Politikha / Blog de Luis Alberto Chávez

23 agosto, 2013

Diálogo es Democracia


Una primera condición para dialogar es querer hacerlo. Tener voluntad y disposición. No hay diálogo bajo chantaje. Puede existir -de hecho, ocurre-, pero, no es lo ideal. No al menos en una democracia. Por esta razón, es inaceptable la condición del fujimorismo de retirar al premier de la mesa de diálogo y suplantarlo por el ministro de Economía.

No se puede dialogar desde la imposición, con arrogancia, diciendo aquí están mis técnicos y esta es mi receta. La soberbia es enemiga del diálogo. Y por esa vía el Apra pretende sentarse a la mesa.

Es equivocado igualmente pedir la cabeza de medio gabinete como condición previa para dialogar. Los humores personales no deben confundirse con los objetivos políticos de grupo. Las partes deciden a sus representantes sin que exista capacidad de veto.

El diálogo no es tampoco una prueba de buenas maneras, una concesión, una rama de olivo, como dijo el Premier. Menos un armisticio politico, equiparando la política con una guerra.

El diálgo es una condición sine qua non en una democracia. Sin diálogo no hay democracia. Es más simple. Es intercambiar ideas sobre una serie de temas que preocupan a las colectividades con el ánimo de llegar a acuerdos.

Abrir espacios, canales, de diálogo o construir puentes con organizaciones sociales, gremiales, económicas, políticas, es una obligación de los hombres de Estado y de los funcionarios públicos.

Nadie puede negarse a conversar con sus adversarios políticos. No solo porque conversar no es pactar, sino porque dialogar es también gobernar.

Por esta razón, el Presidente de la República debiera reflexionar sobre su especial manera de entender el acto de gobernar. Y cambiar su forma de pensar de que para conversar está su primer ministro “y si quieren lo pueden llamar por teléfono”.

Una actitud más serena y un ánimo más dispuesto para escuchar; una actitud positiva al diálogo, lo engrandecería. Es el nivel que le corresponde como estadista.

Se puede decir siempre que dialogar puede abrir la cancha y generar más bien mayores demandas o compromisos. Puede ser, más aún en un gobierno debilitado. Es un riesgo que se debe asumir.

Más riesgo implica gobernar desde una torre de marfil con los puentes levantados.

La máxima en estos casos es clara: El diálogo puede ser la base de los problemas, pero también, la solución de ellos. En otras palabras, diálogo es democracia.


****ACTUALIZACION****

Se va armando la mesa. Dos horas después de publicado este post, Fuerza Popular, a través de Keiko Fujimori, anunció que participará de la invitación hecha por el gobierno. Falta aún la respuesta del Partido Aprista Peruano. 

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17 agosto, 2013

¿Crisis o desaceleración?



¿Hizo bien el presidente Ollanta Humala en señalar en Arequipa hace un par de días que "la crisis ya llegó al Perú y por eso hemos tenido un bajón en el canon que afecta a las regiones que tienen canon"?

Quizás la frase no sea la más feliz, pero la información es certera y el Presidente de la República tiene el derecho de compartir con los ciudadanos el manejo de la cosa pública.

La información del mercado de metales indica que el oro retrocedió en el segundo semestre de este año a su nivel más bajo desde 1920, según Bloomberg. La onza troy de oro se cotizó en US$1,180, 25% menos del último semestre del año pasado.

De ahí en adelante, en medios financieros internacionales, solo se hablaba de una tendencia a la baja.

El Perú es primer productor de oro y plata en América Latina, segundo en cobre. En general, la minería representa el 60% de las exportaciones peruanas. Esto la hace una de las columnas del crecimiento económico. Se calcula que la producción minera genera 2 puntos porcentuales del PBI peruano.

Muchas razones explican la caída del precio de los metales, pero lo que nadie discute es que China empieza a enfriar sus motores de crecimiento (de 10% a 7.5% anual), Europa no se recupera del todo y Estados Unidos muestra igualmente cierta lentitud en su recuperación.

El canon es el beneficio económico que obtienen gobiernos regionales y locales por permitir al Estado explotar un recurso natural. Está formado por la mitad del impuesto a la renta que genera la el recurso. Además del canon minero, existe canon petrolero, gasífero, hidroenergético, forestal y pesquero.

Si el recurso tiene buen precio en el mercado, el canon se dispara.

