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18 agosto, 2022

Better call Saul, capítulo final


 ¿Qué hizo que Saúl Goodman —el pícaro abogado de la serie Better call Saul— cambiara la ventajosa condena que había logrado por todas sus fechorías de 7 años y medio a 86 años de prisión? El amor.

El amor a Kim. Un amor diferente, distante, torcido. Pero real. Quizás el único que ha sentido Saúl en su regreso a ser Jimmy. 

 

En el alegato ante la corte para confirmar su sentencia no tenía que agregar nada, pero él dice todo. Por primera vez es sincero hasta la imprudencia. 

 

Conforme narra los hechos que denotan sevicia, venalidad, desidia, se va desdibujando el cansado y derrotado Saúl. 

 

En su lugar renace nuevamente Jimmy, pero no el Jimmy graduado por correspondencia, granuja y encantador de serpientes, sino otro Jimmy, uno nuevo.

 

Un Jimmy motivado por el amor a Kim que es capaz de fabricar su propia máquina del tiempo, aquella de la que alguna vez le habló su hermano Chuck cuando le dijo: “Si no te gusta dónde estás, no hay vergüenza en retroceder y cambiar tu camino”.

 


Y, entonces, Gene, Saúl, Jimmy, decide cambiar su camino. Encuentra por fin el punto de no retorno, bifurca sus opciones y escoge el que lo lleva a la redención. El camino de la pérdida de la libertad, que es al mismo tiempo el de la libertad para amar.

 

Kim no podía amar a Gene, Saúl. Huyó de él. Lo abandonó para no seguir potenciando el mal que emergía cuando ambos se encontraban. Ella arrastrando el transtorno de una madre tendera y él preparando emboscadas para sacar fácil provecho. 

 

Juntos eran dinamita. Sus vidas por separado son cuerpos que transitan, comen y aman en una rutina que los va matando de a pocos. Antes de que se den cuenta son muertos en vida. 

 

Necesitan detener la espoleta antes que terminen dinamitándose ambos. 

 

Y fue Jimmy, con su declaración transparente, directa y por primera vez sincera el que lo hace esperando el castigo justo, el accionar no divino de la justicia.


Su encierro purifica su alma. Better call Saúl se convierte así en Better call soul

 

Un grito del alma para recuperar el respeto, la admiración y por qué no el amor de Kim. Yendo a la cárcel, Jimmy recupera su íntima libertad, la libertad de amar y merecer ser amado por la única mujer que a su manera lo hizo.

 

Mientras las partes discuten la nueva versión del acusado Jimmy se sienta y voltea a mirar a Kim. Ella le devuelva la mirada y una ligera sonrisa, muy fina, Mona Lisa, aparece. Sus ojos brillan. Ha vuelto a la vida. Él también.


Recuperadas sus almas, los cuerpos recuperan sus movimientos y comunican lo que durante años se resistieron a hacer. Kim tiene el valor de retomar su carné de abogada de Nuevo México y visita a Jimmy en la cárcel. 

 

Le invita un cigarrillo y ambos lo fuman recostados en la pared como lo hicieron desde que se conocieron, sea para relajarse, conversar o simplemente matar el tiempo. 

 

Se miran sin decir palabra, pero ella tiembla ligeramente al ofrecerle el fuego, como alguna vez le consagró sus sentimientos. El sostiene sus manos y prende el cigarro. Jala una pitada y luego se lo ofrece a ella, como antes, como siempre.

 

La escena final no permite saber a ciencia cierta qué será de sus vidas. Se miran por última vez. 


No hay resentimientos. Ni desconsuelo. Ni pena. Ni tristeza. 


Hay desasosiego. Tranquilidad. Calma. La paz que te da la liberación. 

 

La justicia, finalmente, ha hecho su trabajo. Él le dispara con los dedos. Ella se aleja de la cárcel hacia una ciudad inmensa de la que tampoco puede escapar. 

 

La diferencia es que ahora si desea matar el tiempo y fumar un cigarrillo recostada en una pared sabe donde encontrar a Jimmy.

