La pifiadera y muestras de rechazo que encontró en Acho, le malograron la estrategia de tener un baño de popularidad previo a la presentación de su plan anticrisis.
El presidente esperaba –con justa razón- preparar el terreno para lanzar el programa que permite al Estado meterse la mano a la billetera y disponer de 10 millones de soles extra para equilibrar la retracción de la inversión privada que se espera ante la recesión mundial.
Pero, al encontrar botellas y bolsas de agua del "respetable", se sulfuró repentinamente y no tuvo más infeliz idea que –por contraposición- atacar a los “pitucos de izquierda que ganan en dólares”, para lograr la identificación de los cobrizos hoscos que lo rodeaban.
Es un recurso que siempre ha utilizado García: contagiarse del auditorio que tiene enfrente y mimetizarse. Pero esta vez, se pasó de la raya y el tono y talante mostrados tuvieron un matiz inequívocamente racista.
Doble error, si consideramos que atizar la diferencia y el conflicto no es precisamente lo que el país necesita para desarrollar el plan anticrisis.
Esta azufrada reacción sólo pudo salir de una cabeza y humor calientes. Por eso, el pueblo, que siempre es sabio para estas cosas, al despedirlo, volvió a tirarle bolsas de agua, para ver si le enfría un poco la pensadora.
Es lo que cualquiera haría ante un toro que resolla aire caliente por los belfos.
