29 junio, 2019

La noticia en la era digital (I)



Desde el primero de setiembre de 2018, la versión internacional del diario El País de España, que se vendía en papel en el Perú, dejó de circular. Un escueto aviso aparecido semanas antes explicaba que a partir de esa fecha los lectores podrían acceder a su versión on line, gratuita en un primer momento, pero que luego tendría un costo por suscripción.
Es la tendencia mundial. La era de la tecnologización está cambiando nuestra vida a pasos agigantados. Y el papel soporte material que acompañó la difusión de las ideas desde la aparición de la imprenta en el siglo XVestá siendo reemplazado en la era de la información por una pantalla táctil. Estos cambios que empezamos a experimentar son solo las primeras señalas de la llamada Revolución Tecnológica o Cuarta Revolución Industrial. Estamos en medio de una sociedad dominada por la tecnología donde el mundo real se fusiona con el mundo virtual y donde la realidad objetiva se traslapa con la realidad virtual o aumentada. 
Redacción automatizada
En este nuevo mundo, todo acontece a la velocidad del byte. La noticia no es más un producto de profesionales especializados: los periodistasNi siquiera de personas con un teléfono móbil en la mano, corresponsales de todo en todas partes. La noticia hoy en día puede incluso prescindir del ser humano y ser el resultado de sucesivos algoritmos que arman palabras, las unen en conceptos y construyen párrafos enteros hasta elaborar una nota informativa.  Esto es lo que hace un procesador con inteligencia artificial, un robot. 
La pionera en utilizar este nuevo ciberedactor ha sido la poderosa agencia Asociated Press(AP). Desde el 2014, cuando se asoció a un gigante tecnológico,  AP logró desplazar a un grupo de periodistas encargados de producir información y publicar estadísticas sobre la Bolsa de Valores. Los Angeles Times también ingresó al mundo de la redacción automatizada de noticias al viralizar su información sobre un incendio redacatada íntegramente por un procesador de información. The New York Times utiliza ciberedactores en su sección deportes. Su procesador de datos es tan desarrollado que no solo puede redactar resultados, sino que ensaya textos con valoración de las jugadas y sopesa las decisiones del entrenador. 
Andrés Openheimer contaba el año pasado, en una conferencia ofrecida en Lima, cómo él mismo ya empezó a usar los programas de desgrabación para procesar sus entrevistas. “Ese trabajo de desgrabar, corregir y editar ya no lo realiza una secretaria ni un periodista, sino una máquina”, reveló. Su afán por investigar hasta donde estamos avanzando en la relación hombre-máquina  lo llevó a un viaje por los países más desarrollados del planeta.  Luego de conversar con académicos, científicos y empresarios de diversos sectores, encontró que la relación es más bien entre tecnología y trabajo. “El 47% por ciento de los trabajos existentes corren el riesgo de automatizarse o volverse obsoletos debido a los avances tecnológicos y el crecimiento de los productos y servicios en línea que están por venir en los próximos veinte años”, afirma en: “¡Sálvese quien pueda!, el futuro del trabajo en la era de la automatización”.
Diversos informes y estudios confirman esta hipótesis y han empezado a arrojar estadística sobre la automatización industrial; y el periodismo es una industria.Los más cautelosos señalan que en los próximos 25 años, la mitad de los procesos industriales que conocemos estarán completamente automatizados. Los algoritmos están ganando la batalla. Su velocidad de uso es tan  acelerado que no se escapan actividades tan subjetivas, subliminales y artísticas, como la música o la pintura. 
En busca del cibertalento
Por 10 mil euros, lGalería Central de Londres, Christie's, puso en venta “la primera obra de arte pintada por un algoritmo”. Se refería al resultado que arrojó un procesador de información al que se le cargó más de 15 mil pinturas del Siglo XIV y XX: “Retrato de Edmond de Belamy, la imagen de un hombre. La firma al pie del cuadro no dejaba dudas sobre su autor:

Fueron tres artistas franceses de 25 años de edad —Hugo Caselles-Dupré, Pierre Fautrel y Gauthier Vernierquienes crearon esta nueva expresión ¿artístico-tecnológica?, compuesto por millones de pixeles. El reto no fue crear una pintura hecha por una inteligencia artificial. Lo que buscaron sus autores fue que la inteligencia artificial creyera que la pintura ¡fue hecha por un ser humano!

Los jóvenes franceses explicaron así su lógica artístico-logarítmica: "Esta nueva tecnología nos permite experimentar sobre la noción de creatividad para una máquina, y el paralelismo con el papel del artista en el proceso de creación. Queremos que el espectador se centre en el proceso creativo: un algoritmo normalmente funciona replicando el comportamiento humano, pero aprende usando su propio camino".
En un futuro cercano, cibertalento será una palabra que identifique  no tanto a cerebros humanos extraordinariamente hábiles en el manejo de las nuevas tecnologías, sino a procesadores automatizados capaces de pensar por sí mismos y aprender a resolver situaciones inesperadas, incluso  resolver problemas o crear cosas nuevas por sí solos.  (... continuará).



