25 noviembre, 2022

Partidos 4.0 *


La aparición de Coalición Ciudadana (CC), formada por más de 200 organizaciones sociales, es una bocanada de aire fresco en el sistema de representación política en el Perú, que da signos de agotamiento en toda América Latina. 

Según datos de Graph for Trought de Naciones Unidas, los partidos políticos en la región sufren una crisis de desconfianza y descontento de parte de la población. Los ciudadanos votan más “en contra de” que “a favor de”, como una forma de castigar el sistema político. 


En el Perú los partidos sufren además una crisis de representatividad y de estructura por lo que necesitan transformarse, reconvertirse, agionarse, si desean ser competitivos y mantenerse como opciones válidas. 


La participación de CC en el debate político con propuestas de reformas institucionales, apariciones en medios y colaboración ciudadana mediante plataformas digitales, es un llamado de atención a los partidos clásicos de todo el espectro ideológico. Ninguno de estos nuevos activistas en red encuentran espacio en algún partido político desde donde puedan proponer y actuar. 


Hace tiempo que los partidos han perdido esa conexión con la ciudadanía. No son ni espacios de articulación de intereses colectivos ni enlaces de canalización de las demandas ciudadanas. Tampoco son centros del pensamiento o escuelas de estudio y propuestas de solución de los principales problemas del país. 


Los nuevos espacios de discusión pública como los foros on line, los debates abiertos, los webinar, y la actividad en redes sociales, canalizan el diálogo en diversos temas de interés. Lo que los partidos hicieron cuando surgieron a fines del siglo XIX —activar el debate público—, lo hacen hoy las nuevas plataformas digitales. 


Los partidos necesitan con urgencia ser más permeables a los cambios sociales y tecnológicos. Ello incluye revisar la estructura organizacional del viejo partido de masas creado hace más de 200 años. ¿Secretario de disciplina, de Ideología, de Juventud? Por qué no secretarías de Gobierno local, de regiones y una secretaría por cada ministerio del Gobierno nacional. De lo que se trata es de preparar y especializar a los militantes para convertirlos primero en cuadros y luego en funcionarios probos de Gobierno. 


Si la tecnología puede asegurar el principio de igualdad, transparencia, democracia, participación horizontal y meritocracia, bienvenida sea. La administración política del siglo XIX no sirve en el siglo XXI. El voto de descontento expresado en las ánforas solo da como resultado ciudadanos frustrados con el sistema democrático. 


La democracia se asienta en partidos políticos. Los grupos de interés —como el que acaba de salir— pueden ayudar a presionar la modernización de los viejos partidos. Y quizás hasta los empujen hacia su reconversión en partidos 4.0.



* Artículo publicado en el Diario El Peruano, 24 de noviembre de 2022.

08 noviembre, 2022

Nuevo contrato social educativo

 

Un reciente encuentro de economistas en Lima reportó conclusiones en torno a los efectos nocivos que tuvo el cierre de escuelas en América Latina. La pérdida o pobreza de aprendizaje —entendida como la capacidad de leer y comprender un texto en niños de 10 años— subió del 50 % al 80 % en la región.

 

La pandemia sigue pasando factura social, especialmente a los más pobres, desconectados de internet y sin posibilidades reales de acceder a la educación remota, con maestros de escuela pública no entrenados en el uso de las herramientas digitales, que apenas si usaron el chat de WhatsApp como respuesta desesperada a la incomunicación.

 

La desigualdad social agravó los efectos de la pandemia. De no superar esta deficiencia, aseguran los expertos, la nueva generación perderá millones de dólares debido al trabajo precario que obtendrá con el arrastre de una mala formación académica básica. 

 

Mientras el resto del mundo desarrollado realiza el tránsito de la sociedad del conocimiento a la sociedad híbrida de la tecnología cognitiva, nuestros alumnos de escuelas fiscales están atrapados en una sociedad sin conocimiento en la que no comprenden lo que leen. 

