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22 junio, 2015

Los garantes reales


A casi un año de terminar su mandato, los garantes reales del gobierno no son Alejandro Toledo ni Mario Vargas Llosa. Hoy en día esa categoría recae en dos personajes de su propio tablero: el presidente del Consejo de Ministros, Pedro Cateriano, y el excolaborador del gobierno Martín Belaunde Lossio.

Ambos enfrentan esta semana momentos clave para el futuro del régimen. De lo que hagan, digan, callen y logren, dependerá en mucho –sin exageraciones– la marcha en el tramo final del gobierno del presidente Humala.

El premier Cateriano acudirá al Congreso para sustentar el pedido de facultades legislativas que requiere el gobierno en materia económica, seguridad ciudadana y otros. No le compete ir. Pero ha preferido hacerlo para cumplir su tarea –hacer política– y persuadir a un Parlamento fraccionado, sin mayoría clara, y plantear, luchar y ganar su aprobación en la cancha.

Para abrir el camino, ha despejado toda duda respecto a que no hará cuestión de confianza sobre el pedido de facultades, cerrando así toda posibilidad de que el presidente de la República pueda (o quiera) cerrar el Congreso de manera constitucional.

El segundo garante, Martín Belaunde Lossio, recibirá mañana en el penal Piedras Gordas a la Comisión del Congreso, que preside Marisol Pérez Tello, para responder las acusaciones que pesan sobre él de pagos y sobornos en obras públicas y su relación con la cúpula de gobierno.

El poder de MBL radica, en este caso, en su palabra. Su valor como garante estribará más en cómo logre equilibrar sus gritos desesperados por demostrar su inocencia con sus silencios. Lo que declare a la comisión marcará la pauta de su comportamiento futuro ante la Fiscalía. Puede también no decir nada. Nunca como en ese caso un silencio será más que elocuente.

Cateriano se ha ganado el título de garante a pulso. En apenas tres meses ha enfrentado crisis como las del espionaje chileno, el conflicto social de Tía María, la fuga y captura de Martín Belaunde, y los gastos y cuentas de la primera dama. Y de todas, hasta ahora, ha salido airoso.

El presidente del Consejo de Ministros es un garante no solo para el gobierno, sino para la propia oposición. Es el garante de la Hoja de Ruta.

En ese sentido, es el único que puede asegurar equilibrio político dentro del Ejecutivo sin caer en juegos antidemocráticos ni perfiles autoritarios. Pero, además, es quien puede echarse sobre el hombro la chamba de recuperar el crecimiento económico conversando y persuadiendo a los grupos económicos a seguir invirtiendo.

Si en derecho una garantía real implica la afectación de un bien para el debido cumplimiento de una obligación, en política un garante real es el que realmente tiene el poder de obligar un comportamiento en un sentido o en otro.

Esta semana ambos garantes ponen en juego sus poderes. Belaunde Lossio le sirve al gobierno mientras no hable. Cateriano, en cambio, es útil por todo lo contrario.

De hacia dónde se incline la balanza en ambos casos –el voto de confianza o las declaraciones oficiales de MBL– dependerá mucho la manera en que ingresaremos al último año de gobierno. En definitiva, un garante real es aquel que puede garantizar la continuidad del gobierno. Veremos si eso ocurre.

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Artículo publicado en Diario 16 el 7 de junio de 2015.

28 abril, 2015

Confianza


Hay varios tipos de confianza. Personal, institucional, empática. La confianza puede ser objetiva, relativa, temporal. Confianza es sinónimo de seguridad o grado de certeza. Nunca ciento por ciento. En ese caso es más que confianza; fe. Sólo en el plano político, la confianza es respaldo. Aprobación.

Este es el tipo de confianza que solicitará el premier Cateriano. Y suele ser efímera, matrera y, no pocas veces, falsa, interesada. Pero así es la política. Votos son los que cuentan.

Para la sociedad, en cambio, el tema de la confianza es mucho más complejo que el voto de investidura. La confianza es la base sobre el cual se levantan las instituciones del sistema democrático. Es la argamasa del tejido social. Hay países donde sus ciudadanos tienen más confianza entre sí que otros. O respecto a otros.

Un país A, por ejemplo, puede tener más confianza entre sí, que los ciudadanos de un país B entre ellos. Ese país está tiene una argamasa más solida. Pero teniendo más confianza los del A, pueden desconfiar más respecto a los del país B. Y viceversa. Los del  país B teniendo más desconfianza entre ellos podrían confiar más en los del país A.

