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26 marzo, 2023

Cátedra de ideas

En su origen, la democracia no fue para todos. Los griegos, quienes iniciaron esta forma de gobierno, pensaban que solo el hombre libre nacido en la ciudad-estado debía encargarse de los asuntos de la polis. Esto no incluía a los esclavos ni a los extranjeros. Se trató de un nacimiento imperfecto, pero el más avanzado que conocemos hasta nuestros días.

La polis fue el centro de la vida política, económica y cultural en el antiguo mundo, y el lugar donde surgieron muchas de las ideas y los valores que dieron forma al pensamiento occidental. Fue también cuna de los centros de enseñanza, encargada de formar líderes, estudiar ciencia, humanidades y arte; y, en general, capacitar a los futuros profesionales como los conocemos en nuestros días.

En el año 387 a.C. Platón fundó La Academia, la primera escuela filosófica centrada en la enseñanza de la teoría del conocimiento y la ética, las matemáticas, las ciencias naturales y también la política entendida como los actos de la Res pública. Su creador creía firmemente que sería un lugar para formar líderes capaces y éticos para Atenas y otras ciudades-estado de la antigua Grecia, que pudieran guiar a la sociedad hacia una mayor justicia y sabiduría.

En la antigua Grecia hubo muchas escuelas y centros de enseñanza que desempeñaron ese papel. Además de La Academia estuvo El Liceo de Aristóteles, la escuela jónica que floreció en la costa del Asia Menor con Tales de Mileto, Anaximandro y Anaxímenes, la escuela eléatica, la pitagórica, los sofistas, la escuela estoica.

El espíritu de La Academia lo encarnan hoy las universidades. Es en ellas donde se forman hoy los profesionales que se encargarían de administrar no solo las empresas privadas, sino las instituciones del sector público. Ese rol formativo de la universidad es mucho más importante en nuestro país en un contexto social como el que vivimos, en el que prevalece el desencuentro y la violencia antes que el diálogo y el acuerdo.

La universidad cumple hoy en nuestro país un rol social y humanista, que se remonta hasta los orígenes mismos de su aparición. Se educa para lograr una sociedad más justa y democrática. Cuando las instituciones fallan en una sociedad, queda la academia como el último y principal reducto del pensamiento y la acción.

He ahí la importancia de haberse instalado recientemente la Cátedra Konrad Adenauer USIL, un espacio académico en el que se ventilarán ideas, propuestas y alternativas de solución para el país y la región latinoamericana. La universidad surgió con una visión humanista que busca a través del conocimiento generar bienestar y libertad. Es momento de regresar a las raíces.

El conocimiento es la llave que tenemos para abrir las puertas del diálogo, el debate alturado y difundir la comprensión y límites que tiene la democracia. Así como una buena educación nace si las sociedades son capaces de garantizar la prosperidad, la innovación y el progreso para todos. Así también, sobre el libre ejercicio de pensar, estudiar y proponer, la academia puede y debe aportar al fortalecimiento de la inclusión y el desarrollo.


* Artículo publicado en el diario El Peruano el 9 de marzo de 2023.







02 agosto, 2020

Repensar la política social


La política social es una responsabilidad del Estado. Se trata de canalizar recursos públicos de manera eficiente hacia los más necesitados para mejorar sus capacidades o para ayudarlos por la situación de emergencia en la que viven. Aunque son políticas permanentes, las cíclicas crisis económicas las convierten en necesarias.  La actual crisis sanitaria y económica que vivimos con la pandemia nos obliga a repensar su orientación y gestión. 

En la primera mitad de los ochenta el Fenómeno El Niño originó un primer escenario para el diseño de políticas sociales, tanto a nivel de salud como de alimentación e infraestructura básica. La hiperinflación en la segunda mitad de esa misma década obligó a generar programas de emergencia para recuperar el ingreso de los más vulnerables. 

En los noventa, el sinceramiento de la economía, los programas de ajustes estructurales permanentes y el proceso de privatización del sector público obligó a crear criterios de focalización de la pobreza para los más afectados. En esta etapa se avanzó también en la universalización de la educación y en obras de mejoramiento de la infraestructura en zonas rurales.

Sin embargo, la debilidad de la política social fue no haberse convertido en una estrategia integrada de largo plazo. Hubo, además, duplicidad de funciones, politización de los programas sociales —especialmente los ligados a la alimentación— y concentración de los mismos, lo que originó deficiencias y malos manejos.

