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04 febrero, 2022

Gabinete en la sombra

 

No es el shadow cabinet del parlamento inglés, formado por legisladores de la oposición que fiscalizan cada uno de los ministerios del Gobierno de Su Majestad. Tampoco es una idea que circuló hace un tiempo en el sentido de formar en los partidos políticos comités espejo del Poder Ejecutivo para hacerle seguimiento a las políticas sectoriales del Gobierno de turno. No. 

 

El sentido de gabinete en la sombra que se ha conocido esta semana en el Perú alude a un poder paralelo dentro del propio Gobierno, que suplanta las funciones ministeriales, administra la agenda presidencial y ejecuta por sí y ante sí decisiones que franquean la delgada línea de lo indebido y lo ilegal.

 

Se trata de un grupo de asesores presidenciales que funcionan, en efecto, en la sombra, aconsejando al jefe del Estado, tomando decisiones del más alto nivel, ejecutando acciones por encima o al margen de los ministros, sin tener por ello responsabilidad alguna. Usurpando el poder, diría la historiadora Carmen Mc Evoy.

 

No es un gabinete, por cierto. Ni siquiera llega a ser un círculo de poder. Es apenas una camarilla de asesores mediocres que de la noche a la mañana se encontró en las ligas mayores del poder. Y en ese nivel juega con las reglas que sirven para los niveles iniciales y torcidos de la política populista, patrimonialista, mercantilista e informal de la que provienen. 

 

Es una forma de manejo que tienen muchas instituciones populares. Un producto de la precarización de la política en la que estamos empantanados desde hace décadas, que perfora la democracia, donde vale el compadrazgo, el amiguismo, la componenda, las relaciones turbias, el arreglo al margen de la ley. 

 

El gabinete en la sombra debiera ser una forma de convocar a la intelligentsia partidaria, sea que funcione dentro de la organización política o en el Congreso. No puede ser una modalidad para medrar a costa del Estado. Estos furúnculos de poder deben ser extirpados de raíz. Si se les deja activos se reproducen en todo el sistema, atrofiándolo.

 

Un Gobierno requiere fortalecer su capacidad de tomar decisiones. Decisiones eficientes y eficaces para enfrentar y solucionar los problemas que demanda conducir el país. Más que ningún otro funcionario, el presidente de la república requiere un equipo de asesores o consejeros que lo ayuden a cumplir su misión, estableciendo con claridad las prioridades políticas, económicas y sociales de su gestión.

 

Las habilidades personales del jefe de Estado no bastan. Menos aun cuando el presidente carece de ellas. El presidente se nutre de sus asesores, quienes no reemplazan en modo alguno a los ministros. Los asesores facilitan la toma de decisiones presidenciales. No tienen ni desarrollan agenda propia. Son de perfil bajo, aunque, eventualmente, pueden cumplir alguna función encomendada por el presidente que los pone en el foco de la atención pública.

 

Un líder necesita un equipo de asesores o consejeros. No un gabinete en la sombra, ni una piara de aprovechadores.

23 mayo, 2021

Gracias, presidente Sagasti

En este país de desconcertadas, desmemoriadas y malagradecidas gentes, debemos hacer un alto para reconocer las cosas que se hacen bien.

 

No digo excelentes —nada lo es el mundo humano y menos en la política— pero, al menos, bien. 

 

Me refiero a la meta cumplida por el presidente de la República, Francisco Sagasti, de haber asegurado la compra de 60 millones de vacunas para este año.

 

En cualquier otra circunstancia, no habría necesidad de reconocer a un funcionario público que solo cumple con su trabajo. 

 

Y entre todos los funcionarios públicos, el primer mandatario —su título lo precede— es el primero de todos los ciudadanos obligado a cumplir con su deber.

 

Eso es lo que manda la doctrina, el sentido común y el buen gobierno. 

 

Pero en medio de tanta turbación electoral, con tanto miedo de uno y otro lado, con decisiones al borde del abismo, gestos simples como el cumplimiento del deber pasan desapercibidos.

 

Aplaudimos  la labor de los señores de limpieza pública, pero no hacemos nada para juntar en bolsa aparte los restos de nuestros contagiados.

