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19 marzo, 2022

Toma de agua

 

Southern Perú anunció esta semana que paralizaba sus labores debido a que comunidades altoandinas de Torata, en Moquegua, incendiaron diversos tramos de la línea férrea al puerto de Ilo y cerraron el paso del agua de la represa Viña Blanca, que permite las operaciones mineras y abastece por lo menos a 5 mil familias.

 

Tumilaca, Pocata, Coscore y Tala, son las comunidades en pie de lucha contra Southern Perú. Ellas exigen una contraprestación de US$ 5 mil millones y un pago permanente del 5% de las utilidades netas. 

 

Lo que sorporende no son las aspiraciones económicas de la comunidad que han sido siempre materia de controversia en el sector, sino que usen un recurso estratégico vital como el agua para presionar por sus reclamos.

 

El agua nace en las zonas altas de los Andes, discurre por gravedad a lo largo de ríos y valles y termina en el mar. Desde tiempos precolombinos, las comunidades intersectan estas aguas para la agricultura y ganadería. Lo hacen con amunas, qochas y pequeños reservorios que construyen donde hay más concentración de lluvias.

 

El Estado hace lo mismo para fines agrícolas y mineros: represa el agua. Viña Blanca es una de los 743 represas que existen en el país. 442 presas son usadas para riego, y 113 para fines de relave minero (ANA, 2015).

 

Cortar el agua como medida de fuerza es una práctica antigua que tienen las comunidades de las zonas altas, pero de la cual no se tiene reportes específicos. Al menos, no recientemente.

 

Un informe sobre conflictividad social de la Defensoría del Pueblo entre 2011 y 2014 detectó 539 conflictos sociales, de los cuales 153 (28.3%) estuvieron vinculados a los recursos hídricos. Pero no se específica si como parte de la conflictividad se recurrió a una medida radical como bloquear los accesos de agua.

 

La historia, en cambio, sí registra este antecedente. En las crónicas de Pedro de Sarmiento se cuenta que fue Mama Huaco quien recomendó tomar las cabeceras de agua de las comunidades aledañas al Cusco con la intención de dejar de irrigar sus tierras, disminuir sus fuerzas y conquistarlos. 

 

María Rostworowski encuentra en documentos judiciales de La Colonia el uso de la fuerza y control de las cabeceras de agua, como forma de coacción de las comunidades ubicadas en las partes altas en contra de sus vecinos de las partes bajas. 

 

Es el caso del curaca de Collec, quien sigue un juicio contra los serranos de Cantao del curaca serrano de Guambos y el señor costeño de Jayanca. Los de arriba reclamaban un pago por el uso del agua que nacía en sus tierras y, como los de abajo se negaban, les cerraban el curso del agua. 

 

El control de las bocatomas de agua ubicadas en las partes altas fue, al parecer, un recurso estratégico en los Andes para dominar el territorio o para asentar el poder de una comunidad sobre otra. Y de paso dejar establecido que el uso de los recursos naturales debía pagar un justiprecio. 

 

200 años después, los comuneros de Torata vuelven a tomar medidas extremas como sus antecesores. El cierre de válvulas de la represa Viña Blanca es un acto de fuerza que debe evitarse, porque atenta contra la vida. Cerrar el curso del agua, en este caso, afectó no solo las operaciones mineras, sino también el hospital, las viviendas y a unas 5 mil personas que viven en el campamento minero.

 

 

