La
Parada fue más que el primer gran mercado mayorista de la capital. Fue el
primer punto de confluencia de los migrantes. Allí llegaban y se detenían todas
las líneas de buses interprovinciales. Familias enteras bajaban en ese punto,
en la nueva y aterradora ciudad. De ahí su nombre: La Parada.

En
su lugar se levantará un parque que recuerde la gesta social de miles de
peruanos y peruanas que llegaron a la capital para transformarla –no sin
resistencia y esfuerzo– en lo que es hoy: una Lima mestiza, una Lima de todos.
Ahora
bien, si lo que se propone la autoridad municipal es simbolizar la gesta de los
que llegaron a la capital, ¿por qué en lugar de un nombre genérico como “Parque
del Migrante”, no simboliza La Parada con el nombre de un ícono de la cultura
migrante y le pone “Parque José María Arguedas”?
Arguedas
no tiene una plaza, calle o monumento importante en la capital. Y nadie mejor
que él para representar al migrante andino. No solo en su obra, sino en su vida
personal.
Lo
migrante es para Arguedas el centro de su producción literaria, tanto como su
investigación antropológica. Su vida y obra son expresión viva de la síntesis
de la cultura peruana.

Sus
primeros trabajos literarios, Agua (1935), Los ríos profundos (1958), Yawar
fiesta (1941), pueden ser considerados “neoindigenistas”.
Pero
obras como El sexto (1961), Todas las sangres (1964), El zorro de arriba y el
zorro de abajo (1968), como sostienen diversos críticos literarios, escapan al
indigenismo.
Arguedas,
en su obra literaria, es la voz y alma de los nuevos ciudadanos de la capital.
Y en
su faceta como antropólogo también se interesa por este tema hasta el final de
sus días. En una carta que le escribe a John Murra le expresa su alegría al
caminar por Chosica y encontrar en una tienda de discos “dos mil seiscientos
cuarenta títulos de música serrana”. (...) “No les matarán toda el alma”.
Alguna
vez, recogiendo testimonios para su trabajo antropológico, José Matos Mar
recordaba las veces que, mirando La Parada desde el cerro San Cosme, conversó
con José María Arguedas, sobre el futuro de Lima. Una nueva fuerza había
llegado para transformar la ciudad.
Arguedas
vio en La Parada y en los barrios populares de Lima y de otras ciudades de la
costa peruana, el surgimiento de esa nueva fuerza del Perú profundo. Los
migrantes llegaron con sus miedos, sus sueños, su esperanza, su cultura. Y su
espíritu emprendedor.
La
Parada fue más que un mercado mayorista. Fue un punto de llegada, de encuentro.
Un punto de llegada y encuentro de todas las sangres.
Un
Parque José María Arguedas en el lugar donde los migrantes dejaron sus primeras
alforjas, donde empezaron a soñar en busca de oportunidades, sería un merecido
reconocimiento a un ícono de la cultura migrante. El Concejo Municipal de Lima
tiene la palabra.
(*) Artículo publicado en Diario 16 el 25 de mayo de 2014. P.4.
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