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08 noviembre, 2022

Nuevo contrato social educativo

 

Un reciente encuentro de economistas en Lima reportó conclusiones en torno a los efectos nocivos que tuvo el cierre de escuelas en América Latina. La pérdida o pobreza de aprendizaje —entendida como la capacidad de leer y comprender un texto en niños de 10 años— subió del 50 % al 80 % en la región.

 

La pandemia sigue pasando factura social, especialmente a los más pobres, desconectados de internet y sin posibilidades reales de acceder a la educación remota, con maestros de escuela pública no entrenados en el uso de las herramientas digitales, que apenas si usaron el chat de WhatsApp como respuesta desesperada a la incomunicación.

 

La desigualdad social agravó los efectos de la pandemia. De no superar esta deficiencia, aseguran los expertos, la nueva generación perderá millones de dólares debido al trabajo precario que obtendrá con el arrastre de una mala formación académica básica. 

 

Mientras el resto del mundo desarrollado realiza el tránsito de la sociedad del conocimiento a la sociedad híbrida de la tecnología cognitiva, nuestros alumnos de escuelas fiscales están atrapados en una sociedad sin conocimiento en la que no comprenden lo que leen. 

 

El Estado, con la incapacidad técnica con la que hoy se administra, será difícil que pueda atender este problema. En el caso peruano se tendría que empezar por reabrir todas las escuelas —aún hay 600 mil estudiantes que no han retornado a clases, según la representante de la UNESCO en el Perú—. Y, aun así, la solución no podría quedar solo en manos del Estado y de sus profesores.

 

Necesitamos, como dice el informe de la UNESCO, un nuevo contrato social para la Educación. “Un contrato social que es más que un convenio, ya que refleja normas, compromisos y principios que tienen un carácter legislativo formal y que están culturalmente arraigados”. 

 

El punto de partida es una percepción común de los fines públicos de la educación. Hace unas semanas, en una visita que hicimos a un comedor popular de Lima Norte, preguntamos a las señoras que uso quisieran darle a su comedor por la tarde, luego de atender a sus comensales. Sin dudar, expresaron su deseo de convertirlo en aula de reforzamiento escolar. “Queremos que nuestros hijos aprenden inglés, matemática, computación”, dijeron.

 

En Lima existan cerca de 20 mil comedores populares ubicados en lugares donde precisamente las escuelas permanecieron cerradas por dos años. Si el Estado quisiera enviar maestros para reforzamiento escolar no habría presupuesto. De modo que la respuesta no va por allí.  Se requiere visión y esfuerzos colectivos de la sociedad civil para hacer frente al problema generado por el cierre de las escuelas. Las universidades, por ejemplo, podrían involucrarse. Ellas tienen alumnos que pueden asumir tareas de reforzamiento de materias escolares en los lugares de pobreza y pobreza extrema.

 

Es necesario un espíritu solidario de parte de nuestros jóvenes para aportar su conocimiento y organizar programas de apoyo en barrios marginales. Promover equipos de voluntariado puede ayudar a recuperar el tiempo perdido en las tareas de aprendizaje. Las facultades de Educación, los institutos pedagógicos —los centros de formación de los futuros maestros— debieran ser la primera línea de este ejército de jóvenes profesores que asuman la tarea de ayudar a educar a los niños afectados por el cierre de sus escuelas.

 

Recuperar la calidad de la educación es, en efecto, un esfuerzo social compartido. La educación inclusiva debe ser tarea de todos si queremos que nadie quede fuera. La solidaridad es esa fuerza que se necesita para cerrar las brechas educativas que también nos dejó la pandemia. Un país fortalece su tejido social cuando sus individuos cooperan.

03 marzo, 2019

El esquivo camino al desarrollo


¿Cuál debe ser la ruta al desarrollo del Perú? Muchos caminos se han intentado. Algunas ideologías prevalecieron. Todas aportaron algún cambio. Un grado de mejora. Para unos más que otros, es cierto. Pero, avanzamos. En casi 200 años de República hemos tenido un esquivo camino al desarrollo. Pasamos del guano a la minería. Interrumpimos la agricultura y casi no tuvimos industria. 

Hoy el mundo ingresa de manera veloz a la Cuarta Revolución Industrial, y nos seguimos haciendo la misma pregunta: ¿qué hacer para dar el salto al desarrollo? El World Economic Forum (WEF) advirtió hace dos años que por lo menos "el 35% de las destrezas exigidas para empleos en todas las industrias cambiarán en 2020”. ¿Qué estamos haciendo frente a ello?

