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07 noviembre, 2021

Los primeros 100 ó 200 días de gobierno

Definir el rumbo de un Gobierno en los 100 primeros días es un número fortuito de la comunicación política. No es una medida exacta ni un plazo perentorio. Es más bien el resultado del pragmatismo y mercadotecnia de Franklin D. Roosevelt, quien en 1933 logró despertar en la ciudadanía confianza, esperanza y optimismo de que la crisis económica y la gran depresión se iban a solucionar.

Entre otras cosas, el Gobierno logró en ese periodo de tiempo armar un conjunto de 15 proyectos de ley que fueron luego explicados en detalle y de manera persuasiva en discursos, entrevistas y plazas, y empaquetados con el sugerente título de “The New Deal”. Los medios de comunicación respaldaron con entusiasmo las medidas. No fueron palabras inspiradoras solamente, sino acciones concretas de cambio, nuevas reglas de juego y una fresca inyección de dinero público.

De ahí en adelante, los marketeros políticos han considerado esos primeros 100 días como el tiempo suficiente para que un Gobierno defina aquellos rasgos que definirán el tipo de relación que tendrá con la ciudadanía. Lo que hizo Roosevelt en esos primeros 100 días fue un auténtico cambio de rumbo político y económico.

Es difícil medir con esos parámetros de éxito cualquier otro proceso de iniciación de gobierno. De hecho, los primeros 100 días del Gobierno del presidente peruano, Pedro Castillo, han sido todo lo contrario a lo que señala la praxis política. El gabinete de inicio fue cambiado, la solicitud de iniciativa legislativa para aprobar medidas tributarias no se ha aprobado, los escándalos en el nombramiento de funcionarios públicos han estado a la orden del día, la bancada oficialista se ha partido en dos, la popularidad del presidente decae y los medios de comunicación parecen todos estar alineados, pero en contra del Gobierno.

La sensación en los sondeos de opinión es que más bien estamos ante un Gobierno que no parece estar a la altura de las necesidades del país. La propuesta de nueva Constitución a través de una asamblea constituyente se encuentra en las últimas prioridades de la gente. Primero están la recuperación del empleo, la salud, la educación y la inseguridad ciudadana.

La pregunta en este caso sería: ¿y si en lugar de 100 se necesitaran 200 días? ¿Es posible cambiar la percepción? De lo que se trata en este caso es de despertar en la gente la sensación de confianza y optimismo. Confianza en que los actores políticos son los adecuados y conocen a dónde dirigir el barco, y optimismo de que llegaremos a buen puerto o, al menos, no sucumbiremos en el intento.

El Gobierno, como cualquier otro que recién empieza, tiene el poder necesario para rediseñar una política de comunicación que lo vuelva creíble, confiable y eficaz. No se trata solo de aspectos comunicacionales, claro está, sino de gestión y recursos humanos ad hoc. Es como construir una pirámide. Deberás colocar bien las bases desde el comienzo, de lo contrario, con seguridad, esta se desmoronará. 

Los errores, las rectificaciones y los colaboradores no calificados son la peor combinación que puede tener un Gobierno en cualquier periodo que se encuentre y, a la vez, el mejor escenario para cualquier medio de comunicación independiente. Los escándalos se venden solos.

El mejor recurso que tiene un Gobierno para comunicar y edificar la gran pirámide es el presidente. Y la mejor forma de llegar que tiene un presidente es hacerlo directamente a la población. Ahora, si el presidente decide no hablar o cuando lo hace se equivoca, estamos ante un problema mayor, que excede los primeros 100, los 200 o todos los días de cualquier mandato. Al final, como dice la teoría política, lo que los ciudadanos recordarán será todo lo que se hizo o no se hizo en esos primeros días de gobierno.

 

22 agosto, 2021

Comunicación (des) ordenada

Tres de cuatro peruanos quiere un cambio de gabinete. La misma proporción de personas cree que el presidente tiene una mala relación con la prensa. No solo porque no declara, sino porque cuando lo hace el mensaje luce desarticulado, débil, desordenado. 

