Politikha / Blog de Luis Alberto Chávez

23 julio, 2017

Kenji va a la guerra



Keiko y Kenji están enfrentados. Es la guerra de los K2. En esta guerra de hermanos ha intervenido el padre, Kenya, quien ha tomado partido por uno de ellos. Es ahora la guerra de los K3.

¿Es real este enfrentamiento o es solo un teatro bien montado? ¿una estrategema en la que se adopta el papel del bueno (Kenji) versus la mala (Keiko) para generar compasión y obtener la liberación del padre (Kenya)?

Kenji ha sisdo suspendido 60 días por su bancada y hay voces al interior de ésta que amenazan con explusarlo si continua sus ímpetus comunicacionales en medios y redes sociales.

El otro dato es la decisión que ha tomadoel padre. Obligado a escoger, ha optado por el hijo. No es novedad. Kenja siempre tuvo preferencia por Kenji. Cuando gobernaba, no ocultaba su predilección por el hijo varón.

Cuando Kenji creció, por órdenes del padre, Montesinos fue su instructor.

Es muy difícil concebir un guión maquiavélico en el enfrentamiento de los hermanos Fujimori.

Los hechos muestran una pugna por el poder y por la sucesión.

Hay el choque de dos estrategias. Una que quiere liberar al padre (Kenji) y otra que no quiere por razones estrictamente políticas: conservar el liderazgo y evitar que el padre libre le haga sombra.

Kenji ha sacado de quicio a su hermana. Ha usado un recurso que Keiko no ha logrado desarrollar y que le ha costado ya dos elecciones: explotar el sentido del humor.

Kenji apela a sentimientos más que a juicios lógicos o razonamientos. Usa la caricatura del manga para reforzar su afinidad con los jóvenes. Defiende con naturalidad los derechos civiles de las minorías apelando a su periodo de joven como víctima del bulling. Le preguntan sobre su intento de dividir a la bancada y responde, como su padre: ¡Soy inocente!

Los temas más espinosos los ha desbastado con humor.

Ante el sarcasmo y la ironía, su hermana ha respondido con la ofuscación y la fuerza. En un arrebato de cólera, lo ha sancionado con dos meses de suspensión en la bancada.

Para Keiko, Kenji debe ser lo más parecido a un psicosocial en su contra. Un samurai pero de caricatura. Algo así como un Thandercats político. 

Pero, cuidado, que Kenji ha decidido ir a la guerra, con su Espada del Augurio. Y va por más.

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16 julio, 2017

Diálogo PPK-KF: ¿vuelta de página?

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El Presidente Pedro Pablo Kuczynski acaba de decir que tras el diálogo con Keiko Fumijori ha dado vuelta a la página, dando a entender que la relación con el fujimorismo será de ahora en adelante menos tensa y obstrucionista.

¿Hay verdaderamente una vuelta de página? ¿Será ahora el fujimorismo menos beligerante? ¿Volteamos la página realmente o solo para abrir otra que tiene en su primera línea la liberación de Alberto Fujimori?

El diálogo -un año tarde-, puede, en efecto, apaciguar en algo las pasiones. El teléfono directo ayudará en ese mismo sentido. Pero lo que no ha cambiado son las fuerzas telúricas que se desatan cada vez que aparece el tema del indulto a Alberto Fujimori.

Las posiciones se dividen, las pasiones se encienden. No hay forma que el Ejecutivo resuelva este problema sin partir al país en dos y sin perder la base social que lo llevó al poder.

Se lo acaba de recordar el escritor Mario Vargas Llosa. Liberar a Fujimori sería no solo una ilegalidad, sino también una traición "a los electores que lo llevamos al poder y a las familias de las víctimas de los asesinatos y desapariciones, a quienes prometió firmememente que no liberaría al ex dictador".

¿Liberar a Fujimori le dará la tranquilidad política que requiere el Presidente para gobernar?

No lo creo. Por un tiempo corto, muy corto, el Congreso puede dejarlo que trabaje y ofrecerle garantías para aprobar iniciativas legislativas y para dejar de petardear ministros. Pero nada más.

