Politikha / Blog de Luis Alberto Chávez

01 abril, 2018

El estilo Vizcarra



Sobrio. Medido. Austero en palabras. Parsimoniosamente republicano. Tal es el estilo que ha marcado el presidente Martín Vizcarra en su primera semana como gobernante.

Sus visitas tempraneras e inopinadas al Hospital del Niño y Colegio Melitón Carbajal han señalado sus prioridades sectoriales –Educación y Salud–, mientras que su visita a Piura y las críticas que hizo allí al proceso de reconstrucción, indican su preocupación por las regiones.

Pero su primer gesto político claro fue desmarcarse de su predecesor –renunciando al ministro Giufra sin darle las gracias por los servicios prestados– y acentuar el mensaje de que su periodo gozará de un mejor clima político con el Congreso al promulgar la ley de reforma de la Contraloría –observada por PPK– en Palacio de Gobierno.

Si el el estilo es el hombre, el del presidente Vizcarra será el estilo de la no confrontación. El estilo apaciguado del presidente del Consejo de Ministros, también abona en ese sentido.

Será la conformación de su gabinete y el plan de gobierno que este exponga en su presentación al Congreso lo que terminará de confirmar esta suerte de tregua que vive el gobierno y que se traduce en un alivio de la tensión política entre los poderes del Estado.

No será ni por asomo una luna de miel, sino apenas un corto periodo en el que los actores políticos buscarán re-colocarse en el tablero. ¿Seguirá siendo este un gobierno de los pepekausas?¿Es finalmente un gobierno de unidad,  conversado o consensuado?¿Tendrá el fujimorismo mayor injerencia en el Ejecutivo? ¿Será Fuerza Popular el verdadero soporte de Vizcarra? ¿Serán los pepekausas los primeros opositores del nuevo gobierno?

Falta también despejar el final que tendrá el proceso de desafuero de los cinco congresistas investigados. ¿Perderán los Avengers a su líder Kenji Fujimori? ¿Recuperará Fuerza Popular su condición de bancada mayoritaria?

El gabinete debe proporcionar el liderazgo y la función de pararrayos que requiere todo jefe de Estado. De no tenerlo, este papel recaerá en la figura del presidente de la República, quien tendrá que manejarse con independencia, libertad y equilibrio para conducir el gobierno sin que el Congreso lo tire de las riendas. O lo zarandee a su antojo. 

Su estilo puede ayudar, pero allí nomás, casi al borde de la línea. Porque una cosa es tener un estilo prudente y otra muy distinta ser sumiso.


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