 

Reconocemos el desempeño de médicos y enfermeras que todos los días le ven la cara al enemigo invisible, pero los insultamos y agredimos si no nos consiguen una cama UCI.

 

Nos solidarizamos con los millones de venezolanos que han huido de su país, pero subimos el vidrio del carro cuando se acercan a vendernos un caramelo.

 

Rezamos, pero terminada la misa nuestros pensamientos se inundan otra vez de mezquindad y maldades.

 

Vivimos en democracia, pero no nos importa pervertirla por un modelo que ha fracasado en todo el mundo.

 

Amamos la libertad, pero estamos dispuestos a tirarla al tacho por cerrarle el paso al otro.

 

Presidente Sagasti, gracias por haber devuelto al país, en sus cortos seis meses de gestión, sentido a las palabras confianza y decencia. 

 

Su mayor recompensa será, después del 28 de julio de 2021, caminar por cualquier calle del Perú y tomarse un café sin que la gente lo señale con el dedo.

 

Como bien ha recordado usted en palabras del mariscal Cáceres: el Perú será grande cuando todos los peruanos nos resolvamos a engrandecerlo. 

 

Reconocer y agradecer es una buena forma de empezar a hacerlo.

26 julio, 2017

Presidente, no se flagele.

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Una dosis de autocrítica es saludable, presidente, pero no abuse.


No queremos escuchar un mensaje en tono lastimero.

No queremos ver a un presidente rasgándose la piel, señalando sus propios errores.

Deje ese trabajo a la oposición. Que sean ellos quienes lo despellejen.

Su papel es otro, presidente. Es decir la verdad sin estridencias y señalar el norte con firmeza.

Le corresponde inyectar optimismo, confianza, seguridad.

No queremos ver y escuchar al analista que señala que Lava Jato y El Niño Costero nos ha costado 1.5 puntos del PBI. 

Queremos al estadista que domina la economía y sabe cómo salir del estancamiento en que nos encontramos.

Queremos escuchar al experto que sabe cómo generar más puestos de trabajo y cómo atraer más inversiones. Al que conoce cómo devolverle la confianza al país.

No queremos un discurso para las tribunas, ni para los tribunos. Queremos que le hable a la gente de a pie.

Queremos que le hable a la mamá de "Tubito" y  le diga qué hará para no tener más jóvenes trabajando como esclavos, ganando 20 soles diarios, encerrados con llave y sin poder ir al baño.

Queremos que les hable a más de un millón de jóvenes que estudian y les diga que resolverá la huelga magisterial y que de ninguna manera perderán el año escolar.

Queremos que les diga a los enfermos del Hospital Loayza que tendrán el tomógrafo operativo.

Y a los enfermos que están en los hospitales públicos, dígales que su gobierno abastecerá la farmacia de medicamentos.

Queremos que resuelva la huelga médica y de profesores, señor presidente.

A los padres de familia que sienten miedo ante el avance de la delincuencia, no los llene de cifras de capturas y desarticulación de bandas.

Dígales mejor que construirá más comisarías, que pondrá más policías en las calles; y que éstos cuidarán los paraderos de buses, los puentes peatonales, los colegios y los mercados.

Presidente, sabemos que estamos mal en economía. Pero necesitamos que nos diga que con las correciones que hará nos irá mejor. Esa es su chamba. Para eso lo elegimos.

Necesitamos saber que creará más empleo. Que construirá más infraestructura. Que más pueblos tendrán agua y desagüe, electricidad e interconectividad.

Así como se puso las botas en la emergencia, necesitamos que las vuelva a usar en la reconstrucción.

Necesitamos estar convencidos que se moverá la industria, la construcción, las exportaciones.

Y sin demagogia y falsas expectativas, queremos no solo escuchar, sino, sobre todo ver y comprobar, que luchará contra la corrupción.

Si algo de esto no será posible, también dígalo, señor presidente. Pida, si es necesario, sangre, sudor y lágrimas. Pero de todos. Empezando por sus colaboradores.

Usted, comprometa su mayor esfuerzo y su trabajo para sacar al país del atolladero.

Ejerza liderazgo, señor presidente. Gobierne.

Necesitamos un líder que no solo inspire, sino que transpire.

Eso.