La razón para no hacerlo es que ser oposición es un buen negocio para el 2021. Al fujimorismo le conviene proyectar la imagen que colabora con el gobierno, pero que, a pesar de ese apoyo, éste se hunde por incompetente o lobysta.

Con Fujimori libre, se fortalecerá la precepción equivocada que los peruanos elegimos un gobierno con dos representantes: uno puesto en Palacio para que dirija el Ejecutivo y otro en la Plaza Bolívar para dirigir el Legislativo.

Donde habrá problemas si finalmente el presidente Kuczynski decide liberar a Fujimori es en las calles, los medios y las redes.

Aquí el presidente no encontrará tranquilidad. Al menos no en las organizaciones de izquierda y colectivos sociales que son los más proclives a organizar, dirigir y manifestar la protesta públicamente.

La oposición no desaparecerá. Se reconstruirá. Se desplazará de escenario. Ganará las calles, los medios y las redes. El ruido politico no bajará en intensidad. Puede  que hasta aumente de decibeles.

El presidente Kuzynski debe saber que si voltea la página con el fujimorismo, se abrirá otra. Es la ley de la política. El camino al poder es por acuerdo o confrontación. Si escoges uno, queda abierto el otro.

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11 julio, 2017

El Estado informal


El accidente del Cerro San Cristóbal ha desnudado un problema de fondo; el de la informalidad. Pero no de la sociedad, que ya la conocemos, sino del Estado, que nos revela que, en lugar de avanzar, retrocedemos.

La empresa Green Bus es una empresa formal. Obtuvo todos sus permisos para operar. Se los otorgó la Municipalidad de Lima. Estaba autorizada para hacer turismo urbano. 

La Municipalidad del Rímac, también le extendió una autorización para funcionar. Le pegó una calcomanía en el parabrisas y le cobraba 3 mil soles mensuales a la empresa para que trabajara tranquila.

Para que sus buses turísticos de dos pisos transitaran libremente, Green Bus debió pasar una revisión técnica de todas sus unidades.

La empresa pasó esa prueba técnica. Tiene los papeles para probarlo.

En la guantera del bus siniestrado estaba el SOAT 2017. Los pasajeros estaban protegidos contra accidentes de tránsito. Pero cuando llegaron a hospitales y clínicas estas se negaron a atenderlos.

El problema es otro. No es que la empresa sea informal. El informal es el Estado.

Es la maldita informalidad que nos persigue y domina. Que está en el ADN institucional de toda entidad que brinda un servicio público. 

Al caer el bus por el abismo quedó al descubierto que la distancia entre sus ejes es muy corta; la cola del bus es muy larga, y la altura también; las llantas lucen desgastadas, sin cocadas, en la lona; y los asientos del segundo piso descapotado… ¡no tenían cinturones de seguridad!

El SOAT estaba vigente, pero las clínicas y hospitales reclamaban el papel en físico para atender a los heridos. Y todos tenemos en la guantera ¡sólo un papel, no más de 65,  como pasajeros tenía Green Bus!

Esa misma informalidad del Estado le permitió a la empresa operar… ¡sin rutas definidas, ni paraderos establecidos! Jalando gente en la propia Plaza de Armas.

Esa misma informalidad estatal es la que no puede colocar un tomógrafo en un hospital o no pueda hacer análisis clínicos a más de una docena de accidentados porque no hay tanto personal para atender... un domingo por la tarde.

Es la informalidad del Estado. Un Estado incapaz de ordenar la convivencia ciudadana, poner orden y ejercer autoridad. Un Estado donde lo que mejor funciona es la coima que lo perfora y lo entumece, volviéndolo ineficaz.

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08 julio, 2017

Diálogo y escenificación del Poder

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El diálogo entre el Presidente Pedro Pablo Kuczynski y la lideresa de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, el próximo martes, tiene una agenda acordada por las partes. Son temas de fondo que serán analizados con los resultados del diálogo y los acuerdos que trasciendan o se comuniquen abiertamente.
Pero, tan importante como la agenda de conversación es observar los detalles de la puesta en escena del diálogo planteado y el desenvolvimiento de sus actores. Pues muchas veces son esos pequeños detalles los que marcan la diferencia.
Hay al menos tres actos de esa puesta en escena que deben cuidarse para lograr tener control sobre el mensaje que se quiere proyectar: 1) El ingreso a Palacio, 2) El lugar de la reunión y 3) Las declaraciones finales.