 

El Estado, con la incapacidad técnica con la que hoy se administra, será difícil que pueda atender este problema. En el caso peruano se tendría que empezar por reabrir todas las escuelas —aún hay 600 mil estudiantes que no han retornado a clases, según la representante de la UNESCO en el Perú—. Y, aun así, la solución no podría quedar solo en manos del Estado y de sus profesores.

 

Necesitamos, como dice el informe de la UNESCO, un nuevo contrato social para la Educación. “Un contrato social que es más que un convenio, ya que refleja normas, compromisos y principios que tienen un carácter legislativo formal y que están culturalmente arraigados”. 

 

El punto de partida es una percepción común de los fines públicos de la educación. Hace unas semanas, en una visita que hicimos a un comedor popular de Lima Norte, preguntamos a las señoras que uso quisieran darle a su comedor por la tarde, luego de atender a sus comensales. Sin dudar, expresaron su deseo de convertirlo en aula de reforzamiento escolar. “Queremos que nuestros hijos aprenden inglés, matemática, computación”, dijeron.

 

En Lima existan cerca de 20 mil comedores populares ubicados en lugares donde precisamente las escuelas permanecieron cerradas por dos años. Si el Estado quisiera enviar maestros para reforzamiento escolar no habría presupuesto. De modo que la respuesta no va por allí.  Se requiere visión y esfuerzos colectivos de la sociedad civil para hacer frente al problema generado por el cierre de las escuelas. Las universidades, por ejemplo, podrían involucrarse. Ellas tienen alumnos que pueden asumir tareas de reforzamiento de materias escolares en los lugares de pobreza y pobreza extrema.

 

Es necesario un espíritu solidario de parte de nuestros jóvenes para aportar su conocimiento y organizar programas de apoyo en barrios marginales. Promover equipos de voluntariado puede ayudar a recuperar el tiempo perdido en las tareas de aprendizaje. Las facultades de Educación, los institutos pedagógicos —los centros de formación de los futuros maestros— debieran ser la primera línea de este ejército de jóvenes profesores que asuman la tarea de ayudar a educar a los niños afectados por el cierre de sus escuelas.

 

Recuperar la calidad de la educación es, en efecto, un esfuerzo social compartido. La educación inclusiva debe ser tarea de todos si queremos que nadie quede fuera. La solidaridad es esa fuerza que se necesita para cerrar las brechas educativas que también nos dejó la pandemia. Un país fortalece su tejido social cuando sus individuos cooperan.

18 octubre, 2022

La dignidad del cargo


 

La dignidad de la primera magistratura no puede estar en duda, si queremos ser respetados como Nación. Su deterioro, liviandad o su absoluta falencia, afecta no solo el valor del propio cargo representativo, sino el alma colectiva de los ciudadanos. Degradada la cabeza ¿qué se puede esperar del cuerpo?

 

Y, sin embargo, nos encontramos en esa anomia del poder político. La denuncia de la Fiscalía de la Nación contra el jefe del Estado independientemente de sus consecuencias legales o constitucionales en el Congreso es un documento que desnuda la miseria misma del poder.

 

El gobierno elegido democráticamente se presenta como una malformación congénita del arte para gobernar. Una organización pervertida en sus fines que tiene como obejtivo administrar el poder sacando provecho de él; un lúpulo amargo que fermenta cualquier acto lícito de gobernar.

 

La dignidad se tiene o se gana. Empieza por el respeto que uno tiene de sí mismo, y se refleja en el que las personas tienen sobre uno. La dignidad no puede ser sustituida por nada. Ni se compra ni se vende. Es incanjeable.

 

Cuando se ejerce un cargo, la dignidad da como resultado el honor y el respeto. Nadie con más autoridad sobre su pueblo que un gobernante íntegro. He ahí el origen de la palabra “dignatario”. 

 

La actual crisis política que vive el país nos revela que este principio se ha deteriorado. En todo nivel, en toda nuestra clase política, desde el regidor hasta la presidencia de la República, en provincias como en la capital.