 

¿Tiene el presidente un problema de comunicación o un problema político?

 

Ambos. Hay un problema de no comunicación en primer lugar y de falta de una relación fluida con los medios de prensa; y hay también un problema de puesta en escena del mensaje: de construcción, exposición y orden.

 

En la base hay, por supuesto, un problema mayor que es de naturaleza política relacionado directamente con lo desastroso que ha resultado la conformación de su primer gabinete. 

 

Las encuestas no son el problema, por lo que no hay razón para irse contra ellas porque los resultados no nos gustan. Ellas reflejan el sentir de la población en un momento dado. Sus resultados son el diagnóstico de un problema, no la receta.

 

Detectado el problema político el Gobierno deberá resolverlo en ese campo. Si no lo hace, probablemente, el Congreso lo obligará a hacerlo. 

 

Una abstención mayoritaria en el voto de investidura, por ejemplo, obligará sin duda al gobierno a reajustar el gabinete. Salvo que su propósito político sea extremar posiciones.

 

En el plano estricto de la comunicación, esta semana la cabeza del Gobierno, el presidente de la República, empezó a salir del estado de encierro y silencio en el que se encontraba. 

 

Se han programado actividades oficiales muy temprano. En ellas el presidente realiza alocuciones y declaraciones que son tomadas por la prensa, responde brevemente algunas preguntas, aunque aún no se atreve a una conferencia de prensa o entrevista en profundidad con un medio de comunicación.

 

Es un primer avance. Lo que falta en esta primera etapa es algo más simple: orden y transparencia en la comunicación de gobierno. 

 

En busca de ambos objetivos se podrían adoptar algunos mecanismos sencillos que permitirían ir solucionando y atemperando ese estado de exaltación y desorden que se nota cada vez que algún vocero declara a los medios en las inmediaciones de Palacio de Gobierno.

 

En primer lugar, sería adecuado que se reabra la Sala de Cronistas de Palacio de Gobierno, creada como espacio de trabajo de los hombres y mujeres de prensa que cubren las actividades oficiales del presidente de la República. Esto debiera ir acompañado del nombramiento de un secretario de prensa que mantenga relaciones cordiales y fluidas con los periodistas.

 

También sería de utilidad designar un vocero temático o político que declare a los medios en el frontis de Palacio de Gobierno, cerca de la Sala de Cronistas, en lugar de hacerlo en la parte trasera del edificio como ocurre ahora.

 

Estas declaraciones son siempre al final de la reunión y no al inicio como se desesperan ahora los medios que están en “transmisión en vivo” de forma permanente en sus múltiples plataformas.

 

Las declaraciones de los voceros serán utilizando un micrófono de pie y un buen sistema de sonido para evitar que la prensa se agolpe alrededor del entrevistado y lo aturda con preguntas simultáneas y de toda índole.

 

Para que exista la sensación de orden y transparencia, es posible ponerse de acuerdo con los periodistas y sortear turnos para que los colegas realicen sus preguntas de manera pausada y sin perturbaciones. 

 

La comunicación política en la sede de gobierno es fundamental para transmitir y fortalecer confianza en la ciudadanía. No hablar con la prensa o esconderse de ella es siempre la peor receta. En lenguaje sencillo, es mejor con prensa o con la prensa en contra que sin prensa. Si tenemos prensa al frente, la tarea es cuidar solo lo que decimos. 

 

 

13 julio, 2019

La noticia en la era digital (III)

Verdad vs Posverdad

Junto al cambio climático, el hambre, la desigualdad, el populismo y la escasez de agua, la posverdad es uno de los seis problemas del mundo moderno. No es que la desinformación no haya existido antes. Por el contrario, como mecanismo de confusión, tergiversación, manipulación, existe desde siempre. Lo que hoy asombra no es ni su existencia, ni su esencia, sino su velocidad de propagación; la viralización.

El monopolio de la desinformación no está más en los gobiernos, empresas o medios de comunicación. La democratización de las nuevas tecnologías de la información pone al alcance de cualquier persona la posibilidad de intoxicar el espacio informativo, contaminando noticias reales con falsas. 

