08 junio, 2013

Perdón y arrepentimiento en la decisión presidencial


El presidente Humala, en uso de sus atribuciones constitucionales, decidió finalmente no otorgar la gracia de indulto a Alberto Fujimori Fujimori, sentenciado por la justicia peruana por delitos de lesa humanidad y corrupción.

Lo hizo en atención a la recomendación que elaboró la Comisión de Gracias Presidenciales que llegó a la conclusión que no existe en el reo enfermedad grave o terminal, pero, además, atendiendo a un concepto clave no mostrado hasta ahora por Fujimori: el arrepentimiento.

Fujimori no se ha arrepentido ni ha pedido perdón por los crímenes de Estado cometidos. Por el contrario, lo que ha buscado el fujimorismo en todo este tiempo ha sido defender la inocencia del ex presidente, desconociendo la condena impuesta por la justicia peruana en un proceso libre y democrático.

Desde el punto de vista Cristiano el perdón pasa por el arrepentimiento.

No hay perdón sin arrepentimiento.

El perdón es una gracia, no un derecho. Viene de la fuente de poder, no al revés. El perdón no se obtiene si quien lo pide mantiene el orgullo.

Arrepentirse lleva implícita una voluntad de cambio. Y no se puede cambiar si no somos concientes que nos hemos equivocado o hemos obrado mal, por acción u omisión.

El arrepentimiento es también un camino de doble vía.

Si perdonamos sin arrepentimiento, la persona perdonada puede pensar que nada estuvo mal en su vida y que obtuvo esa gracia por derecho propio.

El arrepentimiento ayuda al que ofende a transformar su vida; y al ofendido, a vivir en paz o a recuperar su tranquilidad.

Si se otroga perdón sin arrpentemiento, el dolor de los ofendidos se mantiene y puede transformarse en odio, venganza o amargura.

Y ninguna sociedad florece manteniendo vivos esos sentimientos.

El arrepentimiento abre la vía de la reconciliación.

Por eso a veces es mejor no perdonar hasta ver un cambio sincero en quien nos ha ofendido, que ofrecer perdón sin que el ofensor reconozca que ha obrado mal.

El perdón incondicional y de parte no conlleva al objetivo central del perdón que es volver a vivir en comunidad sin rencores, odios ni venganzas entre ofensor y ofendido.

Ese reencuentro como seres humanos solo es posible si el ofensor se arrepiente,  demuestra remordimiento y ánimo de cambio.

Y si el ofendido -en este caso la Nación peruana personificada en el Presidente de la República-, concede el perdón no solo en base a su espíritu humanitario, sino por una auténtica reconciliación social.

Que la decisión presidencial sirva para retomar este camino. De ambas partes.

07 junio, 2013

Las lecciones de Lula da Silva



Jose Inacio Lula da Silva estuvo hace unos días en Perú, refrescando con su presencia y sus discursos, con su pensamiento y acción, la importancia de las decisiones de Estado, más allá de coyunturas por las que atraviesan los gobernantes.

El ex presidente de la sexta economía del mundo, llegó a nuestro país para conmemorar en décimo aniversario del Acuerdo Estratégico entre Perú y Brasil. Dicho acuerdo –hay que recordarlo, porque no se ha dicho con claridad– se firmó durante el gobierno del Presidente Alejandro Toledo, en agosto de 2003.

Lula destacó tres decisiones y una consecuencia asumidas durante el gobierno del presidente Toledo: 1) Firmar la Alianza Estratégica Perú-Brasil, 2) Construir La Carretera Interoceánica, 3) Construir el primer Puente internacional en 500 años. Como consecuencia de estas decisiones de Estado –continuadas por los gobiernos siguientes–, el comercio bilateral aumentó notablemente.

En una década el comercio bilateral se incrementó de 656 millones de dólares a 3.700 millones de dólares anuales. Brasil apostó por intensificar el comercio con  los países de América del Sur. No se equivocó. Antes de que Lula llegara a la presidencia, el comercio intrasur era de US$ 15 mil millones de dólares. Hoy asciende a US$ 70 mil millones.

