredores económicos y microcuencas, con proyectos productivos no sólo de infraestructura, sino también empresas familiares en turismo, artesanía y agroexportación.
Era enseñar a pescar antes que regalar pescado.
El problema siempre fue cómo avanzar en la calidad del gasto. El asesoramiento técnico a las comunidades organizadas era siempre escaso. Las municipalidades y los gobiernos regionales tienen serias limitaciones presupuestales para contratar técnicos.
Entonces, qué hacer.
Una idea de un gran dinamismo social es extender el Servicio Civil de Graduandos (SECIGRA) para todas las carreras universitarias. Vincular a los jóvenes profesionales formados en las universidades públicas y privadas del país con los Núcleos Ejecutores del campo y la ciudad. Unir teoría y praxis.
Hoy esta opción de profesionalización –mediante la cual los universitarios realizan un año de trabajo de campo para obtener su licenciatura- existe sólo para estudiantes de Medicina, Odontología y Derecho.
Extender esta modalidad a todas las carreras universitarias sería emprender una verdadera reforma universitaria vinculando a jóvenes profesionales egresados de Ingeniería, Economía, Administración de Negocios, Hotelería, Gastronomía, etc. con la realidad y la potencialidad que ofrecen diversas ventanas de oportunidad del interior del país.
De esta manera, miles de jóvenes profesionales egresados de las universidades públicas y privadas se incorporarían rápidamente a trabajar con las comunidades campesinas, organizaciones rurales, barriales y juveniles, pero también con las municipalidades o gobiernos regionales, para asesorar técnicamente a nuestros hermanos del campo.
Es cuestión de tomar la iniciativa y llevarla adelante. Este el momento de invertir en la educación de los jóvenes. Sería una oportunidad maravillosa para formar generaciones de peruanos y peruanas vinculados al desarrollo de su país, aportando lo que aprendieron en las aulas y recogiendo lo que el pueblo, en la práctica, es capaz de enseñarle.
Se haría realidad la parte más constructiva de la arenga que a mediados del Siglo XIX lanzara Manuel Gonzales Prada, ¡Jóvenes a la obra!, pero, lo que es mejor, tendríamos seguramente ciudadanos profesionales que entenderían mejor a su país. Y comprometidos con su desarrollo.