En nuestro país el ejemplo más cercano es el suicidio del ex presidente Alan García. Desde que se supo la noticia de la gravedad de su estado hubo gente que se resistió a creerla. La red se inundó de fotografías reales y falsas del ex presidente en la sala de emergencia, de tomografías del cerebro dañado, de relatos hechos por terceros a partir de transmisiones de televisión. Esa sensación de incredulidad se mantuvo tras el entierro del ex presidente. Aún hoy existe gente que no cree que Alan García se haya suicidado. Esas personas están convencidas de que el ex gobernante se libró de la justicia, urdió un plan para escapar y salió caminando tranquilamente por el aeropuerto disfrazado de mujer.

Vivimos la era de la posverdad. Cualquier persona tiene los elementos de comunicación al alcance de la mano para fabricar historias reales o falsas. Puede a la vez crear o ayudar a crear corrientes de desinformación. La posverdad vive de la gente escéptica por naturaleza dispuesta a consumir ese tipo de noticias fantásticas, increíbles, escabrosas, burdas o asombrosas y que se retroalimenta de ellas. Antes solo los gobiernos utilizaban estos sistemas de desinformación. Hoy cualquier chico en redes es un potencial perturbador informativo.

Los Algoritmos

La clave para que esto ocurra es la velocidad en que se codifican, transmiten y decodifican las informaciones. Eso es posible gracias a los algoritmos, expresiones matemáticas, que analizan datos y que están en todas partes. Lo controlan todo, desde las operaciones que hacemos en el supermercado, en el cajero del banco, en las atenciones que recibimos en la clínica, hasta en los sistemas educativos que escogemos, la deudas financieras, las veces que viajamos, la forma en que gastamos nuestro sueldo.

Esos códigos matemáticos examinan nuestras búsquedas en internet, nuestro comportamiento en redes sociales, chequean los sistemas de seguridad de nuestras tarjetas de crédito y hurgan en nuestros teléfonos móviles. 

En la mayoría de los casos facilitan las tareas informáticas complejas, pero también hay quienes mal utilizan la información. ¿El resultado? El lado oscuro de la modernidad: fraudes financieros, fake news, discursos de odio, democra-redes, ciberataques y guerra electrónica.

Dura Lex

La respuesta del mundo real no se ha hecho esperar. Alemania, desde el 2018, tiene una ley que impone sanciones a los medios sociales hasta de 50 millones de euros sino eliminan las publicaciones cargadas de odio. La Asamblea Nacional de Francia acaba de aprobar un proyecto de ley similar que exige a las empresas tecnológicas propietarias de redes sociales como Facebook o Twitter la eliminación de los mensajes de odio en un plazo máximo de 24 horas. Si la falta es grave, se propone sanciones económicas hasta 1 millón 250 mil euros. El presidente Emmanuel Macron pretende, además, que el nuevo marco legal pueda detener la propagación de contenido falso en este tipo de servicios.

Pero, no se confundan. El problema de fondo no son las redes, sino quienes las manejan. Sin principios, valores o ética, cualquier tecnología puede generar más daño que provecho.  Los científicos consideran que el  verdadero desafío del presente consiste en pensar «cómo sacaremos (en el futuro) el mejor provecho a la inteligencia artificial para beneficiar a la sociedad y minimizar su daño potencial». El poder de las nuevas tecnologías requiere, como todo poder, un control. El primero, es usarlo con responsabilidad y para solucionar los problemas —reales y virtuales— que el mundo padece. Si eso no funciona, está la ley.