22 junio, 2019

Partidos: no más firmas de adherentes

La reforma política aprobada recientemente en la Comisión de Constitución del Congreso de la República —que sustituye la inscripción de adherentes por la de militantes para legalizar la inscripción de un partido— es un experimento electoral que busca fortalecer la institucionalidad política restringiendo el número de partidos políticos. 

Ya no se necesitará buscar el 4% de electores hábiles, las 700 mil firmas de adherentes que en la práctica significaba acopiar cerca de 4 millones de firmas de manera fraudulenta, para inscribir una nueva organización política, sino, por el contrario, bastará adherir el 0.1% del padrón general de votantes y contar con el respaldo diligente de mínimo 23 mil ciudadanos.

Es el primer cambio de las reformas políticas que reestructura la organización. Pasamos del respaldo pasivo y anónimo al compromiso activo y militante.

Los partidos políticos y las organizaciones políticas regionales tendrán un año de plazo para elaborar su padrón de afiliados, identificar sus cuadros directivos —en especial quienes asuman responsabilidades de índole económico-financiera— y solicitar su inscripción ante el Jurado Nacional de Elecciones.

Los comités partidarios serán conformados por ciudadanos que domicilien en la localidad organizados en grupos de no menos de 50 afiliados debidamente identificados. El partido nacional deberá tener comités en función en al menos 20 de las 25 regiones y en 65 de las 196 provincias que tiene el país. Los movimientos regionales deberán tener comités partidarios en al menos 4/5 de las provincias que conforman sus respectivas circunscripciones.

Hoy con la valla de las 700 mil firmas válidas tenemos 24 organizaciones políticas inscritas en el Jurado Nacional de Elecciones y los peruanos inscritos en algún partido suman 1 millón y medio (6.25% del padrón electoral). Las organizaciones políticas más antiguas en nuestro país sobrepasan los 150 mil militantes, pero en sus elecciones internas difícilmente se movilizan más de 20 mil partidarios. Es muy probable que al desaparecer el requisito de las 700 mil firmas —complicado, trabajoso y sumamente oneroso, tanto económica como logísticamente—se pueda pensar en una explosión de partidos políticos.

Depende de lo que se entienda por partido político. Si calificáramos a los partidos por sus comités de base en funcionamiento, difícilmente quedaría una organización en pie. Mantener, pues, vivo un partido político no es tarea fácil.

Tener comités de base de 50 militantes activos en al menos 4/5 de las provincias o las regiones requerirá algo más que un solvente poder económico —grande o mediano, limpio u oscuro— que se infiltre en la política, organice estructuras a nivel regional o nacional y pretenda subirse a cuanta tómbola electoral se realice. 

Mantener una organización política viva requiere convicción, ideario, pasión. Un partido es un concierto de voluntades en pos de un objetivo común. Una lista de ciudadanos no hace un partido. Se requiere el vigor de las ideas, la fuerza de la organización y el iderazgo de sus militantes para estudiar los problemas locales, regionales y nacionales y proponer alternativas de solución.

Sin ideas no hay partidos. Solo templos de reunión.  



15 junio, 2019

Partidos: pensar en el Perú

En un interesante artículo sobre el tipo de partidos políticos que debiera tener el Perú, Carlos Meléndez propone tener una especie de think-thanks que abordan, estudian, analizan, temas relevantes y transforman las ideas en iniciativas que podrían ser incluso legislativas.

Touché. Es el debate de fondo. Qué tipos de organizaciones políticas tenemos y qué tipo de partidos necesitamos. Por ahora, nuestras casas políticas no ingresan en las categorías ni de partido de masas, ni de cuadros, ni en la de catch-all party.

No tenemos partidos. Tenemos clubes de barrio abandonados. Ventanillas de empleo precario. Bolsas de trabajo a futuro. Cuadrillas de cargadores que se activan cuatro meses antes de la campaña electoral.

En principio, carecemos de partidos con ideología. No tenemos tampoco organizaciones con estructuras democráticas, sino producto de artilugios legales, componendas sectoriales, cuando no, resultado de imposiciones económicas.

No existen equipos que se dediquen a pensar en los problemas del país. Ni siquiera a conocer su realidad local o regional. Ni qué decir de la dimensión nacional. El factor internacional, simplemente no existe. 

Los partidos tienen estructuras organizacionales del siglo XIX. Las secretarías responden a un ordenamiento vertical, jerarquizado, muchas veces autoritario, que mantiene el control, pero también lo viejo. No permite que fluya el cambio.