28 marzo, 2014

Modelo Cuenca de Lurín: Gestión del agua para salir de la pobreza


El cambio es posible. En las alturas de la Cuenca de Lurín –a dos horas y media de Lima– existe una experiencia que lo demuestra. El cambio gira alrededor del almacenamiento y manejo racional del agua, la introducción de nuevas técnicas de cultivo y riego y la asociatividad de los hombres y mujeres del campo para  ser considerados sujetos de crédito e ingresar competitivamente al mercado.
El impacto: la mejora directa en su calidad de vida y el ascenso social que lenta, pero sostenidamente, los viene sacando de la pobreza.
Represas altoandinas
El primer gran cambio fue observar los andes y descubrir que en las zonas más altas, llueve entre diciembre y marzo; es decir, se produce abundante cantidad de agua que va al río y termina en el mar. Agua hay, lo que falta es infraestructura física para almacenarla.
Los pobladores de San Andrés de Tupicocha, liderados por el entonces comunero y hoy alcalde del distrito, Teodoro Rojas, idearon y propusieron construir reservorios de mediana capacidad en las depresiones naturales de las laderas de los cerros, ayudados por muros de contención con lo que llegan a convertirse en verdaderas represas.
Construyeron 8 reservorios que en cojunto almacenan 1 millón de M3 de agua de lluvia. Hoy, se tiene proyectado construir las represas de Chanape y Huillcapampa con capacidad para almacenar 7 y 8 millones de M3 de agua, respectivamente, que servirán para irrigar 10 mil nuevas hectáreas de tierra.
Riego tecnificado
El segundo cambio fue el riego tecnificado. Los agricultores constataron que el agua almacenada no podían desperdiciarla sembrando con el tradicional método de “inundación” de las chacras. Buscaron ayuda técnica y no sin esfuerzo vencieron la desconfianza inicial de regar “solo con gotitas”.
Al gestionar eficientemente el agua, ampliaron sus tierras de cultivo y lograron tener dos campañas al año. Una, producto de la estación de lluvias y la otra regada con agua de las represas.
Impacto económico
Tener excedente de producción en una época en la que no todos cosechan, les enseñó las técnicas de mercado, empezando por la básica ley de la oferta y la demanda. A mayor producción, menor precio. Si el producto es escaso, el precio sube.
El caso de la arveja es notable. En época de mayor producción se comercializa a 1.30 soles el kilo. Pero, cuando pocos tienen en stock, su precio se eleva hasta 3.50 soles el kilo.
La agricultores de Lurín aprendieron una lección para toda la vida: quien maneja el agua, maneja el mercado. El desarrollo de capacidades para la innovación productiva es la tercera pieza de este engranaje para salir de la pobreza.
Asociatividad y confianza
El mercado también les enseñó que no basta tener un producto para comercializar, sino que este debe ser de calidad y en una cantidad que el propio mercado demanda. De manera que de agricultores de subsistencia pasaron a ser productores y empezaron a formar sus respectivas asociaciones.
Formar asociaciones de productores les permitió a su vez que el sistema bancario les abriera las puertas y se generara, en el proceso de evolución económica, una condición necesaria para el éxito: confianza.
Indicadores y validación
El desarrollo y monitoreo de esta experiencia de desarrollo en la Cuenca de Lurín ha estado a cargo del Centro Global para el Desarrollo y la Democracia (CGDD). Se inició el año 2010 y a lo largo de cuatro años ha contado con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (FOMIN-BID) y la Fundación Interamericana (FIA).
Para certificar el avance del proceso y extraer algunas conclusiones, el 2010 se trazó unas líneas de base y se aplicaron encuestas de seguimiento el 2011, 2012 y 2013 a 123 familias en cinco distritos del ámbito de intervención, de un total de 700 familias. Se analizó la estructura productiva, innovaciones y rendimientos por cultivos, ingresos y empleo, cambios en estratos sociales, actitudes y capacidades de las familias.
El estudio concluye que la mejora de la competitividad de las familias y las localidades es una condición necesaria para superar la pobreza en forma sostenible, para lo cual se requiere producir con calidad, desde un soporte de capacitación e información a los productores, a fin de que conozcan las potencialidades de sus productos.
Esta experiencia se desarrolla en una de las 53 cuencas orientadas al Pacífico que tiene el Perú. Dependerá ahora que las autoridades regionales, nacionales -Ministerios de Agricultura, Producción-, analicen su viabilidad y conviertan la experiencia de manejo integral del agua en una política de Estado para las cuencas altoandinas del Perú.
EL PROCESO DEL CAMBIO
Los resultados muestran que la inversión en el capital social, la gestión eficiente del agua, la innovación técnica en el campo, y la asociatividad son componentes de un proceso que fortalece la confianza de los productores para insertarse en el mercado de manera competitiva y salir de la pobreza. Veamos las características de este cambio, distrito por distrito:
Antioquía.- Los productores exitosos se incrementan como consecuencia de la diversificación productiva en fruticultura, servicios turísticos y transformación de frutales, así como la ampliación de la producción agrícola. También disminuye el número de familias del estrato bajo, y se crea un patrón de distribución más equitativo.
Langa.- los productores exitosos se dedican más a actividades como servicios turísticos, transformación de frutales y fruticultura. El crecimiento económico disminuye el porcentaje del estrato muy bajo y aumenta el porcentaje del estrato alto.
Lahuaytambo.- los productores exitosos se caracterizan por combinar actividades de fruticultura y actividades no agrícolas, como el comercio. Con el crecimiento económico disminuyó el porcentaje del estrato muy bajo y aumentó el del estrato bajo y alto, logrando un crecimiento más homogéneo o inclusivo.
Tupicocha.- los productores exitosos se caracterizan por una mayor dedicación a la producción de forrajes, ganadería y la producción agrícola de pan llevar (arvejas, papas). Con el crecimiento económico disminuyó el porcentaje del estrato muy bajo y surgieron los estratos medio y muy alto. Fue el distrito con mayor crecimiento en la cuenca.
San Damián.- los productores exitosos se dedican más a la fruticultura y a las actividades no agrícolas y a la expansión de tierras agrícolas. Con el crecimiento económico se constata un aumento del estrato alto y muy alto y también del estrato muy bajo.

