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23 enero, 2021

Poder nacional y potencial nacional


Quienes pasamos por el Centro de Alto Estudios Nacionales (CAEN) nos quedamos para siempre con el estudio sistemático de la Realidad Nacional, la Defensa y el Desarrollo como pilares del Bienestar y la búsqueda, aceptación y difusión de los Objetivos Nacionales necesarios para afianzarnos como Nación e Identidad.

 

La visión estratégica que plantea el CAEN desarrolla, además, dos conceptos clave para entender la respuesta que eventualmente puede asumir el Estado en situaciones extremas como una guerra, un desastre natural, una calamidad o un ataque pandémico: el poder nacional y el potencial nacional. 

 

Tener un sistema público de salud por un lado y un sistema privado por el otro es parte del potencial nacional. En situaciones de normalidad, los pacientes acuden a los centros de salud, según donde estén afiliados. Pero ante una situación excepcional —una guerra o un megaterremoto—, el Estado puede disponer la unificación de este sistema pensando en la vida y la salud de las personas. Esto ya es el poder nacional.

 

El potencial nacional, entonces, es la totalidad de medios tangible o intangibles que tiene el Estado que, en circunstancias ad hoc, puede transformarse y pasar a formar parte del poder nacional. La discusión entre una y otra situación es definir las “circunstancias ad hoc”, las características especiales en que se toma y se basa la decisión.

 

En una guerra convencional no hay mucha explicación que valga. El desastre se aprecia con abrir la ventana. La conducción del Estado pasa a una situación de conmoción y emergencia, y dispone de todos los recursos. No es tan claro en el resto de circunstancias. Incluso un megaterremoto podría tener dificultades para que un gobierno democrático convierta el potencial nacional en poder nacional.

 

Pienso en la pandemia global que nos afecta y que cada vez vemos que empieza a tener situaciones de descontrol que amenazan la seguridad ya no solo de las naciones, sino, el género humano. Por las informaciones más recientes sabemos que el virus se resiste y muta, incluso, ante el poder de las vacunas. Desde España se confirma su salto de humano a visones, como sucedió antes en Dinamarca y Noruega. ¿Qué pasaría si salta a otra especie viva, un animal doméstico, por ejemplo? 

 

En la primera ola nuestro país no tuvo capacidad inmediata de producir plantas de oxígeno. Es decir, potencial latente tuvo, posibilidad real, también. Allí están nuestras empresas metal-mecánicas, industria nacional que ha sobrevivido a mil vaivenes y desórdenes de la economía y la política. Listas para operar, pero sin pedidos para hacerlo. Ni interés de parte del sector público para involucrarlas.

 

Lo que faltó no fue decisión para pasar del potencial nacional al poder nacional, sino voluntad política para incorporar al sector privado a la lucha efectiva contra la pandemia, coordinación eficaz para unir esfuerzos. El Estado fue torpe en la administración de su bonanza económica. En lugar de abrir el primer nivel de contención del virus (las postas médicas), lo cerró, derivando a todo tipo de pacientes a los hospitales públicos de mayor nivel.

 

Esta semana, gracias al esfuerzo de la sociedad civil, Respira Perú, iniciativa solidaria formada por la Conferencia Episcopal Peruana, la Sociedad Nacional de Industria y la Universidad San Ignacio de Loyola, junto a Motores Diesel Andinos S.A. (Modasa), lograron unir voluntades y presentaron las primeras seis plantas de oxígeno ensambladas 100% en el Perú. Es decir, hicieron realidad el potencial nacional en una de sus características, la latencia, que es pasar de la idea de medios aún no aprovechados —la línea de producción de la empresa— al efectivo ensamblaje de piezas para obtener una planta de oxígeno medicinal que produce 20 m3 por hora.

 

Qué importante que, a inicios de esta segunda ola, el Perú dé el primer paso para recuperar su autonomía en la producción de oxígeno medicinal. En este rubro hoy tenemos potencial nacional real. Para convertir este potencial en poder nacional, el sector público y privado debieran permitir operar esta línea de producción, activar su nivel de producción de 20 plantas por mes. ¿Es posible? Sí. Siempre que tengamos una mirada estratégica de nuestro potencial nacional y limemos la desconfianza que deteriora la relación entre unos y otros, paralizando todo. 

 

 

 

19 octubre, 2007

Aranceles y piratas en el Callao

El escándalo de un barco cargado de cemento mexicano acoderado en el Callao a la espera de la eliminación del arancel del 12% empieza a volverse pesado. No es la primera vez que el Consorcio CEMEX intenta ingresar al país. Un empresario cementero nacional recuerda que hace tres años su empresa había decidido abrir una planta productora en Texas, Estados Unidos.

Los estudios definitivos quedaron listos el primer trimestre del 2004. Al poco tiempo empezó la construcción de la planta de cemento. Siguiendo el ejemplo de otras empresas peruanas que han abierto mercado fuera instalando plantas procesadoras en los mercados de destino, el fabricante nacional de cemento no calculó la respuesta de los herederos de Moctezuma.

Un día apareció una flota de barcos cargadores repletos de cemento mexicano en los puertos del norte y centro del país. Otros barcos chinos con más cemento en sus bodegas viraron en altamar y enrumbaron hacía el Perú.“Si no dejan de construir su planta en Texas, descargamos el cemento, inundamos el mercado y los dejamos fuera”, les dijo la voz del teléfono a los empresarios nacionales.