En el 2001, el canon representó poco menos de 170 millones de soles. Eran tiempos en que el oro estaba entre 280 y 300 dólares la onza troy.

El 2006, el canon fue de 4 mil 254 millones de soles. Y el 2011, representó 5 mil millones de soles. El oro bordeaba por entonces los 2 mil dólares la onza.

Pero todo tiene su final.

El año pasado, el canon generó 3,800 millones de soles y para este año se espera un bajón aún más dramático. Esto fue lo que llevó al gobierno a salir a poner el parche.

Pero algo que también debe tomarse en cuenta es que no todos los recursos del canon logran ejecutarse. El 2012, la Contraloría General de la República hizo un análisis de la ejecución del gasto del canon del 2011 en los gobiernos regionales y locales.

Encontró que del total de gobierno regionales, doce ejecutaron menos del 60% de los ingresos del canon que recibieron. De las 20 municipalidades provinciales que más canon recibieron, 10 ejecutaron menos del 50%. Algo similar ocurrió con los gobiernos locales.

De manera que hay factores externos (caída de precios de los minerales), unidos a factores internos (debilidad del Estado para ejecutar obra), que explican la preocupación del gobierno por la caja fiscal para el futuro inmediato.

No es crisis, es desaceleración. Menor crecimiento, menor recaudación. Eso es todo.

 En resumen, ¿hizo bien el presidente Humala en hablar públicamente de estos temas? Por supuesto. Ahora todo el mundo empieza a interesarse en el futuro económico y hasta es posible que se plantee alguna reforma sobre la distribución del canon. He aquí la verdadera madre del cordero. 

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11 agosto, 2013

Disidencia y pragmatismo


La fragmentación política expresada en el Congreso vuelve a generar interés y preocupación. Los disidentes, al recuperar autonomía en sus decisiones, la ven como una fortaleza de la democracia. Los partidos, tras sufrir su desgajamiento, la entienden como todo lo contrario. La verdad es que un Congreso fragmentado, con bancadas que surgen no del voto popular, sino de decisiones individuales, no le hace bien a nadie.

Razones pragmáticas y programáticas, adujo el vocero de una nueva bancada, formada por disidentes de Perú Posible y de Alianza para el Gran Cambio, al explicar las razones de su decisión. Me temo más lo primero que lo segundo.

Esas razones “pragmáticas”, hay que decirlo con claridad, no son otra cosa que la obtención de cuotas de poder. Una forma de encarar las negociaciones que existen al interior del Congreso con el objetivo de obtener más beneficios. Apetitos personales sería una reducción limitada, pero no muy alejada, sin embargo, de la cruda realidad.

Los congresistas negocian, transan, acuerdan y obtienen beneficios. Para sus comunidades o pueblos,  para sí mismos, o para ambos. Pero como los partidos son organizaciones colectivas, fuerzas equilibradas, pero en tensión, de subgrupos o círculos, los principales espacios de poder –Mesa Directiva, presidencia de Comisión, entre otros cargos- deben de rotar, cambiar de mano y dirección. Y no todos tienen este talante democrático y prefieren mantenerse en la cresta de la ola siempre.

En busca de sumar esfuerzos, generar consenso y captar votos, los partidos muchas veces, invitan a líderes regionales, estableciendo alianzas temporales o incorporándolos a sus filas. Estos líderes por lo general tienen algunos de los requisitos necesarios para entrar a una competencia: carisma, inteligencia, relaciones con la dirigencia nacional o dinero.

El problema con esta práctica es que estos aliados o nuevos militantes no se identifican con el partido que los acoge, prevaleciendo sus agendas regionales/individuales. En la práctica, estos aliados usan al partido para llegar -en este caso al Congreso-, y de inmediato se olvidan por quién llegaron.  Como, además, son hijos del voto preferencial y a veces hasta sacan mayor votación que el líder nacional, entonces, nada los ata a su partido de tránsito.

Es difícil y complejo en estas circunstancias construir institucionalidad. Mientras existan comportamientos de subgrupos o, peor aún, individualistas, agendas propias o personalistas, por más buenas intenciones que tengan, los partidos y a la larga la democracia, pierden.

En conclusión, las razones pragmáticas -cuotas de poder- debilitan la democracia. Las programáticas, por el contrario, al ser un conjunto de propuestas o puntos de vista distinto, podrían incluso robustecerla.

El pragmatismo nace de una lógica rentista del poder. Lo programático, de un corpus de ideas organizado que se diferencia del original.

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