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01 febrero, 2020

¿Quién ganó la elección?

Por los números, a nivel nacional, Acción Popular es la primera fuerza política y es el indiscutible ganador de las elecciones congresales 2020-2021. Pero que lo haya hecho con 10.3% del total de votos válidos, indica que es más bien la primera minoría de un archipiélago variopinto de opciones, donde ningún partido captó una sólida mayoría. Una señal de advertencia para el resto de fuerzas democráticas, de cara al 2021.

El presidente Vizcarra, evidentemente, es el otro ganador de esta elección. En apenas cuatro meses, tras la disolución del Congreso, el gobierno impuso su juego y logró armar una representación parlamentaria completamente diferente, en el que sus principales enemigos –tozudos obstruccionistas– fueron barridos.

En medio de este nuevo escenario político hay también otros actores –con roles diferentes al stablishment, algunos incluso abiertamente antistablishment– que han logrado una importante cuota de poder en estas elecciones.

En Lima, por ejemplo, ganó el voto de una población jaqueada por la ola delincuencial de crímenes, robos y delitos.  Es tal la inseguridad ciudadana, que a la gente no le importó elegir abrumadoramente a un ex policía acusado de asesinato que, cuando fue autoridad, se enfrentó a la delincuencia de todo pelaje, incluidos malos venezolanos. Este sheriff urbano logró –él solo­­­­­­–, más votación que cualquiera de los partidos en la capital de la república.

Los israelitas del nuevo pacto universal, son también los ganadores de esta elección. Son la segunda fuerza política en Lima. Nada mal para una comunidad cerrada y marginal de barbados y entunicados personajes que viven bajo los principios del antiguo testamento y el ayllu andino que propugnan un estado teocrático, pero, también, propuestas razonables como: política de medicamentos genéricos, institutos técnicos agrícolas, revisión de la ley de AFPs, entre otras. 

El antisistema también ganó esta elección. Con cerca de un millón de votos, concentrados básicamente en el sur, la agenda inmediata de este grupo –Unión por el Perú– sería la liberación de Antauro Humala, militar que purga prisión por levantarse en armas contra un gobierno democrático, intentona golpista en la que fueron asesinados cuatro policías. Tras la agenda extremista de pena de muerte para funcionarios públicos ladrones y violadores, se esconde en realidad una agenda anti minera y anti inversiones que ha sintonizado con una porción importante del país.

Así las cosas, el rol del Congreso 2021 será primero articular un conjunto de fuerzas democráticas para construir con ellas el centro político que saque adelante las reformas pendientes, pero, sin descuidar las agendas regionales y nacionales –los problemas urgentes de la gente en la calle– que también se han expresado en esta elección.


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P.d: Breve paréntesis al trabajo de investigación que venimos realizando (y que en los últimos meses nos ha consumido el poco tiempo libre que disponemos), para comentar los acontecimientos nacionales, como lo venimos haciendo, desde hace unos años, en este mismo espacio.

29 julio, 2019

Presidente Vicarra: que se vayan todos

Lo hizo. Para poner fin a la crisis política que ha tenido enfrentado y entrampado al ejecutivo y legislativo, desde el inicio del gobierno me refiero al periodo PPK, el presidente Martín Vizcarra decidió jalar la cadena, adelantar elecciones y recortar su mandato y el de los congresistas, coincidiendo con el sentir de la calle: que se vayan todos.
Sin partido, sin bancada, sin fuerza para aprobar las reformas políticas como las que había planteado, pero también sin capacidad para resolver los problemas sociales ligados a la minería, el presidente eligió una salida política a la crisis y parálisis en la que se encontraba.
En junio pasado, cuando empezó a gestarse el choque terminal de poderes, decíamos aquí que: “Entre trabajar y construir el consenso en torno a las reformas políticas o coincidir con la calle y patearle el trasero al legislativo, el ejecutivo prefirió lo segundo”. Una reforma política señalamos entonces, requiere tiempo, debate más allá de las organizaciones políticas y mucho trabajo para construir consensos, pero que, por lo visto, “Estamos a punto de tirar todo por la borda y entrar a una vorágine electoral interminable. Nuevo Congreso. Referéndum. Elecciones generales. Otra vez nuevo Congreso”. 
Para contrarrestar su debilidad institucional y de gestión el presidente recurre al referéndum, un mecanismo de la democracia directa insertado en la Constitución del 93, cuyo abuso hay que precisarlo— puede derivar en lo que se conoce como “Democracia plebiscitaria”, una característica de gobiernos más populistas que democráticos que prefieren consultas directas al pueblo en lugar de canalizar estas expectativas a través de los canales representativos.
Recurrir de forma permanente a la voluntad del soberano refleja tanto la carencia de estructura y fortaleza partidaria propia como un agotamiento del juego democrático de la representación política. Cuando estas dos falencias se encuentran, el vacío de representatividad que siente la calle puede ser llenado por el gobernante con una estimulante como plebiscitaria caracterización personal de la política.
Una vez más, entre la calle y el Congreso con una mayoría que no aprende de sus errores, el presidente política y mediáticamente elige la calle. “Propongo una salida a esta crisis institucional. Presento al Congreso una reforma constitucional de adelanto de elecciones generales, que implica el recorte del mandato congresal al 28 de julio del 2020”. “Yo también me voy”, agregó, ganándose platea y cazuela.
La medida del presidente de adelanto de elecciones es constitucional. El referéndum es un mecanismo válido para salir de la crisis. Una válvula de escape ante la imposibilidad de resolver por la vía del diálogo y el acuerdo las diferencias políticas. Pero no hay que olvidar que la deliberación de los grupos representativos pasa directamente a las masas y abusar de este recurso puede dejar al presidente de la República al borde del caudillismo carismático. La vacuna frente a este nuevo mal es que se cumpla realmente el espíritu del referéndum: que se vayan todos. Al borde del bicentenario, hemos vuelto a la normalidad: ser un país de desconcertadas gentes.

