Politikha / Blog de Luis Alberto Chávez

29 julio, 2018

El referéndum y el cocodrilo



El discurso del presidente Vizcarra puede empezar a cerrarle la boca al cocodrilo de la impopularidad. Me explico: hasta antes de su mensaje a la Nación, el presidente tenía más desaprobación que aprobación (48% vs 35%, IPSOS, julio 13, 2018). La proyección de ambos resultados dibujaba una boca abierta de saurio que amenazaba con tragárselo.

Cerrarle la boca al cocodrilo, requería voluntad política y audacia. Es decir, establecer un juego propio. “La batalla por colocar la agenda pasa primero por construirla, luego ejecutarla y comunicarla. El mensaje del 28 de julio es la ocasión propicia para hacerlo. No se trata de pensar qué voy a opinar hoy, sino de proponer hoy y mañana los temas de opinión. No es una cuestión de contenidos, sino de temas” (Politikha, julio 8, 2018).
El presidente resolvió la cuadratura del círculo. Entre seguir ahogado por la percepción de debilidad que proyectaba su gobierno ante la opinión pública o jaqueado por la mayoría del Congreso de la República, decidió emprender la reforma judicial y política, tirando el anzuelo del referéndum para enganchar al pueblo, ponerse a su lado y enfrentar al Congreso con la viabilidad de las reformas.

En medio de un rechazo generalizado a la corrupción en el sistema de justicia, el presidente Vizcarra presentó tres iniciativas para que el pueblo decida: la prohibición de la reelección de los congresistas, el financiamiento privado de los partidos políticos y las campañas electorales, y el retorno de la bicameralidad, sin aumentar el número actual de legisladores.

Si el Congreso obstruye este camino, el Ejecutivo, por rebote, ganará la aprobación ciudadana. El presidente Vizcarra leyó bien el origen de su gobierno —nacido de la inestabilidad política—, por lo que el desafío de iniciar la reforma judicial y política no es solo del Ejecutivo, sino, en efecto, de todo el sistema político. Y, lo más importante, de la calle.

La reforma del sistema de justicia es un pedido a gritos de la ciudadanía. Pero también lo es la reforma del sistema político. El referéndum es tanto un mecanismo de reforma constitucional, como una vía de escape para el descontento; una fórmula de distensión social para el populorum.

Por ahora, no importa mucho si el presidente tiene o no la prerrogativa constitucional para convocar a referéndum. Ese debate se dará en los próximos días. Eso es para juristas y políticos. Lo importante es que ha escuchado a la calle y ha jugado sus propias cartas, ha planteado una agenda política y ha expresado su voluntad política para sacarlo adelante. El referéndum, bien encaminado, le cerrará la boca al cocodrilo.


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22 julio, 2018

Democracia en alerta


Entrampó, obstruyó, resistió, hasta que finalmente cedió, reculó y aceptó. Me refiero al Congreso de la República (al sector naranja, propiamente dicho), que terminó por aceptar la propuesta del Ejecutivo de aplicar el Art. 157 de la Constitución Política y destituyó —previo debido proceso— a todos los miembros del Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), por falta grave.

Hay que reconocer el buen olfato que esta vez tuvo el Presidente de la República, Martín Vizcarra, quien, en un tenso pulseo, logró no solo doblar la mano al grupo político que controla el Congreso, sino ganar la opinión pública, un factor decisivo que se expresó a través de movilizaciones en diversos puntos del país.

Tengamos claro que el primer intento del Kongreso no fue sancionar a los magistrados, jueces y fiscales chuponeados, sino perseguir a los que difundieron los audios. Cuando el presidente Vizcarra los conminó a usar el mecanismo constitucional para defenestrar a los miembros del CNM, la fuerza mayoritaria del legislativo se resistió, argumentando, incluso, errores de forma en el jefe del Estado.