06 julio, 2019

La noticia en la era digital (II)



Tecnología vs investigación
El periodismo es una industria y como tal, desde el lado de la producción, está ligado al desarrollo industrial. La invención del tipo móvil en la imprenta inició la producción en masa del proceso de difusión de ideas. De la impresión de la biblia a los primeros libros, no pasó mucho tiempo para que las noticias se produjeran en cantidades industriales. Las máquinas aceleraron la fabricación de periódicos y luego con la era moderna se extendió y profesionalizó el servicio de venta, distribución y publicidad de los medios. 
La nueva era de las tecnologías de la información siguen impactando e innovando el periodismo. Los buscadores de información ayudan en la producción de  contenidos. Hay, incluso, una nueva especialidad periodística basada en la búsqueda, análisis y procesamiento de información contenida en múltiples plataformas on line, creíbles y serias: el periodismo de datos. Lo que no ha cambiado —ni lo hará— es el valor de la veracidad, el procedimiento obligatorio, deontológico, ético, de contrastación de la fuente, la búsqueda de equilibrio informativo, la imparcialidad y objetividad que tienen o deben tener las noticias.
La automatización de la información no puede reemplazar la esencia misma del periodismo que es la búsqueda de la verdad. Tecnología sin ética es avance, pero no desarrollo, ni personal ni social. El ejemplo del proceso de modernización del  The Washington Post puede ayudar a entender este tema. Hace cinco años, el diario fundado en 1877 fue comprado por el magnate de Amazon, Jeff Bezos. El hombre que inventó una nueva forma de vender libros por internet inició, entonces, el proceso de modernización y transformación digital del legendario periódico. Entre sus periodistas figura Bob Wodward, el mítico periodista de investigación quien junto a Carl Bernstein destapó el CasoWatergate.
Bezos ha hecho una millonaria inversión para colocar al Post en la era digital. Y lo ha conseguido. Hoy el legendario diario norteamericano ha recobrado su crecimiento apostando por una fuerte revolución tecnológica. Pero, al mismo tiempo, ha recuperado prestigio, reputación, credibilidad de marca, apoyando el trabajo de sus periodistas de investigación que tienen hoy todas las herramientas necesarias —incluidas las tecnológicas— para hacer su trabajo.
Las Fake News 
El verdadero peligro que enfrenta el periodismo digital no es la automatización de las noticias, sino su credibilidad. Puede que los robots avancen en la identificación, desarrollo y redacción del “qué”, “quién”, “cuándo” y “dónde”, pero el “por qué” y “cómo” es todavía un coto reservado para la interpretación humana. Los optimistas dicen que siempre se necesitará un editor para contar una historia. Los pesimistas señalan que no por mucho tiempo más. En todo caso, en el terreno de la información profusa que existe en el internet, existe una nueva modalidadse que amenaza el flujo informativo, al punto que ha alertado a diversos gobiernos y entidades públicas y privadas del mundo: las fake news
Los acontecimientos políticos más importantes —Brexit, elecciones en Catalunya, Estados Unidos—han sido contaminados por esta nueva amenaza del periodismo, como especialidad, pero de la sociedad en general; una forma viralizada de escalar noticias abiertamente mentirosas o no reales. Una fake news es una información falsa, engañosa, distorsionada intencionalmente con el objeto de causar daño reputacional. 