28 octubre, 2018

Guerra, paz y armisticio

Luego de dos años de haber planteado una estrategia de guerra política contra el poder ejecutivo -al que logró torpedearlo y casi liquidarlo con la renuncia del presidente Kuczynski-, Keiko Fujimori, al borde de ser encerrada en prisión por una investigación preliminar que la acusa de liderar una organización criminal al interior de su partido, ha planteado una “agenda de reencuentro nacional”.

Una mitad del país no le cree absolutamente nada. La otra mitad se reparte entre quienes sí le creen y quienes aún dudan de su palabra. ¿Qué pasó con la primera fuerza política del país? ¿por qué llegó a esta situación de fraccionamiento y debilidad en la que se encuentra?

Errores, sin duda. El primero de ellos, no entender el mandato político de los electores. Al creer Keiko que le habían robado la elección, leyó que el mandato del pueblo en las ánforas fue “que ella gobierne”, pero que las malas artes (del presidente Humala, coludido con Kuczynski), le arrebataron este encargo.

Entonces, se dispuso a gobernar desde el Congreso, el primer poder del Estado. Gobernó contra Kuczynski a quien defenstró primero a su ministro de Educación y luego a su presidente del Consejo de Ministros. Y no paró hasta armar el operativo de los “Mamanivideos” y obligar a renunciar a PPK.

Intentó hacer lo mismo con Vizcarra, pero los “cnmaudios” y el destape de los “Cuellos Blancos”, permitió al presidente Vizcarra cambiar el eje del juego, desmarcarse de la presión de Fuerza Popular, y a partir de su mensaje a la Nación el 28 de julio levantar las banderas de la lucha contra la corrupción.

Vizcarra pasó a la ofensiva cuando denunció las trampas que Fuerza Popular introdujo en las reformas judiciales y políticas que serán sometidas a referéndum, dejando en evidencia a una mayoría proclive al engaño y al doble juego. La defensa obtusa del Fiscal de la Nación tampoco ayudó a Fuerza Popular.

La estocada final está en manos del Ministerio Público y del juez Concepción Carhuancho quienes en audiencia pública y televisada han expuesto los detalles del denominado Caso Cócteles, en el que queda en evidencia el manejo oscuro de los gastos de campaña del 2011. Los mensajes del Telegram La Botica y sus directivas no dejan duda del accionar de hierro de la organización liderada por Keiko Fujimori.

Llegamos así a un punto de quiebre en el escenario político nacional que se definirá en las próximas semanas. Lo que decida la justicia, recompondrá el tablero político.

Estar privado de libertad restringe los derechos políticos. Pero no impide ejercer el poder político.

Si Keiko pasa a prisión por más de 30 días es claro que no podrá votar en el referéndum, pero eso no significa que pueda instruir a su bancada a, por ejemplo, salvar la bicameralidad. Eso sería un compromiso concreto de la pax que ahora reclama. Más que una declaración y buenas intenciones, lo que se necesita es un armisticio con puntos concretos de acuerdo. El país no aguanta una guerra política prolongada.