Toda resistencia fue doblegada conforme aparecieron más audios y conforme la calle se fue calentando. El propio Poder Judicial aprobó la renuncia de su presidente. Para el Congreso fue imposible defender lo indefendible y, por unanimidad, aprobó, recién entonces, el descabezamiento total del CNM.

Estamos frente a un problema sistémico, no solo orgánico, decíamos en el post anterior. Es un problema no solo de la justicia, sino del sistema democrático. De los tres poderes del Estado, uno ha colapsado —el Judicial—, el otro ha sido cooptado —el Legislativo— y el otro se muestra en franco proceso  de recuperación —el Ejecutivo—.

En otras circunstancias, el descrédito y la descomposición moral de las instituciones orgánicas y funcionales del sistema democrático hubiera servido de pretexto —o provocado— un golpe de estado. No es el caso, por supuesto. Digan lo que digan las Fake News.

El reto que tienen ahora nuestros gobernantes y todas las fuerzas políticas y sociales es salir de este atolladero, sin lesionar la viabilidad democrática. Y eso implica un acuerdo político o consenso mínimo.

El colapso de un poder democrático debe resolverse en democracia, con medidas de acción inmediata y con otras de mediano plazo que involucran una reforma constitucional. Sin radicalismos, ni revueltas, ni caos. 

Se necesitará firmeza, inteligencia y voluntad política. La comisión Wagner trabaja en ello. El presidente Vizcarra lo anunciará este 28 de julio en su mensaje a la Nación. Es imprescindible arribar a un acuerdo para recomponer una de las columnas del sistema democrático. O resolvemos esto con seriedad y sensatez o se nos viene la casa encima.

Lo hicimos el 2000-2001 con la Comisión de Diálogo de la OEA que encabezó el correcto y ponderado embajador de Guatemala, Eduardo Stein. Tal vez necesitemos algo así nuevamente. La democracia está en alerta.



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15 julio, 2018

Justicia... crisis sistémica


Los audios revelados por IDL Reporteros y Panorama revelan una crisis moral profunda del sistema de justicia en el Perú. En este caso, la justicia no solo es injusta y lenta, sino corrupta. Los cargos son ocupados no por méritos, sino por relaciones. Los fallos se acomodan, según el postor. Hay tráfico de influencias, de favores y de sentencias. Todo se compra, todo se vende.

¿Es reciente esta crisis? No. Es histórica. Lamentablemente, está en nuestra raíz como nación. Si uno revisa los expedientes del Archivo General de la Nación podrá encontrar casos parecidos. Jueces vendidos, alquilados. Fiscales chantajistas, peseteros, coimeros. Juicios truchos.

La llegada de la República no mató el germen de la corrupción engendrado en La Colonia. Peor aún, lo amamantó y robusteció. Muchas fortunas actuales datan de esa etapa oscura de codicia y angurria virreinal. Nuestra democracia no nació de la construcción de ciudadanía, sino de la bastardía del robo, la prepotencia y la injusticia.

La ley no se hizo en nuestro caso para edificar un régimen de gobierno, sino para asegurar derechos para unos y la renta de los poderosos. En esas condiciones, el Poder Judicial no fue un ente encargado de administrar justicia, sino de legalizar la injusticia.

Los jueces, dentro de la sociedad, son los garantes de la vida civilizada. Cuando los hombres no se ponen de acuerdo y desean resolver sus diferencias, acuden al juez. Una justicia justa es garantía no solo de solución de controversias entre los hombres, sino también entre las personas jurídicas.

La seguridad jurídica, como se la conoce, es fundamental para lograr la predictibilidad y la estabilidad en las reglas de juego, condiciones necesarias para captar inversiones y desarrollar la economía.

En una sociedad moderna lo que se valora de un juez es el sentido de dignidad, moralidad y probidad. Un juez es un servidor público, por tanto, un termómetro de la democracia. Cuando falla el juez, cuando la justicia se corrompe, pierde el sistema.

De esa dimensión del problema estamos hablando cuando vemos la crisis en la que se encuentra la justicia peruana. Es una crisis sistémica, no solo orgánica. Y la solución a ella no puede venir de adentro.