 

20 febrero, 2021

La utopía de Floki

En la serie Vikingos, Floki es un guerrero danés que domina el arte de la guerra, eximio constructor de barcos, que cree fervientemente en sus dioses, pero que un día, tras asesinar a Athlestan, un mártir cristiano consejero del líder del clan, Ragnar Lothbrok, y perder primero a su única hija y luego a su esposa, decide abandonar su mundo de guerra, muerte y venganza para construir otro inspirado en “los auténticos dioses”.

 

Floki se abandona al vaivén de las olas y tras una larga odisea marina encalla en una tierra desconocida. Un lugar al que ningún hombre había llegado antes. A punto de morir con una herida pútrida en la mano, Floki se encomienda a sus dioses, pero se cura con las aguas sulfurosas de un volcán cercano. Al volver en sí entiende que los dioses le han permitido vivir con un propósito: disfrutar de las bondades de la tierra y compartir esa dicha con otros hombres. 

 

Decide entonces regresar a su pueblo, Kattegat, para atraer a un grupo de familias, convencerlas de las bondades de la nueva tierra y fundar con ellas un nuevo asentamiento vikingo, un lugar donde se destierre la violencia, la guerra, la rapiña y el deseo de venganza, y florezca en cambio el trabajo, la ayuda mutua, la justicia, la prosperidad y el culto en paz a los dioses. 

 

No es el primer utópico que fracasará en su intento. Ni el último. El sueño de Floki, la construcción de una sociedad justa y en paz se desarmará casi tan pronto como se inició. El asesinato del hijo de una familia generará el deseo de venganza de los afectados en una escalada de violencia que terminará por eliminar al fruto inocente del amor entre los hijos de ambas familias, simbólicamente, el primer hijo de la nueva tierra.

 

Si bien Platón diseñó en el mundo antiguo La República, un mundo más justo, coherente y ético, será Tomas Moro quien acuñe la palabra utopía, cuya traducción más exacta es “lugar que no existe”. Al igual que Floki, Moro también cree, a mediados del Siglo XVI, que los europeos pueden construir una civilización perfecta en una isla descubierta en aquel entonces y que los viajeros relataban con cuentos fantásticos de vida en comunidad, propiedad colectiva y tiempo libre para la paz, donde el interés de uno sería armónico con el interés del otro.

 

El mundo perfecto de Floki, como en el resto de pensadores y filósofos que han ideado lo mismo, no toma en cuenta que el componente esencial de la nueva sociedad no es la estructura jurídica o económica sobre la que se construye esa nueva sociedad; tampoco la religión, sino el hombre. Es la naturaleza humana la que, independientemente del orden social, sistema legal o principio económico que se pretenda establecer, se impone. 

 

Es el ser humano quien sin importar si tiene un Dios, varios dioses o es ateo, lleva en su alma el principio de toda civilización: la guerra y la paz, el trabajo y la rapiña, la envidia y la solidaridad, la perfidia y lo sublime, la vida y la muerte. 

 

Desesperado, desesperanzado, Floki renuncia a su proyecto de construir una sociedad ideal. Y se lanza a la nada. Otra vez. Las olas lo llevan ahora más lejos, mucho más lejos. Lo arrojan a las costas de América —como en realidad pasó alguna vez con los Vikingos, exploradores del mundo marino—, donde encuentra a otros seres humanos. Pero ya no tiene fuerzas ni deseos de conocer o intercambiar conocimiento. Se refugia en una casa que levanta en un árbol, sin contacto alguno con la nueva civilización. 

 

Los amerindios no lo atacan. Ni lo matan. Lo dejan vivir. Les causa curiosidad. Lo alimentan. Tiempo después, otros viajeros vikingos lo encuentran. Floki desciende de su casa-árbol. Los naturales lo creen loco. Sus antiguos camaradas también. Acaso por pensar un mundo mejor. Acaso por ser coherente con estos principios. Acaso porque eso es imposible.

 

 

03 septiembre, 2017

Juego de Tronos, el final


Games of Thrones terminó su séptima temporada y está a solo dos series en TV y dos libros de llegar al final de la historia. ¿En qué terminará? ¿Cuál será su moraleja?

Nada se sabe por boca de su autor, George R. R. Martin, solo que este será "agridulce", como el final de El señor de los anillos.

Sin entrar en spoilers, hipótesis o teorías sobre el devenir de la trama, pensemos un poco el colofón que puede quedar de la exitosa saga de guerreros, reinos, dragones y muertos vivientes.