 

De manera persistente y progresiva, las inconductas, tropelías, arreglos, repartijas y delitos revelados, reducen el valor y estatus del cargo representativo; y, al mismo tiempo, lo vuelve más apetitoso para los carentes de valores, horadando el valor mismo de la democracia representativa.  

 

Deshonrar el cargo público es traicionar la voluntad popular. Comprar lealtades con puestos públicos, desfalcar el erario nacional, amañar licitaciones, obstruir la función de los órganos juridisccionales, desaparecer pruebas, ocultar cómplices, incoar a quienes lo investigan, ha desbordado todo límite

 

La inconducta funcional, la degradación del cargo, le hace daño al país. La lección que debemos extraer de todo esto es simple: quien pretenda ejercer un cargo público debe ser digno de él. 

 

Lo anunció en 1821 Faustino Sánchez Carrión cuando unió dignidad a la condición de vida republicana. Lo que el tribuno quiso decirnos es que, si aspirábamos a ser República, no podía ejercerse representación sin honor. “Elevar nuestros sentimientos a la altura de este título”. 


Dignidad en la vida y de ser electo también en la función pública. 

 

 

 

 

 

 

 

18 agosto, 2022

Better call Saul, capítulo final


 ¿Qué hizo que Saúl Goodman —el pícaro abogado de la serie Better call Saul— cambiara la ventajosa condena que había logrado por todas sus fechorías de 7 años y medio a 86 años de prisión? El amor.

El amor a Kim. Un amor diferente, distante, torcido. Pero real. Quizás el único que ha sentido Saúl en su regreso a ser Jimmy. 

 

En el alegato ante la corte para confirmar su sentencia no tenía que agregar nada, pero él dice todo. Por primera vez es sincero hasta la imprudencia. 

 

Conforme narra los hechos que denotan sevicia, venalidad, desidia, se va desdibujando el cansado y derrotado Saúl. 

 

En su lugar renace nuevamente Jimmy, pero no el Jimmy graduado por correspondencia, granuja y encantador de serpientes, sino otro Jimmy, uno nuevo.

 

Un Jimmy motivado por el amor a Kim que es capaz de fabricar su propia máquina del tiempo, aquella de la que alguna vez le habló su hermano Chuck cuando le dijo: “Si no te gusta dónde estás, no hay vergüenza en retroceder y cambiar tu camino”.

 


Y, entonces, Gene, Saúl, Jimmy, decide cambiar su camino. Encuentra por fin el punto de no retorno, bifurca sus opciones y escoge el que lo lleva a la redención. El camino de la pérdida de la libertad, que es al mismo tiempo el de la libertad para amar.

 

Kim no podía amar a Gene, Saúl. Huyó de él. Lo abandonó para no seguir potenciando el mal que emergía cuando ambos se encontraban. Ella arrastrando el transtorno de una madre tendera y él preparando emboscadas para sacar fácil provecho. 

 

Juntos eran dinamita. Sus vidas por separado son cuerpos que transitan, comen y aman en una rutina que los va matando de a pocos. Antes de que se den cuenta son muertos en vida. 

 

Necesitan detener la espoleta antes que terminen dinamitándose ambos. 

 

Y fue Jimmy, con su declaración transparente, directa y por primera vez sincera el que lo hace esperando el castigo justo, el accionar no divino de la justicia.


Su encierro purifica su alma. Better call Saúl se convierte así en Better call soul

 

Un grito del alma para recuperar el respeto, la admiración y por qué no el amor de Kim. Yendo a la cárcel, Jimmy recupera su íntima libertad, la libertad de amar y merecer ser amado por la única mujer que a su manera lo hizo.

 

Mientras las partes discuten la nueva versión del acusado Jimmy se sienta y voltea a mirar a Kim. Ella le devuelva la mirada y una ligera sonrisa, muy fina, Mona Lisa, aparece. Sus ojos brillan. Ha vuelto a la vida. Él también.