1. El Ingreso a Palacio
Se puede disponer que la señora Fujimori ingrese por el Patio de Honor de Palacio de Gobierno o por la puerta del costado, la ex Puerta Pizarro, hoy Puerta Perú.
La puerta principal es para personalidades extranjeras o titulares nacionales de los poderes del Estado invitados por la Presidencia de la República a ceremonias o reuniones oficiales. Denota la importancia del personaje visitante.
El protocolo indica que el Jefe de Estado recibe en la puerta principal a otro jefe de Estado. Pero nada impide que el propio Presidente Kuczynski reciba en esta oportunidad a Keiko. Sería una muestra de cordialidad y respeto por la invitada. Y un gesto inicial de buen clima para el diálogo.
Si se decide que la Sra. Fujimori ingrese por el Patio de Honor deberá también considerarse quién la recibe en las escalinatas de la puerta principal.  O puede también decidirse no recibirla y dejar que ingrese sola al interior de Palacio. En este caso, le corresponderá a ella resolver si saluda a la prensa antes de ingresar (señal positiva de confianza) o si pasa rauda sin saludar (señal negativa de confrontación).
Si el Presidente sale a su encuentro y la espera en las escalinatas de la entrada se produciría la primera foto del diálogo: los dos parados en la puerta de Palacio, saludando y sonriendo a las cámaras.
Ahora bien, si Keiko Fujimori es recibida por un edecán -cosa que protocolarmente no tendría ningún problema-, indicaría un gesto también, pero, en este caso, de distancia y frialdad por parte del inquilino de Palacio. Por el contrario, si la recibe el Presidente del Consejo de Ministros o algún otro ministro, el rango de importancia de la cita y la invitada, aumenta.

2. El lugar de la reunión
Como el Presidente Kuczynski señaló en su carta de respuesta, se busca un diálogo de a dos, sin intermediarios. En este caso, para escenificar esta decisión, las instalaciones de Palacio de Gobierno disponen de dos salones adecuados: el Salón de Embajadores o el Salón Grau.
El Salón de Embajadores coloca a los actores en un plano de igualdad al estar sentados en posiciones equidistantes, casi frente a frente.  Si la secuencia que se grafica en este mismo espacio es con ambos personajes, en pie, dándose la mano, con el pabellón nacional detrás, se reforzaría la imagen de igualdad de poder.
Si lo que se busca es más bien romper la imagen de paridad de poder y reforzar la autoridad del Presidente de la República, el Salón Grau es el escenario adecuado. Al ser una sala de trabajo, tipo directorio, el Presidente ocupa de manera natural la cabecera de la mesa (dirección), dejando a su invitada en una postura lateral (subordinación).

3. Las declaraciones
Esta es la parte más importante desde el punto de vista del mensaje a transmitir. Lo primero que se debe definir es si habrá o no declaraciones. Lo mejor es hacerlas, de manera ordenada y tranquila, con ayuda de micrófonos y parlantes para evitar la aglomeración de periodistas, micros y teléfonos.
Hay varios espacios para hacerlo. El Gran Comedor. El Salón Dorado. El Patio de Honor. Los dos primeros, permiten un mejor control del entorno, iluminación adecuada para la televisión y un manejo protocolar del encuentro. El Patio de Honor implica extender los cuidados al exterior de Palacio; es decir, a la gente que circunda a esas horas la Plaza de Armas. No se puede descartar curiosos o enviados con consignas a favor o en contra.
Apenas termine la reunión, empezará a zumbar el avispero sociomediático. Los medios buscarán reacciones al diálogo y trascendidos. Las redes sociales serán el primer escenario de lucha. Será aquí donde se combata con palabras e imágenes los mensajes, argumentos y posiciones que llegarán a la ciudadanía en términos básicos de quién ganó y quien perdió. Cuidar estos detalles en la escenificación del poder ayudará a manejar hacia dónde se inclina la balanza de la opinión pública.




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