Se pensó entonces que la transferencia de competencias y funciones sería una solución. El proceso de descentralización de la década del 2000 entregó el funcionamiento y ejecución de los programas sociales a los gobiernos regionales y municipales. Si bien el gasto social aumentó, los resultados indican que los problemas de desarticulación, desfocalización y superposición de programas continuaron, cuando no se profundizaron. 

Falta una cabeza que dirija y articule la función social del Estado. El Consejo Interministerial de Asuntos Sociales, presidido por el presidente del Consejo de Ministros, es por ley a quien le corresponde, pero el MIDIS debe ser el órgano rector. Urge que el gobierno analice la política social que tenemos y la replantee para enfrentar estos tiempos de pandemia. No podemos seguir haciendo lo mismo, porque ni el país, ni el presupuesto, ni la economía son los mismos.

Un enfoque integral, multisectorial, focalizado y territorial debiera ser la base para una nueva manera de encarar la ayuda social. Hay servicios universales como salud y educación que deben reforzarse, y programas focalizados dirigidos a la población vulnerable (alimentación, por ejemplo) que deben ser replanteados para atender a los nuevos pobres. 

Los programas universales buscan el desarrollo del capital humano, mientras los programas focalizados son indispensables para salvar a las personas en momentos de crisis que de otro modo perecerían. En este último aspecto se debería pensar en crear un Programa de Alimentación Nacional (PAN) que pueda ayudar a las ollas comunes que empiezan a multiplicarse en los asentamientos urbano-populares, organizándolos en Núcleos Ejecutores Comunales encargados de administrar los alimentos que reciban o de comprarlos ellos mismos.  

Eso requiere de una autoridad responsable del gasto social dentro del gabinete ministerial. Una persona tan fuerte —empoderada como el sector Economía— encargada de planificar, orientar y evaluar la política social. Un personaje no solo con sensibilidad ante la pobreza, sino con eficiencia en gerencia social. 

(Foto: Paul Vallejos, Diario El Comercio)

14 agosto, 2016

#NiUnaMenos ¿Y después de marchar qué?


Las mujeres hace tiempo perdieron el miedo. Y su valentía nos empuja al cambio.

La marcha de ayer #Ni Una Menos es solo el corolario de una serie de avances que ha tenido la mujer en la lucha social por el derecho de género.

En sencillo, derecho de género es reconocer la igualdad de derechos (y de oportunidades) que tienen tanto el hombre como la mujer.

No es igualar ambos géneros en su naturaleza diferente y complementaria. Es igualar el rasero legal que las sociedades acuerdan para cautelar los derechos sociales, económicos y políticos de ambos géneros.

Sin discriminación. Ni diferencias.

La marcha de ayer fue motivada por el aumento de la ola de violencia y criminalidad contra las mujeres. Fue una respuesta al espantoso índice de criminalidad contra la mujer que tenemos en el país.

Pero su resonancia es mayor.

Lo que de aquí en adelante se espera es una respuesta contundente y eficaz de parte del Estado.

Ha sido alentador que #Ni Una Menos, contara con la presencia de todo el Ejecutivo, encabezado por el Presidente de la República y el Presidente del Consejo de Ministros.

Esto debe traducirse en propuestas concretas en el ámbito penal, judicial y sectorial. La reunión del próximo Consejo Intersectorial de Asuntos Sociales (CIAS), por ejemplo, debiera acordar aumentar el presupuesto del Ejecutivo para implentar las políticas en favor de la mujer.

Pero el esfuerzo debe venir también de la sociedad.

Esas nuevas 500 comisarías que el Ministerio del Interior ha anunciado construirán los empresarios privados asociados a Asbanc, mediante el programa Obras por Impuestos, podrían disponer en su diseño un espacio para que allí funcione un Centro de Emergencia Mujer,

El Estado puede ayudar a las universidades en el diseño de cursos ad hoc para capacitar a policías, fiscales y jueces en protocolos de atención a casos de mujeres víctimas de la violencia.

Esto ayudaría a no repetir casos de atentados a la dignidad humana como el ocurrido en el aeropuerto contra una mujer acusada a burrier a quien hurgaron sus partes íntimas en busca de droga.

Las marchas ayudan a sensibilizar las dimensiones de un problema social. Generan el espacio para abrir debate y encontrar soluciones. Repercuten en medios de comunicación. Impactan en quienes toman decisiones.

Es hora de pasar a la acción. Avanzar de la protesta a la propuesta. Y en esa dirección parece que empezamos a caminar como sociedad. El primer paso fue perder el miedo y salir a las calles. Ahora viene lo mejor. Construir políticas públicas y generar un cambio.