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05 junio, 2009

Infierno en la selva: a sangre y fuego

El país está de duelo. No sólo por los muertos de la selva. Ayer ha muerto también la decencia. Ha muerto la tolerancia y el diálogo y ha nacido la violencia. La legal y la otra. Y ambas se han mirado frente a frente y han hablado en el único idioma que conocen: muerte.

Casi dos meses de paralización y el saldo ha sido balas, cuchillos, lanzas sangre y muerte.

La responsabilidad política inmediata recae en el Premier Yehude Simon y en la ministra del Interior. El primero por no tener el liderazgo suficiente para lograr sentar en la mesa de negociaciones a las comunidades amazónicas; y la segunda por utilizar armas de fuego contra la población civil.

Pero la responsabilidad histórica por haber permitido esta ofensiva armada contra las poblaciones amazónicas es del Presidente de la República.

Ningún operativo de esta envergadura puede realizarse sin su aprobación.
Precisamente por las consecuencias que un hecho como este genera.

El saldo trágico no se conoce aún. Han muerto 11 policías, dirán algunos.

Sí, pero la responsabilidad sigue siendo de quienes los enviaron a reprimir a una población iracunda, cuando lo que se necesitaba era una salida política.

La salida política estuvo en manos de los congresistas el día anterior cuando la mayoría oficialista pudo debatir y derogar los decretos supremos rechazados por las poblaciones amazónicas.

En lugar de eso, trasladaron su responsabilidad a la Presidencia del Consejo de Ministros -un fantasma político a estas alturas-, un pobre hombre que palidece a plena luz del día, sin más respaldo que el de su propia sombra.

Ese solitario de Sayán encaramado en la Av. 28 de Julio no tiene forma de asirse ya al poder que no sea su propia desorientación o desvergüenza.

¿Por qué el Presidente de la República no bajó -por una vez- de su atalaya de poder y se sentó a conversar con las poblaciones indígenas?

El Presidente pudo evitar este baño de sangre. Y replantear su política del Perro del Hortelano en la selva. Y convencernos a todos de su nuevo evangenlio privatizador.

Pero en lugar de eso, aprobó los planes de desalojo violento de las carreteras tomadas por los nativos, sin que se tocaran los decretos 1090, Ley Forestal y de Fauna Silvestre.

La intransigencia de uno y otro lado generó finalmente este callejón sin salida. Las consecuencias han sido el elevado costo en vidas humanas, que nadie se pone de acuerdo en precisar ¿26 muertos? ¿30? ¿43?. Una vez más, el presidente y su gobierno se mancharon las manos de sangre.

24 mayo, 2009

Conflicto amazónico: la política y la antipolítica

El proceso abierto contra los dirigentes amazónicos por sedición y rebeldía es un acto prepotente del gobierno. Una muestra más del fracaso del diálogo institucionalizado entre gobernantes y gobernados.

El empapelamiento legal puede atizar aún más el conflicto. Y no resuelve el tema de fondo que es atender el reclamo de las comunidades amazónicas sobre un paquete legislativo aprobado sin consulta como manda el Convenio 169 de la OIT de protección de los derechos indígenas.

En agosto del año pasado -cuando estalló el conflicto-, reclamábamos en un post la recuperación de la autonomía económica, política, administrativa y financiera del INDEPA.

Este mecanismo de representación de las comunidades amazónicas con el Estado creado en abril del 2005 tenía rango ministerial y bien llevado pudo actuar como un espacio de concertación entre el Estado y los representantes de los pueblos andinos, amazónicos y afroperuanos.

Es decir, pudo ser el canal de diálogo donde se debatiera el problema legal de los decretos legislativos aprobados. Algo que no existe hoy en día.

La Mesa de Diálogo instalada por el premier Yehude Simon es una respuesta desesperada antes hechos consumados; no un mecanismo de trabajo permanente.

Por un acto de encono, ojeriza o simple ramplonería sobre todo lo actuado por el gobierno anterior, INDEPA fue trasladado a un traste del Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social (MIMDES), perdiendo toda dinámica y representatividad.

Para terminar de cooptar y desnaturalizar el organismo, el Ejecutivo nombró como presidente ejecutivo del INDEPA a Mayta Cápac Alatrista Herrera, un regidor aprista del Concejo Municipal de Lima Metropolitana.

Nadie escuchó la protesta de las comunidades amazónicas. Ni siquiera cuando a través de los medios anunciaban sus medidas de lucha. Recién cuando tomaron instalaciones petroleras y bloquearon carreteras, voltearon a verlos.

Un signo distintivo de este gobierno es su resistencia a conversar, a no dialogar ni crear espacios de intermediación política con organismos representativos de la sociedad.

Por esa vía sólo se enseña el fracaso de la política, quedando abierto el camino de la represión, la acusación policial o fiscal, la persecución judicial; es decir, el camino de la antipolítica.