Politikha / Blog de Luis Alberto Chávez

27 julio, 2015

Insatisfacción democrática


No es novedad decir que una parte mayoritaria de ciudadanos peruanos se sienta insatisfecho con la democracia. El fenómeno no es solo del Perú, sino de Latinoamérica, aunque con sus variantes, como lo demuestran de manera persistente los resultados del Latinobarómetro.

Desde mediados del 90 hasta la fecha, el descontento con este sistema de gobierno, ha sido una constante que se ha movido entre 55% y 65%. El 2009, en plena crisis mundial de la economía, este porcentaje se elevó a 71% de insatisfacción.

Lo que resulta, más que sorprendente, preocupante, es una encuesta de CFK que a menos de un año de las próximas elecciones presidenciales del 2016, revela que "más del 80% de entrevistados se encuentra insatisfecho con el sistema democrático de nuestro gobierno".

El informe refiere que la falta de representación de los ciudadanos en los principales poderes del Estado explicaría esta señal de descontento.  Pero, me temo que lo más probable es que no sea el deseo de ser escuchados lo que genere el descontento, sino el nivel de ineficacia mostrada por la democracia para evidenciar resultados.

Cuando los ciudadanos ven, sienten y perciben que la delincuencia va en aumento y que las extorsiones, asaltos y robos al paso, son pan de cada día, no están pensando en que el Estado o sus representantes escuchen sus propuestas de solución. Ellos sienten y están convencidos que el Estado –representado por la Policía– es incapaz de ofrecer seguridad.

Y si, peor aún, fiscales y jueces, en lugar de perseguir el delito y denunciar a los delincuentes, los suelta; los ciudadanos de inmediato culpan al Estado ­como incapaz de ofrecer justicia.

Lo mismo puede decirse de las muertes absurdas de más de 130 niños en las alturas de Puno, Andahuaylas y Huancavelica a causa de una ola de frío que se repite periódicamente, sin que hayamos podido resolver el problema de abrigo más allá de entregar –mal, tarde y nunca– frazadas y casacas. El Estado se muestra incapaz de resolver el problema de fondo: salud.

¿Qué creen  que piensa la gente cuando un puente de menos de 4 años de inaugurado se desploma? ¿Que el concesionario privado no cumplió? ¿O que el Estado fue incapaz de supervisar la calidad de la obra? La negligencia estatal le pasa factura a la frustración o descontento ciudadano que inmediatamente piensa en la cantidad de dinero que se ha gastado en vano o que "alguien", se levantó plata colocando menos fierro y cemento del que correspondía.

Así, corrupción, negligencia o desidia burocrática, son algunos de los factores que corroen la eficacia del Estado para atender y resolver los problemas de los ciudadanos. Esto se traduce en insatisfacción o frustración ciudadana cuando se pregunta al hombre de a pie si siente satisfacción o insatisfacción con la democracia.

En resumen, la ineficacia del Estado puesta en evidencia en diversos órdenes de cosas, termina por minar el sistema de gobierno, llevándose de encuentro a toda la clase política. ¿O será al revés? El descrédito de la clase política, la ineptitud de los gobiernos de turno para resolver los problemas de la gente, son factores condicionantes para pulverizar el crédito ciudadano en la democracia.


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 Artículo publicado en Diario 16 el 27 de julio de 2015.
  

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