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28 junio, 2015

Partidos: calatos con antifaz


El libro de Carlos Ganoza y Andrea Stiglich "El Perú está calato", desnuda el sistema político peruano. Sin maquillaje, ni medias tintas, considera a los partidos políticos instituciones precarias, subsumidas por dos personajes que parasitan en su interior, pervirtiendo su composición y fines: los bandidos sedentarios y los bandidos pasajeros.

Los primeros son políticos que buscan beneficiarse por medio de la corrupción, pero que actúan dentro de "ciertos límites" debido a que el grupo al que pertenecen no permite que sus actos terminen derribando al partido o desestabilizando al sistema. Son pillos moderados, digamos.

Los bandidos pasajeros, en cambio, no se andan con estos remilgos. Son avezados, personalistas, se manejan dentro de una lógica comercial agresiva por lo que no les importa dilapidar los recursos del Estado hasta dejarlo en la inanición.

Ambos forman lo que los autores llaman la "Bandidocracia", una forma de sistema político corrupto cuyo fin es asaltar las arcas fiscales en sus diferentes niveles.

La expresión política de la Bandidocracia la tenemos en todos los frentes: movimientos regionales que se forman de la noche a la mañana, partidos políticos que anteponen el dinero y los recursos económicos a la hora de buscar candidatos; y poderes oscuros, ilegales, dispuestos a financiarlos para cobrarse más tarde con granjerías o abiertos latrocinios ejecutados desde el poder.

Estas pirañas de la política están en todas partes. Los partidos no son la excepción. Hace unos meses señalé en esta misma columna como estos grupos se mueven no en torno a ideales ni vocación de servicio, sino "por el poder del dinero". El dinero, puesto como requisito indispensable para hacer política, pervierte los objetivos de la política.  Y  cuando este espíritu prima en un partido, pierde la sociedad. Porque lo que "se invierte" en llegar al gobierno, se busca luego recuperarlo en el poder.

Lo público y lo privado se confunden. No existe; originando prácticas corruptas que –como sostiene el libro– hace que predomine "la política de los intereses particulares y oscuros en lugar de las ideas y propuestas".

Todo ello menoscaba el sistema democrático. Porque a la larga los bandidos sedentarios y los bandidos pasajeros buscan hacer obras para ganar comisiones, no para atender un reclamo ciudadano. Por eso, no les impora, si al final, ésta queda inconclusa. En el Congreso, estos pillos con inmunidad, no responden a nadie, sino a sus propios intereses; no son capaces de acordar políticas de Estado, sino migajas para sus regiones. Usan al partido como vientre de alquiler y succionan el aparato del Estado.

El problema –coinciden los autores–, es que la proliferación de estos bandidos "pueden hacer que el país se torne cada vez menos gobernable, y podrían llegar al punto de causar un quiebre de la democracia". Esa es una de las trampas que amenazan nuestra viabilidad como país civilizado: "La política nos ha generado tanto rechazo que hemos permitido con nuestro desdén que el sistema de partidos se pulverice".

En otras palabras, odiamos tanto la política que no participamos en ella, dejándole el espacio a los chicos malos.  Todos estamos calatos, está bien, pero algunos calatos, para llegar a la política, llevan solo un antifaz.

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Artículo publicado en Diario 16 el 28 de junio de 2015.

23 abril, 2015

La Sociedad Compartida


Alejandro Toledo acaba de presentar en cuatro universidades norteamericanas (Stanford, Berkeley, San Francisco y Denver) su libro más ambicioso que lleva el título de esta columna: The Shared Society, una visión para el futuro global de América Latina*.

Una de las cosas que plantea el ex presidente en su libro es cómo hacer para que la riqueza de los recursos naturales no se pierda por la acción de los que se oponen o la inacción de los que gobiernan. Es decir, cómo escapar a la tesis de la maldición de los recursos naturales. ¿Conga, Tía María?

Para responder esta pregunta es necesario acudir a la definición de Acemoglu y Robinson sobre las sociedades extractivas y las inclusivas. Las primeras son aquellas que diseñan leyes y procesos para que un pequeño grupo se enriquezca a costa de la pobreza de la gran mayoría. Las segundas son las que permiten que todos o la mayor cantidad de ciudadanos puedan progresar.

Esto significa que si queremos crear sociedades incluyentes, compartidas, tenemos que tener instituciones políticas y económicas también inclusivas. Sistemas extractivos, por el contrario, distorsionan los incentivos y socavan los principios democráticos y las aspiraciones de una prosperidad compartida.

¿Pero cómo hacer que los sistemas de extracción –como el que tenemos en el Perú– sean más inclusivos? Toledo propone centrar la mirada en la relación entre el Estado y sus ciudadanos. Para que las instituciones democráticas funcionen bien –afirma– debe haber una relación de beneficio mutuo y de mutua dependencia entre el Estado y sus ciudadanos. Esto significa que la relación entre ambos –sobre todo la movilización de recursos– es sumamente importante para la creación de una sociedad inclusiva y para una prosperidad compartida.