Por esta razón, hizo bien el presidente Vizcarra en reaccionar de manera rápida ante la crisis desatada. Allan Wagner y la comisión especial que preside lo ayudará a desarrollar medidas concretas para reformar la justicia, mientras que la salida del ministro de Justicia, Salvador Heresi, le puede sumar fortaleza y respaldo ciudadano si encuentra un reemplazo probo y de alta solvencia moral y jurídica.

Frente a la crisis sistémica, moral y funcional del organismo encargado de elegir jueces y fiscales, no cabe, sino, la renuncia de todo el Consejo Nacional de la Magistratura. Y a empezar todo de nuevo. Por lo que hemos visto hasta ahora, el principal obstáculo que encontrará el Presidente Vizcarra para impulsar esta reforma será el Congreso. Pero... ese tema será motivo de otro post.  




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08 julio, 2018

Carta abierta al presidente Vizcarra


Palacio de Gobierno.
Ing. Martín Vizcarra.
Presidente de la República.

Estimado Presidente,

No le haga caso a las encuestas. No del todo, al menos. Su aprobación cae mientras su desaprobación crece. Cuando eso pasa, el tracking estadístico dibuja la boca abierta de un cocodrilo que es difícil cerrar. Pero no imposible.

Lo favorece el tiempo. En una campaña electoral, si la boca del cocodrilo se abre en el tramo final de la carrera, es difícil cerrarla. Cambiar la percepción pública requiere no solo tiempo, sino acciones, gestos, pero, sobre todo, decisiones. Estrategia política clara y nervio comunicacional templado, presidente.

Lamentablemente, le han cortado el brazo publicitario. Una de las herramientas más importantes para dar la batalla en la mente de la gente, presidente, y ganar la opinión pública. No es que la publicidad sea la panacea, pero ayuda sobre todo cuando no se tiene voceros políticos proactivos y dispuestos a dar pelea en medios.

Tres años en el gobierno es una vida, presidente, siempre y cuando gobierne. Aún sin el brazo publicitario, tiene excelentes posibilidades de cambiar el curso del humor público. Sus mejores aliados son las buenas expectativas en el campo económico, la recuperación del precio de los minerales y el aumento de las exportaciones.

Pero, en serio, donde deberá redoblar esfuerzos, presidente, no es en el campo comunicacional o económico, sino principalmente en el terreno político. Aquí, contra lo que debe luchar es con la sensación que tiene la gente de que su gobierno es o sigue siendo corrupto.

En este escenario, hace poco, usted tuvo una iniciativa excelente. Hizo pública la denuncia de un alcalde cusqueño contra un funcionario del MEF que arreglaba el financiamiento de obras estatales a cambio de una coima. Fue una movida estratégica de su parte. Hágale seguimiento, presidente. Que no sea flor de un día. Encargue a un funcionario de su confianza su monitoreo. O, mejor aún, presente más casos. Eso infundirá temor y lo hará ver duro y firme en la lucha contra este flagelo.

Seguro encontrará la enorme dificultad de gobernar con un equipo sin capacidad para liderar una agenda con temas que conecten con la ciudadanía, presidente. Esto a su vez profundiza el problema de percepción de debilidad que la gente tiene de usted. 

La batalla por colocar la agenda pasa primero por construirla, luego ejecutarla y comunicarla. El mensaje del 28 de julio es la ocasión propicia para hacerlo. No se trata de pensar qué voy a opinar hoy, sino de proponer hoy y mañana los temas de opinión. No es una cuestión de contenidos, presidente, sino de temas.


Detener el bostezo del cocodrilo estadístico requiere tiempo, paciencia e inteligencia, presidente. Las encuestas ni siquiera son fotografías del momento. A veces son meros brochazos distorsionados e impresionistas. Su cargo viene con un manual de funciones. Siga las instrucciones y si tiene que cambiar piezas para avanzar, no lo dude, presidente.



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