Recuperadas sus almas, los cuerpos recuperan sus movimientos y comunican lo que durante años se resistieron a hacer. Kim tiene el valor de retomar su carné de abogada de Nuevo México y visita a Jimmy en la cárcel. 

 

Le invita un cigarrillo y ambos lo fuman recostados en la pared como lo hicieron desde que se conocieron, sea para relajarse, conversar o simplemente matar el tiempo. 

 

Se miran sin decir palabra, pero ella tiembla ligeramente al ofrecerle el fuego, como alguna vez le consagró sus sentimientos. El sostiene sus manos y prende el cigarro. Jala una pitada y luego se lo ofrece a ella, como antes, como siempre.

 

La escena final no permite saber a ciencia cierta qué será de sus vidas. Se miran por última vez. 


No hay resentimientos. Ni desconsuelo. Ni pena. Ni tristeza. 


Hay desasosiego. Tranquilidad. Calma. La paz que te da la liberación. 

 

La justicia, finalmente, ha hecho su trabajo. Él le dispara con los dedos. Ella se aleja de la cárcel hacia una ciudad inmensa de la que tampoco puede escapar. 

 

La diferencia es que ahora si desea matar el tiempo y fumar un cigarrillo recostada en una pared sabe donde encontrar a Jimmy.

 

24 julio, 2022

Sin patria no hay fiesta

 

El país se desmorona en el fango de la política sin que surja ese espíritu de grandeza que reclamamos desde aquí y que hemos tenido en el pasado. No hay fiesta, ni hay patria.

 

Hay sinsabor, desolación, frustración. Sin capacidad de renuncia en ambos lados del poder pasamos del que se vayan todos al nos quedamos todos.  Sin sangre en la cara y cumpliendo todos los protocolos.

 

Y, mientras tanto, el país, ay, siguió muriendo. El presidente de la República está atrapado en el juego del poder. 

 

Al cumplir un año de gobierno, prácticamente, carece de aliados políticos. El partido que lo llevó al poder lo conminó a abandonar sus filas.

 

Si requiere armar un gabinete -como que lo necesita a gritos- no tiene a quien recurrir. Su capacidad de convocatoria es casi nula. 

 

Las cinco investigaciones que le ha reabierto el Ministerio Público, sin duda, lo distraerán de su función principal de gobernar para preocuparse más en defenderse. 

 

En la calle, tres de cada cuatro peruanos lo rechazan. Su gobierno se está limitando a saltar de región en región en busca de una tarima política desde donde lanza epítetos, pero no gestiona.

 

El Legislativo está peor, 79 % lo desaprueba. La carta de Uriel García rechazando una condecoración lo dice todo: “las actuales instituciones tutelares del Estado peruano han perdido legitimidad y ya no representan la voluntad auténtica del pueblo peruano”.

 

La oposición dentro del Congreso ni siquiera puede ponerse de acuerdo en una fórmula unitaria para elegir la Mesa Directiva. El plazo para alcanzar la unidad vence mañana.

 

“Hasta la fecha, el bloque de Camones tiene potencialmente 52 votos, mientras que Echaíz arranca con 15 votos”, dice hoy la nota de Martín Hidalgo en El Comercio. Si se juntaran, asegurarían la victoria en primera vuelta.

 

Me parece que la salida para llegar a la unidad es asumir el Compromiso de Honor que ha logrado materializar la congresista Lady Camones.

 

La elección de ahora es para conducir el Congreso en las próximas legislaturas; y si hay sucesión constitucional, se elige una nueva Mesa Directiva.

 

Esto permitiría reducir la presión política que trae consigo la posibilidad de que sea el próximo titular del Congreso quien también se ponga el fajín presidencial. 

 

No, señores congresistas. Eso se verá en su momento. La sucesión presidencial debe pensarse en función no de los votos, sino en función de lo mejor para el país. 

 

Cuando llegue ese día, se requerirá elegir a una persona que conduzca el país con equilibrio, con capacidad de convocatoria para armar un gabinete probo y con honestidad e independencia para conducir un proceso electoral transparente.

