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26 junio, 2009

Gobierno post Bagua: inter peleado con la verdad

Independientemente de los resultados de la votación del próximo martes en el Congreso, el gabinete Simon ya ha sido sancionado.

La opinión pública ha censurado al Premier y a la ministra del Interior. Y ha sancionado, sobre todo, al Presidente de la República. 9 puntos de caída en su popularidad, según Ipsos-Apoyo, y 8 puntos según CPI.

Una vez más, la calle se ha adelantado a la opinión del Congreso.

La interpelación ha ayudado, sin embargo, a esclarecer algunos hechos en la trágica cadena de equivocaciones y apresuramientos:

Miércoles 3 de junio de 2009:

En reunión del Consejo de Ministros, realizada en Palacio de Gobierno, el presidente García ordena desbloquear la carretera Tarapoto – Yurimaguas, tras casi dos meses de diálogo infructuoso.

Pide que se realice sin costo de vidas humanas. Guapea a Meche por su “debilidad” y demora en dar la orden de ingreso a la policía para recuperar las carreteras.

Ministra Vildoso se opone a empleo de la fuerza pública. Pide agotar esfuerzos para seguir dialogando. Teme derramamiento de sangre.

El premier Yehude Simon –el negociador del régimen, el hombre que otorgó a Pizango el poder de representación de todas las etnias amazónicas- acata la decisión del presidente de la República.

Jueves 4 de junio de 2009:

Se reúne el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional y los ministros de Defensa y del Interior para planificar el operativo de desbloqueo, dando cumplimiento a lo dispuesto por el Presidente de la República en el Consejo de Ministros.

Se acuerda realizar el operativo enviando como refuerzos a tropas del Ejército. No 800 como se dijo, sino sólo 140.

A las 8 de la noche de ese mismo día, la ministra del Interior recibe la llamada del Director de la PNP, comunicándole que el operativo se realizará al día siguiente a las cinco de la madrugada.

Afirma tener información por escrito. En todo caso, la ministra no opina en contrario. Confirma el operativo. ¿Informa al Presidente de la República? No se sabe. Es altamente improbable que no lo hubiera hecho.

Un operativo de semejante envergadura no puede realizarse sin conocimiento del jefe del Estado. Si lo hizo, ¿por qué no lo objetó García? Porque estaba apurado por desbloquear la carretera. Porqué hasta entonces –y aún después de los hechos- estaba convencido que el problema había sido un “exceso de diálogo”.

¿Y Simon? Probablemente diga la verdad: nadie le avisó y se enteró por los medios. Por RPP ese mismo día. Quizás. De ahí su espíritu de Mahatma de cargar con su cruz por todo el país.

Viernes 5 de junio de 2009:

Lo que ya sabemos. 24 policías muertos 10 civiles muertos y más de 200 civiles heridos. Muchos heridos de bala.

Dos semanas después, nadie en el gobierno asume su responsabilidad. Por el contrario, voceros oficialistas -políticos y periodistas- insisten en culpar a los organizadores de la protesta y a infiltrados terroristas-nacionalistas-evochavistas.

11 junio, 2009

Ganar a crisis revuelta

24 policías muertos, 9 civiles caídos. Un operativo policial mal planeado, con costos en vidas nunca antes visto. Y ningún responsable del gobierno. Nadie que reconozca una pizca de autocrítica y, por lo tanto, que asuma su cuota de responsabilidad.

Ahora resulta que la ministra del Interior no dio orden de nada, ni supo del inicio de operaciones, ni los planes operativos puestos en marcha. Nada. La ministra no vio ni supo nada. Todo fue hecho por la Policía. La Policía planeó y ejecutó el operativo. ¿Puede alguien creer eso?

Y sin embargo, lo dicen y siguen adelante como si nada pasara.

Este gobierno ha entrado en una vorágine de violencia y dureza legal abominable. La careta democrática ha caído para dejar ver el rostro fiero de un gobierno autoritario.

Sin derecho a defensa, siete congresistas de la oposición han sido sancionados por 120 días.

Luego de andar perdido en medio de la tormenta política post Baguazo, el primer ministro recompone una Mesa de Diálogo invitando a la Defensoría del Pueblo, a las iglesias evangélica y católica, pero, oh, sorpresa, no invita a los miembros de la AIDESEP.