Se requieren partidos que funcionen no como shadow cabinet, escondidos, en la sombra, sino como luminous cabinet, abiertos, interdisciplinarios; un gabinete luminoso en ideas. Que estudie el país. Que proponga soluciones. Que aporte puntos de vista. Que debata con altura. Que fortalezca las instituciones, afirmando la democracia en lugar de conspirar contra ella. 

Belaunde tuvo esa práctica desde que apareció en política. En 1956, cuando se presentó por primera vez y no ganó, se reunía todos los lunes con sus diputados electos para analizar la realidad nacional. Algunas veces, invitaba a un experto a exponer un tema de actualidad. De esas conversaciones y debates intensos emergían proyectos de ley y luego normas que cambiaban la realidad.

En el 62 y 63 –antes de llegar al poder–, los encuentros fueron almuerzos, todos los lunes en el Maury. En una de esas reuniones se analizó la obsolescencia del sistema electoral a través de papeletas que cada partido debía llenar en busca de votos y Belaunde le encargó a Javier Alva Orlandini que estudiara el caso. El resultado fue una nueva ley general de elecciones, bajo el principio de votación secreta y universal que usamos hasta hoy.

La premisa básica del partido y su rol fundamental debiera ser pensar en el Perú. Organizar equipos, estudiar a fondo temas de actualidad, problemas sociales que preocupan a la gente y generar consensos para aportar a su solución. Eso, mientras no están en el gobierno. Cuando llegan, su obligación es poner en práctica lo estudiado. Un partido debe ser primero que nada una casa de ideas.


09 junio, 2019

Confianza a plazos


La cuestión de confianza aprobada recientemente por el Congreso de la República (77 a favor, 44 en contra y 3 abstenciones), no cierra definitivamente la crisis de poderes. Es apenas el primer capítulo. Una confianza a plazos.

El segundo y definitivo round vendrá tras la forma final que tendrán los seis proyectos de reforma presentados tras su deliberación y aprobación en el Congreso.

Lo único claro es que el Congreso no tiene vocación de mesa de partes. Y que el ejecutivo defenderá la esencia de los proyectos. 

¿Aceptará, entonces, el gobierno los cambios que introducirá el Congreso a los proyectos presentados? O, por el contrario, ¿inferirá que los mismos han sido modificados, tergiversados, desnaturalizados? Y si esto es así ¿interpretará que la confianza solicitada no le ha sido otorgada por lo que, la disolución del Congreso, volverá nuevamente a la palestra?

No hay coincidencia en la opinión de los constitucionalistas. Sus razonamientos están en uno y otro lado. 

Hay quienes consideran que, aprobada la confianza, se supera el incidente y el Congreso tiene la potestad de reformar la constitución sin que penda sobre su institucionalidad una espada de Damocles. Pero hay también letrados que señalan todo lo contrario y que de alterarse la esencia de los proyectos se entenderá que la confianza otorgada ha sido traicionada y quedará expedito el camino para que el ejecutivo disuelva el Congreso.

Este segundo capítulo, entonces, no se dirimirá por la vía legal-constitucional, sino por el político. El ejecutivo levantará la bandera de que las reformas políticas son necesarias para avanzar en la modernización del país y el legislativo defenderá la autonomía de su fuero en materia de reforma constitucional. Quien venda mejor su respectiva posición ante la opinión pública, inclinará la balanza.

En las próximas semanas sabremos si el espíritu de diálogo y acuerdo que desplegaron varios congresistas durante el primer tiempo de la cuestión de confianza, se mantiene o si, por el contrario, asistimos a un nuevo capítulo de crispación, desentendimiento y choque de poderes, que volverá a zarandear el país. Una confianza a plazos y en dos armadas.

01 junio, 2019

Confianza y esencia


Entre trabajar y construir el consenso en torno a las reformas políticas o coincidir con la calle y patearle el trasero al legislativo, el ejecutivo prefirió lo segundo. Estamos a punto de una colisión de poderes. El ejecutivo pretende que el Congreso le apruebe, de manera express, cinco proyectos de reforma política empaquetados en un corsé de tiempo y forma que deja al primer poder del Estado casi como una mesa de partes.

El cierre o disolución del Congreso es inminente. La confianza solicitada por el ejecutivo no puede estar basada en un acto de fuerza. Ni en una atribución que no se tiene. El Art. 206 de la Constitución lo señala expresamente: “La ley de reforma constitucional no puede ser observada por el presidente de la República”.

El presidente carece de la facultad de observar una ley de reforma o modificación constitucional. Si no tiene esta atribución, ¿cómo podría el ejecutivo argumentar que el Congreso ha variado la esencia de una norma de reforma constitucional y, por consiguiente, interpretar que no se le ha dado la confianza? 

Un poder no puede reclamar una función que la ley no le faculta. Sin esencia no hay confianza, That´s the question.