En Europa, a raíz de campañas electorales y casos de consulta ciudadana en los cuales aparecieron noticias que perturbaron dichos procesos, se tuvo que nombrar una comisión especial para estudiar este fenómeno y establecer recomendaciones que, en ningún caso, pasaron por leyes reglamentaristas o que signifiquen un límite a la libertad de expresión.  Lo que la comisión de expertos encontró fue que el problema central de las noticias falsas se encuentra en su corazón: los datos.
Los datos son el material de base con el cual el periodismo construye la información. Si estos no corresponden con la realidad, entonces, lo que conviene es corregir la información de manera rápida y eficiente. Esto ha hecho que surja un nuevo tipo de profesional dedicado al “fact-checking”; es decir, a la verificación y al estudio de la desinformación. Por ahora, son grupos independientes de periodistas u otros profesionales que confrontan los datos —con ayuda de la tecnología, el periodismo de datos o el datamining—, para verificar su autenticidad. Por la salud del periodismo, deberán ser las propias empresas periodísticas las que especialicen a sus profesionales en chequear, detectar, escudriñar y aclarar noticias falsas.
Los Fact-Checkers
El otro detalle con la difusión masiva de noticias irreales es su viralidad; y eso se debe a que detrás de ellas hay algoritmos —pequeños demonios convertidos en fórmulas matemáticas—que las hacen crecer de manera exponencial. Estos algoritmos seleccionan la información y la disparan a la estratósfera virtual, aumentando su visibilidad. Algo que deberían aprender las noticias auténticas.
 Si bien la comisión europea concluyó que la desinformación a escalas siderales es un problema, no tuvo el mismo convencimiento para identificar sus causas, el nivel de impacto, las estructuras de amplificación o los intereses asociados a este fenómeno. Señaló, en cambio,  que se trata de un problema multifacético, sin una sola causa potencial y, por lo tanto, con varias aristas en su solución. 
Por lo tanto, la manera de enfrentar las fake news va más por apoyar o promover medios informativos independientes o grupos de profesionales expertos en verificación de datos que hagan uso de fuentes confiables y que a su vez tengan un rápido acceso a los medios multiplataforma.  En otras palabras, crear una comunidad de fact-checkers —al interior de los medios o independiente de ellos— parece ser el mejor camino por ahora para mejorar la credibilidad y reputación de las noticias que circulan en la red. 
Las oficinas públicas y las instituciones privadas tienen aquí el reto enorme de mantener equipos bien afiatados que compartan información y que tengan una relación fluida con las principales compañías tecnológicas para estimular etiquetas de verificación en artículos. En España nacieron, por ejmplo surgieron “Maldita Hemeroteca” y “Maldito Bulo”, dos organizaciones privadas dedicadas a cazar noticias falsas. Pero no solo noticias, sino todo tipo de información que no cumpla con los estándares de veracidad; esto incluye memes, whatsups, posts o cualquier otra pieza digital que navegue el la red y que se viralice.
Aquí en el Perú empezamos a tener ONGS de periodistas que van por ese camino. Periodismo de investigación, de datos. RPP tiene una sección semanal para analizar si las declaraciones de sus entrevistados son verdad, mentira o medias verdades. El Comercio también dedica un espacio —La posverdad de la política— para escudriñar las declaraciones de los políticos y calificar sus declaraciones de verdaderas, falsas o imprecisas. Son avances. Nuevas formas de enfrentar la desinformación. En una era de vértigo informativo, lo más sensato es tomarse un tiempo para meditar, analizar y discernir lo que existe en la red. Porque, como dijo Marco Aurelio, hace cientos de años, todo lo que escuchamos es una opinión, no un hecho. Y todo lo que vemos es una perspectiva, no la verdad.