Estados Unidos, China, Japón y Europa avanzan hacia una alta tecnologización. Un mundo de máquinas, donde el ser humano es reemplazado y los robots compiten en costo/hora con obreros y agricultores de carne y hueso de otras latitudes, entre ellas, América Latina.

La agroexportación tiene un espacio. La agricultura de subsistencia, como la conocemos, no. En la medida que los mercados internacionales se vuelvan más competitivos y exigentes, la agricultura de subsistencia será casi de sobrevivencia. Un banano de Tumbes regado con agua contaminada no tiene mercado externo asegurado. En cambio, una uva de Piura con campos regados con tecnología del agua, dosificada y limpia, llega tranquilamente a cualquier mesa del mundo.

Pero la base no es la tecnología. Ese, más bien, es el resultado, la consecuencia del verdadero camino al desarrollo: La Educación.

Educar y fomentar habilidades especializadas y avanzadas contribuye al crecimiento económico personal, promueve la productividad y contribuye al crecimiento económico. La tarea del Estado debe ser proporcionar este tipo de educación competitiva que genere la creatividad, la autoconfianza y desarrolle las potencialidades de nuestros jóvenes.

Nuestro país invierte el 0,12% del PBI en Investigación y Desarrollo, cifra por debajo de otros países de la región. Brasil invierte el 1,28% de su PBI. Argentina el 0,53% de su PBI. Chile el 0,36% de su PBI. Y Colombia el 0,27% de su PBI.

Tenemos apenas 0,2 investigadores por cada 1.000 integrantes de la PEA, mientras que el promedio en América Latina es de 1,57. Los retos son enormes, pero tenemos que empezar ya, si queremos evitar verdaderas catástrofes sociales más adelante. Por ahora, el Estado peruano invierte 4,8% del presupuesto de Educación en becas. Colombia invierte 7% y Chile invierte el 10,3%.

Si queremos transformar la productividad de nuestro país, si queremos incentivar el talento de nuestros jóvenes, debemos empezar por triplicar el fondo para becas de estudios en universidades peruanas y en el extranjero. Ese debiera ser el mejor regalo para los jóvenes en el Perú del Bicentenario: triplicar el presupuesto de Beca 18.

El camino al desarrollo, para que no sea esquivo, debe invertir en nuestra gente, en nuestros jóvenes. El recurso humano, es el mejor capital de un país, de una Nación. Pero el mejor capital de un ser humano es su formación integral; su conocimiento, su capacidad creativa, sus valores y el coraje para asumir los retos y salir adelante.



06 diciembre, 2016

Cuestión de Confianza

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Está claro que el gobierno no forzará el dispositivo constitucional que tiene para hacer cuestión de confianza sobre el resultado final de la interpelación al ministro de Educación Jaime Saavedra.

Ni siquiera si este resultado fuera la censura.

El mecanismo de activar los artículos 133 y 134 de la Constitución se debatió al inicio del gobierno, cuando se organizó el gabinete y se tuvo que enfrentar el voto de investidura y la aprobación de facultades legislativas delegadas.

En ese momento, se descartó la política de ir al choque con el Congreso. Y se optó por el mecanismo de convencimiento, de negociación bancada por bancada y, eventualmente, por el pragmático razonamiento de ceder y conceder espacios de poder a la bancada mayoritaria.

Todo, dentro de un juego democrático de lo que lo que se conoce en la democracia occidental como Check and Balance, controles y contrapesos.

El ligero cambio de humor percibido en la semana indica que –al menos en teoría–, el tema se puso nuevamente sobre la mesa. El propio jefe de Estado admitió que activar este mecanismo –la cuestión de confianza– era una posibilidad.

Pero fue más un ejercicio teórico que otra cosa. El Ejecutivo está en Modo On en su relación con el Legislativo. Su percepción es que no estamos ni de lejos en un escenario de conflicto total o quiebre institucional.

Y no le falta razón. Estamos apenas en un pulseo de fuerzas, moderado con la reciente publicación de los resultados de la prueba PISA que si bien no son para saltar en un pie, al menos, indica claramente el camino a seguir.

A estas alturas sería necio que el resultado de la interpelación al ministro de Educación sea la censura.  No solo le haría daño el gobierno que perdería un alfil, sino que sería contraproducente para la propia bancada mayoritaria que no podría sostener su victoria ante la opinión pública.

De todas formas habrá que estar atentos para el debate no se salga de cauce. Aquietar las pasiones.

El ministro Saavedra deberá tener la paciencia de Job para no pisar el palito frente a los ataques que soportará mañana; de todo calibre, incluso a nivel personal con el trabajo de su esposa en la SBS.