El gobierno se zurra en la oposición. La borra de un plumazo. La arrincona legalmente. La saca de la mesa de negociaciones. La aporrea en las calles.

Por momentos, el gobierno pareciera empeñado en tensar él mismo la situación política. Como si buscara llegar a puntos extremos, quien sabe con qué intenciones.

Colocar a Nidia Vílchez en el Ministerio de la Mujer es, en esa línea, una provocación. En la práctica se está cumpliendo lo que dijo alguna vez Agustín Mantilla. “No se preocupen, compañeros, en dos años entramos al Gobierno”.

En medio de la peor crisis política, el Apra se inunda en sangre, y sin embargo: mantiene un premier timorato, se queda con su dama de hierro quita-cuerpo, termina por copar el ministerio encargado de los Programas Sociales, convoca a un alcaldillo felpudo –que quiere hacerle una marcha de desagravio en una semana– y se saca de encima a siete congresistas revoltosos. Mejor no les podía salir. Pero si este país es de maravilla.

08 junio, 2009

El Baguazo, el Andahuaylazo y el Arequipazo

Comparar el “Baguazo” como un nuevo “Andahuaylazo” es un tag efectivo, pero irreal. Un recurso mediático, pero mentiroso. En la plataforma de los pueblos amazónicos nunca estuvo la caída del gobierno. La asonada de Andahuaylas (2005), en cambio, fue una acción de armas que buscaba acabar con el régimen democrático.

La plataforma leída por Antauro Humala tenía como primer punto el fin del gobierno de Alejandro Toledo. Nada de esto ocurre ahora. La renuncia del gabinete Simon es una consecuencia de la incompetencia del gobierno para manejar la situación en la selva. No amenaza la continuidad democrática; por el contrario, es necesaria para fortalecer el sistema.

El “Baguazo” del 2009 tiene más bien similitudes con el “Arequipazo” del 2002.

La iracunda protesta de la población arequipeña fue en respuesta a la decisión del Ejecutivo de privatizar las empresas eléctricas Egasa y Egesur como parte de su política de promover y atraer inversiones.

En ese momento, el presidente de la República estuvo ante la disyuntiva de imponer su decisión a sangre y fuego –las tropas de asalto ya habían sido enviadas- y sumar cadáveres o retroceder en su determinación y asumir el costo político como signo de debilidad.

Ocurrió lo segundo, pero a la luz del tiempo fue lo mejor. Hoy se aprecia con claridad que no fue debilidad, sino sentido común, criterio y responsabilidad. Y una dosis de humanismo para asumir la derrota política transitoria, preservando la vida humana.

Como en Arequipa, los habitantes de la selva se resisten a procesos de concesión y/o privatización de los recursos naturales, tierra, agua, petróleo, gas. No es sólo ignorancia, como se dice desde el poder. Es una visión cultural distinta. Un choque antropológico entre dos mundos; uno que vive enlazado a Internet y otro que con toda la modernidad que vivimos no tiene aún energía eléctrica, agua limpia o canales para evacuar sus excretas.

Las voces de vacancia presidencial escuchadas en el entierro de los policías asesinados en Bagua son producto del dolor de familias que sienten que sus hijos fueron enviados a la boca del lobo sin haberse agotado las vías pacíficas de resolución de conflictos.

Estas voces se seguirán escuchando en las calles si se persiste en la equivocada visión de senderizar la protesta; de ver un terrorista en cada diferencia, en cada opositor.

No es por supuesto una respuesta terrorista. La violencia que hemos vivido y que se ha ensañado contra policías indefensos no es explicable con códigos tradicionales y sólo occidentales. Lo sabe Mario Vargas Llosa cuando le cupo la misión de esclarecer el asesinato de ocho periodistas en Uchuraccay. Tampoco entonces se entendió su visión de mundos distintos, antagónicos, que encontró en las alturas iquichanas.

La barbarie no sólo está en los que se pintan la cara y aúllan blandiendo sus lanzas. El salvajismo también se expresa en decisiones políticas confrontacionales, obtusas, que buscan imponer su autoridad a sangre y fuego y que –como hemos visto- sólo conducen a la muerte.