Además, ¿ha reparado el ejecutivo en la incongruencia insalvable que existe entre realizar elecciones internas, abiertas, simultáneas y obligatorias para toda la ciudadanía con la finalidad de elegir a los candidatos de las organizaciones políticas (Proyecto de Ley N.- 4187/2018-PE) y el proyecto que elimina el voto preferencial en las listas parlamentarias y establece la alternancia y equidad de género en la composición de dichas listas (Proyecto de Ley N.- 4186/2018-PE)?

Si las organizaciones presentan listas alternas y con equidad de género en las primarias, estas variarán apenas termine el escrutinio de esos resultados. Y si, por el contrario, lo que se pretende es que la lista final presentada a las elecciones generales y parlamentarias tenga el criterio de equidad de género y alternancia ¿para qué hacemos primarias si no vamos a respetar el orden dictado por el electorado?

Lo más sensato es realizar primarias y que se ordenen las listas según los votos obtenidos. Alterar este orden electoral meritocrático traerá más injusticias que remedio.

Una reforma política requiere tiempo, debate más allá de las organizaciones políticas y mucho trabajo para construir consensos. El Acuerdo Nacional puede convertirse en un foro de discusión en el que se expresen los diversos grupos políticos, económicos y sociales. Es la hora de las instituciones. El Tribunal Constitucional debe ser consultado.

Estamos a punto de tirar todo por la borda y entrar a una vorágine electoral interminable. Nuevo Congreso. Referéndum. Elecciones generales. Otra vez nuevo Congreso. Una cosa de locos. Dejemos que este Congreso termine sus funciones y que sea un nuevo Parlamento, el 2021, el que asuma, sin urgencias, ni presiones, la tarea de reestructurar, reformar, modernizar, nuestras reglas de juego y convivencia social. No juguemos con la democracia. 


25 mayo, 2019

Juego de Tonos


El ejecutivo y el legislativo han elevado sus decibeles.

Esta semana, ambos poderes del Estado cruzaron declaraciones altisonantes, estridentes, de uno y otro lado, al punto de volver a zumbar en la opinión pública el cierre o disolución del Congreso.

A todas luces, un diálogo de sordos. Un fracaso más de la política, entendida como diálogo y construcción; y más bien un punto a favor del espíritu de confrontación y ataque.

El quid del asunto es la reforma política. Un conjunto de 12 proyectos elaborados por una comisión de expertos a pedido del ejecutivo que el Congreso ha decidido entrampar, cuando no fondear, en el tacho de basura.

El primer despojo fue el proyecto que buscaba arrebatar la inmunidad parlamentaria para entregarla a la Corte Suprema. Un proyecto atractivo para el pueblo —siempre opuesto al Congreso—, pero imposible para una representación encabritada, arisca, mayoritariamente opositora como la que tenemos.

En lugar de persuadir y trabajar los votos para la aprobación de la reforma, el gobierno prefirió la pechada al Congreso y la denuncia a la opinión pública.

Pero, ¿es realmente la inmunidad parlamentaria la principal de las reformas o acaso el principal problema del país? Ni uno ni otro. Es más bien un estilete contra la autonomía legislativa. 

El castigo a los congresistas por demorar, entrampar o encubrir a un colega en problemas con la justicia, se paga en las urnas. 

La inmunidad legislativa es un principio del equilibrio de poderes. Tiene su origen en el abuso de cualquiera de los otros poderes. Permite a los congresistas actuar sin una espada de Damocles sobre sus cabezas.

Es cierto también que hay un abuso de parte de los representantes ante el pedido de la justicia de levantamiento de su inmunidad por delitos que no son inherentes a su función pública o, mejor dicho, por delitos abiertamente comunes.

En ese caso, una buena salida es colocar un plazo prudente para hacer efectivo el requerimiento judicial y aplicar el silencio administrativo positivo. Si el Congreso no resuelve el pedido de la justicia en el plazo previsto; la justicia, procede en consecuencia.

Nada se consigue elevando el tono de la disputa entre poderes. Más bien, el ruido que genera la disonancia, acompañada de estridencia, preocupa a la sociedad y desalienta la economía. Modulemos, pues, el debate.


05 mayo, 2019

Pisco: sana competencia


Hay consenso en diversificar la producción como mecanismo para mejorar la canasta exportadora y dejar de ser una economía primario exportadora. Lo que se discute es el cómo. Los Centros de Innovación Tecnológica son un modelo para, desde el Estado, ayudar a los pequeños productores a mejorar sus productos, estandarizar los procesos de producción, dinamizar su comercialización y potenciar su participación en el mercado interno como externo. 

Hemos tenido, sin embargo, desde el propio gobierno, en diferentes etapas, experiencias que han apoyado estas iniciativas y otras que las han relativizado y hasta desincentivado. El argumento para no apoyar los CITE ha sido producto de la visión ortodoxa de la economía que indica que el Estado debe abstenerse de cualquier actividad productiva que signifique competencia desleal a las inicitivas privadas.