Responder el pliego interpelatorio con solvencia y serenidad es su boleto a conservar su puesto en el Ejecutivo. No la componenda por lo bajo, ni el chantaje por puestos públicos, a que nos tienen acostumbrados algunos "políticos profesionales".

Si de cuestión de confianza se trata, el ministro Saavedra ya tiene ganada la de la opinión mediática. Y la de la calle, con los jóvenes movilizados a favor de la reforma universitaria. Esperemos que el Congreso entienda este mensaje.



18 diciembre, 2013

Escuela rural: aldeana y lejana


Mi madre nació en 1940 y alcanzó a ir al colegio hasta 1950, año en que dejó las parcelas de arroz, frijol y yuca en el campo de Piura y se trasladó a Lima para trabajar. Estudió solo hasta tercero de primaria en una escuelita rural, cerca de su casa. Tuvo suerte que el colegio quedara sólo a quince minutos a pie de su casa. Otros amiguitos y amiguitas venían de mucho más lejos y debían caminar una hora o más. Estudiaba dos turnos -mañana y tarde-, de manera que, en el entretiempo, muchas veces tenía que regresar a casa y ayudar a su madre a cocinar. Cuando había que ayudar con los animales –lo que ocurría casi siempre-, ya no regresaba. Así, con dificultades, aprendió a leer, a sumar y restar. Le ayudó para defenderse en la vida.

Eso fue hace más de sesenta años. Leyendo un informe sobre la escuela rural hecho por la Defensoría del Pueblo (DP), podemos afirmar que para algunos peruanos, para los peruanos del Perú rural, en materia de Eduación, las cosas no cambian o lo hacen muy poco (1). 

Según cifras del MINEDU, el 70% de los colegios públicos de nivel primaria son rurales. Una visita a 451 de esos colegios hecho por la DP, encontró que el 84% de los estudiantes de zonas rurales sigue trasladándose a pie. La mitad de ellos demora hasta media hora para llegar a su escuela. Un 26% toma entre media hora y una hora y un 14% entre una y dos horas.

El informe encontró el caso excepcional de un niño de una escuela del distrito de Corani, provincia de Carabaya, departamento de Puno, al que le toma más de cuatro llegar a su colegio. (Si me preguntan quién es el hombre del año, he aquí mi candidato).

Hay avances colectivos, por cierto, el 75% de las escuelas tiene servicio de agua y el 66% tiene electricidad. Pero las necesidades siguen siendo altas. 90% de las escuelas requieren mantenimiento de infraestructura y 68% mantenimiento de mobiliario escolar. 

En materia de telecomunicaciones estamos desconectados. El 99% de las escuelas en zonas rurales carece de teléfono propio y un altísimo 96% no tiene acceso a internet.

Por otro lado, el 92% tiene acceso a servicios higiénicos básicos, pero el 80% de ellos es en realidad un pozo séptico, lo que revela el enorme déficit de obras de alcantarillado en las zonas rurales del país.

El informe también analiza una respuesta práctica puesta en marcha desde el Estado con la entrega de bicicletas a niños matriculados en escuelas rurales. El programa  tiene dificultades (2). "La supervisión permitió observar que no en todos los casos esta sería la medida más adecuada debido a las características del trayecto que los/las estudiantes deben recorrer. Así, por ejemplo, en zonas de sierra, elevadas pendientes dificultan el uso de bicicletas y obligan a los/las estudiantes a cargar con ellas generalmente durante el tramo de regreso, debido a que sus hogares están ubicados en zonas altas", dice el documento de la DP.

Esta realidad de la escuela rural es la raíz que explica la brecha social y la desigualdad económica que tenemos como país. Los niños y niñas de las zonas rurales carecen de igualdad de oportunidades y no solo en Educación, sino también en otros aspectos indispensables en los primeros años de vida como Salud y Nutrición.

Inclusión social sin atención real de los excluidos es solo una frase. Es la razón de ser del crecimiento económico, redistribuir los beneficios. Si seguimos repitiendo este modelo diferenciado por generaciones seguirá aumentando la brecha de la inequidad y desigualdad social. Leer el informe de la DP es como si escuchara a mi madre contarme cómo iba ella a su escuelita fiscal allá en la década de los cuarenta del siglo pasado. Aquicito nomás.

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(2) Mediante Resolución Ministerial N° 434-2013, se aprobó la Directiva N° 021-2013-MINEDU/VMGP-DIPECUD, «Orientaciones para la Implementación de la Iniciativa Rutas Solidarias: Bicicletas Rurales para llegar a la Escuela».