"Estos números son necesarios para darse cuenta de que con un poco de voluntad se pueden concretar las cosas y en mi opinión la relación entre el Perú y Brasil no ha alcanzado ni el 10% de todo su potencial de los próximos años”.

Pero no siempre estas decisiones de mediano y largo plazo son entendidas. Críticos coyunturales existirán siempre. "Me dijeron por qué no la hacemos con Alemania o con Francia, pero el tiempo se encargó  de probar lo que sucedió (...) algunos me decían  pero qué alianza estratégica podían hacer dos países miserables, dos paisitos pobres”.

Algo parecido ocurrió con la Carrtera Interoceánica. En el Congreso peruano se opusieron quienes –paradójicamente– gobernarían inmediatamente después. La Interoceánica csotó sangre, sudor y lágrimas al gobierno de Toledo. Por primera vez en la historia de su etapa republicana, el Perú unió a 10 departamentos de la zona sur del país. Al final fueron tres vías –las Interoceánicas del Norte, Centro y Sur– hoy convertidos en corredores IIRSA los proyectos más relevantes que planificaríamos con Brasil.

Que nuestros países vivieron de espaldas lo demuestra el hecho de que el primer Puente internacional también se construyó a inicios del Siglo XXI. Lula lo ha recordado: “Brasil tiene frontera con Perú, y del lado peruano se producen muchas cosas pero el Estado de Acre se lleva cosas desde Sao Paulo. El primer puente construido entre el Perú y Brasil demoró 500 años”.

Quienes se oponían a proyectos de esta envergadura señalaban que no se justificaba la obra por el número reducido de vehículos que pasaban en ese momento. La respuesta de Alejandro Toledo fue sencilla: pongan la carretera y verán cómo aumentan las unidades vehiculares.

El tiempo le dio la razón. El 2002, el Perú exportaba a Brasil 217 millones de dólares. Hoy exporta seis veces más, por encima de los 1.200 millones de dólares. Las exportaciones de Brasil a Perú crecieron a su vez cuatro veces.

En palabras de Lula: “Pienso que hubo un avance considerable que no nos imaginamos. Nuestro flujo comercial (entre Perú y Brasil) era menos de 700 millones de dólares y lo aumentamos a casi 4 mil millones”.

Es lo que pasa cuando se gobierna pensando no en las próximas elecciones, sino en las próximas generaciones.

18 mayo, 2013

El Pedido de Reconsideración: Razones de Fondo


No se han atendido, ni entendido, las razones de fondo por las que Perú Posible pidió la reconsideración de la votación en la Comisión de Fiscalización en la que, una semana antes, se acordó solicitar al pleno del Congreso facultades para investigar dos aspectos:

1. Las nuevas propiedades de Alejandro Toledo, y

2. El origen de los fondos con los que se compró una oficina, cocheras y depósito.

Las notas periodísticas, columnas de opinión e incluso editoriales, han dado más importancia al hecho de que en la sesión del miércoles 8 de mayo un candidato accesitario votó como si fuera titular.

Esto fue una cuestión anecdótica, una artimaña del fujimorismo que ocurrió, en efecto, en esa acalorada como  confusa sesión de la Comisión de Fiscalización que dirigió el congresista Rondón.

Pero las razones para detener este proceso que buscaba votarse en el Pleno del Congreso son otras, más de fondo que de forma.

En primer lugar, el texto de la moción que sustenta el pedido para solicitar facultades investigatorias, parte de dos premisas imposibles de ser ejecutadas.

El punto uno (“las nuevas propiedades de Alejandro Toledo”) no es verdad. Alejandro Toledo no tiene nuevas propiedades. Tanto la casa de Las Casuarinas como la oficina, cocheras y depósito son inversiones inmobialiarias de su suegra, como consta en la documentación que se ha remitido a la fiscalía correspondiente. ¿Qué nuevas propiedades podría investigar el Congreso si estas no existen?

El punto dos, (“el origen de los fondos”) está relacionado a inversiones privadas, hechas por ciudadana de origen extranjero, a través del sistema financiero, cumpliendo todos los requisitos legales que se exigen en el país. Son actos protegidos por la Constitución y las leyes. ¿Puede el Congreso investigar transacciones de privados?