29 junio, 2019

La noticia en la era digital (I)



Desde el primero de setiembre de 2018, la versión internacional del diario El País de España, que se vendía en papel en el Perú, dejó de circular. Un escueto aviso aparecido semanas antes explicaba que a partir de esa fecha los lectores podrían acceder a su versión on line, gratuita en un primer momento, pero que luego tendría un costo por suscripción.
Es la tendencia mundial. La era de la tecnologización está cambiando nuestra vida a pasos agigantados. Y el papel soporte material que acompañó la difusión de las ideas desde la aparición de la imprenta en el siglo XVestá siendo reemplazado en la era de la información por una pantalla táctil. Estos cambios que empezamos a experimentar son solo las primeras señalas de la llamada Revolución Tecnológica o Cuarta Revolución Industrial. Estamos en medio de una sociedad dominada por la tecnología donde el mundo real se fusiona con el mundo virtual y donde la realidad objetiva se traslapa con la realidad virtual o aumentada. 
Redacción automatizada
En este nuevo mundo, todo acontece a la velocidad del byte. La noticia no es más un producto de profesionales especializados: los periodistasNi siquiera de personas con un teléfono móbil en la mano, corresponsales de todo en todas partes. La noticia hoy en día puede incluso prescindir del ser humano y ser el resultado de sucesivos algoritmos que arman palabras, las unen en conceptos y construyen párrafos enteros hasta elaborar una nota informativa.  Esto es lo que hace un procesador con inteligencia artificial, un robot. 
La pionera en utilizar este nuevo ciberedactor ha sido la poderosa agencia Asociated Press(AP). Desde el 2014, cuando se asoció a un gigante tecnológico,  AP logró desplazar a un grupo de periodistas encargados de producir información y publicar estadísticas sobre la Bolsa de Valores. Los Angeles Times también ingresó al mundo de la redacción automatizada de noticias al viralizar su información sobre un incendio redacatada íntegramente por un procesador de información. The New York Times utiliza ciberedactores en su sección deportes. Su procesador de datos es tan desarrollado que no solo puede redactar resultados, sino que ensaya textos con valoración de las jugadas y sopesa las decisiones del entrenador. 
Andrés Openheimer contaba el año pasado, en una conferencia ofrecida en Lima, cómo él mismo ya empezó a usar los programas de desgrabación para procesar sus entrevistas. “Ese trabajo de desgrabar, corregir y editar ya no lo realiza una secretaria ni un periodista, sino una máquina”, reveló. Su afán por investigar hasta donde estamos avanzando en la relación hombre-máquina  lo llevó a un viaje por los países más desarrollados del planeta.  Luego de conversar con académicos, científicos y empresarios de diversos sectores, encontró que la relación es más bien entre tecnología y trabajo. “El 47% por ciento de los trabajos existentes corren el riesgo de automatizarse o volverse obsoletos debido a los avances tecnológicos y el crecimiento de los productos y servicios en línea que están por venir en los próximos veinte años”, afirma en: “¡Sálvese quien pueda!, el futuro del trabajo en la era de la automatización”.
Diversos informes y estudios confirman esta hipótesis y han empezado a arrojar estadística sobre la automatización industrial; y el periodismo es una industria.Los más cautelosos señalan que en los próximos 25 años, la mitad de los procesos industriales que conocemos estarán completamente automatizados. Los algoritmos están ganando la batalla. Su velocidad de uso es tan  acelerado que no se escapan actividades tan subjetivas, subliminales y artísticas, como la música o la pintura. 
En busca del cibertalento
Por 10 mil euros, lGalería Central de Londres, Christie's, puso en venta “la primera obra de arte pintada por un algoritmo”. Se refería al resultado que arrojó un procesador de información al que se le cargó más de 15 mil pinturas del Siglo XIV y XX: “Retrato de Edmond de Belamy, la imagen de un hombre. La firma al pie del cuadro no dejaba dudas sobre su autor:

Fueron tres artistas franceses de 25 años de edad —Hugo Caselles-Dupré, Pierre Fautrel y Gauthier Vernierquienes crearon esta nueva expresión ¿artístico-tecnológica?, compuesto por millones de pixeles. El reto no fue crear una pintura hecha por una inteligencia artificial. Lo que buscaron sus autores fue que la inteligencia artificial creyera que la pintura ¡fue hecha por un ser humano!

Los jóvenes franceses explicaron así su lógica artístico-logarítmica: "Esta nueva tecnología nos permite experimentar sobre la noción de creatividad para una máquina, y el paralelismo con el papel del artista en el proceso de creación. Queremos que el espectador se centre en el proceso creativo: un algoritmo normalmente funciona replicando el comportamiento humano, pero aprende usando su propio camino".
En un futuro cercano, cibertalento será una palabra que identifique  no tanto a cerebros humanos extraordinariamente hábiles en el manejo de las nuevas tecnologías, sino a procesadores automatizados capaces de pensar por sí mismos y aprender a resolver situaciones inesperadas, incluso  resolver problemas o crear cosas nuevas por sí solos.  (... continuará).