02 septiembre, 2018

Las reformas: ¿juntas o revueltas?


¿Puede a estas alturas la reforma judicial caminar al mismo tiempo que la reforma política? Según el gobierno, sí. Según Fuerza Popular, no.

El gobierno insiste en el mecanismo de referéndum con sus propuestas de reforma en los dos niveles. En tanto, Fuerza Popular, cree que primero se debería consensuar la reforma judicial y tomarse más tiempo para la reforma política.

Para el gobierno es fundamental que ambas reformas caminen juntas. La recuperación de Vizcarra está amarrada a esta propuesta, en especial la que propone la no reelección inmediata de los congresistas y, con menor fuerza, el retorno de la bicameralidad.

En un anterior post, señalábamos que si el Congreso rechazaba el referéndum o distorsionaba la propuesta del Ejecutivo hasta hacerla irreconocible, al gobierno no le quedaría otra cosa que “apelar con todo a la opinión pública y alistarse para promover la participación de la gente, recolectar firmas y proponer un referéndum por participación ciudadana”.

Es lo que acaba de anunciar el presidente en Madre de Dios. “Insistiremos con el referéndum. Y si finalmente hay inconvenientes y demoras exageradas, demoras exageradas en el Congreso de la República lo haremos a través de la recolección de firmas. A través de padrones que podemos firmar”, señaló hoy el presidente Vizcarra.

Este es el Plan B del gobierno: referéndum por participación ciudadana.

Las reformas judicial y política son ahora las bases de apoyo que tiene el Presidente Vizcarra. Y deben ir juntas. No separadas ni revueltas. 

Si logra viabilizar el referéndum vía la recolección de firmas, seguirá sintonizando con la población, arrinconará aún más al Congreso y tendrá el escenario ideal para seguir ganando popularidad. ¿Es esto populismo? No. Es hacer política.




19 agosto, 2018

La agenda sectorial



Por más antropofágica que sea nuestra política, el presidente de la República no puede sostener por sí solo el cambio del humor popular que revelan las encuestas. Requiere de un equipo que lo acompañe y que lo ayude no solo a defender la agenda política, sino a construir y consolidar la agenda sectorial –una propia–, que es la que definirá lo acertado o no de su gestión de gobierno.

Por ahora las cifras indican que el trabajo para incorporar esta nueva agenda de trabajo será ardua, pues, mientras el presidente Vizcarra sube su popularidad de 35% en julio a 46% en agosto, su premier se ha quedado pasmado en ese mismo periodo en 19%.

El gobierno en general tiene 29% lo mismo que su ministro más exitoso –el de Educación–, tiene 29%, en tanto que la ministra de Salud suma 24% y los de Economía e Interior apenas llegan a 19%.

Mientras el presidente siga con su discurso anticorrupción y a favor de las reformas políticas y judicial, la opinión pública lo seguirá favoreciendo. Pero, conforme pase el tiempo y el debate político sobre las reformas y el referéndum se dilate y/o agote, la gente empezará a reclamar gestión y resultados.

Obras son amores y no buenas razones. En este campo, son los ministros los que tienen que salir a la cancha y generar impactos. No todo es comunicación. Primero es gestión. Haces y comunicas. No al revés.

Además de voceros, el gabinete necesita gestores. Planificadores y ejecutores de planes. Viajar es solo la primera parte de la tarea de hacer sentir que el gobierno trabaja. El ministro de Vivienda, el de Transporte, Comercio Exterior, Producción, Agricultura y Minería, tienen que estar permanentemente en medios mostrando avances de obra.

Ya es hora, por ejemplo, de hacer un balance en serio de las obras de reconstrucción por el fenómeno de El Niño. ¿Cuánto se ha avanzado? ¿Qué proyectos están en marcha? ¿Cuándo se entregarán?

Si la agenda política es letra, la agenda sectorial es número. Los ministros de los sectores comprometidos en la reconstrucción podrían prepararle al presidente de la República un listado de estas obras con un cronograma claro de inversión y avance y ejecución.


El reto es pasar de la palabra a la acción, de la tribuna a la cancha o, si prefieren, del discurso al casco. Después de todo, estamos ante un ingeniero. 

