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13 febrero, 2011

La Revolución Educativa y el Servicio Civil de Graduandos

El Perú crece económicamente, pero no socialmente. Seguimos siendo una economía primaria exportadora que depende del precio internacional de los minerales. Para pasar a una economía de mayor valor agregado, desarrollada, es necesario impulsar lo que Alejandro Toledo ha llamado “La Revolución Educativa”.

La Revolución Educativa es un conjunto de acciones y metas propuestas en todos los niveles de la formación académica para los próximos quince años. No es sólo una propuesta electoral. Es una visión de lo que tenemos que hacer en el ámbito educativo para formar recursos humanos adecuados al nuevo desarrollo económico que planteamos.

Este compromiso de gobierno involucra universalizar la educación inicial para que los niños de cero a cinco años desarrollen y potencien sus habilidades intelectuales, manuales y sociales en los primeros años de vida. En esta línea, los Wawa Wasi dejarán de ser cunas o guarderías infantiles para transformarse en centros de estimulación temprana.

En el ámbito rural será necesario construir albergues para profesores y alumnos con la finalidad de que los niños del campo tengan más horas de estudio. Debemos estimular y premiar el esfuerzo de aquellos profesores que deciden ir a trabajar y enseñar en las comunidades alejadas de las urbes.

Invertiremos el 20 por ciento del Presupuesto General de la República en el sector Educación para poder tener recursos y ampliar la cobertura que ofrece la Educación Técnica. La Educación debe adecuarse a la demanda de la sociedad y formar técnicos y profesionales que el mercado demanda.

En cuanto a la Educación Universitaria, el programa contempla becas y estímulos para los miles de estudiantes que año a año egresan de las universidades públicas y privadas.

En este punto, he desarrollado una propuesta que pienso desarrollar de llegar al Congreso.

Propongo la creación del Servicio Civil de Graduandos para todas las carreras profesionales, un sistema mediante el cual los bachilleres tienen la oportunidad de aplicar sus conocimientos a las comunidades más necesitadas del país.

El sistema funciona en otros países y consiste en enviar a estudiantes de diversas profesiones a trabajar en su especialidad en las zonas rurales y urbano-marginales del país.

Esto generará un shock de profesionales trabajando directamente donde más hace falta, orientando a la población y ayudándola a resolver sus principales problemas.

¿Se imaginan lo que podrían hacer bachilleres en Arquitectura y Urbanismo, Ingeniería Civil, entre otras, trabajando en los Asentamientos Humanos de Lima? Se ahorraría dinero a los pobres que autoconstruyen sin seguir especificaciones técnicas, y se mejoraría la calidad de las construcciones, así como se mejoraría el entorno urbano.

¿Y si enviamos abogados para que asesoren a esas mismas personas a comprar una propiedad, alquilar un bien inmueble o abrir un negocio? Tendríamos abogados que orientarían a los que menos tienen en la solución de sus consultas jurídicas.

¿Qué pasaría en la Isla de Taquile si llegan a trabajar con los pobladores de esta zona un equipo de ingenieros zootecnistas, agrícolas, industriales, un chef de cocina internacional y un especialista en Hotelería y Turismo?

El impacto sería doble. Por un lado, los profesionales conocerían su terruño y su gente, y tendrían la oportunidad de aplicar los conocimientos adquiridos en las aulas; por el otro, la gente pobre aprovecharía los conocimientos de los que han tenido el privilegio de estudiar y mejorarían su calidad de vida. Una verdadera revolución educativa.

30 enero, 2011

Mujeres pioneras en Ciudad de Gocen

Bitácora de campaña 01.- Llegamos a Ciudad de Gocen, Villa María del Triunfo, un asentamiento humano donde la neblina, espesa, se asienta alrededor de las casas y calles. Por eso se le conoce también como “Ticlio Chico”. Es tanta la humedad que en los cerros, debajo de las piedras, se pueden encontrar caracoles. Las enfermedades bronquiales aquí son endémicas.

