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29 octubre, 2017

Reconstrucción con cambio... de modelo



La renuncia de Pablo de la Flor a la Autoridad de la Reconstrucción con Cambios (ARCC), es una mala noticia para el gobierno. Es no solo una baja personal, de un técnico con experiencia en el sector público y privado, es también el fin de un modelo de gestión: una instancia de coordinación, sin manejo presupuestal.

La ARCC fue pensada como un ente facilitador entre los tres poderes de gobierno (local, regional y nacional), con equipos de gerencia incluidos para ayudar a identificar, elaborar, adjudicar y supervisar proyectos de reconstrucción, pero sin capacidad operativa en cortar directamente el jamón.

Al carecer de manejo presupuestal, Pablo de la Flor se convirtió en un funcionario negociador —sin responsabilidad administrativa ni penal—, que acompañaba a alcaldes, gobernadores locales y ministros a orientar e impulsar el uso de recursos para proyectos de reconstrucción previamente identificados.

El plan de reconstrucción asignado en el Presupuesto General de la República 2018 fue de 9 mil millones de soles (1,2% del PBI). Otros cálculos, sin embargo, estimaban que los gastos bordearían los 20 mil millones de soles. Para tener una idea de la magnitud de la cifra, el presupuesto 2018 para Salud es algo más de 16 mil millones de soles y el de Educación 27 mil millones de soles.

Solo en la primera fase que debía ejecutarse este año, se detectaron más de 10 mil proyectos en el norte del país. El propio De la Flor señaló que para proyectos urgentes se aprobó 1 mil 900 millones. De estos, 1 mil 240 millones fueron a diversos entes ejecutores, como el Ministerio de Agricultura, gobiernos regionales y algunos gobiernos provinciales.

Así, la capacidad de gasto que requería el proceso de reconstrucción era —y es— monumental. Cumplir con los parámetros de gestión: celeridad y transparencia, demanda no solo un ente facilitador, sino ejecutor.

Y una Contraloría General de la República mucho más expeditiva. Y aquí  también hubo un escollo difícil de remontar. Procesos para licitar la construcción de diques en Piura y carreteras en la Libertad fueron observados y anulados por la Contraloría.

Los gobiernos regionales se mostraron incapaces de armar procesos libres de sospecha de corrupción. Esto motivó las declaraciones de Pablo de la Flor en el sentido que: "el principal obstáculo son las capacidades instaladas en los gobiernos regionales y locales que supuestamente iban a ser los socios en la reconstrucción".

Sin capacidad de actuar como una unidad ejecutora, sino como un ente coordinador, la realización de los proyectos dependía enteramente de los órganos de gestión: municipalidades, gobiernos regionales y ministerios. Es decir, los mismos entes que no pueden con sus propios presupuestos.

La renuncia de Pablo de la Flor es una buena oportunidad para revisar no solo quien lo reemplaza, sino el modelo de entidad que debe encargarse de acelerar el proceso de reconstrucción.

Reconstrucción con cambio, sí, pero con cambio de modelo.


31 diciembre, 2015

En defensa de la Descentralización

La descentralización es un proceso irreversible. No debe detenerse, ni retroceder. Por el contrario, debiera mejorarse, ajustarse, reimpulsarse. Necesita redireccionarse.

No hay reforma más importante que se haya realizado en democracia, que la descentralización. Hasta antes del 2002, se larvó en Perú un Estado centralista, arcaico, burocrático. En buena parte sigue siéndolo, pero cada vez menos.

Los casos de corrupción en los gobiernos regionales son una amenaza seria para el proceso de descentralización. Podría  incluso revivir el manejo centralista del Estado.

La mitad de los gobernadores regionales en problemas con la justicia. Obras paralizadas por pago de coimas en licitaciones y concursos. 700 en todo el país –según la Contraloría–, por un valor de 4.500 millones de soles.

A primera vista parece que la descentralización lo único que ha descentralizado es la corrupción.

Pero no es así. Aquí lo que ha pasado es que el gobierno nacional deshizo el mecanismo institucional necesario para monitorear el proceso.

El gobierno del Presidente Toledo dejó una arquitectura legal que consideraba la transferencia gradual de competencias. Instituyó una instancia de coordinación ­–El Consejo Nacional de Descentralización­–, que el siguiente gobierno simplemente eliminó. Y el actual no restituyó.

En lugar del CND se creó una Secretaría de Descentralización, de tercer nivel, sin autonomía técnico-funcional ni político-administrativa.

Se confundió autonomía con autarquía. Y se transfirió recursos sin mejorar las competencias y capacidades. Los gobiernos regionales avanzaron en mejorar sus presupuestos, pero no su capacidad de gasto.

Hoy los gobernadores regionales no se reúnen con regularidad con el Presidente de la República. El jefe del Estado no despacha con los representantes de los gobiernos subnacionales para monitorear planes de desarrollo u obras de envergadura que exceden el ámbito regional.

El Presidente trabaja con sus ministros, sectorialmente; pero no lo hace regionalmente con los gobernadores. No existe ese nivel de coordinación nacional-subnacional. Con excepción, claro de los Consejos de Ministros Descentralizados, modalidad que inició el Presidente Toledo en su gobierno.