16 marzo, 2019

Gestión y comunicación



Cuando el problema es la economía (parada) y la gestión (ineficiente) es poco lo que pueden hacer la comunicación o la paridad de género. Ayudan, sin duda, en el primer tramo, en el de la presentación de objetivos generales, pero, al final del día, la diferencia es la capacidad de entregar resultados.
Del sector privado, la gente espera una economía dinámica, que crezca y genere puestos de trabajo; y del Estado, reclama funcionarios honestos y mejoras en la calidad de los servicios públicos, principalmente seguridad, salud y educación. 
Lo que se busca son cosas tangibles. No humo.
Es verdad que no hay política efectiva sin comunicación. Pero, una sirve a la otra; no la reemplaza. 
La comunicación es una herramienta de la gestión. No es la gestión misma. Pensar lo contrario es cargarle demasiada responsabilidad al proceso de comunicación. Es lo que sucede cuando escuchamos decir a los políticos cada vez con más frecuencia, “no hemos sabido comunicar bien” o “a partir de hoy mejoraremos nuestra comunicación con la gente”.
Los errores de gestión son de los políticos. Como señalaba en un anterior post: “Es una falacia pensar que la comunicación pueda resolver los problemas de la política (…) La comunicación es un instrumento de la política. Y no al revés”.  

La mayoría de la veces los problemas del gobierno no son de comunicación, sino de gestión. Si el puente se cae, la percepción, ánimo o sensación de la gente no va a cambiar hasta que se solucione el problema de tránsito de un lugar a otro; por más comunicación que se realice. 

Si la ejecución del presupuesto para la reconstrucción en Salud en el norte apenas tuvo un avance del 5%, en el 2018, lo que hace que los centros de salud luzcan abandonados generando malestar y rechazo en la gente de  Lambayeque y Piura. ¿Es un problema de comunicación o de gestión?

Este es el tema que deberá enfrentar el gabinete Del Solar. El presidente del Consejo de Ministros es un extraordinario comunicador. Pero tendrá que mostrar sus dotes de gestor si quiere cambiar el humor nacional.  

Todo gobierno democrático, tiene el deber de comunicar lo que piensa hacer. Pero debe hacer y no solo decir. “La mejor comunicación no es la que se dice, sino la que la gente ve y siente. Por eso, en lugar de preocuparse por comunicar, primero, el gobierno tiene que preocuparse en gobernar” (Politikha).

Así como gestión sin comunicación no sirve, porque no se ve. Comunicación sin gestión, no camina. La gallina cacarea cuando pone el huevo. No antes.  

08 julio, 2018

Carta abierta al presidente Vizcarra


Palacio de Gobierno.
Ing. Martín Vizcarra.
Presidente de la República.

Estimado Presidente,

No le haga caso a las encuestas. No del todo, al menos. Su aprobación cae mientras su desaprobación crece. Cuando eso pasa, el tracking estadístico dibuja la boca abierta de un cocodrilo que es difícil cerrar. Pero no imposible.

Lo favorece el tiempo. En una campaña electoral, si la boca del cocodrilo se abre en el tramo final de la carrera, es difícil cerrarla. Cambiar la percepción pública requiere no solo tiempo, sino acciones, gestos, pero, sobre todo, decisiones. Estrategia política clara y nervio comunicacional templado, presidente.

Lamentablemente, le han cortado el brazo publicitario. Una de las herramientas más importantes para dar la batalla en la mente de la gente, presidente, y ganar la opinión pública. No es que la publicidad sea la panacea, pero ayuda sobre todo cuando no se tiene voceros políticos proactivos y dispuestos a dar pelea en medios.

Tres años en el gobierno es una vida, presidente, siempre y cuando gobierne. Aún sin el brazo publicitario, tiene excelentes posibilidades de cambiar el curso del humor público. Sus mejores aliados son las buenas expectativas en el campo económico, la recuperación del precio de los minerales y el aumento de las exportaciones.

Pero, en serio, donde deberá redoblar esfuerzos, presidente, no es en el campo comunicacional o económico, sino principalmente en el terreno político. Aquí, contra lo que debe luchar es con la sensación que tiene la gente de que su gobierno es o sigue siendo corrupto.

En este escenario, hace poco, usted tuvo una iniciativa excelente. Hizo pública la denuncia de un alcalde cusqueño contra un funcionario del MEF que arreglaba el financiamiento de obras estatales a cambio de una coima. Fue una movida estratégica de su parte. Hágale seguimiento, presidente. Que no sea flor de un día. Encargue a un funcionario de su confianza su monitoreo. O, mejor aún, presente más casos. Eso infundirá temor y lo hará ver duro y firme en la lucha contra este flagelo.

