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06 febrero, 2021

Vacunate te te te.

El Perú sigue en tiempo real la llegada de las primeras vacunas de Sinopharm. Los medios de comunicación han abierto la página de Flightradar24 y señalan el vuelo AFR 201 de Air France en su trayecto desde China hacia nuestro país. Emiten informes minuto a minuto. Si no hay inconvenientes, las vacunas aterrizaran el domingo 7 de febrero en horas de la noche.

 

Son 300.000 dosis, pero la euforia que ha desatado su llegada evidencia lo mal que hemos hecho las cosas. Somos el último vecino de la cuadra en ponerse al día. 

 

Argentina, por ejemplo, el 30 de diciembre inició su plan de vacunación con la Sputnik V, que ellos mismos trajeron desde Rusia el pasado 24 de diciembre. 600.000 dosis de la vacuna rusa, a las que se agregan 22 millones de dosis de la vacuna AstraZeneca-Oxford en los primeros meses de 2021. 

 

Chile empezó a vacunar a sus ciudadanos con la vacuna Pfitzer-BioNTech el 24 de diciembre del año pasado. 10.000 dosis llegaron ese día al país, el cual ya ha desplegado su plan para vacunar a 15 de los 18 millones de habitantes del país durante el primer semestre de 2021. El gobierno también ha firmado acuerdos con Oxford/AstraZeneca y Janssen.

 

Colombia sí está algo retrasado en el proceso de vacunación, pero ya tiene cerrada la compra de vacunas para 35 millones de sus connacionales. El 20 de febrero inicia su proceso de inmunización con el personal médico y adultos mayores de 80 años.

 

Volviendo a nuestro país, una semana después del arribo del primer lote, el 14 de febrero, llegará el segundo lote de 700.000 dosis. En total, dispondremos de 1 millón de vacunas que servirán para inmunizar a 500 mil personas debido a que la vacuna de Sinopharm requiere dos dosis seguidas para ser efectiva. 

 

El plan peruano de vacunación contra el covid-19 contempla tres fases. En la primera se vacunará el personal de salud, Fuerzas Armadas, PNP, bomberos, Cruz Roja, personal de limpieza, estudiantes de salud y miembros de mesa electoral. En la segunda fase a personas adultas mayores de 60 años; y en la tercera a la población entre 18 y 59 años.

 

Hasta el año 2018 los profesionales de la salud (médicos, obstetras, tecnólogos médicos, psicólogos, odontólogos, etc.) eran alrededor de 140 mil. Si le agregamos los asistentes de la salud, pasaban los 280 mil. Súmense los miembros de las FF. AA. PNP, estudiantes de salud, entre otros, y completamos los primeros 500 mil inmunizados.

 

Si lo vemos por edades, de los 30 millones de peruanos, 1 millón 300 mil necesitarán de todas maneras su vacuna. Ellos son adultos mayores de 65 años que representan el 8,7% de la población (INEI, 2017). La población más jóven entre 15 y 64 años es el 65,7% de la población, es decir, 9 millones 815 mil ciudadanos. Este grupo tendrá que tener paciencia, entre ellos está el grupo de peruanos con co-morbilidades (hipertensión, diabetes, obesidad mórbida) que requieren vacunarse con urgencia, pero que es difícil identificar.

 

Si la información de la ministra Pilar Mazzetti se concreta, es posible avanzar este año en inmunizar por lo menos a la totalidad del primer grupo y empezar con el segundo. Ella anunció que además del millón de vacunas de Sinopharm, en marzo de este año llegarán 250.000 vacunas Pfizer y en abril otras 300.000 dosis más. En el mismo trimestre, mediante el mecanismo Covax Facility, la titular de Salud ha asegurado 117.000 dosis de Pfizer, en febrero o marzo, y 400.000 dosis de Astra-Zeneca en marzo.

 

Si sumamos, tendríamos a fines del verano medio millón de peruanos inmunizados con dos dosis de Sinopharm, otro medio millón más con una sola dosis de Pfizer y 200 mil personas más vacunados con las dos dosis de Astra-Zeneca. En total, 1 millón 200 mil peruanos vacunados. Lejos del 70% de inmediato inmunizados que necesitamos para estar seguros, pero, algo es algo.

 

¿Cómo la ves, varón? ¿Te convenciste? ¡Vacunate te te te! Pero, por mientras (y después) ¡Protégete te te te!,¡Cuídate te te te!

 

 

 

 

17 enero, 2021

Los Antivacunas

Al movimiento de Los Sin Vacuna -países rezagados en la obtención de las vacunas para sus ciudadanos-, se suma ahora un movimiento que ya existía en el mundo, pero que hoy se manifiesta en todo su dramatismo y crudeza en nuestro país: Los Antivacunas.

 

No abundaremos en detalles sobre por qué este tipo de posturas antirracionales adquieren no solo protagonismo, sino grado de certeza, convencimiento y seguimiento, solo diremos que forma parte del comportamiento del ser humano que se mueve entre el miedo y la esperanza.

 

Hay razones religiosas, políticas, económicas; pero son las posturas pseudo científicas, los prejuicios, los razonamientos conspirativos,  las mentiras y la desinformación, lo que más daño hacen.

 

En la Panamericana Sur, una pinta política electoral ha sido reemplazada por un enorme mensaje -fondo blanco, letras rojas- que dice: “Soy peruano. No a la vacuna carajo”. No me extraña el mensaje en sí, sino que nadie se atreva a borrarlo. 