Lo que se discute es si la confianza es producto de una mayor cultura cívica desarrollada a partir de la calidad de las instituciones democráticas o si, por el contrario, es la calidad de las instituciones democráticas la que desarrolla una más profunda cultura cívica y confianza institucional.

En Latinoamérica la desconfianza y la debilidad institucional van de la mano. En este caso estamos distantes respecto a Europa o Estados Unidos. Somos más desconfiados entre nosotros o tenemos mucha más desconfianza hacia las instituciones bases del sistema democrático.

Según datos del latinobarómetro, en Europa el indicador de confianza interpersonal es de 70%; en América Latina es 22%.  En el Perú el nivel de confianza llega apenas a 18%. Somos aún un país y una región desconfiada.

La desconfianza erosiona las instituciones. No se salva nadie. Poderes del Estado, partidos políticos, estamentos policiales, medios de comunicación, iglesias. Todos caen. La falta de confianza impide emprender acciones comúnes a mediano y largo plazo. Independientemente del crecimiento económico la desconfianza avanza.

Es como si estuviéramos dentro de un proceso desencanto generalizado de la población. Algo peligroso en la política y más aún ad portas de un proceso electoral.

Ahora bien, la confianza se construye con gestos, pero, principalmente con acciones. El premier Cateriano es muy probable que obtenga la confianza. Pero necesita acciones concretas para sostenerla en el tiempo. El voto de investidura sólo es un primer gesto. A partir de aquí depende de él construir confianza social, política y económica para atraer inversiones y reimpulsar el crecimiento.

Sin confianza, lo primero que se pierde son las oportunidades. 

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Artículo publicado por Diario16, el lunes 27 de abril de 2015. 

12 abril, 2015

Cateriano, el político


Finalmente, el presidente Humala se decidió por abrir la faltriquera, no desplegar del todo su abanico del poder y, en movida de solitario, jugar su carta más pesada: Pedro Cateriano.

A diferencia de todos los otros presidentes del Consejo de Ministros de este gobierno, Cateriano proviene de un mazo políticamente puro. Estuvo ligado al Fredemo y luego al Frente Independiente Moralizador (FIM) de Fernando Olivera, quien lo llevó al Viceministerio de Justicia en el gobierno de Alejandro Toledo.

Tiene oficio político, además de formación jurídica y el respaldo de Mario Vargas Llosa. Nada mal para un hombre de 50 años que pensó estar dos meses en el Ministerio de Defensa y duró más de dos años.

A condición de que maneje su talante y humor, su salto al premierato bien puede reflejar el primer paso para que el gobierno recupere la mayoría perdida en el Congreso.

Su solo nombramiento rayó la cancha y dejó juntos a apristas y fujimoristas. Además, no es mucho lo que puede conseguir en este espacio. Por más buenas maneras que exhiba.

Un acuerdo político con el Apra a estas alturas implica un alto costo. Alan tiene una acusación constitucional en ciernes y tendrá que ofrecer más que una sonrisa si quiere salvar la cabeza. No parece ser el espejo en que se ve Cateriano. ¿Un acuerdo con Alan a cambio de un aterrizaje suave de Cateriano hasta el final del gobierno? No.

En el caso del fujimorismo no hay mucho que negociar. La primera fuerza política del Congreso ha hecho sentir su peso y –algo que no hay que descuidar–, hace tiempo que ya decidió no insistir en la liberación de Fujimori. Esa tarea se la dejan a Keiko o a Mauricio Diez Canseco.

El resto de bancadas, en cambio, no necesariamente han sido ganadas al lado oscuro. La censura a Ana Jara fue producto de un descuido como dice The Economics, pero, también, de la soberbia de no saber reconocer un error y admitir las responsabilidades a tiempo.

Y aquí Pedro Cateriano puede desarrollar plenamente sus habilidades. Tendrá que conversar con cada una de las agrupaciones políticas y generar el consenso que le permita construir estabilidad en lo político y confianza en lo económico, algo que requieren los agentes económicos para reactivar la economía.

Si hace bien su tarea, el correlato inmediato será mantener el último año la Mesa Directiva del Congreso. No es imperativo tener mayoría propia para gobernar. Es necesario, sí,  nuclear una mayoría congresal. ¿Tarea imposible? No para un político. A condición de que opere con finura y arte. No olvidemos, además, que la política es, en esencia, el arte de lo posible.

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Artículo publicado en Diario 16, el jueves 9 de abril de 2015.