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28 enero, 2014

Ni la razón, ni la fuerza; la costumbre



A poco menos de siete años para el Bicentenario de la República, el Perú tiene un nuevo mapa. La Corte Internacional de Justicia de La Haya zanjó la controversia que sobre delimitación marítima sostenían ambos países.

No le ha dado plenamente la razón a ninguno de los dos países. Ambos tienen argumentos a favor y en contra. Ha sido, como empiezan a señalar los especialistas, una “solución creativa”.

El Perú ha recuperado lo que en justicia le correspondía, pero que, en la práctica, nunco pudo asegurar por su impotencia de ejercer soberanía en zonas marítimas que, en los hechos, Chile mantenía en su poder.

Nos referimos concretamente al llamado “triángulo externo” que la Corte, con el trazo acordado, ni siquiera consideró necesario referirse a él. Chile consideró siempre esa zona como “altamar” a pesar de que claramente se ubica dentro de la proyección de las 200 millas de mar peruano. El Perú jamás pudo ejercer su pleno derecho sobre estas aguas, hasta ayer.

En relación al “triángulo interno”, verdadera superposición de los respectivos mares de Chile y Perú, denominada técnicamente como “área en controversia”, de un total aproximado de 38,300 Km2, el Perú ha obtenido poco más de 21 mil 900 Km2 y Chile 16 mil 300 Km2. Nada mal si consideramos que hasta ayer Chile ejercía pleno dominio sobre esa zona.


Por supuesto que hubiera sido mejor que la Corte aprobara la línea equidistante desde el Punto Concordia como planteó el Perú, no solo por cuestiones jurídicas, sino por la simple lógica del derecho de los pueblos ribereños a tener mar. Es un hecho que el fallo de la Corte no ha resuelto la desproporción en la ecuación hombre-mar entre los habitantes de Tacna y Arica. Chile preserva en su integridad su riqueza pesquera hasta 80 millas mar adentro. Perú, en una porción de su territorio que comprende a la Región Tacna, no. Corresponde, en consecuencia, al Estado peruano, atender este tema y proponer un plan de desarrollo para este territorio.

Pero ese es el costo de habernos sometido a un tercero y de haber decidido resolver la controversia por la vía pacífica. El Perú no tenía, ni tiene hoy, los medios necesarios para obligar a Chile ir en otra dirección. De manera que la solución diplomática, la corte arbitral internacional, era el camino adecuado.

En relación a la línea equidistante que proponíamos dentro del área de controversia, Chile ha ganado –O Perú ha perdido definitivamente, si se quiere–, 16 mil 300 Km2.

Esos 16 mil 300 Km2 no los perdimos ayer. Lo teníamos perdido desde que se resolvió la Guerra del Pacífico. Nunca –repito–, nunca pudimos ejercer nuestro derecho soberano sobre esa porción de mar. Esa es la verdad.

En cuanto a los argumentos jurídicos, la Corte entendió que si bien Perú y Chile no tienen un tratado de límites expreso, sí existe una frontera marítima tácita explicitada en la fuerza de la costumbre. Ese límite cuyo momento de inicio no fue precisado en documento alguno, es referido y aplicado, para todo caso práctico, en múltiples acciones realizadas por las partes.

En este caso, la Corte siguió el razonamiento de Chile. Existe entre Perú y Chile una frontera marítima que pasa por el paralelo geográfico en la zona de bajamar a la altura del Hito Nº 1. El Punto Concordia que proponía el Perú como inicio de la frontera marítima no fue tomado en cuenta por la Corte. El Punto Concordia queda como punto final de la frontera terrestre, generando un triángulo de tierra de unos 300 metros de Costa Seca.

En lo que sí nos respaldo la Corte fue en el criterio de buscar la equidad para ambos países. De manera que en este punto no le dio la razón a Chile que argumentaba que la línea del paralelo que marca la frontera marítima debía extenderse hasta las 200 millas. La Corte resolvió, por el contrario, que esa línea solo se extiende hasta las 80 millas.

¿Qué fue lo que la Corte tomó en cuenta para señalar 80 millas y no 20, 40 o 60? El nuevo derecho del mar y los diversos espacios en los que se dividen ahora las 200 millas que tienen los países costeños, sin duda. Pero, también, el comportamiento de ambos países en el tiempo, los usos y costumbres, la materialización de los hechos, la manera en que resolvieron sus impasses y la práctica histórica de sus actividades pesqueras.