Ahora bien, en el debate para llevar esta investigación al Parlamento se ha esgrimido el artículo 88° del Reglamento del Congreso, que faculta a este Poder del Estado a iniciar investigaciones sobre cualquier asunto de “interés público”.  

Pero el interés público está referido aquí no como un hecho que interese a la opinión pública, sino referido al esclarecimiento de hechos que tengan que ver con la cosa pública. La Sra. Fernenbug no manejó recursos de Estado. Ni fue funcionaria pública. Es, por lo tanto, una persona ajena a la cosa pública.

Consecuentemente, ni la Comisión de Fiscalización ni una Comisión Investigadora del Congreso tienen competencias para investigar acciones o transacciones de ciudadanos que no son funcionarios o servidores públicos.

Hacerlo implicaría violar el Art. 139° de la Constitución que protege el debido proceso, reconocido como una Garantía Constitucional.

Otorgarle facultades de investigación en este tema a la Comisión de Fiscalización violaría, además, el inciso e) del numeral 24, artículo 2° de la Constitución que señala que “Toda persona  es considerada inocente mientras no se haya declarado judicialmente su responsabilidad”.

La investigación que pretendía hacer el Congreso partía de una presunción de  culpabilidad y no de inocencia, cuando, en estricto derecho, la cosa es al revés. Se presume la inocencia, no la culpabilidad.

Si se considera –como lo han hecho la Procuraduría y Ministerio Público– que existe una presunción de “lavado de activos” en las mencionadas inversiones, entonces, el organismo técnico encargado de investigar es la Unidad de Inteligencia Financiera y la fiscalía especializada.

Pero sucede que el Ministerio Público, la Unidad de Inteligencia Financiera, la Policía Fiscal, la Sunat, la Sunarp y hasta la Municipalidad de Surco, ya se encuentran investigando estas operaciones inmobiliarias, por disposición de la 48 Fiscalía Pública de Lima.

Estas inversiones inmobiliarias vienen siendo investigadas por el Ministerio Público y todos los organismos competentes desde enero de este año. ¿Por qué el Congreso debería abrir una línea paralela de investigación?  Por motivaciones políticas, evidentemente.

El Congreso lo que quería era un circo.

En Perú Posible, no estamos en contra de que estos actos se investiguen. Por el contrario, estamos a favor, pero en las instancias que correspondan. En este caso, el Ministerio Público.

Debemos ser pacientes para que el Ministerio Público termine su trabajo. Por supuesto, los opositores tienen todo el derecho de llevar este debate a la arena política. Y nosotros tenemos el deber de responder también en ese terreno. Y ha así ha sido.

05 mayo, 2013

El amigo Javier


Trabajé para Javier Diez Canseco, pero creo que él no lo supo nunca. O quizás sí. Nunca lo sabré, en todo caso. Javier se ha ido peleando su última gran batalla, encarándola, como toda su vida lo hizo: su batalla contra el dolor. El dolor que genera el cáncer.

Digo que trabajé para él porque tuve –allá por la segunda mitad de los ochentas– mi primera práctica remunerada en el Semanario Amauta que él dirigía. Por aquel entonces, había sido seleccionado entre un grupo de finalistas del curso de fotografía del profesor Ernesto Jiménez en San Marcos, y llevado, como premio, de practicante a la revista Amauta; clasista y combativa revista del Partido Unificado Mariateguista, el PUM, el partido que lideraba Javier.

Amauta era un órgano de prensa partidario que combinaba la opinión política con el periodismo de interpretación. Era un semanario de parte, que no ostentaba de hacer prensa objetiva, sino, todo lo contrario, prensa combativa.

Mi jefe de Información era Santiago Pedraglio y cuando a los pocos meses pasé de fotógrafo a redactor mi jefe de Redacción fue Carlos Iván Degregori, así que un pinche redactor como yo no tenía contacto con el director. Por eso digo que no sé si él realmente supo que yo estaba trabajando para él y su revista.

