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29 abril, 2018

La sociedad: enferma y culpable




Conectada a un ventilador artificial, Eyvi Liset Ágreda Marchena (22), se encuentra sometida a un sueño inducido que le evite el dolor. Cuando despierte, la pesadilla apenas habrá comenzado. Tiene el 60% de su cuerpo quemado y comprometidas las vías respiratorias. Su vida nunca será la misma.

Ella fue atacada por Carlos Javier Hualpa Vacas (37), un cocinero de oficio,  acosador frustrado, obsesionado en ser correspondido, narcisista, impulsivo, según las primeras pruebas psicológicas realizadas, quien esta semana, la abordó subrepticiamente, mientras ella se desplazaba en un bus público, la roció con gasolina y le prendió fuego. Trastornado, pero consciente de lo que hacía.

La sociedad está enferma, sin duda, pero no es inimputable.

Hualpa Vacas debe ser juzgado por tentativa de feminicidio y sometido a  la pena más severa. Su caso es uno de los más espeluznantes, escabrosos, pero no el único, ni el último, lamentablemente.

80 por ciento de peruanos sufre algún tipo de trastornos mentales sin que reciban tratamiento alguno. Las estadísticas de violencia, asesinatos, homicidios, feminicidios, nos revelan que el problema va en aumento.

En el periodo 2011-2015 se registraron 556 mujeres asesinadas, según reporte del INEI tomado del Observatorio de Criminalidad del Ministerio Público. El 67,3% de las víctimas tenían de 18 a 34 años de edad. 

Datos del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP), indican que en enero de este año se produjeron 10 feminicidios y 44 tentativas de este delito. Para el primer trimestre del 2018 ya sumaban 32 los feminicidios y 82 las tentativas de feminicidio. En este mismo periodo, las consultas efectivas a la Línea 100 por algún tipo de violencia contra la mujer fueron 4,984.

Estamos ante una emergencia social, psicológica y policial. La falta de presupuesto en los hospitales públicos, comisarías y municipalidades no explica del todo la desatención. Para todo falta plata.

Los especialistas dicen que la solución está en la Educación. Es cierto, pero eso es a mediano y largo plazo. Para atender la emergencia en la que estamos se debe empezar por organizar el territorio. Los Centros de Emergencia Mujer (CEM) del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables son un buen primer paso.

Existen 300 en todo el país y funcionan principalmente en las comisarías. Se requiere de manera urgente duplicar o triplicar esa cifra. Y para ello esa misma modalidad de organizar un equipo multidisciplinario de atención debe extenderse a municipalidades, parroquias, postas médicas y universidades.

Todo espacio donde funcione una institución debería estar apta para abrir un CEM que brinda orientación legal, defensa judicial y consejería psicológica familiar.

Los especialistas en cada una de las áreas de asesoría pueden complementarse con brigadas de jóvenes bachilleres de carreras beneficiadas con un sistema de Servicio Civil Voluntario. Es decir, abogados, psicólogos, sociólogos, médicos, asistentes sociales, enfermeras, que cumplan trabajo en estos CEM para culminar su carrera.

El ahorro en alquileres costosos de algunas instituciones públicas, puede derivarse a la instalación de estos CEM. La empresa privada puede dar una mano también a través de Obras por Impuestos. No podemos permanecer impasibles ante tanta violencia y miseria humana. El lema #Niunamenos debe dejar de ser un slogan para convertirse en una meta concreta. De lo contrario, estaremos condenados a ser una sociedad enferma y culpable a la vez.


14 agosto, 2016

#NiUnaMenos ¿Y después de marchar qué?


Las mujeres hace tiempo perdieron el miedo. Y su valentía nos empuja al cambio.

La marcha de ayer #Ni Una Menos es solo el corolario de una serie de avances que ha tenido la mujer en la lucha social por el derecho de género.

En sencillo, derecho de género es reconocer la igualdad de derechos (y de oportunidades) que tienen tanto el hombre como la mujer.

No es igualar ambos géneros en su naturaleza diferente y complementaria. Es igualar el rasero legal que las sociedades acuerdan para cautelar los derechos sociales, económicos y políticos de ambos géneros.

Sin discriminación. Ni diferencias.

La marcha de ayer fue motivada por el aumento de la ola de violencia y criminalidad contra las mujeres. Fue una respuesta al espantoso índice de criminalidad contra la mujer que tenemos en el país.

Pero su resonancia es mayor.

Lo que de aquí en adelante se espera es una respuesta contundente y eficaz de parte del Estado.

Ha sido alentador que #Ni Una Menos, contara con la presencia de todo el Ejecutivo, encabezado por el Presidente de la República y el Presidente del Consejo de Ministros.

Esto debe traducirse en propuestas concretas en el ámbito penal, judicial y sectorial. La reunión del próximo Consejo Intersectorial de Asuntos Sociales (CIAS), por ejemplo, debiera acordar aumentar el presupuesto del Ejecutivo para implentar las políticas en favor de la mujer.

Pero el esfuerzo debe venir también de la sociedad.

Esas nuevas 500 comisarías que el Ministerio del Interior ha anunciado construirán los empresarios privados asociados a Asbanc, mediante el programa Obras por Impuestos, podrían disponer en su diseño un espacio para que allí funcione un Centro de Emergencia Mujer,

El Estado puede ayudar a las universidades en el diseño de cursos ad hoc para capacitar a policías, fiscales y jueces en protocolos de atención a casos de mujeres víctimas de la violencia.

Esto ayudaría a no repetir casos de atentados a la dignidad humana como el ocurrido en el aeropuerto contra una mujer acusada a burrier a quien hurgaron sus partes íntimas en busca de droga.

Las marchas ayudan a sensibilizar las dimensiones de un problema social. Generan el espacio para abrir debate y encontrar soluciones. Repercuten en medios de comunicación. Impactan en quienes toman decisiones.

Es hora de pasar a la acción. Avanzar de la protesta a la propuesta. Y en esa dirección parece que empezamos a caminar como sociedad. El primer paso fue perder el miedo y salir a las calles. Ahora viene lo mejor. Construir políticas públicas y generar un cambio.