La Corte hizo un seguimiento histórico a la práctica pesquera y encontró que la mayor parte de la actividad de ambos países se concentró siempre dentro de las 80 millas marinas. Y es claro que en este punto se revela nuestra principal carencia. No tenemos una flota naval comercial privada o pública que haya tenido presencia a lo largo del tiempo más allá de las 80 o 100 millas. De hecho, el incidente con la flota pesquera del multimillonario Onasis, allá por 1954, se registró a 126 millas de distancia de nuestra costa norte, pero no hay muchos antecedentes de esta naturaleza.

En resumen, al final del día, el Perú  puede estar satisfecho por la sentencia de La Haya. Sin guerra, ni costos innecesarios, hemos arribado a un punto en que nuestra frontera marítima en el sur difiere de la línea óptima –que hubiéramos tenido si otras fueran las circunstancias del poder nacional– en apenas 16 mil 300 Km2. Dos argumentos jurídicos pesaron a nuestro favor: una frontera marítima tácita no establecida explícitamente en documentos, pero aceptada en la práctica, y el criterio de justicia y equidad.

En este orden de cosas, una lección que podemos extraer y que debe constituirse en un faro para los peruanos del futuro, es que muchas veces las cosas se resuelven –para bien o para mal– no solo por la razón o la fuerza, sino por la costumbre. De aquí para adelante, el Perú y Chile deben mirar su futuro con tranquilidad y, de cara al Pacífico, asumir que el desarrollo está en potenciar nuestras relaciones comerciales con el otro lado del ancho Océano.

26 enero, 2014

Carta a mis hijos ad portas del fallo de La Haya



26 de enero de 2014.

Queridos hijos,

Ojalá mañana puedan seguir por televisión la lectura de sentencia de la Corte Internacional de La Haya sobre la delimitación marítima entre Chile y Perú.

Es un acontecimiento importante que tendrá gran impacto en sus vidas.

Es también un acto ejemplar, pues, dos países que tienen puntos de vista distintos sobre cómo trazar el límite marítimo, al no ponerse de acuerdo, recurren a un tercero que les dirá cómo hacerlo.

No es un acto inamistoso contra Chile. Es un acto civilizado, de ambos países. Lo bárbaro sería dirimir esas diferencias con una guerra.

Perú le reclamó a Chile desde 1986 que debíamos estudiar el tema de la delimitación marítima y ponernos de acuerdo. Ya en 1977 un marino peruano había escrito un libro donde demostraba que tal límite no existía.

El Perú, Chile y Ecuador fueron países pioneros en la defensa de las 200 millas marinas a mediados del Siglo XX. Es decir, mientras el resto de países del mundo señalaba que el mar de los países ribereños debía tener entre 3 y 12 millas de ancho, Perú, Ecuador y Chile sostenían que ese derecho debía ser de 200 millas.

¿Y por qué estos tres países pequeños sostenían una tesis tan audaz? La respuesta se debe a la riqueza de nuestros mares. El Oceáno Pacífico es uno de los mares más ricos del planeta. Eso lo saben las potencias industriales, por eso les convenía que estos tres países y otros tuvieran una franja pequeña de mar. De esta manera los grandes países desarrollados podían pescar frente a nuestras costas y llevarse los frutos del mar.

Perú, Chile y Ecuador se plantaron firmes ante el mundo defendiendo la tesis de las 200 millas. Dieron muchas razones, biológicas, marinas, históricas, geográficas. Pero la principal, creo, fue que estos países tenían derecho a salvarguardar los nutrientes que el mar ofrecía para sus poblaciones.

Les dije, el Pacífico es uno de los mares más ricos en especies marinas. Y por ese tiempo, entre los cuarenta y cincuenta se comercializaba fuertemente la ballena. Después vendría la anchoveta, de la que el Perú llegó a ser primer productor del mundo en los sesenta.

Entonces, para proteger esas riquezas marinas, Perú, Ecuador y Chile decidieron proclamar ante el mundo la defensa de las 200 millas marinas. ¿Por qué 200 y no 100 ó 300? Como les señalé líneas arriba hubo muchas razones. Entre las marinas y biológicas destaca el ancho que mide la Corriente de Humboldt –también llamada Corriente Peruana–, que es una masa de agua fría que discurre frente a las costas de estos tres países, creando las condiciones medioambientales que explican la riqueza marina.