Seguro encontrará la enorme dificultad de gobernar con un equipo sin capacidad para liderar una agenda con temas que conecten con la ciudadanía, presidente. Esto a su vez profundiza el problema de percepción de debilidad que la gente tiene de usted. 

La batalla por colocar la agenda pasa primero por construirla, luego ejecutarla y comunicarla. El mensaje del 28 de julio es la ocasión propicia para hacerlo. No se trata de pensar qué voy a opinar hoy, sino de proponer hoy y mañana los temas de opinión. No es una cuestión de contenidos, presidente, sino de temas.


Detener el bostezo del cocodrilo estadístico requiere tiempo, paciencia e inteligencia, presidente. Las encuestas ni siquiera son fotografías del momento. A veces son meros brochazos distorsionados e impresionistas. Su cargo viene con un manual de funciones. Siga las instrucciones y si tiene que cambiar piezas para avanzar, no lo dude, presidente.



15 junio, 2018

Ni siesta ni duermevela


Lentamente, de a pocos, el presidente Vizcarra parece sacudirse de la siesta moqueguana. La tozudez del Congreso en usar su fuerza numérica —y solo su fuerza—, esperemos, lo terminarán de despertar.
El Congreso es el que gobierna. Ese el mensaje que acaba de enviarle la Plaza Bolívar a la Plaza Mayor al aprobar por insistencia la “Ley Mordaza” —así la ha llamado el Presidente Vizcarra a la ley que prohíbe la publicidad oficial en medios privados.
Las leyes las aprueba el Congreso, pero las refrenda el Presidente de la República. Excepto, como ha ocurrido ahora, cuando el Legislativo apela al mecanismo de insistencia y aprueba la norma.
El Poder Legislativo y la mayoría que lo maneja han ido en contra de la opinión del Jefe del Estado. Se han enfrentado a él, recortándole la posibilidad de usar los medios de comunicación privados para difundir sus actos de gobierno.
Peor aún, el Congreso le ha recortado a parte de la ciudadanía su derecho a ser informado. No es mermelada. Es derecho a la información.
Lo que le queda ahora al Ejecutivo es plantear una acción de inconstitucionalidad, con aprobación del Consejo de Ministros. Y pechar al Congreso ante el Tribunal Constitucional.
Ese es el camino legal.
El camino mediático y de la opinión pública es otra cosa. Aquí el presidente Vizcarra debe salir de sus mensaje por Twitter y hablar alto y fuerte, de cara a la ciudadanía.
Si el Presidente quiere dejar en claro quién gobierna en el país debe salir de la burbuja de las redes sociales y ganar en la arena política. Nunca como ahora, los medios de comunicación lo van a apoyar.
Puede ganar la opinión pública. Lo acaba de experimentar al aprobar la ley para que la SBS supervise a las cooperativas. Con esa acción quedó clara su postura de lucha contra el lavado de activos.
Hoy se requiere una acción mayor. Debe ser firme en su postura ante el TC. Aunque no lo crea, esta actitud lo ayudará a reconfigurar el escenario político. Lo fortalecerá y puede ayudar a borrar la sombra de indefinición y debilidad que pesa sobre sus hombros.
El presidente tiene que defender ante la opinión pública que no está dispuesto a ser rehén del Congreso. Tiene que desnudar las intenciones de la mayoría parlamentaria. Sin exageraciones. Ni exabruptos.
Simplemente, respetando el derecho que tiene la ciudadanía a ser informado. La voluntad del Ejecutivo de restringir la publicidad oficial ya estaba clara. Nada de Cherrys tontos e ineficaces. Información necesaria, utilitaria. Cero autobombos.
Y para eso se requiere estar despierto, muy despierto. Ni siesta moqueguana, ni duermevela. Ojos de gato, Presidente. Abiertos y vigilantes aún en la oscuridad.