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06 septiembre, 2014

Salvemos los Parques Zonales



Después de El Cairo, Lima es el desierto más poblado del mundo. 8,5 millones de habitantes. Es una de de las cinco mayores ciudades de Sudamérica junto con Sao Paulo, Río de Janeiro, Buenos Aires y Bogotá.

Le falta no solo agua, sino también áreas verdes.

Por si fuera poco, un proyecto de ley enviado por el Ejecutivo al Congreso pone en riesgo la conservación y mantenimiento de los parques zonales y metropolitanos de Lima, y amenaza con impactar de manera negativa en la calidad del medio ambiente en la ciudad.

Se calcula que Lima tiene alrededor de 86 mil hectáreas de área urbana y 2 mil 700 hectáreas destinadas para el desarrollo industrial. En este espacio, se mantienen 3 mil 207 hectáreas de áreas verdes públicas zonificadas. Unas 150 hectáreas comprenden a 15 parques zonales y metropolitanos multiusos ubicados en las zonas periféricas de la capital.

Mantener estos parque zonales y planificar la construcción de otros 8 más ubicados en los distritos de Comas, Los Olivos, Ate, Villa El Salvador, San Juan de Miraflores, San Juan de Lurigancho, Rímac, Carabayllo y Cercado de Lima, fue posible debido a los ingresos que recibe directamente el Servicio de Parques de Lima Metropolitana (SERPAR), de un impuesto a las construcciones inmobiliarias.

El 28 de julio último, sin embargo, el Presidente Ollanta Humala presentó el Proyecto de Ley 03690, en el que establece medidas para recuperar el crecimiento económico. Entre estas medidas se modifica la Ley n° 29090 (Ley de Regulaciones de Habilitaciones Urbanas y Edificaciones), y se dispone que la obligación de las empresas inmobiliarias de otorgar aportes a SERPAR por habilitaciones urbanas se cumpla a valor arancelario urbano y/o rústico, y no a valor comercial como se venía realizando.

Esto atenta directamente contra la sostenibilidad de la red de parques de Lima. El gobierno considera que la eliminación de este sobrecosto dinamizará el mercado inmobiliario, lo que no es cierto puesto que este sistema viene funcionando desde el año 2000. En todo este tiempo el sector construcción ha sido uno de los que más creció.

Esta contribución económica que pagan los constructores es una compensación por el fierro y cemento que siembran en una ciudad necesitada de áreas verdes. El primer semestre de este año, con la ley vigente, Serpar recibió 15 millones de nuevos soles. De haber estado vigente la modificación planteada hubiera recibido apenas 1 millón de soles. Así de contundente es el impacto económico y ecológico sobre la ciudad.

Lima no puede seguir creciendo horizontalmente. Lo dicen todos los arquitectos, urbanistas y proyectistas. Entre Lima y Callao existe un déficit de medio millón de viviendas. Si hay algo que no se va a detener es la construcción de viviendas.

En los últimos siete años, los créditos de Mi Vivienda se han triplicado. Si en el 2007, se dieron 3,173 créditos Mi Vivienda, el 2010 fueron 6,436; el 2012 llegaron a 10,133 y el 2013 subieron a 12,064. Es cierto que en lo que va del año ha habido un bajón (4,400 créditos de enero a junio), pero el problema no es el pequeño impuesto que se paga para gestionar las áreas verdes de la ciudad. Ni la falta de incentivos para construir.

Anna Zucchetti, la presidenta de Serpar, tiene claro el asunto: La Organización Mundial de la Salud recomienda 9 m2 de parques por habitante. En Lima, la mitad de los 43 distritos que la conforman, tienen 3,7 m2 de área verde por habitante. Distritos como San Borja, Surco o Miraflores cumplen con este promedio mundial, pero lugares como Collique en Comas apenas si llegan a 62 cm2 de área verde por habitante.

Los parques zonales están en las áreas periféricas de la ciudad, donde viven los ciudadanos con menores recursos. Lima ha crecido de manera desordenada y caótica en todo sentido. Pero eso no significa que el Ejecutivo castigue a quienes no tienen otro lugar de esparcimiento para sus hijos que los parques zonales y metropolitanos. El Congreso puede parar este atentado ecológico contra la ciudad. Salvemos los parques zonales.

30 mayo, 2014

Parque José María Arguedas *


La Parada fue más que el primer gran mercado mayorista de la capital. Fue el primer punto de confluencia de los migrantes. Allí llegaban y se detenían todas las líneas de buses interprovinciales. Familias enteras bajaban en ese punto, en la nueva y aterradora ciudad. De ahí su nombre: La Parada.
La decisión de la alcaldesa de Lima de trasladar La Parada y ordenar y formalizar el comercio mayorista demuestra no solo coraje, sino responsabilidad con el futuro de la ciudad. No podíamos seguir viviendo en medio del desorden, la informalidad y la delincuencia.
En su lugar se levantará un parque que recuerde la gesta social de miles de peruanos y peruanas que llegaron a la capital para transformarla –no sin resistencia y esfuerzo– en lo que es hoy: una Lima mestiza, una Lima de todos.
Ahora bien, si lo que se propone la autoridad municipal es simbolizar la gesta de los que llegaron a la capital, ¿por qué en lugar de un nombre genérico como “Parque del Migrante”, no simboliza La Parada con el nombre de un ícono de la cultura migrante y le pone “Parque José María Arguedas”?
Arguedas no tiene una plaza, calle o monumento importante en la capital. Y nadie mejor que él para representar al migrante andino. No solo en su obra, sino en su vida personal.
Lo migrante es para Arguedas el centro de su producción literaria, tanto como su investigación antropológica. Su vida y obra son expresión viva de la síntesis de la cultura peruana.
Aún cuando Arguedas habla quechua y escribe sobre el mundo andino, Arguedas-escritor no es un autor “indigenista puro”.
Sus primeros trabajos literarios, Agua (1935), Los ríos profundos (1958), Yawar fiesta (1941), pueden ser considerados “neoindigenistas”.
Pero obras como El sexto (1961), Todas las sangres (1964), El zorro de arriba y el zorro de abajo (1968), como sostienen diversos críticos literarios, escapan al indigenismo.
Arguedas, en su obra literaria, es la voz y alma de los nuevos ciudadanos de la capital.
Y en su faceta como antropólogo también se interesa por este tema hasta el final de sus días. En una carta que le escribe a John Murra le expresa su alegría al caminar por Chosica y encontrar en una tienda de discos “dos mil seiscientos cuarenta títulos de música serrana”. (...) “No les matarán toda el alma”.
Alguna vez, recogiendo testimonios para su trabajo antropológico, José Matos Mar recordaba las veces que, mirando La Parada desde el cerro San Cosme, conversó con José María Arguedas, sobre el futuro de Lima. Una nueva fuerza había llegado para transformar la ciudad.
Arguedas vio en La Parada y en los barrios populares de Lima y de otras ciudades de la costa peruana, el surgimiento de esa nueva fuerza del Perú profundo. Los migrantes llegaron con sus miedos, sus sueños, su esperanza, su cultura. Y su espíritu emprendedor.
La Parada fue más que un mercado mayorista. Fue un punto de llegada, de encuentro. Un punto de llegada y encuentro de todas las sangres.
Un Parque José María Arguedas en el lugar donde los migrantes dejaron sus primeras alforjas, donde empezaron a soñar en busca de oportunidades, sería un merecido reconocimiento a un ícono de la cultura migrante. El Concejo Municipal de Lima tiene la palabra.


(*) Artículo publicado en Diario 16 el 25 de mayo de 2014. P.4.