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16 abril, 2014

Unión Civil: dos lados del mismo problema


LADO A:

Todos somos iguales ante la ley, reza el dicho. También ante los ojos de Dios, reza la Iglesia.

La ley es obra del hombre.

La religión -para quienes creen en Dios- es su palabra. Para los que no creen, es proyección del pensamiento humano.

De cualquier modo, el hombre, por inspiración divina o propia, es igual ante la ley y ante Dios.

No cabe, en consecuencia, discriminación alguna por razones políticas, económicas, sociales o religiosas.

Por juicios como este se abolió la esclavitud, el apertheid o los campos de concentración.

¿Puede mantenerse un grupo humano al margen de ciertos derechos civiles que rigen para otros? ¿Tienen las parejas homosexuales los mismos derechos que las parejas heterosexuales? ¿Deberían tenerlo?

La lucha por la Unión Civil es un derecho de minorías. En tanto seres humanos, tienen derecho a buscar su felicidad. El único requisito para ello es que su derecho no vulnere los derechos de otros.

La felicidad debiera ser el primero de todos los derechos. Para todos.


LADO B:

Las parejas del mismo sexo tienen derecho a la felicidad. Esa es una verdad inobjetable.

También lo es que la humanidad solo prevalecerá si se mantienen los sexos opuestos.

No dudo del amor, cariño, o sentimientos puros, entre hombres con hombres y mujeres con mujeres.

Pero, el hombre, en su igualdad natural y social, es diverso y único. Siendo igual a cualquiera de sus congéneres, es diferente y complementario por naturaleza.

La lógica para que esto sea así es que la especie no sobreviviría si todos fueran hombres-hombres o mujeres-mujeres.

El sexo opuesto es una de las manifestaciones de esta diferencia, necesaria para mantener la vida.

Los sexos opuestos se complementan y aseguran la continuidad de la especie. Ir a contracorriente de esta manifestación de la naturaleza sería suicida.

En el mundo animal -que vive en estado de naturaleza-, cuando falta uno de los roles que asegure la continuidad, alguno de los miembros cambia de sexo para procrear.

El cambio de sexo existe, pero como excepción. Y sólo para preservar la especie. No es la regla. No podría serlo si proyectamos la situación. Un mundo de parejas del mismo sexo sería inviable.

CONCLUSION:

El hombre dejó de vivir en estado de naturaleza, para vivir en sociedad. Al hacerlo, dictó la ley. Y la ley señala que todos somos iguales ante ella. La Unión Civil homosexual no perturba la sobrevivencia de la especie. Solo protege derechos civiles que ya tienen las parejas heterosexuales. Y no lesiona los derechos de otros.

30 abril, 2008

Agenda Social para la Democracia: Crecimiento con inclusión

América Latina vive hoy una paradoja. Vivimos en democracia pero padecemos de constantes crisis sociales. Crecimiento económico sostenido y a la vez pobreza, desigualdad, exclusión (*).

En los últimos años, la región ha tenido un crecimiento del PBI entre 5% y 6% en promedio. Hay algunos avances en salud, educación y mortalidad infantil. Vivimos un poco más. Pero seguimos siendo pobres.

Unos 190 millones de hombres y mujeres de esta región, viven por debajo de la línea de pobreza; y de ellos 71 millones sobreviven en la extrema pobreza.

El otro grave problema es la desigualdad. En la última década, los desequilibrios sociales han aumentado. No es sólo un problema de distribución del ingreso; es sobre todo un problema de distribución de oportunidades.

Los de más arriba tienen mayores oportunidades de educarse, tener agua, luz En cambio para la gran mayoría de los latinomericanos estos servicios son aún insuficientes.

Por eso la desigualdad y la pobreza no son solo un problema económico y social; son también un dilema ético y moral.

Queremos una democracia que funcione; que enfrente el desafío de generar políticas públicas que terminen con la desnutrición, el analfabetismo, la exclusión, la marginalidad, la carencia de servicios y de oportunidades.

Queremos algo más que una democracia formal. Al no encontrar solución a sus demandas, las poblaciones resienten su confianza en las instituciones.
Y si las instituciones democráticas no logran dar resultados concretos pondremos en riesgo el propio sistema.

Por ello, es urgente desarrollar una AGENDA SOCIAL PARA LA DEMOCRACIA EN AMERICA LATINA. Con crecimiento, pero también con inclusión.

Debemos mirar lo que hemos aprendido en estos últimos años. Los Programas de Transferencia Condicionada, por ejemplo, que fueron vistos con desconfianza al principio, pero que hoy han logrado llamar la atención de los organismos internacionales.

“Bolsa-Familia” en Brasil; “Oportunidades” en México, “Superémonos” en Costa Rica, “Plan familias” en Argentina, “Juntos” en Perú, “Bono de Desarrollo Humano” en Ecuador, “Programa de Asignación Familiar” en Honduras, entre otros.
La meta es reducir la pobreza en democracia.

Ya sabemos que tenemos que ganar nuevos mercados, manejar responsablemente la economía, tener una prudente política monetaria, controlar la inflación.

Ya sabemos que las empresas no sólo tienen que generar ganancia de capitales, sino ganancia en recursos humanos; pagarle mejor a sus trabajadores.

Ya sabemos que tenemos que estar comprometidos socialmente...

Sólo así podremos salir de la paradoja que vive América Latina. Debemos seguir creciendo económicamente, pero al mismo tiempo debemos asegurar que ese crecimiento llegue a todos, sin exclusiones.

Construir la Agenda Social para la Democracia es el camino; Crecer con inclusión social, es nuestra meta.
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(*) Guión de spot televisivo presentado a nombre del CGDD en el Segundo Encuentro Agenda Social para la Democracia, Santa Clara, Lima, 25 de abril de 2008.