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08 septiembre, 2019

El final se acerca

No se ve una luz al final del túnel. Tal parece que llegamos a un desenlace oscuro. Sin acuerdo conversado de salida a la crisis política. El encuentro entre Vizcarra y Olaechea no ha significado una definición. En ninguno de los dos sentidos. Ha sido un mero pulseo de fuerzas. Un diálogo de sordos.

Apenas terminó la reunión cada quien volvió a sus trincheras y reforzó sus posiciones. El Congreso gatilló primero. Disparó contra el propio presidente al proponer investigar Conirsa, Chinchero, la SUNEDU, las encuestadoras y hasta el mensaje presidencial (aunque después retrocedió en esto último).

El presidente denunció la ofensiva y replicó: “…con estas actitudes (el Congreso) no hace otra cosa que justificar día a día el pedido de adelanto de elecciones que hemos hecho”.

Despejada la bruma de los cañonazos, el teatro de operaciones se aclaró. El presidente, urgido por los plazos que corren, debe definir en poco tiempo si juega su carta final de la cuestión de confianza y obligar a una salida final.

Solo hay dos caminos posibles: el pacto o el choque.

Si es por pacto, las conversaciones pasan por colocar como primer punto del pacto el retorno del Congreso Bicameral, con el añadido —complicado de aceptar para la calle, pero necesario— de que los actuales congresistas puedan postular al Senado de la República.

Si se elige el choque, la vía no es plantear la cuestión de confianza insistiendo en la “esencia de las reformas constitucionales”, sino, que se tendrá que apelar a una medida más pragmática y sobre la que no quepa la menor duda de su efectividad para obtener el mismo resultado de las dos cuestiones de confianza negadas: el cambio del presidente del Consejo de Ministros. 

En la calidad y estilo del nuevo premier estará la fuerza estratégica de esta decisión.  

Así, se provoca una crisis ministerial por renuncia del actual primer ministro y se convoca a un reemplazante que conforma un nuevo gabinete el cual debe acudir al Congreso de la República, exponer la nueva política de gobierno y solicitar cuestión de confianza sobre ella.

Este camino liberaría a Salvador del Solar para asumir con libertad una tarea electoral en las nuevas elecciones generales (si quisiera).

El nuevo premier tendría que tener un rol político y ejecutivo tan fuerte que por un lado obligue al Congreso a no extenderle la confianza o, si se la da, logre impregnar eficiencia a los programas del Ejecutivo, generar confianza en los inversionistas y equilibrar el poder que actualmente emana del Legislativo. Todo al mismo tiempo. 

¿Existirá ese ser superdotado de la política? En las próximas semanas lo sabremos.

09 junio, 2019

Confianza a plazos


La cuestión de confianza aprobada recientemente por el Congreso de la República (77 a favor, 44 en contra y 3 abstenciones), no cierra definitivamente la crisis de poderes. Es apenas el primer capítulo. Una confianza a plazos.

El segundo y definitivo round vendrá tras la forma final que tendrán los seis proyectos de reforma presentados tras su deliberación y aprobación en el Congreso.

Lo único claro es que el Congreso no tiene vocación de mesa de partes. Y que el ejecutivo defenderá la esencia de los proyectos. 

¿Aceptará, entonces, el gobierno los cambios que introducirá el Congreso a los proyectos presentados? O, por el contrario, ¿inferirá que los mismos han sido modificados, tergiversados, desnaturalizados? Y si esto es así ¿interpretará que la confianza solicitada no le ha sido otorgada por lo que, la disolución del Congreso, volverá nuevamente a la palestra?

No hay coincidencia en la opinión de los constitucionalistas. Sus razonamientos están en uno y otro lado. 

Hay quienes consideran que, aprobada la confianza, se supera el incidente y el Congreso tiene la potestad de reformar la constitución sin que penda sobre su institucionalidad una espada de Damocles. Pero hay también letrados que señalan todo lo contrario y que de alterarse la esencia de los proyectos se entenderá que la confianza otorgada ha sido traicionada y quedará expedito el camino para que el ejecutivo disuelva el Congreso.

Este segundo capítulo, entonces, no se dirimirá por la vía legal-constitucional, sino por el político. El ejecutivo levantará la bandera de que las reformas políticas son necesarias para avanzar en la modernización del país y el legislativo defenderá la autonomía de su fuero en materia de reforma constitucional. Quien venda mejor su respectiva posición ante la opinión pública, inclinará la balanza.

En las próximas semanas sabremos si el espíritu de diálogo y acuerdo que desplegaron varios congresistas durante el primer tiempo de la cuestión de confianza, se mantiene o si, por el contrario, asistimos a un nuevo capítulo de crispación, desentendimiento y choque de poderes, que volverá a zarandear el país. Una confianza a plazos y en dos armadas.

16 marzo, 2019

Gestión y comunicación



Cuando el problema es la economía (parada) y la gestión (ineficiente) es poco lo que pueden hacer la comunicación o la paridad de género. Ayudan, sin duda, en el primer tramo, en el de la presentación de objetivos generales, pero, al final del día, la diferencia es la capacidad de entregar resultados.
Del sector privado, la gente espera una economía dinámica, que crezca y genere puestos de trabajo; y del Estado, reclama funcionarios honestos y mejoras en la calidad de los servicios públicos, principalmente seguridad, salud y educación. 
Lo que se busca son cosas tangibles. No humo.
Es verdad que no hay política efectiva sin comunicación. Pero, una sirve a la otra; no la reemplaza. 
La comunicación es una herramienta de la gestión. No es la gestión misma. Pensar lo contrario es cargarle demasiada responsabilidad al proceso de comunicación. Es lo que sucede cuando escuchamos decir a los políticos cada vez con más frecuencia, “no hemos sabido comunicar bien” o “a partir de hoy mejoraremos nuestra comunicación con la gente”.
Los errores de gestión son de los políticos. Como señalaba en un anterior post: “Es una falacia pensar que la comunicación pueda resolver los problemas de la política (…) La comunicación es un instrumento de la política. Y no al revés”.  

La mayoría de la veces los problemas del gobierno no son de comunicación, sino de gestión. Si el puente se cae, la percepción, ánimo o sensación de la gente no va a cambiar hasta que se solucione el problema de tránsito de un lugar a otro; por más comunicación que se realice. 

Si la ejecución del presupuesto para la reconstrucción en Salud en el norte apenas tuvo un avance del 5%, en el 2018, lo que hace que los centros de salud luzcan abandonados generando malestar y rechazo en la gente de  Lambayeque y Piura. ¿Es un problema de comunicación o de gestión?

Este es el tema que deberá enfrentar el gabinete Del Solar. El presidente del Consejo de Ministros es un extraordinario comunicador. Pero tendrá que mostrar sus dotes de gestor si quiere cambiar el humor nacional.  

Todo gobierno democrático, tiene el deber de comunicar lo que piensa hacer. Pero debe hacer y no solo decir. “La mejor comunicación no es la que se dice, sino la que la gente ve y siente. Por eso, en lugar de preocuparse por comunicar, primero, el gobierno tiene que preocuparse en gobernar” (Politikha).

Así como gestión sin comunicación no sirve, porque no se ve. Comunicación sin gestión, no camina. La gallina cacarea cuando pone el huevo. No antes.