12 agosto, 2018

El presidente y el sol de Pucallpa


— PUESTA EN ESCENA EN TRES ACTOS 
ACTO 1.- El sol de Pucallpa.
Es la ceremonia de inauguración de la Expo Amazónica 2018. El presidente de la República Martín Vizcarra ha llegado con una comitiva de siete ministros. La maloca principal es enorme, los techos altos, pero el calor pulveriza cualquier resistencia.   
El presidente suda copiosamente. La asesora se le acerca por detrás y discretamente le alcanza una servilleta. Él lo acuna entre sus dedos. Su mirada se extravía por un momento. Un breve soponcio lo invade.  ¿Usará el papel?, ¿se secará?, ¿lo hará frente a cámaras?
El presidente mira hacia un lado y otro. El calor ahora incendia todo su cuerpo. Respira, ¿suspira? Finalmente, toma una decisión. Dobla el papelito una vez, luego otra vez, y una vez más, hasta que lo guarda en el bolsillo posterior de su pantalón.

ACTO 2.- El otro ingeniero.
Una bandera peruana flamea en lo alto del edificio en construcción, un hospital regional de nivel 3. Lo reciben los ingenieros de la obra quienes despliegan un plano. El presidente pregunta dónde estamos, cuál es el acceso principal y dónde queda el área de hospitalización. Los ingenieros señalan los puntos en el plano. El presidente alza la vista para corroborarlos en el terreno. Enseguida camina a paso firme y se dirige a la segunda planta. Cuando regresa, los obreros le piden que se tome una foto con ellos. Accede. Mientras se establecen breves lazos de confianza, se cuelan las voces:
—¡Presidente, cierre el Congreso!  
—¡Siga adelante con el referéndum!
—¡Aumente el sueldo mínimo!
El presidente sonríe. Mientras se retira, en la calle más voces se unen al coro anónimo e irreverente. Desgarbado, el presidente intenta responder a todos.
—Estamos empezando una reforma de la justicia. El referéndum es un mecanismo para darle poder al pueblo.
—Tenemos que actuar con responsabilidad.
Sube a su carro. Seguridad del Estado, con tablets y celulares en las manos, graba a todas las personas que se arremolinan en torno al presidente.

ACTO 3.- Habla al Pueblo.
No solo el ambiente está caliente. La plaza también lo está. El presidente despliega su estrategia. Habla directamente a la gente. Les dice que la reforma del sistema de justicia debe ser profunda, llegar hasta el final. Que no basta con reformar la justicia en Lima, ni siquiera a los que se escucha en los audios Ustedes creen que solo esos magistrados en Lima han obrado de manera inadecuada o delincuencial o también existen igual en todo el Perú, les pregunta. Enseguida se responde: no podemos poner un parche y pensar que la solución está en cambiar a ese juez. Tenemos que reformular todo el sistema de justicia del Perú y eso es lo que nos proponemos. No basta cambiar un corrupto, tenemos que sacar a todos. Por eso hemos pedido que el pueblo se pronuncie para cambiar la elección del Consejo Nacional de la Magistratura, porque los jueces eran elegidos por un grupo de personas que no tenía capacidad moral.
—¡Cierra el Congreso, presidente!-, se vuelve a escuchar entre el público.
El presidente ya no suda. Sus ojos tienen ahora otra expresión. Arremete entonces contra el statu quo y pregona sobre la reforma política. Explica que el referéndum va de todas maneras este año, sí o sí. Explica en términos sencillos que el referéndum es un mecanismo para escuchar al pueblo, para hacer que su decisión sea tomada en cuenta por los gobernantes. Que está convencido que es la mejor manera de avanzar en la reforma de las instituciones. Que él es un provinciano identificado con las regiones y que ahora debemos reformar la política dándole el poder al pueblo. Y les anuncia que  apenas llegue a Lima irá al Congreso a entregar los proyectos de ley donde plantea la no relección de los congresistas, el retorno al Congreso bicameral y el financiamiento de los partidos políticos.

Epílogo
El presidente está aprendiendo a menajarse a pasos agigantados. Tiene reflejos y está pendiente del manejo de las cámaras. Todavía le falta afilar su mensaje político en medios, pero tiene un entrenamiento riguroso (habla por lo menos cuatro veces en público), y eso lo ayudará. Por ahora habla mejor a la gente que a los medios.
El día que visitó Pucallpa había subido 10 puntos (empieza a cerrarle la boca al cocodrilo, como dijimos). Y, por lo que ví ese día, si mantiene esa posición estratégica de colocarse al lado del pueblo, va a seguir subiendo. En pocas semanas, le tocará el turno al Congreso. Si éste diluye las propuestas del presidente Vizcarra, las cambia o tergiversa o, peor aún, las rechaza; entonces, solo entonces, el presidente podría activar el Plan B. ¿Populista? ¿Efectista? ¿Demagogo? Política, señores. Política.