Ingrid Betancourt tendrá ahora que liberarse de sus propias pesadillas. Y de sus miedos. Esta operación de rescate de sí misma puede ser aún más peligrosa que aquella que la extrajo de la selva que se la tragó durante más de seis años.Es una tarea que tendrá que realizar en solitario, pensando con el corazón, más que con la cabeza, si quiere, por ejemplo, recuperar el amor que algún día tuvo por su segundo marido; el loco Lecompte que un día agarró un helicóptero y arrojó fotos de sus hijos por la selva para que Ingrid viera cuánto habían crecido.
El primer indicio de que ella ha empezado a librar esa batalla para recuperar lo que le robaron, el día que la secuestraron, fue ese abrazo frío, distante, que le dio a Lecompte al bajar las escalinatas del avión que la trajo nuevamente a la vida.
El hombre sintió ese momento parecido al que tenemos cuando abrazamos a un extraño o alguien por quien queremos sentir cariño, pero algo perdido en nuestro interior no lo deja desarrollar. Los brazos se arredran ante la ausencia de sentimiento.
“Cargué la mochilla y me hice a un lado, con dignidad”, ha dicho Lacompte.
Ella, finalmente, se fue con sus hijos a Paris, dejó al marido en Bogotá y acaba de decir que no hablará más con la prensa porque desea tomarse un tiempo y pensar en su futuro con tranquilidad.
¿Quién regresó de la selva? ¿La misma Ingrid que se llevaron? ¿O es acaso que el tiempo transcurrido y los estragos vividos en el campamento guerrillero nos devolvieron a otra persona? Nadie es el mismo cuando se ha ido. O ninguno regresa como se fue. El secuestro en este caso es más que una separación. Es una muerte a plazos. El problema con el retorno es que no regresan los que se fueron.Lo mismo pasa cuando crecemos y nos reencontramos con un amigo al que lo dejamos de ver cuando éramos pequeños. Aquel chico con el que jugamos no es el mismo hombre que vemos hoy. Su vida lo ha marcado; para bien o para mal, ha moldeado su carácter, ha formado sus valores. El hombre es él y sus circunstancias, decía Ortega y Gasset.
Quizás el tiempo y la reflexión serena puedan ayudar a encontrar de nuevo esos sentimientos que un día estuvieron a flor de piel y hoy yacen an algún rescoldo de nuestro cuerpo y alma. El amor acaba. También. La distancia lo hiere de muerte. A veces. Ojalá Ingrid pueda liberarse del secuestro del corazón que padece y que por ahora la tiene aún encandenada a su pasado.
Ingrid Betancourt
Secuestros
Casos Humanos + Colombia