 

Según la encuesta de IPSOS APOYO, en los últimos cinco meses, los peruanos que no se vacunarían han pasado de 22% a 48%. Ello, en medio del inicio de una segunda ola pandémica que nos muestra nuevamente el fantasma del penoso sistema de salud de la primera ola: colas de familiares buscando oxígeno, hospitales desbordados y faltas de camas UCI.

 

El 52% de los que no se vacunarían refieren temor a sufrir efectos secundarios y 30% considera que el desarrollo de las vacunas ha sido demasiado acelerado. Todas estas razones han sido explicadas por la ciencia, pero un grueso sector de la población se resiste a creer en ello. 

 

La desinformación se combate con información. Simple, directa y sostenida. Esta tarea no es solo del gobierno, pero es el gobierno el primer actor en salir a escena. 

 

Urge que desde esta posición de dirección del país se convoque, por ejemplo, a las principales agencias de publicidad para que desarrollen junto a expertos y especialistas de diversas áreas del conocimiento, una campaña sostenida de información digerible y creíble.

 

El gobierno puede convocar también a los medios de comunicación para unir esfuerzos en el despliegue informativo, a los candidatos a la presidencia, a las organizaciones empresariales, eclesiásticas, sociales y universidades, para el mismo propósito. 

 

La campaña informativa se despliega con aliados. No confundir esto con presupuesto publicitario. Lobystas abstenerse.

 

Los números en el frente de guerra no engañan. El 14 de enero hubo 5,022 nuevos infectados; la mitad de ellos llegó a los hospitales en las últimas 24 horas. Al día siguiente, ya había 2,011 nuevos contagios. Si no nos vacunamos, no tendremos protección. 

 

Necesitamos que la mayor parte de la población desarrolle los anticuerpos para enfrentar al virus. Y eso se logra cuando nuestro organismo lo reconoce. Y eso es la vacuna: un bicho inactivo que nos inoculan para preparar las defensas. 

 

Se siente repulsivo, horrendo, pero más horroroso es que el virus con toda su letalidad nos ataque igual. Vamos, presidente, estamos sguros que puede hacer algo más que mostrar un dispensador de alcohol colgado al cuello.

16 diciembre, 2020

Los sin vacuna


La pandemia no solo ha desnudado las falencias del Estado. También las del ser humano. Hoy el mundo ve nacer a un grupo de hombres y mujeres marginales, vulnerables, descartables, expuestos al contagio, sin derecho a proteger la vida: Los sin vacuna. 

 

Si algún sentido tiene el calificativo de Tercer Mundo es este. Un mundo de tercera. Olvidado, sin tecnología, ni laboratorios, ni industria farmacéutica propia. Un mundo con recursos, pero con déficit de gestión. Incapaz de comprar una vacuna.

 

Una galería donde pululan los apetitos y las luchas anodinas por el poder.

 

Un galpón donde se privilegian los intereses particulares antes que los colectivos. Y donde el Estado es un remedo o una ficción, y desatiende su principal razón de ser: proteger la vida y la seguridad de los ciudadanos.

 

Hoy son las vacunas. Fuimos incapaces de prever, cerrar las negociaciones, concretar y pagar por adelantado los pedidos. En el camino quedaron tres presidentes, ministros y gestiones. En su lugar aparecieron protestas, manifestaciones, cierres de carreteras y muertos. 

 

Ayer fueron pertrechos de guerra. En lugar de unirnos frente al conflicto internacional, nos volvimos locos buscando los mendrugos de poder. Nos peleamos en plena Guerra del Pacífico. No compramos las armas que debíamos. Y, por si fuera poco, esquilmamos el Estado, escapando con el botín. 

 

Si algo aprendimos de la historia es a no ponernos de acuerdo en la emergencia. A acusarnos y a pelearnos de todo y por todo. La pandemia, por lo tanto, no nos asusta. Nos obliga a bajar la guardia. Nos impele a irrespetar el distanciamiento físico. A romper las reglas. A petardear el poder en lugar de fortalecerlo. Igual hoy como ayer.

 

Mientras un grupo de seres humanos, algunos vecinos, empezaron a vacunarse, nosotros estamos arrumados en el vagón de tercera. En el de primera van los que tienen industria farmacéutica. En segunda, los que no fabrican vacunas, pero, al menos, tuvieron la sapiencia de comprar. 

 

Los peruanos, aplicados durante años en tener las cuentas macroeconómicas en azul, nos enfrentamos a la dura realidad de estar jalados en recursos humanos. Porque plata había. Capacidad de pago existe. ¿Acaso no hemos quemado las reservas internacionales para evitar el quiebre de las empresas? ¿No nos hemos endeudado por 100 años? 

 

Una vez más nos fallaron.  Los políticos no estuvieron a la altura de las circunstancias. Se pelean entre todos. Se distraen zarandeando el poder. 

 

El resultado es una sociedad arrojada al mundo de las sombras, del miedo. Un lugar donde moran los seres descartables, los sin vacuna, los que deben apelar a la inmunidad del rebaño para salvarse.

 

Porque eso somos, finalmente, un rebaño humano. 

 

Así como los sin tierra, sin agua, sin techo y sin trabajo, nace hoy un nuevo mundo perecible de seres-vacunos, sin vacuna.