En medio de tanta pobreza, sin embargo, es posible encontrar un rayo de esperanza. El trabajo de la mujer de Ciudad de Gocen, como el de miles de mujeres pobres, es ejemplar. Además de lidiar con la carencia de recursos, las dificultades del terreno y la escasa ayuda del Estado, ellas tienen la fuerza necesaria para organizarse y realizar trabajos comunales, sin más ayuda que la de sus propios medios y la de sus contactos o recursos ante autoridades locales.

Sacando fuerzas de donde no tienen construyen pircas para evitar el desborde de piedras de los cerros, construyen guarderías infantiles o Wawa Wasis para cuidar a sus hijos, abren comedores populares o comités de vaso de leche para alimentar a los suyos.

Todo este trabajo lo realizan gratis. No reciben un sol de nadie por dedicar sus horas a solucionar y atender problemas urgentes de la comunidad como la alimentación, la salud o el cuidado de los niños. A estas mujeres las conocen como lideresas sociales. Yo prefiero llamarlas Mujeres Pioneras.

Tienen el espíritu de los pioneros que labran su tierra y la transforman con sus propias manos. Todo lo que tienen es fruto de su esfuerzo, de sus marchas de sacrificio, de sus protestas, de su capacidad de organización y también de sus habilidades para establecer contacto con las autoridades de turno. Difícilmente abrazan una ideología o siguen todo el tiempo a un mismo partido político. Son pragmáticas, en el mejor sentido del término, aunque tienen un elevado desarrollo de su nivel de conciencia y diferencian claramente entre autoritarismo y democracia, con sus excepciones, por supuesto.

Encontré a un grupo de mujeres cuando fuimos en una visita de campaña con el Presidente Alejandro Toledo. Y conversé con algunas de ellas acerca de sus principales problemas y las propuestas de solución que tenían. No son problemas ajenos para mí que he vivido los primeros años de mi vida también en un asentamiento humano. Sé lo que es esperar al camión cisterna para comprar agua en cilindro. O comprar velas para alumbrar la noche.

Una de esas mujeres me comentó que una propuesta sencilla -que podría ponerse en práctica de inmediato- era aumentar dos horas el horario de cierre de los Wawa Wasis que está previsto, todos los días, a las 4 de la tarde. “Si ampliaran el horario a las 6 p.m. podríamos recoger a nuestros niños sin la preocupación de que no vamos a llegar a la hora”. Otra me comentó que los políticos siempre vienen en época electoral, ofrecen muchas cosas, cargan a los niños, se toman fotos, pero al final no se acuerdan de nada. “No cumplen”.

Y tienen razón. Por eso se me ocurrió que de llegar al Congreso podríamos revisar estos casos y estudiar soluciones prácticas, creativas, que quizás no tienen que pasar necesariamente por alguna reforma o propuesta legislativa. Es sólo cuestión de ejercer una de las tres funciones que tienen los congresistas –quizás la primera y más importante– que es la función de representación.

El congresista legisla, fiscaliza y representa. Para casos como los de Ciudad de Gocen, yo prefiero ejercer ésta última y representar el sentir de miles de mujeres pioneras como las de este asentamiento humano.

En primer lugar el Estado debiera reconocer el trabajo que realizan estas mujeres. Y desde ya propongo a las autoridades locales no sólo empadronar anualmente a las juntas directivas de su jurisdicción, para utilizarlas luego como instrumentos de propaganda, sino, para reconocer a estas lideresas sociales o mujeres pioneras en acto público y solemne. Estas mujeres deben contar con seguridad social porque no es posible que entreguen su esfuerzo, sacrificio y salud en beneficio de otros, sin recibir beneficio alguno de la sociedad.

Estas mujeres y niños de Ciudad de Gocen están esperando mejores condiciones de vida, igualdad de oportunidades, puestos de trabajo, seguridad social y educación de calidad. Están esperando algo más que escaleras con el nombre del político en cada peldaño.

Aquí con niños del Wawa Wasi de Ciudad de Gocen.
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Estimados amigos: a partir de la fecha entregaré en este espacio y bajo el rótulo "Bitácora de Campaña", notas, reflexiones y propuestas para la presente proceso electoral. Ustedes me conocen: soy Luis Alberto Chávez y postulo al Congreso de la República por el Partido Político Perú Posible con el Número 15.