¿Pero puede calificarse de competencia desleal la transferencia tecnológica que genera el CITE Agroindustrial Ica (CAI) para cientos de pequeños productores que sin tener tierras ni bodegas se atreven a procesar Pisco de calidad en las  instalaciones del CAI?

Inaugurado en abril de 2002, el entonces CITE Vid Ica tenía 4 técnicos especialistas en manejo de la uva y procesamiento del Pisco. Desde entonces, su labor fue investigar, promover mejoras y prestar asistencia técnica a toda la cadena de producción de Pisco; desde la siembra de la uva y manejo de suelos y plagas, hasta la cosecha, post cosecha y fabricación del destilado de uva.

A lo largo de estos 17 años de existencia el ahora CITE Agroindustrial Ica logró asesorar e incubar 118 exitosas empresas productoras y exportadoras de Pisco, y formó y capacitó a más de un centenar de pequeños productores, quienes, en conjunto, han elaborado más de 500 mil litros del mejor destilado de uva.

El CAI no es competencia para las grandes bodegas productoras de Pisco. No puede serlo con sus menos de 50 mil litros/año que produce en un mercado que registra una producción anual entre 6 y 10 millones de litros de Pisco. 

Hoy, este centro de innovación tecnológico tiene 40 técnicos de primer nivel expertos en diferentes rubros agrícolas —no solo uva—, que desarrollan investigación y asesoramiento en control de plagas, desarrollo y manejo de cultivos, procesamiento y transformación industrial de diversos productos agrícolas.

El CAI no es competencia desleal. Su servicio está a disposición de todos, pequeños, medianos y grandes productores. Los laboratorios del CAI, en todo caso, compiten con los laboratorios privados de las grandes bodegas en exigencia y búsqueda de calidad. Y este tipo de competencia es bueno, porque exige a todos los productores a innovar, renovar. Incentiva a mejorar.

La transferencia tecnológica del CAI es por tres años para cualquier productor. El primer año es de aprendizaje, el segundo de consolidación y el tercero de expansión. Así hemos pasado de 16 marcas más o menos reconocidas que habían hace 20 años a casi 400 que existen ahora. 

Esta semana, el renovado CAI fue visitado por el fundador presidente de USIL, Raúl Diez Canseco Terry, su creador, en el marco del Récord Guinness alcanzado con la degustación de Pisco más grande del mundo. 899 degustadores reunidos en un mismo lugar para probar tres tipos de Pisco. Es la manera de incentivar el consumo del Pisco y llevarlo más allá de nuestras fronteras: Innovar, probar, competir, promover. Hay que incentivar la competencia, no desalentarla. ¡Salud!




18 abril, 2019

La Historia lo juzgará


Entre la humillación de la cárcel y el fin de su vida, Alan García eligió su destino. Antes que verse acusado por la justicia, entregó lo más preciado que tiene el ser humano. Ante la disyuntiva de perder la libertad o la vida, decidió hacer justicia por mano propia. Con los agentes esperándolo en la sala de su casa para detenerlo, se encerró en su dormitorio, tomó su arma y se disparó un balazo en la sien.

La vida es solo un entrenamiento para la muerte, sostenía Platón. Una manera de resumir el sentido de vivir. Una pugna entre la pasión y la virtud; entre lo banal y el conocimiento. Entre la ética y lo inmoral. 

Si esto es así para el común de los mortales, qué es la vida para los políticos. Un entrenamiento para la Historia. O debiera serlo, en todo caso. Una oportunidad para dominar los caballos alados de Fedro y elevar el carro sin perder el equilibrio de conducirlos con mano firme.  

¿Dónde se ubica la política? En ambos mundos. En la luz y en la oscuridad. En la teoría y la práxis. En el mundo de las ideas, pero también en el de las pasiones, en la dura, pragmática, realidad. En la ética y su permanente lucha de contrarios.

La decisión de García no fue un acto desesperado. Ni cobarde. Fue un acto político. Razonado. Quizás algo alterado por el desequilibrio emocional del momento. Pero, de todas maneras, una circunstancia pensada que requiere valor para convertirla en una decisión final. 

Cuando eres político y libre de culpas la cárcel no es un castigo, sino una pascana en el camino. El acto de terminar con su vida no lo vuelve inocente. Ni lo exime de los errores o delitos cometidos. La muerte no lo redime. Pero no se puede negar que la muerte por honor, aún cuando sea por temor,  acorralado por la justicia, otorga dignidad a la política. 

Entre la Justicia o la Historia, Alan prefirió el juicio de la Historia. La muerte así meditada, no es un acto de locura, sino de razón pura, mirando no lo efímero y cotidiano, sino lo trascendente y permanente. Ahora, ya no serán solo los hombres, sino la Historia, la que finalmente lo juzgue.