Bueno, sea como fuere, esa tesis de la defensa de las 200 millas, poco a poco, fue ganando adeptos en el mundo. Otros países, por diversas razones, también la habían sostenido antes, pero, lo cierto es que el impulso que Perú, Ecuador y Chile le dio a esta idea en foros internacionales fue notable.

En ese ambiente de defensa conjunta del mar, los tres países decidieron firmar acuerdos entre las tres partes. Allí nacieron los acuerdos de 1952 y 1954 que mañana escucharán en los alegatos de la Corte de La Haya.

Lo curioso es que hoy en día tanto Ecuador como Chile tienen mares de 200 millas a lo largo de toda su zona costera. Pero el Perú no. ¿Por qué? Por la forma inclinada o en ángulo que tiene nuestro mapa. Por su posición geográfica. A tal punto no tenemos 200 millas en toda nuestra costa que Tacna casi no tiene mar. Es decir, hay un mar frente a ella, pero cuando los pescadores tacneños salen con sus barcos, llegan a  los pocos minutos al mar que corresponde a Chile.

Esto hace que tengamos la siguiente paradoja. Perú, Ecuador y Chile defienden la tesis de las 200 millas cuando muy pocos lo hacían y hoy que esa tesis ha triunfado, ¡Perú no tiene 200 millas en toda su costa! Recién tenemos 200 millas marinas un poco más al norte de Camaná en Arequipa.

Esta es la razón por la que el Perú buscó por diversas formas hacer entender a Chile que debíamos conversar y llegar a acuerdos sobre este tema.
 
Cuando nuestro país proyectó sus 200 millas a lo largo de toda su costa encontró que una parte de este mar se superponía a las 200 millas de mar de Chile. Es lógico que esto ocurra porque Chile tiene una costa recta de 90 grados respecto al paralelo geográfico y la costa peruana tiene un ángulo agudo respecto al paralelo.

Esa es la materia de la controversia que la corte deberá resolver mañana.

Ante dos porciones de mar que se superponen la Corte debe dirimir qué porción de mar es para cada uno.

La Corte resolverá el tema pendiente entre Perú y Chile: debe establecer un límite marítimo definitivo entre ambos países.

Dirá: el mar de Chile llega hasta aquí y el Mar del Perú llega hasta acá. Punto.

Para arribar a esa conclusión la Corte debe trazar una línea (la frontera marítima) que empieza en la costa y se prolongue 200 millas mar adentro.

Para trazar esa línea deberá resolver cuestiones jurídicas de fondo que son importantes anotar:

El primer aspecto que deberá resolver la Corte es si existe o no existe límite marítimo. Perú dice que no y Chile dice que sí. ¿Se acuerdan que les dije que Perú, Ecuador y Chile habían firmado acuerdos tripartitos en 1952 y 1954 para defender las riquezas marinas? Bueno, Chile dice que esos acuerdos también establecieron límites marítimos entre las partes. Perú sostiene que no, que fueron tratados pesqueros.

El segundo aspecto es ¿Dónde empieza el límite marítimo? ¿Desde dónde se traza la línea? ¿Desde el “Punto Concordia”, como plantea Perú, o desde el Hito Nº 1 como plantea Chile? Estas cuestiones son mejor explicarlas con un mapa. Pero lo cierto es que Chile y Perú tienen interpretaciones distintas de dónde comienza o termina la frontera terrestre entre ambos países. ¿Recuerdan el polo que me mande a estampar? Tiene unos numeritos: 18º 21’ 08” S. 70º 22’ 39” O. Son las coordenadas donde el Perú sostiene que empieza la frontera terrestre: el Punto Concordia. Eso está clarito en el Tratado de 1929 que puso fin a la Guerra del Pacífico.

Establecer este punto es importante porque la norma dice que la frontera marítima se traza desde el punto donde la frontera terrestres llega al mar. Bueno, pues, entonces es muy importante que ese criterio se esclarezca.

Imagínense la costa verde. ¿Dónde empezaría el límite? ¿En el punto donde las olas revientan con las piedras? ¿O en la pista por donde pasan los carros? ¿Qué creen ustedes? Puede parecer un pedacito de tierra sin importancia, pero, créanme, es vital. Tengan en cuenta que están definiendo el punto desde donde se proyectará una línea recta 200 millas mar adentro. Así que cualquier diferencia en tierra se ensancha considerablemente en el mar.

Si la corte dice que los tratados del 52 y 54 son pesqueros y también de límites. Se acabó la cosa. Todo queda como está. Perdimos, en mi opinión.