 

Lo hemos hecho antes. Lo podemos hacer ahora. Antes que nada, el Perú, porque sin patria no hay fiesta.

 

 

 

 

 

17 julio, 2022

Estamos solos

En algún momento de su existencia el hombre miró al cielo. Y vio estrellas y astros titilando a lo lejos en una oquedad negra y profunda. Esa criatura curiosa había logrado finalmente caminar en dos extremidades y desarrollar un pulgar opuesto que le permitía prensar y fabricar herramientas.  Una y otra vez alzó la cabeza en dirección al universo buscando respuestas a los rayos de sol que lo calentaban, a la luz de luna que alumbraba la noche, a los rayos que alimentaban el fuego, al agua que daba vida a las plantas y creaba mares y ríos. Todo venía del cielo, todo caía del cielo. 

 

¿Qué fuerzas habitaban allá arriba que desencadenaban los más grandes misterios? Al no poder explicar los hechos, adoró los fenómenos naturales. Adoró el sol, la luna, el fuego, la lluvia. Luego conforme desarrollaba su intelecto imaginó que en las nubes moraba el Olimpo y una corte de dioses. Seres inmortales con poderes sobrenaturales. Divinos en su origen y poder, pero humanos en sus pasiones e instintos. Estos dioses se enojaban, peleaban, mataban, pero también podían ser bondadosos y premiar a quienes seguían sus mandamientos.

 

Más tarde pensó que el cielo debía ser el paraíso y la tierra el infierno. Imaginó que nada de lo que existía podía ser obra de la naturaleza o del azar cósmico, sino de la creación, regido por un ser supremo, inmaterial, puro y bondadoso, amor sublime, que envío a su hijo aún sabiendo que iba a morir a manos de su propia creación, el hombre terrenal. 

 

Dios, en su poder y amor infinitos, fue el refugio y proyección de esa alma atribulada y solitaria que sigue mirando y explorando el cosmos para descubrir, una y otra vez, que cuanto más conoce, más ignora; cuanto más profundiza, más le falta saber para terminar de comprender de dónde viene y por qué está aquí. 

 

Su más reciente logro es el telescopio James Webb que nos permite ver el pasado. Un momento de la historia del cosmos, hace 4600 millones de años luz, para confirmar la certeza de que hay tantos cuerpos celestes como granos de arena en el mar, y quizás más y que nuestra casa sigue siendo —como diría Carl Sagan—, un pale blue dot, un pálido punto azul.

 

Miramos el pasado para intentar ver el futuro. Para saber si en algún momento seremos capaces de saltar de roca. Por ahora nada indica que podamos hacerlo. Nuestros primeros pasos fuera de la tierra nos han llevado a la Luna; y a Marte hemos enviado vehículos autónomos. La Voyaguer 2 viaja a 56 mil Km/hora y necesitará 30 mil años para salir del sistema solar. Estamos lejos, muy lejos de siquiera pensar en dejar nuestra vía Láctea. 

 

La estrella más cercana, Próxima Centauri, está a 4.3 años luz de la Tierra. Si sabemos que la luz tarda 8.3 minutos en llegar a la Tierra, imaginen lo que tomaría llegar a la estrella brillante más cercana si algún día alcanzáramos movilizarnos a esa velocidad. No hay forma. La única manera de viajar a esas velocidades sería teletransportarnos ¡a la velocidad de neutrinos! La lógica nos dice que esto no es posible. Pero también nos impulsa a aceptar la existencia de otras formas de vida en el universo. Es absurdo pensar que no existan, aunque también lo sería pensar que estas se encuentren en un bar tipo Stars Wars. Una parte de la ciencia ficción sigue trasladando las virtudes y defectos del ser humano a las especies estelares: amor, altruismo, bondad, maldad, lujuria, egoísmo, sufrimiento, guerra. 