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ACTUALIZACIÓN

(Viernes, 19 de abril de 2019) En el segundo día del velatorio de Alan García, en local central del Partido Aprista, una de sus hijas, Luciana García Nores, leyó una carta que el padre dejó a sus hijos. Con este documento, se esclarece que la decisión fatal del expresidente fue un acto pensado y planificado; el último acto político de un hombre político. "... le dejo a mis hijos la dignidad de mis decisiones; a mis compañeros, una señal de orgullo. Y mi cadáver como una muestra de mi desprecio hacia mis adversarios porque ya cumplí la misión que me impuse".

Carta de Alan García


“Cumplí la misión de conducir el aprismo al poder en dos ocasiones e impulsamos otra vez su fuerza social. Creo que esa fue la misión de mi existencia, teniendo raíces en la sangre de ese movimiento.
Por eso y por los contratiempos del poder, nuestros adversarios optaron por la estrategia de criminalizarme durante más de treinta años. Pero jamás encontraron nada y los derroté nuevamente, porque nunca encontrarán más que sus especulaciones y frustraciones.
En estos tiempos de rumores y odios repetidos que las mayorías creen verdad, he visto cómo se utilizan los procedimientos para humillar, vejar y no para encontrar verdades.
Por muchos años me situé por sobre los insultos, me defendí y el homenaje de mis enemigos era argumentar que Alan García era suficientemente inteligente como para que ellos no pudieran probar sus calumnias.
No hubo ni habrá cuentas, ni sobornos, ni riqueza. La historia tiene más valor que cualquier riqueza material. Nunca podrá haber precio suficiente para quebrar mi orgullo de aprista y de peruano. Por eso repetí: otros se venden, yo no.
Cumplido mi deber en mi política y en las obras hechas en favor de pueblo, alcanzadas las metas que otros países o gobiernos no han logrado, no tengo por qué aceptar vejámenes. He visto a otros desfilar esposados guardando su miserable existencia, pero Alan García no tiene por qué sufrir esas injusticias y circos.
Por eso, le dejo a mis hijos la dignidad de mis decisiones; a mis compañeros, una señal de orgullo. Y mi cadáver como una muestra de mi desprecio hacia mis adversarios porque ya cumplí la misión que me impuse.
Que Dios, al que voy con dignidad, proteja a los de buen corazón y a los más humildes”.


07 abril, 2019

El Bono Joven Bicentenario


La Contraloría General de la República que dirige Nelson Shack ha iniciado un cambio, acaso una revolución, y antes de que lo perdamos —como dijo el premier Del Solar en el Congreso—, ha echado mano al bono demográfico, el bono joven. 

El contralor ha realizado una convocatoria para captar 10,598 jóvenes voluntarios que colaboren en la supervisión y monitoreo de 5,454 obras públicas contenidas en el Plan Integral de la Reconstrucción con Cambios. 

Pero, además, ha anunciado que tomará autoridad de las Oficinas de Control Interno de las municipalidades para convertirlas en unidades profesionales y operativas que no dependan del alcalde, sino de la propia Contraloría en la que participen, debidamente contratados, abogados, auditores, ingenieros, economistas.

Es una manera espectacular de apostar por los jóvenes. Y por el cambio. Por hacer las cosas de manera diferente. Apelando a  la mística que tienen los chicos y chicas por colaborar con su país en actividades concretas de lucha contra la corrupción.

Me hace recordar a una propuesta que hice hace varios años, para crear el Servicio Civil Universitario, un sistema remunerado de participación de nuestros jóvenes bachilleres para trabajar en las comunidades más necesitadas del país.

El sistema permitía a jóvenes universitarios aplicar sus conocimientos en las comunidades más necesitadas de las zonas urbano marginales y/o rurales del país. La idea tenía un doble impacto. Por un lado, los profesionales conocerían mejor su país y tendrían además la oportunidad de aplicar los conocimientos adquiridos en las aulas en la realidad; y por otro, nuestra gente pobre aprovecharía los conocimientos de sus mejores hijos y mejorarían su calidad de vida.

El Servicio Civil Universitario para todas las profesiones sería emprender una verdadera reforma universitaria, vinculando a jóvenes profesionales egresados de todas las carreras profesionales. Miles de jóvenes profesionales egresados de las universidades públicas y privadas se incorporarían rápidamente a trabajar con las comunidades campesinas, organizaciones rurales, barriales y juveniles, pero también con las municipalidades o gobiernos regionales, para asesorar técnicamente a poblaciones pobres del campo y de las ciudades. O, como ahora, ayudar al contralor general a luchar contra la corrupción.

