Mostrando las entradas con la etiqueta Cajamarca. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Cajamarca. Mostrar todas las entradas

09 julio, 2012

Entre la fe y la confianza


Dos titulares de los últimos días aluden la necesidad de una especie de intervención divina en la solución de los problemas de Cajamarca. “ Conga en manos de Dios”, afirma Diario 16 (7/07/2012). “El país espera un milagro de padres Cabrejos y Garatea”, titula La República (9/07/2012).


Más allá del uso en sentido figurativo del origen de los interlocutores del gobierno nacional y gobierno regional, sacerdotes Miguel Cabrejos y Gastón Garatea, respectivamente, es notorio el sentimiento de esperanza que expresan ambos titulares en torno al inicio de las conversaciones en Cajamarca.


El hecho es que ante el desgaste y falta de interlocutores válidos del gobierno, es la hora de los representantes de la Iglesia Católica. Sin embargo, más que una cuestión de fe, lo que se debe recuperar primero en esta nueva etapa es la confianza.


La confianza es un punto de equilibrio crítico en la cadena de negociación. Sin ella, no es posible llegar a acuerdos. Y en exceso, se puede caer en la autoconfianza que puede llevar al abuso o imposición extrema.


Fue lo que ocurrió con Valdes y Santos. Enfrentados, cada uno en posiciones extremas, sin confiar el uno en el otro, mantuvieron sus posturas de manera inflexible, sin moverse un milímetro de sus planteamientos iniciales: Conga va y Conga no va.


La expresión máxima de ambas posturas ha sido: paro general por un lado y Estado de emergencia por el otro.


De manera que lo primero que se tiene que construir, como decíamos en el post anterior, es la confianza.


Monseñor Cabrejos tiene que construir confianza con los dirigentes de Cajamarca para poder ser un interlocutor válido del gobierno y lograr que el pueblo de Cajamarca le crea. Lo mismo pasa con Gastón Garatea. Debe ganarse la confianza del gobierno para poder interceder en los reclamos del pueblo de Cajamarca.


La mejor negociación no es aquella en la que una de las partes gana todo y la otra pierde todo. Esa podría ser también una imposición en base a la fuerza.


La negociación eficaz es aquella que primero identifica con claridad las aspiraciones de las partes y las acerca, permitiendo su procesamiento en el tiempo.


Tanto como la confianza son importantes la credibilidad de los interlocutores y el clima adecuado para las negociaciones. No se puede negociar con una bayoneta en el pecho. Tampoco con representantes carentes de una buena reputación.


En el caso de los sacerdotes Cabrejos y Garatea, su credibilidad es  un punto a favor. En sociedades con instituciones precarias y de fuerte tradición religiosa como la nuestra –sobre todo en el interior del país–  los representantes de Dios tienen una mejor hándicap que el resto de mortales.


En cuanto al clima de negociación, debe superarse la situación  de paro indefinido y Estado de Emergencia. Quizás ese sea el primer gesto para iniciar formalmente las conversaciones.

Entonces, más que una cuestión de fe, la negociación es antes que nada una cuestión de confianza.


Los negociadores propuestos por las partes deben construir confianza en un clima adecuado y en medio de presiones naturales o forzadas de uno y otro lado que promueven la desconfianza. Las crisis sociales son, por lo general, fuente de cambios violentos, desconcierto y pérdida profunda de credibilidad.
Es necesario, por ello, regresar al camino de la cordura y salir del entrampamiento en que nos encontramos.
Gestionar el conflicto, manejar la negociación, identificar los puntos de la agenda negociadora y arribar a acuerdos en el tiempo, constituyen todos aspectos más que de técnicas, de voluntades, de voluntad política que, en la práctica, es la capacidad de pensar diferente y hacer un esfuerzo por entender lo que el otro propone.


05 diciembre, 2011

El sentido del Estado de emergencia en Cajamarca

Mediante resolución suprema, el gobierno ha autorizado a las FF.AA. intervenir en Cajamarca en resguardo de establecimientos públicos y privados, servicios de agua, luz, aeropuertos, vías de acceso en las provincias de Cajamarca, Celedín, Hualgayoc y Contumazá.

¿Significa esto que Humala ha militarizado los conflictos sociales?

No, necesariamente. La declaratoria de emergencia es una medida constitucional excepcional que el gobierno ha decidido usar ante el fracaso del diálogo entre representantes del gobierno y dirigentes locales.

El dispositivo señala que la actuación de las FFAA constituye una tarea de apoyo a la misión de la Policía Nacional y no releva la activa participación de ésta. Es decir, no le entrega a las FF.AA. el comando político-militar.

La militarización de los conflictos sociales es la represión a sangre y fuego de las protestas con la consecuente baja de civiles a manos de los militares. “El país no soportaría otro baguazo”, dijo con razón el ex presidente Alejandro Toledo.

El artículo 137° de la Constitución establece que, el Presidente de la República, con acuerdo del Consejo de Ministros, puede decretar, por plazo determinado, en todo el territorio nacional, o en parte de él, y dando cuenta al Congreso o a la Comisión Permanente, el Estado de Emergencia.

En estas condiciones, el Estado reestablece el orden y la tranquilidad públicas, necesarios para que se desarrollen con cierta normalidad las actividades de los ciudadanos.

Esperamos que la población de Cajamarca asuma esta medida con cautela y precaución, retome el diálogo y arribe a una solución definitiva a sus reclamos.

Sólo en condiciones de paz social, es posible estudiar la viabilidad del proyecto minero Conga que tiene un cuestionado Estudio de Impacto Ambiental (EIA) aprobado en el gobierno anterior.

El país necesita la inversión privada, pero no a costa de impactar negativamente de manera irreversible en el medioambiente. Corresponde, en consecuencia, revisar el EIA y hacer nuevos estudios.

Por otro lado, el gobierno tiene la obligación de garantizar la vida, restablecer los servicios básicos y hacer respetar la propiedad pública y privada.

El Estado de Emergencia genera, de todos modos, una situación de tensión que requiere un alto sentido de responsabilidad de parte tanto de las fuerzas del gobierno como de los agitadores sociales para que no se desborden las pasiones.

Por el bien del país, nadie espera que hablen las balas.