Pero si la corte dice que no existe tratado de límites entre Perú y Chile, entonces deberá seguir desarrollando su juicio para no solo trazar una línea fronteriza marítima entre ambos países, sino hacerlo con criterio de justicia y equidad.

Y aquí viene el tercer aspecto a definir. Como hemos visto, la proyección de las 200 millas de mar de Chile y las 200 millas de mar de Perú se cruzan, se suporponen en un área de 37.900 km2, entonces, ¿cómo repartimos esa área? ¿qué tanto le damos a un país y qué tanto le damos al otro? Perú propone que se trace una línea media, equidistante. Habrá que esperar qué define la corte. A esta zona se la conoce como “triángulo interno”.

El cuarto aspecto que deberá resolver la corte es un espacio de 28 mil km2 que está fuera de las 200 millas de mar chileno, pero que, nuevamente, por la forma inclinada de nuestra costa, estaría dentro de nuestras 200 millas de mar proyectadas. Chile dice que eso es altamar. Perú afirma que es parte de sus 200 millas. A esto se le conoce como el “triángulo externo”.

Eso es todo. Mañana será un día importante. Será un momento que les tocará vivir y que espero sea el inicio de un futuro de paz y armonía con nuestros vecinos.

Beso para todos.

Papá.




27 diciembre, 2013

Unidad ante Fallo de La Haya



Ha sido una muestra clara de civismo la reunión de los partidos políticos peruanos con el gobierno ad portas del fallo de La Haya.

La delimitación marítima entre Perú y Chile es una política de Estado y, en ese orden de entendimiento, los partidos han hecho un alto en sus respectivas agendas.

El 27 de enero de 2014 La Haya emitirá su sentencia, inapelable, y ese día peruanos y chilenos tienen la responsabilidad de asumir con responsabilidad y madurez su ejecución inmediata.

Lo que no va a cambiar ningún fallo es la situación de vecindad que ambos países tenemos. 

La primera tarea sera, entonces, acallar aquí y allá, las voces discrepantes, ariscas e incendiarias, que seguramente existirán siempre, pero que las autoridades tienen el deber de manejar con prudencia.

Culmina así un largo proceso que ha tomado a tres gobiernos su puesta en marcha. Aquí no hay vencedores ni vencidos, solo dos países que aspiran a vivir el paz con sus límites fronterizos establecidos por ley.

Ojalá y el espíritu de unidad y fraternidad mostrado hoy por los partidos en el plano internacional se extienda al plano local. Algo difícil de asumir, aunque no imposible, si se lee con cuidado la demanda actual del pueblo peruano. Paz y concordia nacional.




04 marzo, 2013

Perú y Chile ratificaron “en todos los tonos” que respetarán fallo de La Haya


(Peru 21, Lunes 04 de marzo del 2013, 18:58) El canciller Rafael Roncagliolo rechaza versión que indica que el grupo pesquero Corpesca estaría presionando a La Moneda para que no acepte una decisión contraria a sus intereses.

El canciller Rafael Roncagliolo reiteró que Perú y Chile han señalado “en todos los tonos” que están comprometidos a aceptar la sentencia que emitirá la Corte Internacional de Justicia de La Haya sobre el diferendo de límites marítimos.

El jefe de la diplomacia peruana respondió así a la información periodística que indica que el grupo pesquero Corpesca estaría presionando al gobierno chileno para que no acepte un fallo que, eventualmente, favorezca la posición peruana.

Roncagliolo dijo que sobre ese mismo compromiso se puede preguntar a su homólogo chileno, Alfredo Moreno, quien visitará Lima este martes. *“Estamos comprometidos a acatarlo porque somos parte de las Naciones Unidas y del Pacto de Bogotá*”, anotó.