 

El futuro quizás sea trascender ese plano para finalmente convertirnos en seres de luz, desprovistos de temores, egoísmos y ambiciones. Por ahora, las imágenes del Webb nos reafirman que seguimos siendo unidades de carbón adheridos a nuestra mota de polvo cósmico desplazándonos de manera radio céntrico expansiva hacia el infinito... y más allá. Estamos probablemente poblados, pero al mismo tiempo estamos más solos. Lo que nos lleva a la conclusión de que dependemos de nosotros. El principio y fin de nuestras vidas está aquí. El día y la noche se sucederán hasta que lleguemos por obra propia al fin y comienzo de todo. Cuando eso suceda habremos realmente conquistado el universo.

26 junio, 2022

Tiempos de hambre y de ira


El más recinte número de la revista británica The Economist trae en su portada, en un fondo negro, el mapa de Latinoamérica en forma de una hoja de uva que empieza a amarillearse en sus contornos, en señal de su decrepitud. How democracies decay es el titular: Cómo decaen las democracias. No es novedad que la democracia retroceda en la región, más como expresión de gestión de gobierno que como sistema político. Una mezcla de desazón, frustración e impotencia podrían explicar este fenómeno que, en verdad, no es propio de América Latina. Ese sentimiento de rechazo se expresa cada vez con más fuerza en la colectividad social, especialmente entre los más jóvenes. La insatisfacción democrática avanza en ausencia de líderes, partidos políticos e instituciones. Y es el espejo en el que el mundo occidental teme mirarse. The warning from Latin American.

 

La corrupción, la violencia delincuencial, la falta de empleo y oportunidades, así como la rapacidad de quienes llegan al gobierno, parecen estar en la base de ese sentimiento negativo hacia el modelo de occidente para gobernar. Frente a regímenes que no logran reactivar del todo la economía, la inflación que vuelve a levantar cabeza, sistemas de salud que no se reforman pese a las debilidades mostradas en la pandemia, y tasas de desempleo y subempleo lastradas por dos años de parálisis, el apoyo a los sistema de gobierno es precario cuando no frágil. Los ciudadanos no se sienten comprometidos en defender la democracia. Lo grave es que esa incapacidad en la gestión gubernamental puede terminar arrastrando el modelo mismo de organización política.

 

En febrero de este año, el Programa Regional Partidos Políticos y Democracia en América Latina de la Fundación Konrad Adenauer, con apoyo del LAPOP Lab de la Universidad Vanderbilt (Estados Unidos), y el Barómetro de las Américas, realizó un análisis de la opinión de los latinoamericanos sobre la democracia y encontró razones poderosas que ligan el futuro de esta en la región al desempeño y eficacia de los gobiernos de turno. Una síntesis muy básica sería: si al gobierno le va bien, a la democracia también. O, si el gobierno lo hace bien, la democracia se fortalece. Lo contrario también es cierto. 

 

En esa línea, la subida de precios de los combustibles, la crisis en el abastecimiento de alimentos, la inseguridad ciudadana, la disparada de precios, la precaria educación, son factores de gestión de gobierno que, independientemente de las ideologías o del sesgo político de los gobiernos de turno,  inciden en el deterioro de la confianza ciudadana en el sistema democrático. Las protestas, si bien son parte del sistema, a la larga, cuando son persistentes, sostenidas, violentas y concurrentes, es decir, que provienen de origen distinto, pero simultáneo, pueden terminar afectando la esencia del régimen político, buscando salidas desesperadas cuando no respuestas populistas y autoritarias.

 

El estudio citado señala que si bien la democracia como concepto es apoyada mayoritariamente en las Américas, “esta actitud está disminuyendo rápidamente en la gran mayoría de los países”. El problema es mayor en los niveles socioeconómicos y educativos más bajos. ¿Qué razones tendrían los menos favorecidos y excluidos en apoyar un sistema que les ofrece cambio cada cierto tiempo y no solo no les entrega resultados, sino malos manejos? 