* Artículo publicado en Diario 16. Lima, 27 de marzo de 2014. Pp. 8 y 9.

22 noviembre, 2007

UE-CAN: ¿juntos o separados?

Europa no ha variado su posición. Se mantiene firme en negociar en bloque con la Comunidad Andina en lugar de hacerlo por separado como lo hizo con Chile. Así lo acaba de confirmar el ex Presidente Alejandro Toledo en el periplo que acaba de realizar a Bruselas, Bélgica, donde se ha entrevistado con autoridades del Parlamento Europeo.

En mayo del 2006, durante la IV Cumbre de la Unión Europea – América Latina y El Caribe las cosas estuvieron complicadas. Por entonces, Evo Morales estrenaba internacionalmente su postura contraria a todo acuerdo comercial. Y hasta el último momento, la delegación peruana no estaba segura que el presidente boliviano llegara a la cita CAN-UE.

Por la CAN estaban Toledo, el presidente ecuatoriano, Alfredo Palacio, y el vicepresidente colombiano, Francisco Santos. Por la UE se presentaron el presidente de la Comisión de la UE, José Manuel Durao Barroso; la comisaria europea de Exteriores, Benita Ferrero-Waldner; el presidente de turno de la UE, Wolfgang Schüssel y la presidenta de Finlandia, Tarja Halonen.

Evo llegó y planteó su estrategia después de escuchar a todos. Habló de los pueblos oprimidos, de 500 años de dominación y de la marginación de los pueblos quechuas y aymaras. Al final, se preguntó para qué queríamos mercados abiertos.

Fue entonces que el Presidente Toledo propuso una fórmula que se mantiene hasta hoy y que era negociar a diferentes velocidades el Acuerdo de Asociación Estratégica, algo que el presidente de la Comisión de la UE captó en el acto y así lo comunicó a la prensa.

La idea era que las diferencias entre los países de la CAN –debido a razones ideológicas, políticas o de cualquier otra índole- no fueran impedimento para que otros países miembros avanzaran en las negociaciones para concretar cuanto antes un acuerdo con la UE.

«Si hay diferentes velocidades Perú no se va a quedar secuestrado por esa diferencia de velocidades y vamos a ir a negociar. Los que quieran avanzar más rápido lo van a hacer más rápido. Ellos entienden que hay dos velocidades», señaló Toledo en esa oportunidad.

Para evitar que Evo se quede si nada entre manos, Toledo propuso que antes de finalizar el mes, el presidente de Bolivia convocara una reunión de ministros de Relaciones Exteriores y luego de Presidentes para presentar a la UE un frente común que permita iniciar las negociaciones antes del 20 de julio, la fecha propuesta por la Cumbre de Viena. Y así se hizo.

Dieciocho meses después de ese encuentro, el ex presidente peruano ha vuelto a tocar el tema en Bruselas y ha propuesto que ante la negativa de Bolivia de negociar un acuerdo comercial entre los bloques de la CAN y la UE se impulse un acuerdo bilateral.

"El Perú no puede quedarse secuestrado si alguien trata de bloquear el acuerdo de ambas regiones. Podemos caminar la vía de un acuerdo bilateral directo", ha señalado. Sería el resultado natural del avance de las conversaciones a velocidades distintas. Y una forma de levantar un espejo en la región para que el resto de países miembros pueda mirarse sin complejos ni culpas.

La próxima cumbre entre ambos bloque a realizarse en nuestro país en mayo del próximo año será el escenario para medir hasta dónde hemos sido capaces de avanzar.