Se requiere continuidad en las coordinaciones. Regularidad. Obligatoriedad. 

Quizás sea necesario que así como se tiene a la CIAEF para articular las políticas económicas y financieras y a la CIAS para coordinar la política social, se cree un mecanismo de coordinación entre el presidente y los gobiernos subnacionales, que podría ser una Comisión Nacional de Asuntos Regionales (CIAR), o restituir el Consejo Nacional de Descentralización con los mismos fines.

La Ley Orgánica del Poder Ejecutivo tiene una instancia que podría cumplir ese objetivo: el Consejo de Coordinación Intergubernamental (CCI), en el que participan los presidentes regionales y una representación de alcaldes,  (LOPE Art. 19. Inc. 13). Está a cargo del Presidente del Consejo de Ministros, pero, en la práctica, es letra muerta. Nunca se le ha convocado.

Aquí lo que requiere es el liderazgo del Presidente de la República. Es el jefe de Estado quien debe redireccionar el proceso de descentralización. Y dejar que la PCM o un nuevo CND ejecute un programa nacional de fortalecimiento de capacidades.

La descentralización no es un fin en sí mismo; es un mecanismo para llegar al ciudadano. Construir el Estado con rostro humano es un proceso impostergable. No hay vuelta atrás en el deseo de llegar con calidad, eficacia y eficiencia al ciudadano. Y ese mecanismo es la descentralización, anhelo de los pueblos desde la fundación de la República.




09 junio, 2012

El restablecimiento del CND



El presidente Ollanta Humala recibió en Palacio a 20 de los 24 presidentes de los gobiernos regionales quienes le expresaron el respaldo a su gobierno y a la democracia. Los llevó el presidente del Congreso,  Daniel Abugattas, apenas tres días después que Gregorio Santos, representante regional de Cajamarca, públicamente llamara a “sacar” al primer mandatario de sus funciones.

Ha sido una buena reacción del presidente del Congreso, pero, mejor, el cambio de opinión del Presidente de la República. Pocos días atrás, Alejandro Toledo le proponía a Humala, como salida a la crisis por conflictos sociales, restituir el Consejo Nacional de Descentralización (CND), una instancia de coordinación y espacio de diálogo entre el gobierno nacional y los gobiernos subnacionales creado por el gobierno de Toledo.

En esa oportunidad, el presidente Humala rechazó de plano la idea y se mostró desconfiado de institucionalizar el diálogo de manera permanente. “Eso sería como tener un sindicato de presidentes regionales que presentan su pliego de reclamos para negociar en bloque; no Alejandro, de ninguna manera”, dijo el Presidente Humala.

Evidentemente era un error de visión. Crear canales de diálogo y concertación es la característica de la democracia. Lo ha demostrado la reunión de presidentes regionales. “Las elecciones terminan cuando se cuenta el último voto, de ahí para adelante debemos trabajar en equipo (...) No podemos perder más tiempo en confrontaciones”, señaló el coordinador de la Asamblea General de Gobiernos Regionales (ANGR), César Villanueva.

La ANGR es una sociedad civil creada para impulsar el proceso de descentralización y representar a los gobiernos regionales ante el gobierno nacional. No es una instancia impulsada desde el Estado; ésta era el CND, donde existían representantes de los tres niveles de gobierno y que actuaba como mecanismo de distención ante los conflictos sociales, pero, más importante aún, era el rol de acompañamiento y fortalecimiento del proceso de descentralización.

En las últimas semanas, desde el gobierno, sólo se ha escuchado críticas a este proceso. Desde cambiarles la denominación de presidentes regionales a gobernadores, su poca capacidad de gasto, la baja calidad de los servicios públicos a su cargo, hasta la posibilidad de abrir proceso al más rebelde de todos, el presidente regional de Cajamarca.

Tener una instancia de diálogo permanente, que sea parte de la estructura del Estado para escuchar a los niveles subnacionales de gobiernos en la instancia nacional no es formar un sindicato o una federación de protestantes. Es incorporar una práctica democrática al proceso de toma de decisiones. Es desarrollar un mecanismo de interrelación que puede servir para cosas como las que hicieron esta semana los presidentes del Congreso y de la República: reunirse, conversar, proponer, debatir, acordar. En suma, hacer política.

Las reformas políticas y administrativas que requiere el Estado,  la reforma del canon y su redistribución a nivel nacional, incluyendo aquellas regiones que no tienen recursos naturales, bien pueden ser discutidas en una instancia de este tipo desarrollando estrategias de coordinación y colaboración efectiva donde puedan debatirse políticas y estrategias que acerquen y construyan en lugar de confrontar como hasta el momento parece ser la lógica de uno y otro lado.

¿Ya ve presidente Humala? Sentarse en una mesa a conversar no es malo. Y hacerlo de manera permanente, mejor aún. Desde esta perspectiva, aquí tiene usted una idea que puede incluir en su mensaje de 28 de julio: restituya el CND y, si teme que alguien le recuerde que este mecanismo fue creado en el gobierno de Alejandro Toledo, no se preocupe; cámbiele de nombre. Lo importante es que el Estado recupere sus mecanismos de interlocución y representación para, de manera civilizada, asumir los problemas del país y arribar a  soluciones razonadas y consensuadas.