04 diciembre, 2012

La verdad empieza a abrirse paso en Chile

Prestigioso analista político escribió un artículo muy interesante sobre cómo su país debe encarar un fallo de la Corte Internacional de La Haya. El texto sale publicado en el diario La Tercera y en nuestra edición de hoy de La República. "A diferencia de otros, Chile es, y será un país serio", indica.
Un país serio
(Patricio Navia. Analista político. La Tercera / Chile)
Aunque ningún país puede declararse libre de la amenaza nacionalista y de arrebatos de pasional patriotismo, una de las más arraigadas creencias chilenas es que nuestropaís es internacionalmente admirado por ser una nación seria, cuya palabra vale y cuyo respeto a los acuerdos, tratados y pactos es ampliamente reconocido y admirado. Chile puede no estar de acuerdo con un fallo, pero ninguna pérdida territorial amerita poner en riesgo la reputación de Chile como un país que cumple su palabra.
Difícilmente puede haber una posición más incómoda para un país que enfrentar un diferendo limítrofe donde todo parece indicar que se deberá entregar territorio. El hecho de que el cambio en la línea fronteriza se dé en territorio marítimo, y no terrestre, ayuda a minimizar el efecto negativo de un fallo adverso. Aunque el potencial económico de la zona en disputa sea enorme, la gente igual valora más el territorio terrestre que el marítimo. Ningún líder nacionalista podrá ir a hacer una marcha en el territorio que dejará de ser chileno.  Un fallo adverso para Chile en la frontera marítima tendrá menores efectos en la opinión pública que un fallo que, por ejemplo, obligue a redefinir las fronteras terrestres con Argentina.
Además, el hecho de que la disputa territorial sea con Perú y no con Argentina también contribuye a reducir el efecto negativo de un fallo adverso. Después de todo, Chile resultó victorioso en la Guerra del Pacífico. El territorio en disputa es una parte mínima del territorio, terrestre y marítimo, que Chile obtuvo como resultado de la  guerra de 1879.  Distinto hubiera sido si el territorio en litigio siempre hubiera pertenecido a Chile. Por último, como ojos que no ven, corazón que no siente, el hecho de que el territorio esté localizado en una zona visitada sólo por una minoría de chilenos ayuda a reducir los efectos negativos de un fallo desfavorable.
Es verdad que nadie sabe cómo fallará el tribunal. Pero la actitud cautelosa del gobierno y de la clase política chilena—y el evidente entusiasmo en el Perú—hacen pensar que habrá más razones para festejar en Lima que en Santiago cuando la corte entregue su veredicto.
Pero después de que se acaben los fuegos artificiales y baje la intensidad de las pasiones nacionalistas, cuando el fallo de La Haya ya sea historia, los chilenos podremos seguir alimentando nuestro propio relato nacionalista y dar rienda suelta a nuestros propios motivos de orgulloso patriótico. El que Chile acate el fallo de la corte de La Haya, por más adverso que resulte, será nuestro principal motivo de orgullo.
En contraste con otros países de la región, Chile respeta y acata los fallos de los tribunales competentes. A diferencia de otros, Chile ha sido, es y será un país serio.Después de todo, no hay mejor remedio para el discurso nacionalista que una respuesta igualmente nacionalista que, además, contribuye a construir un relato republicano, democrático y respetable en la arena internacional.

02 diciembre, 2012

Ollanta Humala en El Comercio: "Hay que tomar esta fase con serenidad"


El próximo 3 de diciembre se inicia en La Haya, Holanda, la fase oral del proceso de delimitación marítima ante la Corte Internacional de Justicia. El Gobierno y el pueblo del Perú son conscientes de la importancia de este caso.

He señalado antes que la posición peruana es sólida y coherente. Nuestros argumentos –que serán expuestos entonces de manera pública por nuestro agente, el embajador Allan Wagner, y el excelente equipo de abogados con el que contamos– se basan en el derecho internacional. Al mismo tiempo, tengo también la convicción de que hay que tomar esta fase, así como los meses de espera hasta que se pronuncie el fallo, con la serenidad que un hecho de tanta trascendencia amerita.

Estoy convencido de que al día siguiente de conocida la sentencia, que se espera para mediados del 2013, los pueblos de Chile y del Perú reaccionaremos con la calma y mesura que la situación exige. Ambos países somos respetuosos de los principios del derecho internacional y de las reglas de convivencia pacífica que asumimos como miembros de la Organización de Naciones Unidas. Por ello, hemos expresado, el presidente Sebastián Piñera y yo, a nombre de nuestras correspondientes naciones, el compromiso de respetar la sentencia de la corte y acatar el dictamen que nos permitirá reafirmar nuestra vocación democrática e iniciar juntos un futuro de confianza aún mayor.

Cerrado este caso, podremos reforzar el proceso de integración política, económica y social que ya venimos impulsando. Es mi deseo que Chile y el Perú podamos mirar juntos el futuro, poniendo especial énfasis en nuestros migrantes y en la zona de frontera, cada vez más dinámica gracias al intercambio físico y económico que chilenos y peruanos han sabido crear.