 

El sentimiento negativo incide también en personas que fueron víctimas de la delincuencia o la corrupción. Pensemos en una señora de una olla común que no toma desayuno, se alimenta una sola vez al día, se priva de comer los fines de semana, sin trabajo, sin educación, enferma, que no le llega un bono solidario y que en el mercado tiene que hurgar entre la basura para conseguir alimento. ¿De qué democracia podemos hablarle o pedirle que la apoye? Con hambre y con frío es difícil pensar en defender la democracia. 

 

Y, sin embargo, no existe otra salida. La democracia debe prevalecer y los gobiernos deben ser eficientes y honrados para robustecerla. The Economist lo señala de esta manera: “Los latinoamericanos necesitan reconstruir sus democracias desde cero. Si la región no redescubre la vocación por la política como servicio público y no recupera el hábito de forjar consensos, su destino será peor”. La política debe recuperar su real sentido, dirimir los conflictos, acortar las desigualdades, administrar con eficiencia y eficacia los recursos de todos; contrapesar las necesidades y equilibrar las oportunidades. Debemos salir del circulo vicioso en el que parecemos entrar a toda velocidad y recuperar el circulo virtuoso del crecimiento, pero con equidad. Si no lo logramos equilibrar la cancha seremos víctimas de nuestras propias iras y frustraciones.

 

 

 

 

04 junio, 2022

Una dosis de grandeza

 

Grandeza y desprendimiento no son palabras que por ahora puedan asociarse a la política. Suenan raras, extrañas, ajenas, a uno de los oficios más antiguos de la humanidad. Sin embargo, existieron en no muy lejanas etapas de nuestra vida republicana. Y hoy las necesitamos con urgencia. 

 

Surgen de vez en cuando en la historia. Aparecen como claraboyas en las casi siempre aguas infectas de la política peruana. A veces pueden ser actos pensados, reflexionados, resultado de contraponer el interés general al siempre pequeño interés personal. Otras, quizás fueron impulsos, corazonadas, impromptus. Pero fueron.

 

Hubo acto de grandeza y desprendimiento en Carlos Ferrero Costa cuando aceptó dejar la presidencia del Congreso de la República —que le correspondía— y ceder el puesto al correcto congresista Valentín Paniagua. Fueron tiempos en los que se necesitaba recuperar la sensatez y el equilibrio de poderes que se perdieron en los noventa e inicios del 2000.

 

Ferrero tenía los votos y su decisión no debe haber sido fácil. Había que estar a la altura de las circunstancias y tener amor al país para asumir una medida de esa magnitud. La historia refrendará que actuó correctamente y se le reconocerá el gesto de abdicar a una natural aspiración personal por un bien mayor.

 

Hubo también nobleza en el gesto de Luis Bedoya Reyes al proponer y apoyar la candidatura de Víctor Raúl Haya de la Torre a la presidencia de la Asamblea Constituyente en 1978. Las componendas y los cubileteos estaban a la orden del día y Haya de la Torre no tenía asegurada la votación al negarse entablar negociaciones con el PPC. El propio Bedoya entendió que ese puesto no sería jamás para él mismo, entre otras cosas, porque Víctor Raúl no lo apoyaría.

 

Bedoya reflexionó junto a Roberto Ramírez del Villar y reconoció la dedicación de Haya a la política. Ingresó a ella a los 23 años, fundó un partido y sufrió destierro a raíz de sus ideas.  Había sido el constituyente más votado. Era un acto de justicia entregarle la presidencia del poder soberano. 

 

En diferentes circunstancias es posible encontrar actos de desprendimiento similares. Se necesita grandeza, pero también espíritu cívico y una cuota de realismo para entender lo más conveniente para el país.

 

La política está llena de actos egoístas, de traiciones, de triquiñuelas y de cotidianos actos de bajeza. Tal parece que solo las sombras la alimentaran. Pero por más oscura que parezca, son estos fugaces chispazos de luz que irradian los auténticos políticos los que hacen posible que esta actividad tenga un brillo de nobleza.

