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23 mayo, 2010

Asalto a Cofopri

La historia del organismo de formalización de la propiedad informal (Cofopri), es una historia de Western. Está signada no sólo con el uso y abuso del poder, sino con su asalto a plena luz del día.

Cofopri fue creado en 1996 por Fujimori, como parte de una estrategia elaborada por Hernando de Soto para otorgar a los pobres un instrumento jurídico que le permitiera el reconocimiento del Estado a su inversión predial.

En el Perú, los pobres construyen ellos mismos sus viviendas; y de hecho tienen todos sus ahorros invertidos en ese esfuerzo, pero carecen de títulos de propiedad sobre el terreno.

Fujimori no solo autorizó el diseño de un mecanismo efectivo para poner en valor el activo de los pobres, sino que, engolosinado con el poder, repartía personalmente los títulos de propiedad, dentro de una estrategia más bien clientelista que justiciera.

Los alcaldes, encargados por ley de la planificación urbana, fueron, simplemente, dejados de lado.

Toledo terminó con esta visión presidencialista, autoritaria, del poder y liquidó el Ministerio de la Presidencia, pasando con Cofopri al Ministerio de Justicia, desde donde se formó un equipo que más tarde sería elogiado por el Banco Mundial.

El proceso de titulación seguía al amparo del Poder Ejecutivo, pero la entrega de títulos a la población la hacía directamente los gobiernos locales. El Presidente de la República expresamente estaba impedido de esta función.

En ese momento Cofopri contaba con un directorio y un coordinador nacional que dependía del ministro. Por otro lado, el Programa Especial de Titulación (PETT) se mantenía separado de Cofopri y pertenecía al Sector Agricultura; encargado por tanto del sector rural.

La llegada del gobierno aprista significó un cambio profundo en la administración de Cofopri y en su mecanismo de funcionamiento.

Para empezar, el gobierno de Alan García trasladó Cofopri del Ministerio de Justicia al Ministerio de Vivienda y Construcción -según D.S. 019-2006-Vivienda-, dirigido por entonces por su amigo Hernán Garrido Lecca.

Posteriormente el Decreto Supremo-025-2007-Vivienda, modificó su estructura interna y aprobó su nuevo Reglamento de Organización y Funciones. Cofopri se conviertió en Organismo Público Descentralizado con director ejecutivo, dependiente jerárquicamente del Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento; pero se le eliminó su directorio, compuesto por profesionales y técnicos encargados de garantizar la transparencia en la formalización de la propiedad informal.

Por otro lado, el Programa Especial de Titulación de Tierras (PETT), encargado de titular los predios rurales, fue absorbido por COFOPRI, fusionando ambos organismos, según DS 005-2007-Vivienda, publicado el 21 de febrero del 2007.

Así, el 28 de junio de 2008, por Decreto Legislativo 1089, Cofopri asumió de manera temporal y excepcional la titulación de predios rústicos y tierras eriazas habilitadas, concentrando todo el poder en el director ejecutivo de la institución. Asimismo, se declaró de “interés nacional” la titulación rural por un periodo de cuatro años, contados a partir del día siguiente de su publicación.

Pero, quizás, el cambio más importante es la Ley 28923, del 8 de diciembre de 2007 que creó el régimen temporal extraordinario en formalización y titulación de predios urbanos, por un periodo de tres años. Luego se prorrogó por dos años adicionales, lo que significa que dicho régimen termina en diciembre de 2012.

A ello habría que sumarle el Decreto Legislativo 1089 del 27 de junio de 2008 que en el marco de las facultades legislativas entregadas por el Congreso al Ejecutivo para adecuar la legislación nacional al Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, estableció igualmente el Régimen Temporal Extraordinario de Formalización y Titulación de Predios Rurales.

La concentración del poder en el director ejecutivo permitió que éste nombrara directamente -y a sola firma- a todos los directores regionales de Cofopri (todos del partido Aprista, dependientes orgánica y partidariamente de Omar Quesada).

La creación de regímenes especiales “temporales” tanto para la titulación de predios urbanos como rurales, buscó simplemente la eliminación de mecanismos de control institucionales que permitieran lucrar, como hemos visto, con la venta de terrenos en distintos puntos del país.

Un plan que ha terminando estallando, producto de las vendettas internas entre los propios compañeros.

07 mayo, 2010

Rebelión en la granja

La resistencia de Omar Quesada a dejar la secretaría general del Apra sólo tiene dos explicaciones posibles: O Alan García la fomenta, como parte de un acuerdo bajo la mesa que en el fondo lo único que buscaba era desplazar y hundir a Jorge Del Castillo; o Quesada y un sector mayoritario del CEN aprista han decidido enfrentar al propio Presidente de la República y desconocer su pedido de remoción de la máxima dirigencia del PAP.

No hay término medio, a no ser que Omar Quesada sea un remedo de Aurelio Pastor.

La primera de las hipótesis indica que el miércoles de la semana pasada Quesada se reunió con Alan García en Palacio de Gobierno y habría llegado al acuerdo que todos vemos. Se va Jorge y se queda Omar.

La segunda sería una auténtica sorpresa y evidenciaría una fractura mayúscula en la cúpula del poder. El Apra, como la mayoría de partidos políticos, es una federación de facciones. Grupos o camarillas de poder que viven en una relación de competencia y acercamiento con el presidente del partido.

En términos absolutos, todos son alanistas, pero, llegado el caso, algunos son más amigos de Alan que del partido.

Y Alan sabe estrimular esta dependencia. El 5 de febrero de 2010 reunió a las principales cabezas de su camarilla en el gobierno y los condecoró con la Orden al Mérito por Servicios Distinguidos, en el grado de Gran Oficial. Entre ellos, por supuesto, estaba el director de Cofopri, Omar Quesada.

Resulta pues altamente improbable que Quesada, los cuarentones y compañía se rebelen al poder. No tienen la fuerza, ni las agallas para hacerlo. Y tampoco es que García sea un hombre de fidelidades al cien por ciento.

Si esto es así, ¿estamos ante un Alan García retorcido y maquiavélico, capaz de negociar con Quesada su permanencia en la dirección del partido aún después de las irregularidades punibles destapadas en Cofopri?

¿O sólo estamos ante un Omar Quesada caradura que se aferra al cargo sin que le roce responsabilidad alguna en las escandalosas denuncias que hunden a Cofopri a nivel nacional? ¿Quién nombra entonces a los directores regionales de Cofopri? ¿No son acaso secretarios departamentales del Partido Aprista? ¿No los propone acaso el director de Cofopri?

Sea cual fuere el caso, si el presidente no quiere desplomarse en las encuestas deberá tragarse el sapo, y tendrá que sacar a Quesada de la secretaría general del partido. Lo que es más improbable que haga es retirar la medalla impuesta al ex director de Cofopri.

Para eso, además de autoridad de jefe de Estado, se necesita decencia.