El sistema de movilización y participación universitaria se aplica en México, Costa Rica, Chile, Argentina, entre otros países de la región. En nuestro país existe el Servicio Rural Médico (SERUM) para los estudiantes de Medicina y el Servicio Civil de Graduandos (SECIGRA) para los estudiantes de Derecho. La convocatoria de la Contraloría demuestra que se necesitaba ampliar el sistema otras carreras profesionales.

Los bachilleres en Arquitectura y Urbanismo, Ingeniería Civil, por ejemplo,  podrían trabajar con los asentamientos humanos de Lima a través de los gobiernos locales o regionales o ayudando a formar Núcleos Ejecutores para desarrollar proyectos en habilitación urbana, titulación, mejoras en autoconstrucción de casas, escuelas, cunas, calles o lozas deportivas.

Los administradores o economistas podrían asesorar a las poblaciones de escasos recursos en cómo obtener un título de propiedad, cómo abrir un negocio, alquilar un bien o constituir una empresa. Los abogados, en reclamos de pensiones, juicio de alimentos o procedimiento legal frente a actos de violencia familiar.

Los educadores, los trabajadores sociales, los comunicadores se integrarían a proyectos locales de reforzamiento escolar, alfabetización, preparación pre-universitaria, clubes de lectura, talleres de ciencia o enseñanza del idioma inglés. Los politólogos podrían ayudar a las organizaciones locales o regionales a diseñar mejores políticas públicas.

En el campo, operarían equipos multidisciplinarios de ingenieros agrícolas, zootecnistas, industriales, nutricionistas, profesionales de cocina, administradores en hotelería y turismo, etc., para ayudar a los pobladores de las zonas más pobres a poner en valor sus activos culturales, agropecuarios, ecológicos.

Los jóvenes esperan sólo la oportunidad de ser útiles. La fuerza de voluntariado existe. Y la necesidad de trabajar también. El Servicio Civil Universitario no sería oneroso para el Estado. En el Perú existen unos 780 mil estudiantes universitarios, de los cuales, 50 mil terminan cada año su carrera. En una primera etapa se podría convocar a 20 mil estudiantes. Si se les paga 1,200 soles a cada uno de ellos, sería 288 millones de soles anuales, menos de la cuarta parte de lo que pagará el gobierno este año en consultorías.

El Perú es un país joven en edad. Pero si no hacemos algo ahora, corremos el riesgo de que en pocos años, como advirtió bien el presidente del Consejo de Ministros, Salvador Del Solar, citando un informe de la CEPAL, el Perú y América Latina perderá el bono demográfico.

Apostemos por los jóvenes. ¿Qué tal si  empezamos por aquilatar la idea del contralor —podríamos hacer un esfuerzo por transformar la medida de voluntaria a remunerada— y la convertimos en una política de Estado, en honor a los jóvenes del Perú Bicentenario? 

31 marzo, 2019

Las Bambas: ¿Qué sombrero tiene el Estado?


Hay que tener el sombrero bien puesto. Quedó claro que el tema de Las Bambas no es un asunto de privados. El Estado tiene un rol fundamental: cumplir y hacer cumplir la ley, proteger la inversión privada, asegurar el libre tránsito, brindar seguridad, pero, fundamentalmente, defender a los ciudadanos.

No hay Estado sin ciudadanía. El Estado garantiza las reglas de una convivencia pacífica. Cuando esta no es posible, existen los tribunales. Allí se dirimen las diferencias entre privados; en uno de los poderes del Estado. 

El problema es cuando el Estado se quita el gorro de garante y se pone del lado de una de las partes, generalmente de los poderosos. Así ha ocurrido con las comunidades campesinas o rurales desde siempre. 

En Las Bambas se trató, desde el principio, de hacer las cosas de manera diferente. A los campesinos de Fuerabamba se les pagó por las tierras que ocupaban, se les construyó un pueblo completo en Nueva Fuerabamba, y se les permutó tierras agrícolas y de pasturas en Villa Villa. ¿Qué pasó entonces? ¿Por qué llegamos al punto de estallar un nuevo conflicto social?

La respuesta tiene varias aristas. Es verdad que el Ministerio de Transportes no expropió los terrenos ni le pagó el justiprecio a la comunidad por sus tierras donde ahora pasan centenares de camiones diarios. Pero también es cierto que los comuneros se han negado a que el Ministerio de Transporte tase esas tierras. Lo que ellos quieren ahora es que la empresa les pague un peaje por derecho de uso de la vía. Y probablemente, sientan que fueron engañados y quieren replantear los acuerdos firmados con la minera.

En el entramado de pasiones humanas que explican las posiciones extremas que vemos hoy están desconfianza, el engaño y también algo de codicia. ¿Fueron las comunidades engañadas por la empresa en el momento en que tasaron sus tierras? ¿Negociaron en igualdad de condiciones? ¿Cumplió el Estado con organizar, consensuar y ejecutar planes de desarrollo para las comunidades impactadas por la minería? 

