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08 mayo, 2021

Vacunas y Geopolítica

En la historia de la humanidad habrá que considerar unas líneas a los límites del multilateralismo en la lucha contra la pandemia. Ni las Naciones Unidas ni la Organización Mundial de la Salud lograron el consenso de los países más poderosos para atacar la pandemia de manera conjunta. ¿Para que sirvió entonces la globalización? ¿Para enfermarnos y no para curarnos?

 

Los países dueños de las patentes de la vacuna contra el Sars-coV-2, es decir, las transnacionales farmacéuticas de esos países, se resisten a compartir este conocimiento con el mundo, sin que ningún organismo internacional pueda hacer algo. Ni siquiera las organizaciones regionales funcionan. La Unión Europea no ha podido evitar el separatismo de Inglaterra, que defendió su propia política de tratamiento y vacunación; mientras Alemania, el corazón de la UE, impulsaba otra distinta a Italia y España, los países más afectados en la primera ola.

 

No es que no haya habido cooperación. Los laboratorios científicos públicos y privados compartieron información y avances, lo que permitió acelerar el plazo de obtención y fabricación de las vacunas. Los Estados invirtieron miles de millones de dólares en investigación, que fueron a parar a las propias y poderosas industrias farmacéuticas. Pero una vez obtenida la vacuna, estas se resisten a compartir sus patentes. 

 

Poco o nada pueden hacer los Estados hasta ahora para llevar el tema a la Organización Mundial del Comercio. Desde octubre del año pasado, India y Sudáfrica vienen exigiendo que se liberen las patentes para ellos mismos (y otros países) poder fabricar sus propias vacunas. Pero nada. El mecanismo Covax Facility, que impulsa la OMS, es una bolsa pequeña que no promueve la distribución equitativa de la vacuna, sino una compra y reparto simbólicos a los países más pobres. 

 

Los intereses económicos alrededor de las vacunas son más poderosos que la necesidad de proteger al mundo de la pandemia. Organismos internacionales calculan que unos 125 mil millones de dólares en vacunas están en juego de aquí al 2025. Sin contar en este monto la posibilidad cada vez más certera de que necesitemos dosis de refuerzo cada uno o dos años. 

 

Los países latinoamericanos poco o nada podemos hacer frente a la disputa de los gigantes de las vacunas. Brasil tiene capacidad para fabricarlas. Argentina también. Chile está intentando asociarse con Sinopharm para abrir un laboratorio en su país. Son esfuerzos muy valiosos, pero individuales. Ni la asociatividad de la Comunidad Andina de Naciones, el Mercosur o la Alianza del Pacífico funcionaron como mecanismo conjunto. Ni siquiera nos juntamos, no digo para fabricar, sino, ¡para comprar las vacunas! Es como si el comercio no tuviera que ver con la vida.

 

Recién el presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, anunció esta semana su disposición de acceder al pedido de India y Sudáfrica. Sorprendentemente, Rusia y Francia han anunciado su respaldo a la propuesta. Aún se resisten AstraZeneca de Inglaterra y BioNTech/Pfizer de Alemania, lo mismo que China, que al parecer está más interesada en su política de colocar sus vacunas siguiendo la nueva ruta de la seda. 


Mientras la ciencia conversa y comparte conocimientos, la política interviene para lograr que la economía se humanice y actúe no solo para proteger las patentes y ganar dinero, sino para salvar vidas humanas. Sin ciencia no hay futuro, decimos por aquí. Por lo que vemos en el mundo habrá que responder: ciencia hay, lo que falta es humanidad.





06 febrero, 2021

Vacunate te te te.

El Perú sigue en tiempo real la llegada de las primeras vacunas de Sinopharm. Los medios de comunicación han abierto la página de Flightradar24 y señalan el vuelo AFR 201 de Air France en su trayecto desde China hacia nuestro país. Emiten informes minuto a minuto. Si no hay inconvenientes, las vacunas aterrizaran el domingo 7 de febrero en horas de la noche.

 

Son 300.000 dosis, pero la euforia que ha desatado su llegada evidencia lo mal que hemos hecho las cosas. Somos el último vecino de la cuadra en ponerse al día. 

 

Argentina, por ejemplo, el 30 de diciembre inició su plan de vacunación con la Sputnik V, que ellos mismos trajeron desde Rusia el pasado 24 de diciembre. 600.000 dosis de la vacuna rusa, a las que se agregan 22 millones de dosis de la vacuna AstraZeneca-Oxford en los primeros meses de 2021. 

 

Chile empezó a vacunar a sus ciudadanos con la vacuna Pfitzer-BioNTech el 24 de diciembre del año pasado. 10.000 dosis llegaron ese día al país, el cual ya ha desplegado su plan para vacunar a 15 de los 18 millones de habitantes del país durante el primer semestre de 2021. El gobierno también ha firmado acuerdos con Oxford/AstraZeneca y Janssen.

 

Colombia sí está algo retrasado en el proceso de vacunación, pero ya tiene cerrada la compra de vacunas para 35 millones de sus connacionales. El 20 de febrero inicia su proceso de inmunización con el personal médico y adultos mayores de 80 años.

 

Volviendo a nuestro país, una semana después del arribo del primer lote, el 14 de febrero, llegará el segundo lote de 700.000 dosis. En total, dispondremos de 1 millón de vacunas que servirán para inmunizar a 500 mil personas debido a que la vacuna de Sinopharm requiere dos dosis seguidas para ser efectiva. 

