Politikha / Blog de Luis Alberto Chávez

11 agosto, 2013

Disidencia y pragmatismo


La fragmentación política expresada en el Congreso vuelve a generar interés y preocupación. Los disidentes, al recuperar autonomía en sus decisiones, la ven como una fortaleza de la democracia. Los partidos, tras sufrir su desgajamiento, la entienden como todo lo contrario. La verdad es que un Congreso fragmentado, con bancadas que surgen no del voto popular, sino de decisiones individuales, no le hace bien a nadie.

Razones pragmáticas y programáticas, adujo el vocero de una nueva bancada, formada por disidentes de Perú Posible y de Alianza para el Gran Cambio, al explicar las razones de su decisión. Me temo más lo primero que lo segundo.

Esas razones “pragmáticas”, hay que decirlo con claridad, no son otra cosa que la obtención de cuotas de poder. Una forma de encarar las negociaciones que existen al interior del Congreso con el objetivo de obtener más beneficios. Apetitos personales sería una reducción limitada, pero no muy alejada, sin embargo, de la cruda realidad.

Los congresistas negocian, transan, acuerdan y obtienen beneficios. Para sus comunidades o pueblos,  para sí mismos, o para ambos. Pero como los partidos son organizaciones colectivas, fuerzas equilibradas, pero en tensión, de subgrupos o círculos, los principales espacios de poder –Mesa Directiva, presidencia de Comisión, entre otros cargos- deben de rotar, cambiar de mano y dirección. Y no todos tienen este talante democrático y prefieren mantenerse en la cresta de la ola siempre.

En busca de sumar esfuerzos, generar consenso y captar votos, los partidos muchas veces, invitan a líderes regionales, estableciendo alianzas temporales o incorporándolos a sus filas. Estos líderes por lo general tienen algunos de los requisitos necesarios para entrar a una competencia: carisma, inteligencia, relaciones con la dirigencia nacional o dinero.

El problema con esta práctica es que estos aliados o nuevos militantes no se identifican con el partido que los acoge, prevaleciendo sus agendas regionales/individuales. En la práctica, estos aliados usan al partido para llegar -en este caso al Congreso-, y de inmediato se olvidan por quién llegaron.  Como, además, son hijos del voto preferencial y a veces hasta sacan mayor votación que el líder nacional, entonces, nada los ata a su partido de tránsito.

Es difícil y complejo en estas circunstancias construir institucionalidad. Mientras existan comportamientos de subgrupos o, peor aún, individualistas, agendas propias o personalistas, por más buenas intenciones que tengan, los partidos y a la larga la democracia, pierden.

En conclusión, las razones pragmáticas -cuotas de poder- debilitan la democracia. Las programáticas, por el contrario, al ser un conjunto de propuestas o puntos de vista distinto, podrían incluso robustecerla.

El pragmatismo nace de una lógica rentista del poder. Lo programático, de un corpus de ideas organizado que se diferencia del original.

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