Las inversiones chilenas en el Perú han sido altas durante los últimos decenios, y hay empresas e inversiones peruanas que ya son sólidas en el mercado chileno, incluidas las involucradas con nuestra reconocida gastronomía, tanto en Santiago como en otras ciudades de Chile. En cuanto a la migración, sabemos bien el alto número de nuestros compatriotas que aportan a la economía y la sociedad chilena sus conocimientos, su esfuerzo y dedicación. Sabemos, igualmente, que los viajeros que vienen de Chile a nuestro país son los más numerosos entre todos los visitantes del mundo. Estos son beneficios concretos de la integración, a los que los estados no podemos darles la espalda, y por el contrario debemos fomentarlos y fortalecerlos.

Estamos trabajando juntos, Chile y el Perú, con miras a profundizar nuestra integración económica y comercial en distintas plataformas. Lo hacemos a través de mecanismos regionales como la Unasur, el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) y, más recientemente, al lado de México y Colombia, en la Alianza del Pacífico, que ha adquirido un dinamismo inédito y llama la atención de muchos otros países que quieren sumarse a esta iniciativa. Sin duda, el fortalecimiento de la relación peruano-chilena tiene un efecto dinamizador sobre el proceso de integración sudamericano, puesto que se trata no solo de dos de las economías más dinámicas de la región, sino de países con proyección internacional y un peso específico importante.

Tal como lo entiende mi Gobierno, y yo personalmente, más allá de la trascendencia del caso, hay muchas más cosas que ver entre nuestros países que el fallo de la Corte Internacional de Justicia. La agenda es amplia, sustantiva y profunda. Y está en el interés de ambos presidentes y de ambos gobiernos continuar intensificando esta agenda positiva de más y mejor integración.

Recientemente, se reunió en Arica el Comité de Integración y Desarrollo Fronterizo, que ha hecho un trabajo muy intenso identificando mejores vías para fortalecer la integración que ariqueños y tacneños –así como también arequipeños, moqueguanos y puneños, en nuestro caso– practican y viven cada día. Es nuestra tarea, a través de las cancillerías, en concurso con las autoridades de control de fronteras y de aduanas, entre otras, estudiar y poner en práctica las mejores propuestas para que estos intercambios de peruanos y chilenos se mantengan y alcancen las mejores condiciones en ambos lados de la frontera. En eso estamos trabajando, de lo que es ejemplo también el reciente simulacro conjunto de terremoto y tsunami que se realizó con éxito en el sur peruano y el norte de Chile. Es importante seguir demostrando que, frente a problemas concretos y comunes, lo mejor es encontrar soluciones también concretas y comunes.

Del mismo modo, hace apenas dos semanas se reunió en Lima el Comité de Seguridad y Defensa, en el nivel de viceministros de Relaciones Exteriores y de Defensa. Hacía seis años que este mecanismo no se reunía, y es importante subrayarlo porque significa que hemos retomado negociaciones en torno a una metodología para la medición de gastos de defensa. Con este mecanismo reconfirmamos, Chile y el Perú, nuestra vocación de países pacifistas y respetuosos de la transparencia en este tipo de gasto que redundará en beneficio de una población mejor informada.

La delimitación marítima, último asunto limítrofe pendiente entre el Perú y Chile, es un paso adelante en el camino de integración. De entonces en adelante, sobre la base de la confianza mutua, sabremos reforzar juntos el trabajo en el que estamos comprometidos en diferentes ámbitos de la relación y que, junto con el presidente de Chile, hemos buscado consolidar.

Ambos presidentes hemos coincidido en diversas oportunidades con esta frase que me parece muy feliz: “Solos podemos ir más rápido, pero juntos podemos llegar más lejos”. Peruanos y chilenos debemos demostrar que esto es realmente posible, que la amistad y confianza entre nuestros pueblos es la moneda común que ayudará a nuestro desarrollo económico y social. El fallo de la Corte Internacional de Justicia nos dará instrumentos para concretarlo y ampliará las posibilidades de avance y entendimiento.

Debemos tomar el fallo, su acatamiento y su ejecución, como el punto final de una controversia entre países hermanos, y construir una verdadera ruta hacia el futuro, instalada sobre bases sólidas, reconocidas por nosotros y por el mundo entero, creando un circuito económico y un mercado para ambos pueblos. Peruanos y chilenos, inversionistas, migrantes, empresarios y turistas, que cruzan a diario de ambos lados de la frontera, aguardan esto. No los defraudaremos.


OLLANTA HUMALA TASSO
Presidente de la República del Perú