 

El plan peruano de vacunación contra el covid-19 contempla tres fases. En la primera se vacunará el personal de salud, Fuerzas Armadas, PNP, bomberos, Cruz Roja, personal de limpieza, estudiantes de salud y miembros de mesa electoral. En la segunda fase a personas adultas mayores de 60 años; y en la tercera a la población entre 18 y 59 años.

 

Hasta el año 2018 los profesionales de la salud (médicos, obstetras, tecnólogos médicos, psicólogos, odontólogos, etc.) eran alrededor de 140 mil. Si le agregamos los asistentes de la salud, pasaban los 280 mil. Súmense los miembros de las FF. AA. PNP, estudiantes de salud, entre otros, y completamos los primeros 500 mil inmunizados.

 

Si lo vemos por edades, de los 30 millones de peruanos, 1 millón 300 mil necesitarán de todas maneras su vacuna. Ellos son adultos mayores de 65 años que representan el 8,7% de la población (INEI, 2017). La población más jóven entre 15 y 64 años es el 65,7% de la población, es decir, 9 millones 815 mil ciudadanos. Este grupo tendrá que tener paciencia, entre ellos está el grupo de peruanos con co-morbilidades (hipertensión, diabetes, obesidad mórbida) que requieren vacunarse con urgencia, pero que es difícil identificar.

 

Si la información de la ministra Pilar Mazzetti se concreta, es posible avanzar este año en inmunizar por lo menos a la totalidad del primer grupo y empezar con el segundo. Ella anunció que además del millón de vacunas de Sinopharm, en marzo de este año llegarán 250.000 vacunas Pfizer y en abril otras 300.000 dosis más. En el mismo trimestre, mediante el mecanismo Covax Facility, la titular de Salud ha asegurado 117.000 dosis de Pfizer, en febrero o marzo, y 400.000 dosis de Astra-Zeneca en marzo.

 

Si sumamos, tendríamos a fines del verano medio millón de peruanos inmunizados con dos dosis de Sinopharm, otro medio millón más con una sola dosis de Pfizer y 200 mil personas más vacunados con las dos dosis de Astra-Zeneca. En total, 1 millón 200 mil peruanos vacunados. Lejos del 70% de inmediato inmunizados que necesitamos para estar seguros, pero, algo es algo.

 

¿Cómo la ves, varón? ¿Te convenciste? ¡Vacunate te te te! Pero, por mientras (y después) ¡Protégete te te te!,¡Cuídate te te te!

 

 

 

 

09 enero, 2021

Vacunas y vacunación


Una cosa es el sustantivo, otra la acción. Ya tenemos vacunas, ahora debemos procurar que llegue a la mayor cantidad de peruanos. Y eso implica planificación, logística y recursos humanos.

 

No incidiremos en buscar culpables por el retraso al que quedamos expuestos los peruanos. La responsabilidad tiene que señalarse, aunque el daño en tiempo y vidas sea irreparable.

 

Lo que sabemos es que al final se siguió el camino de Chile que contrató a un bufete internacional de abogados para que negociara y cerrara la compra de las vacunas. Los esfuerzos conjuntos de la Cancillería, el Ministerio de Salud y el sector privado a través del comando vacuna no funcionaron. 

 

Hoy tenemos vacunas caras (2,750 millones de dólares por 38 millones de dosis de Sinopharm con 79% de efectividad), pero tenemos. Un chupo de plata. Pero, vamos, he aquí la razón suprema del Estado: la defensa de la vida y la dignidad humana.

 

No podemos entramparnos ahora en acusaciones mutuas entre la cancillería y el Ministerio de Salud sobre qué sector impidió cerrar las negociaciones para adquirir las vacunas y si primó más el concepto de seguridad nacional sobre el de salud pública.

 

El gobierno debe superar este escollo, alinear sus sectores y dedicarse a planificar el desarrollo operativo que asegure que las dosis lleguen a tiempo a las personas que más lo necesitan.

 

El primer círculo de atender al personal médico y fuerzas policiales no parece muy complicado. El tema se encrespa algo al tratar de llegar a la población adulta mayor y se pone más oscuro aún al identificar a la población vulnerable con enfermedades mórbidas asociadas. 

 

El problema es que no solo no existe seguimiento ordenado de los pacientes con comorbilidades o enfermedades crónicas, sino que muchos de ellos ni siquiera lo saben. De los 2 millones de diabéticos que circulan en el país, la mitad de ellos desconoce que padece la enfermedad.

 

El segundo problema es que no existe personal médico suficiente para atender los casos más dispersos, en comunidades de altura o de selva. Sobre este último punto convendría poner en práctica un sistema de Servicio Médico Rural adelantado con jóvenes estudiantes y graduados de carreras médicas para formar brigadas de vacunación que penetren el país.

 

Capacitar a los jóvenes que se forman en universidades e institutos técnicos en diversas especialidades médicas para que vacunen a nuestros compatriotas será una buena forma de empezar el Bicentenario. Existe también el problema de los "anti vacunas", personas que se niegan a ser vacunados, pero ese tema merece un post aparte. 

 

Los problemas políticos, las investigaciones y probables acusaciones que se abran en el camino, no deben distraernos de lo prioritario: atender de manera inteligente, urgente y eficiente la protección sanitaria de la población más vulnerable.