Pero lo observé y admiré a la distancia.

Siempre me impresionó su forma directa y franca de encarar las cosas. Su valentía para pelear por los más pobres. Y la utopía  perpetua de una revolución. Tenía la mirada franca, penetrante, de águila; aunque también, algunas veces, triste. Mucho tiempo después, en algunas comisiones, lo vi llorar tras sus gruesos cristales, cuando escuchaba o narraba tesitimonios de violaciones horrendas a los derechos humanos.

Javier conoció la pobreza en vivo y en directo de joven. La vio pasar en una improvisada caja de madera que cubría el cuerpo de un puneño pobre, muerto. El recién había llegado como muchos estudiantes lo hicieron en la década del sesenta cuando Belaúnde llamó a los jóvenes a idendificarse con su país viajando para internarse y trabajar en las provincias más alejadas. Javier fue a Puno. Y esto, creo, le cambió la vida.

Cuando terminó la experiencia de Amauta pasé a La República y desde aquí lo seguí en diversas jornadas, dentro del Congreso y fuera de él. Lo vi en foros, reuniones, mítines y marchas. En estas últimas, siempre a la cabeza, sin importar para nada el impedimento físico que tenía en la pierna, secuela de la polio que lo atacó de niño.

Un día, en una de las tantas jornadas contra la dictadura, lo vi incluso sostenerse en pie sobre su pierna lesionada, agarrarla con una mano para mantenerla firme y lanzar una patada a la policía que le cerraba el paso. Así de osado era Javier, aún a costa de su propia salud.

Nunca milité en la izquierda, así que no podría decir que me alejé de ella. Aunque mis convicciones se fueron más bien definiendo y abracé el proyecto politico de Perú Posible. En estas nuevas circunstancias, apenas hace unos meses, trabajando ya con el Presidente Alejandro Toledo, me cupo conocer la enfermedad de Javier. Desde hacía años, un cancer lo había atacado silenciosamente -como suele ocurrir con esta enfermedad traicionera-, y recién ahora se manifestaba.

Le comenté a Toledo la información que el propio Javier había hecho pública a través de un comunicado y Alejandro lo llamó de inmediato. Fui testigo de la conversación que se filtraba por los parlantes del celular.

Alejandro se interesó sobremanera por la salud de Javier. Le dijo incluso que llamaría -si Javier estaba de acuerdo- al Dr. Elmer Huertas en Washington para que viera personalmente su caso y le recomendara el mejor tratamiento.

Javier le agradeció la ayuda y le pidió el teléfono del Dr. Huertas. También lo autorizó para que hablara con él. Apenas colgó, Alejandro llamó a Elmer Huertas. Hablaron sobre las posibilidades de tratar el caso de Javier y de ser necesario trasladarlo incluso a los Estados Unidos.

No supimos más sobre las gestiones realizadas. Hasta hace dos días, cuando Carlos Monge comentó en su Twitter que la salud de Javier se había agravado. Le volví a comentar a Toledo el tema y de inmediato llamó nuevamente a Javier.

Esta vez no pudo conversar con él. Intentó dos veces más hasta que dejó un mensaje en la grabadora: “Javier, si puedes, por favor llámame, necesito hablar contigo, eres un hombre valioso para el Perú. Fuerza Javier”. A las pocas horas, supimos la ingrata noticia.

Como he leído en varios mensajes, no hay explicación para entender por qué la muerte se lleva a los hombres buenos, íntegros, leales a sus principios. Parece injusto. 

Quizás sea para recordarnos a los que quedamos aquí en la tierra que la vida y la muerte son solo circunstancias de tiempo.

O quizás para enseñarnos con su muerte.

Para llamar nuestra atención sobre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto.

Para que ante la pérdida material irreparable, su ejemplo se reproduzca en otras mentes, en otras actitudes, en otras personas, cientos, miles, millones de veces.

Quizás entonces, su sueño y el de todos los hombres buenos, de un mundo de paz, justicia, sin pobreza y equidad, se pueda cumplir. 

Descansa en paz, amigo Javier.