 

Estamos en uno de esos momentos. Requerimos que aparezcan los sentimientos políticos más nobles: desprendimiento, altruismo, serenidad, reflexión y decisión. Se requiere escuchar la voz interior que nos permite renunciar al poder en aras de un ideal mayor. Grandeza no es un hecho grandilocuente. Ni estrambótico. Ni heroico, siquiera. En política, grandeza es un pequeño gesto que adquiere esa dimensión cuando pasa a la historia.

29 mayo, 2022

El hambre ya está aquí



El economista jefe de la FAO, el peruano Máximo Torero, lo acaba de decir en una entrevista en el diario El Comercio: “En el Perú hemos encontrado niveles de hambruna que no habíamos visto antes”. Se refiere a los comedores populares de las zonas periurbanas de Lima, organizados por personas que perdieron su empleo durante la pandemia y que ahora sufren porque sin ingresos no pueden comprar sus alimentos que, además, suben cada día de precio.

 

A esta situación dramática, el funcionario internacional la llama: inseguridad alimentaria aguda.

 

En el penúltimo peldaño de la escala social, en la frontera de la indigencia, se encuentran las ollas comunes, organización social de sobrevivencia que atiende solo el almuerzo y que ha eliminado de la dieta el desayuno y la cena.

 

Para apaciguar el dolor que causa el hambre en los estómagos, las personas de las ollas comunes salen a pedir ayuda en los mercados. Hasta hace unos meses los vendedores minoristas les regalaban algunos productos, pero ahora es distinto. Ya los pobres no pueden ayudar a los pobres extremos.

 

Los sobrevivientes prefieren esperar a que termine la jornada de venta y escoger entre los desperdicios algunas verduras, tubérculos o frutas que puedan usar para preparar sus alimentos. Los pocos soles que pueden obtener de la venta de materiales reciclables solo alcanzan para comprar espinazos de pollo, vísceras o huesos de res “para darle sabor a la sopa”. 

 

La FAO envió un equipo técnico a realizar trabajo de campo para verificar la magnitud del problema. En los próximos meses publicará sus resultados. Pero los avances preliminares no dejan duda sobre el azote del hambre en las poblaciones pobres periurbanas del Perú. La pérdida del empleo por desactivación de la economía informal devolvió a los pobres al fondo del abismo social.

 

Sin trabajo, sin ingresos, no hay programa social que aguante. Peor aún si carecemos de institucionalidad y tenemos un Estado deficiente, débil y desestructurado. Es cuando se requieren recursos humanos preparados para asumir el control de la situación, diseñar estrategias claras de ayuda, pero sobre todo que aseguren, incentiven y aceleren la reactivación económica.

 

¿Puede alguien creer que la principal mina del país, que genera recursos para el Estado, sigue cerrada? El problema no es solo la guerra, el cambio climático, las sequías y las enfermedades que asolan a todo el mundo. En nuestro caso es también de gestión y administración del aparato público.

 

Ojalá las municipalidades puedan empezar a diseñar y enseñar a la gente a generar jardines, techos, viveros o macetas de alimentos vegetales. Cada centímetro de tierra debiera ser aprovechado para cultivar alimentos. La crianza de animales menores también puede ayudar a generar la proteína que necesitamos para escapar de las garras de la anemia y desnutrición crónica. El pescado y los frutos del mar son también una buena alternativa para mejorar la dieta diaria. 

 

Pero si el 2022 es ya preocupante, a la FAO le alarma más el 2023. ¿Qué pasará —se pregunta— si no se pueden traer todos los fertilizantes que se requieren para la campaña grande de julio y agosto? En ese caso caerán no solo los productos de panllevar, sino hasta los productos estrellas de la agroexportación, hundiendo más nuestra generación de divisas. 

 

Urge convocar a una cumbre nacional contra el hambre donde participe no solo el sector llamado a liderarla, el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego, sino todos los ministerios sociales y de producción, así como el sector privado de alimentos, think thanks, la academia y las iglesias. El hambre no espera. El hambre ya está aquí.