En una democracia, los ciudadanos empoderan a alguien, no sólo a través de sus votos, sino también aportando parte de sus ingresos para el Estado, vía impuestos. Sin ciudadanos contribuyentes, los gobiernos se ven privados del poder económico y, por tanto, también se debilita la legitimidad política para gobernar.

La abundancia de recursos naturales mal distribuida subvierte la relación y el equilibrio de poder entre los ciudadanos y sus gobiernos. Los gobiernos no se financian con la renta de sus ciudadanos, sino con la renta que genera la extracción de los recursos. Los recursos naturales sustituyen así a los impuestos como la principal fuente de financiamiento del gobierno, socavando la relación y el contrato social entre el gobierno y sus ciudadanos.

Lo que sucede con esto es que "el gobierno ya no necesita que sus ciudadanos puedan disfrutar de poder económico. Y ya que el poder económico y político van mano a mano, a menudo no sienten que necesitan el consentimiento de sus ciudadanos para gobernar". El resultado es que los recursos naturales no generan bienes y servicios públicos, sino más bien dan lugar a sistemas económicos extractivos que a su vez producen los bienes privados y políticos en su lugar.

Es una tesis osada. El libro propone que si queremos salvar nuestras democracias y hacerlas más inclusivas y si queremos crear una sociedad con prosperidad compartida, necesitamos nuevas y creativas maneras de pensar acerca de cómo administrar la extracción de recursos naturales en nuestra región. "Tenemos que encontrar formas de restaurar la dinámica de poder entre los ciudadanos y el Estado, y garantizar que todos los ciudadanos se beneficien de los recursos de las naciones, no sólo unos pocos".

El autor propone hasta tres modelos para acometer en zonas con recursos naturales y áreas de influencia concretas con poblaciones que se oponen a su extracción, básicamente porque no tienen incentivos; no disfrutan de sus beneficios concretos y sienten que el Estado y la Empresa privada se ponen de acuerdo dejando a las comunidades de lado.

Algo de eso sucede con Tía María. Sería bueno empezar a pensar en cómo sentamos en una mesa a las comunidades y la empresa; repensamos en la redistribución de la riqueza y ponemos al Estado como un ente que cumpla su papel regulador y no de abogado de una de las partes.

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* "The Shared Society. A vision for the global future for Latin America". Stanford University Press. 2015. Agradezco al ex presidente Alejandro Toledo el haberme convocado para integrar el equipo de investigación que colaboró con él en este libro. Fue una experiencia enriquecedora en muchos aspectos. Artículo publicado en Diario 16, el domingo 19 de abril de 2015.


11 noviembre, 2012

Hechos y Palabras


Sólo unas breves líneas para explicar algo que debió ir en algún lado del libro que acabo de publicar. ¿Por qué el título Hechos y Palabras? ¿De dónde sale? Al contrario de lo que ocurre con algunos escritores que primero crean el título y luego escriben el libro, en este caso el título es la consumación del acto, la coronación del trabajo reunido, que resume en dos palabras lo que quiero transmitir.

La primera referencia que salta a la memoria de los peruanos es el dicho del general Manuel Apolinario Odría, militar que asaltó el poder el 48, se hizo elegir el 50 como candidato único, fundó del odriismo -partido que desapareció tras su muerte-, que acuñó, más que una frase, una forma de pensar, que perdura hasta nuestros días: “Hechos y No Palabras”; apotegma que acostumbraba a repetir para diferenciarse de los políticos a quiénes aborrecía, según él, por llenarse la boca hablando y no hacer nada.

“Hechos y No Palabras”, la frase del general Odría, es pues la síntesis de la antipolítica, el espolón de proa de la aversión a la praxis política y a la democracia, extendida hasta nuestros días por émulos seguidores de pensamiento fascistoide que aborrecen el valor de la palabra como instrumento y acción políticos y detestan la democracia como balance y equilibrio de poderes.

Hechos y Palabras, mi libro, es todo lo contrario. A partir de analizar los hechos ocurridos entre el 2006 y 2011, en sus diversas aristas, política, económica y social, concluyo que los hechos por sí mismos no pueden sustituir el valor de la palabra. La democracia no se construye en base a fierro, ladrillo y cemento. Y menos aún cuando se inauguran obras sin terminar. Estas actitudes reverdecen el pensamiento odriista, tergiversan el sentido de servicio público, al privilegiar la puesta en escena, la foto, antes que la calidad del servicio o la obra misma.

Hechos y Palabras busca reivindicar la palabra como acción movilizadora y compromiso ciudadano para hacer y cambiar cosas. La política -y dentro de ella la Democracia-, no puede ser solo hechos. Es también doctrina, pensamiento, persuasión, convencimiento y a la vez educación, compromiso y acción. En política, las palabras no se las lleva el viento. Estas quedan grabadas a fuego por quien las sostiene. Palabra es compromiso. Y eso es lo que he querido hacer al presentar de esta manera mi forma de entender y enfocar las cosas. Extender mi compromiso con el Perú.