
Son sobre todo nuevos medios de comunicación con sistemas y códigos propios.
No son, por tanto -no pueden serlo-, ajenos al quehacer político.
Las redes sociales enlazan grupos humanos. Y si el político las utiliza, son también fuente de información para la prensa.
La revolución de la información obliga a utilizar estas nuevas herramientas, y a comunicarse de manera viva, diferente y permanente en el ciberespacio.
El lema es adaptarse o morir. Implica un nuevo lenguaje; directo, coloquial, casi informal, amigable.
El uso de las TIC requiere, por eso, un cambio de actitud, temperamento y mentalidad.
El proceso político es en sí mismo un diálogo permanente entre gobernantes y gobernados y las nuevas herramientas de comunicación contribuyen precisamente a potenciar, facilitar, acercar, ese proceso.
Las redes sociales permiten ese contacto directo; tienen, además, la característica de la interactividad y la inmediatez del mensaje.
En un mundo veloz, las redes pueden llegar a convertirse en el nervio central del proceso político. Hoy existen en el mundo 500 millones de personas relacionadas en Facebook. Y el número crece exponencialmente. Lo virtual se confunde con lo real.
Las nuevas tecnologías de la información han transformado nuestra manera de entender al mundo y nuestra forma de relacionarnos en el.
Brevedad, o mejor aún, concisión, es la característica que mejor identifica y diferencia este nuevo mundo.
Si la radio fue el medio por excelencia de los cincuenta y la televisión de los sesenta-setenta, el internet, es el medio de comunicación del siglo XXI.
Ello implica un reto. En política, el mantener una comunicación fluida con los ciudadanos. Y en campaña electoral, el de promover un debate alturado de ideas y propuestas.
Sobre la ola de insultos vía twitter que ha escandalizado a los medios tradicionales, en diciembre del año pasado nos pronunciamos cuando El Comercio fue víctima de la publicación en portada del 18/12/2009, de una carta del lector firmada por un inexistente “Sr. Tsura Tukuro”.
En ese momento señalamos “la extremada y riesgosa ligereza que existe en la web para publicar comentarios anónimos”.
Insultos, bajezas, calumnias, injurias, o simples disparates, se publican a diario en la sección comentarios de las noticias que se cuelgan en la web.
Los ataques descarnados y abusivos de anónimos francotiradores no son filtrados por los administradores de las páginas, principalmente dedicadas a la publicación de noticias.
No se puede pretender ahora rasgarse las vestiduras por los “excesos” del twitter, sin antes poner coto a los comentarios-basura que anónimos dejan a diario en los portales de noticias.
¿Por qué existe un código de ética para las publicaciones físicas –diarios y revistas– y no uno para las páginas de esos mismos diarios en internet?
El twitter es el nuevo gorjeo de los políticos. Y bien sabemos que en el mundo de los pájaros no todos trinan, ni cantan. Cada quién pía lo que puede.
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Texto en base a Introducción del autor para el libro "Política 2.0" de próxima aparición.
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