Como los negocios son también una estrategia de guerra, la empresa nacional pensó alargar las conversaciones esperando que el cemento mexicano endureciera en las bodegas. Pusieron una acción de amparo y lograron retrasar el ingreso de la mercadería.

El cemento se endureció y terminó, esa vez, en el fondo del mar. Pero la empresa nacional llegó a la conclusión que sería una pelea larga que no podrían sostener en el tiempo. Dos años después desistieron de instalar una fábrica en Texas y se regresaron con sus chivas a atender el mercado nacional.

CEMEX y el Banco Azteca intentaron ingresar durante el gobierno anterior. Buscaron loobistas de cuello y corbata, pero no lo lograron. Hasta hoy que cambió el régimen, aparecieron nuevos contactos mejor dispuestos a defender aquello de que "la empresa nacional debe competir si quiere tener éxito en mercados del exterior".

El cemento no ha subido desde el 2001, las empresas nacionales pueden producir más de 7'500,000 toneladas anuales, el mercado interno con terremoto y todo no demanda más de 5'800,000 toneladas; pese a ello, los cementeros nacionales creyeron en la palabra del presidente García e invirtieron en importación de maquinarias para producir hasta 9'800,00 toneladas anuales. Pero, un día, en medio del fútbol, descubrieron que el 12% del arancel al cemento importado había sido eliminado.

Y, claro, el cemento de los mexicanos estaba listo para ser conducido a las bodegas del Callao. ¡Qué eficiencia!, ¡Qué modernidad! ¡Así se comporta el libre mercado!

Esta mañana el Presidente defendió la eliminación del arancel al cemento. Señaló que las empresas deben aprender a ser competitivas y que al final el público ganará pues accederá a productos de mejor calidad a más bajo precio. Eso está bien en la teoría.

Lo que no dijo el Jefe del Estado es que el cemento nacional cubre la demanda en exceso, su precio se ha mantenido estable y, sobre todo, no dijo que un buque de bandera mexicana merodeaba en las costas del Perú a la espera de que le enciendan el faro para descargar su pesada mercadería. Mismo piratas en el Callao.



16 octubre, 2007

Economía: adiós al piloto automático

Una de las pocas cosas que García no se había atrevido a mover era la economía. Hasta hoy en que –como dice el presidente de la Sociedad Nacional de Industrias, Eduardo Farah-, entre gallos y medianoche, decidió reestructurar más de 4.200 subpartidas arancelarias. Lo hizo con la opinión en contra del Ministerio de la Producción y sin el consentimiento del Ministerio de Comercio. El brazo ejecutor fue el ministro de Economía y Finanzas, Luis Carranza, el primero en ser ratificado en el puesto, dicho sea de paso.

Así, de un plumazo, sin debate ni acuerdo del Consejo de Ministros, el presidente García decidió poner fin al piloto automático en que había dejado el manejo de la economía. Y se animó a intervenir directamente, modificando la estructura arancelaria en un acto desesperado para volver a nivelar los precios del mercado y recuperar el valor del dólar.

Pero la razón de fondo, no ha sido económica, sino política: el desplome en las encuestas. El temor al retorno del fantasma inflacionario, ha gatillado la decisión presidencial para presionar a su ministro de Economía y apurar una desgravación de más de 4 mil 200 productos, muchos de los cuales se fabrican en el país y ahora han quedado desprotegidos ante el bien importado.

La explicación es relativamente sencilla. Hay muchos dólares en el mercado producto del aumento de las exportaciones. Se necesita importar más para recuperar el precio de la moneda norteamericana. Por otro lado, al reducir los aranceles a determinados productos éstos llegarán a mejor precio al mercado nacional favoreciendo a los consumidores y frenando el rebrote inflacionario.

En realidad, hace un tiempo que las expectativas inflacionarias del MEF planteadas en el papel fueron superadas por la realidad. La meta inflacionaria de menos de 2% prevista el año pasado, se modificó a 2.5% a comienzos de año y se volvió a modificar a 3.02% en agosto último.

Se configuraba así un irrebatible axioma político-económico: a más inflación, menor popularidad.

La subida de precios en alimentos impacta directamente sobre esa parte de la memoria de los peruanos en la que se alojan los recuerdos más funestos del primer gobierno del Presidente García. Si hay una palabra que Alan enseñó a la población esa fue inflación y su variante de pesadilla, la hiperinflación.

Los industriales peruanos representados por la SNI han sido los primeros en poner el grito en el cielo. Farah ha señalado que la PEA industrial se reducirá en 6%. Habrá cierres de fábricas y despidos. En lugar de factorías, el Perú tendrá almacenes para guardar mercadería importada que producen otros países.

Pero, además del mensaje terrorífico que el industrial ha lanzado sobre su sector, hay otro no menos espeluznante: días antes que se produzca esta drástica reducción arancelaria un buque aguardaba en la rada del Callao repleto de cemento centroamericano. Apenas se conoció que el arancel al cemento había sido eliminado, el buque fue diligentemente preparado para la desestiba. Negocio redondo. Ventajas como estas ofrece desconectar el piloto automático de la economía. Se puede meter la mano, literalmente.

Lo que aún nos queda por ver en la próximas semanas es una larga fila de industriales y empresarios visitando el despacho y pasillos del MEF -o los ambientes de Palacio- en busca de una movidita que los ayude a recuperar la protección arancelaria de sus productos. El retorno del festival arancelario y la ruleta del Tio Vivo. Habrá retroceso en algunas partidas. Marchas y contramarchas. Cómo no.