02 junio, 2008

Gratuidad de la Educación en debate

El Congreso ha reabierto el tema de la gratuidad de la enseñanza. Un proyecto presentado por Martha Hildebrandt pretende recortar este derecho a los egresados de colegios particulares que ingresen a las universidades públicas. De aprobarse esta idea, los chicos de colegios privados pagarían la mitad de lo que costaban sus mensualidades en la escuela secundaria.

Es un proyecto provocador. Pero inconstitucional, ya que se busca aprobarlo vía una ley ordinaria y no mediante una reforma constitucional que es lo que corresponde, si en verdad quieren llevarlo adelante.

El ex ministro de Educación, Carlos Malpica, tiene razón en este aspecto. “La Constitución Política del Perú, vigente desde el año 1993, establece en su artículo 17º, que “En las instituciones del Estado, la educación es gratuita”, es decir, proclama la gratuidad de la educación pública como un principio y un derecho de carácter general”.

La Ley General de Educación 28044, al desarrollar dicha norma constitucional, señala en su artículo 4º: … “La educación es un servicio público; cuando lo provee el Estado es gratuita en todos sus niveles y modalidades, de acuerdo con lo establecido en la Constitución Política y en la presente ley”.

Quizás la confusión estriba en que la Constitución de 1979 sí permitía la modificación del disfrute del derecho a la gratuidad de la educación pública mediante ley ordinaria, pues establecía en su artículo 17º: “La educación impartida por el Estado es gratuita en todos sus niveles, con sujeción a las normas de ley”.

Pero la Constitución de 1993, quitó la última parte -“con sujeción a las normas de ley”-, dejando expreso el rango constitucional de la gratuidad de la Educación.

Otra confusión interesada subyace en el primer párrafo del artículo 17º de la Constitución de 1993 que establece el derecho general a la gratuidad de la educación pública, y que dice a continuación: … “En las universidades públicas el Estado garantiza el derecho a educarse gratuitamente a los alumnos que mantengan un rendimiento satisfactorio y no cuenten con los recursos económicos necesarios para cubrir los costos de educación”.

Malpica explica que dicho párrafo establece una obligación del Estado y no es correcto interpretarlo como una limitación al derecho a la gratuidad de la educación pública. En todo caso, agrega, el propio “Acuerdo Nacional” aprobó en la Décimo Segunda Política de Estado, lo siguiente: “Nos comprometemos a garantizar el acceso universal e irrestricto a una educación integral, pública, gratuita y de calidad”.

Como se ve el debate recién empieza. Quizás Martha Hildebrandt debiera buscarse otro proyecto y no insistir, de cuando en cuando, machacando con lo mismo.



17 febrero, 2008

El Tercio Superior

El D.S.004 que establece como requisito el pertenecer al tercio superior para ser contratados como maestro es una medida loable en el fondo, pero criticable en la forma.

Nadie puede oponerse a mejorar la calidad educativa eligiendo entre los mejores alumnos egresados de las Universidades e Institutos Pedagógicos.

De hecho, este requisito lo exigen empresas del sector privado para contratar sus profesionales; igualmente instituciones académicas para otorgar becas.

Pertenecer al tercio superior tiene en la vida real su recompensa. Es perfectamente práctico y rentable que el Estado quiera contratar a sus mejores alumnos.

El problema es que hacemos con los dos tercios restantes.

¿Los evaluamos y el día que le entregamos su diploma de egresado les decimos que la tire al tacho porque no podrá acceder a una plaza abierta en el sector público?

¿Por qué un chico que recién sale de un centro de formación académica –dentro del tercio superior- asegurará una mejor enseñanza que otro que no estando en el tercio ha acumulado un número de años enseñando en una escuela?

El maestro, lo saben los entendidos, se forma en base a conocimientos y experiencia.

Sin cambiar el objetivo del ministro –mejorar la calidad de la educación-, el decreto supremo del tercio superior debiera rectificarse en el sentido de ser considerado como una bonificación especial en la evaluación general.

Igualmente suma puntos el hecho de haber seguido cursos de perfeccionamiento o maestrías.

De esta manera, los dos tercios restantes tendrían la misma opción de postular a una vacante.

El tercio superior ha logrado dividir al país. Si el gobierno no corrige el dispositivo, en lugar de sumar, restará.

En todas las profesiones hay egresados del tercio superior que no necesariamente refrendan su éxito académico universitario en el campo laboral. Y viceversa. Hay egresados del tercio inferior incluso, que luego destacan el campo profesional.

No hay pues por qué ser dogmáticos en este tema. Después de todo, como dicen los viejos taurinos, a los toros se les conoce en el ruedo.