Por lo que hasta ahora vamos conociendo, parece que no. ¿Cómo asegurar entonces que las comunidades -cualquiera que esta sea- que se encuentren dentro de una zona con recursos naturales explotables, conviva y procese sus expectativas dentro de un clima de paz?

Lo ideal sería convertirlas en socias de las empresas. Pero si eso no se puede, al menos el Estado debe asegurarles un adecuado asesoramiento legal para acompañarlas y ayudarlas a decidir en el momento que la empresa realice su oferta. 

Además de los sectores Energía, Ambiente y Transporte, la Defensoría del Pueblo, que tiene oficinas regionales descentralizadas, podría ser el ente que brinde este tipo de asesoría legal especializada a las comunidades que lo requieran. 

Un segundo paso sería no solo tener planes de desarrollo para las zonas de influencia, sino comités de desarrollo local, que administren los fondos que adelanta la empresa minera, con participación de las propias comunidades, debidamente asesoradas, por supuesto.

Si el Estado no cautela el interés de las comunidades, estas buscarán algún tipo de asesoría legal o económica y podrían encontrar a profesionales inescrupulosos que lucran con la ignorancia de la gente, como estamos viendo. Al Estado habría que recordarle en este caso que: al que le sirva el sombrero, que se lo ponga.

23 marzo, 2019

Hasta luego, César


Paren las rotativas. César Lévano ha muerto. Se ha ido el maestro. El periodista. El poeta. El compañero. Queda su recuerdo. Sus palabras. Su obra. Sus enseñanzas.

A César lo encontramos en las aulas sanmarquinas, pero lo conocimos fuera de ellas. En el Patio de Letras, en La Casona, en su casa, pero, sobre todo, en las redacciones. 

Compartí con él una oficina de crujiente piso de madera en CARETAS. Eran los años 98, 99. Las computadoras ya reinaban en las redacciones, pero César se resistía a usarlas. 

Él prefería su vieja máquina de escribir que volteaba al terminar, como dándole descanso.

Todos los martes cerrábamos edición, junto a Raúl Vargas Vega con quien compartía y se turnaba la nota principal o la entrevista.

Las voces de Los Zileri tronaban de cuando en vez. Ora Enrique. Ora Marco. César, en cambio, era apaciguado, reflexivo, histórico, referencial, poético. 

Solo cuando hablaba del sindicalismo y la lucha obrera, de Marx, de Mariátegui y la traición de Ravines, la transfiguración de Haya, la resistencia de Gonzales Prada, se le inflamaban las venas. Y se volvía realmente rojo.

Cuando se dejaba llevar, recordaba su infancia, sus trabajos y picardías. Recitaba a Vallejo. Cantaba a Chabuca. Emulaba a Pinglo. Admiraba a Hildebrandt. Y amaba a Natalia. 

Y si reía, dejaba traslucir el niño tímido que llevaba dentro.

En esa buhardilla de piso apolillado, muchas veces, cerrábamos a cuatro manos; editábamos, ajustábamos, cortábamos, titulábamos, seleccionábamos fotos y hacíamos leyendas. 

Corregía musitando, para encontrarle musicalidad al texto. Cuando no la hallaba, devolvía el trabajo.

El cierre incluía, de manera obligatoria, la hora del caldo de gallina. En la madrugada, parábamos. A César le llevaban su caldo a la oficina. Lo aprovechaba con deleite. 

Luego seguíamos. Escribíamos, corregíamos, titulábamos, seleccionábamos fotos, hacíamos leyendas, hasta ver el cielo azul.

César vivió y envejeció con dignidad. No lo doblegó, ni le agrió el corazón, la cárcel, la política, la tiranía o la vida ajustada. 

Lo enriquecían sus lecturas, sus reflexiones, sus ideales. Lo enaltecía su virtud y ética. Y sus libros, periódicos y revistas viejas. 

Lo suyo era el cultivo de una vida cultural, intelectual. Sin bajas pasiones, ni envidias, ni poses de falso Catón.

Tras los cierres en CARETAS, terminábamos zombies. César acomodaba sus papeles, sus libros, levantaba su máquina de escribir y bajaba despacio. 

Afuera, en la Plaza de Armas, el día rompía. La gente empezaba a deambular. Las oficinas y negocios desenrollaban sus puertas, corrían sus cortinas. Los taxis se acercaban. 

César cogía el primero. 

—¡Al Rímac!

Un día le pregunté por qué siempre tan apurado para irse.

—Voy a tomar mi café y mi pan con tamal. Natalia me espera—, me dijo.

Aún lo veo irse. Subiendo adelante. Sonriendo. Acomodando su pierna de madera con las manos. 

—Hasta luego, César. Vaya pronto. Natalia lo espera.