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17 junio, 2009

Retroceder ahora, rendirse nomás...


Jaqueado por su propia incompetencia, con el conflicto amazónico extendiéndose de la selva alta a la selva central y al sur del país, el aeropuerto de Andahuaylas tomado, el gobierno, finalmente, retrocedió.

No ha sido un súbito estado de conciencia. Ni sólo una solución de paz. Simon ha tenido que desdecir al propio Simon, que defendió primero la legalidad de los decretos, apoyó luego la suspensión de los mismos y ahora propone su derogatoria.

Más que ceder, el gobierno ha reaccionado ante un panorama social que podía degenerar en algo más serio a juzgar por los conflictos in crescendo en diferentes puntos del país.

Si la protesta en Bagua originó la disparada de precios en esa zona, la paralización de la selva central amenazaba la economía de precios de la capital de la República.

Según Perú Cámaras más de 500 millones de soles se perdieron por las carreteras bloquedas en la selva.

Así, un Yehude estresado, nervioso, no tuvo más alternativa que comprometerse con los representantes indígenas a presentar un proyecto ante el Congreso para derogar los decretos 1090 y 1064. Y lograr que, de inmediato, se despejen las vías troncales de Junín.

La bancada aprista no fue consultada. El ministro Brack fue el único que se pronunció en un primer momento sólo para decir que la derogatoria de los decretos legislativos era un “retroceso”, no del gobierno, sino del país.

Pero no se crea que este paso atrás -no confundir con traspiés- anunciado hoy por el moribundo Simon salva a Simon.

Sería un nuevo error del Presidente García no aceptarle la renuncia al Premier.

La foto de Simon conversando en una misma mesa con los dirigentes de las comunidades amazónicas, debió tomarse antes del 5 de junio. No haberlo hecho es su responsabilidad y tendrá que asumirla.

Insistir entonces en mantenerse en el cargo es seguir pulverizando su escaso capital político. Y no ayuda –como a él mismo le gusta decir- a mantener la gobernabilidad.

Se necesita un paso más audaz que el de poner su cargo a disposición, una vez superada la emergencia.

Se requiere una medida simple y clara: renunciar irrevocablemente. Y dejar una carta en la que explique porqué claudicó a sus principios y defendió una legislación que causó tanta muerte entre peruanos.

24 mayo, 2009

Conflicto amazónico: la política y la antipolítica

El proceso abierto contra los dirigentes amazónicos por sedición y rebeldía es un acto prepotente del gobierno. Una muestra más del fracaso del diálogo institucionalizado entre gobernantes y gobernados.

El empapelamiento legal puede atizar aún más el conflicto. Y no resuelve el tema de fondo que es atender el reclamo de las comunidades amazónicas sobre un paquete legislativo aprobado sin consulta como manda el Convenio 169 de la OIT de protección de los derechos indígenas.

En agosto del año pasado -cuando estalló el conflicto-, reclamábamos en un post la recuperación de la autonomía económica, política, administrativa y financiera del INDEPA.

Este mecanismo de representación de las comunidades amazónicas con el Estado creado en abril del 2005 tenía rango ministerial y bien llevado pudo actuar como un espacio de concertación entre el Estado y los representantes de los pueblos andinos, amazónicos y afroperuanos.

Es decir, pudo ser el canal de diálogo donde se debatiera el problema legal de los decretos legislativos aprobados. Algo que no existe hoy en día.

La Mesa de Diálogo instalada por el premier Yehude Simon es una respuesta desesperada antes hechos consumados; no un mecanismo de trabajo permanente.

Por un acto de encono, ojeriza o simple ramplonería sobre todo lo actuado por el gobierno anterior, INDEPA fue trasladado a un traste del Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social (MIMDES), perdiendo toda dinámica y representatividad.

Para terminar de cooptar y desnaturalizar el organismo, el Ejecutivo nombró como presidente ejecutivo del INDEPA a Mayta Cápac Alatrista Herrera, un regidor aprista del Concejo Municipal de Lima Metropolitana.

Nadie escuchó la protesta de las comunidades amazónicas. Ni siquiera cuando a través de los medios anunciaban sus medidas de lucha. Recién cuando tomaron instalaciones petroleras y bloquearon carreteras, voltearon a verlos.

Un signo distintivo de este gobierno es su resistencia a conversar, a no dialogar ni crear espacios de intermediación política con organismos representativos de la sociedad.

Por esa vía sólo se enseña el fracaso de la política, quedando abierto el camino de la represión, la acusación policial o fiscal, la persecución judicial; es decir, el camino de la antipolítica.