Games of Thrones es una historia épica de la lucha por el poder. Siete reinos que viven en una etapa con características históricas propias de la Edad Media.

Las instituciones existentes son la Monarquía, el Ejército, la Iglesia. Existe un Banco poderoso, financiador de guerras, hay moneda y el oro es la divisa más preciada.

El ejército consume buena parte de los ingresos del gobierno. No hay obra pública importante, excepto algunos puentes, castillos e iglesias construidos como enclaves más que como obras en beneficio de la población.

El sistema económico y el poder político está ligado a la tierra. Las casas reales son propietarios no solo de la tierra, sino de sus frutos y de los vasallos que la trabajan y viven dentro de su territorio.
 
Gobernar es expandir el territorio y cobrar impuestos.

Armar los ejércitos, innovar el armamento y hacer la guerra para invadir otros reinos colocando piezas leales en los nuevos territorios, es la práctica usual para asegurar y ampliar el poder.

No hay industria aún. Pero el desarrollo de armas de ataque y defensa, incluyendo bombas y químicos de alto poder destructivo, es lo más avanzado en desarrollo industrial.

En el plano social hay esclavitud, miseria y hambre en la población. El trabajo en las ciudades permite oficios como armeros, panaderos, cocineros, taberneros, o comerciantes en general. Las mujeres son cortesanas o campesinas, subordinadas al hombre y sin derecho a ir a la escuela ni aprender a leer. Excepto Arya que rompe con el molde tradicional.
 
La burocracia de gobierno está perfectamente delineada. El rey tiene consejeros políticos y militares y un consejo asesor que lo ayuda a gobernar. Como todo aparato de poder en su interior juegan las estrategias, las políticas de alianzas, la intriga, las lealtades, las delaciones y las traiciones.

La política está en pleno desarrollo y se ejerce principalmente mediante el dominio de la fuerza, las alianzas y las guerras libradas por ejércitos poderosos.

Los Lannister y Los Targaryen proponen un tipo de monarquía armada, ambos por la fuerza, con un matiz de diferencia. Cersei controla el poder por miedo, Daenerys propone hacerlo por amor.

Jon Snow no tiene apetito de poder. Fue ungido Rey del norte por las circunstancias. Es él héroe perfecto (si cabe el término). Noble, valiente, justo y marginado. Muere por traición y resucita para cumplir su misión en el mundo: derrotar a los muertos vivientes y devolver la paz a los Siete Reinos.

Los Caminantes de la noche o el Ejército de los muertos vivientes son el resultado de la lucha eterna que tiene el hombre entre el bien y el mal. Cuando triunfa el mal, creamos monstruos. Seres del averno que terminan con nosotros mismos.

En el final de la sétima temporada, hemos visto como ni siquiera ante un escenario tan aterrador de los muertos vivientes ingresando a los Siete Reinos, la mezquindad humana desaparece.

Cersei traiciona a Jon y Daenerys, pacta con Euron de la Isla de Hierro, y propone esperar el desenlace de la Gran Batalla y quedarse con los que sobrevivan.

¿En qué quedará, al final, Juego de Tronos? Será la resolución de la lucha entre el bien y el mal. 

El ejército de los caminantes será derrotado. Cersei será derrotada. A un costo muy alto. Las cabezas de Daenerys y Jon quedarán servidas. Pero su muerte debe dejar una enseñanza. Y esta, creo yo, será el final de la serie.

El final feliz sería que Jon gobierne los Siete Reinos con justicia, rectitud y magnanimidad y transforme el poder político de la Monarquía a la República. Pero eso no va a pasar.

El final agridulce es que muera Jon o Daenerys. O ambos. Si Daenerys sobrevive tendría que inspirarse en John y evolucionar a una Monarquía Constitucional.

Pero, el final que me gusta más es que John muera en batalla y Daenerys quede embarazada y muera dando a luz un hijo varón al que alcanza a ponerle Aegon, como en verdad se llama su padre.

El invierno pasa, el Trono de Hierro finalmente es fundido y el hijo de Jon y Daenerys gobierna una nueva etapa del hombre, con justicia, rectitud y auténtica libertad. Nace la República.






23 septiembre, 2011

La televisión, los titulares y el humor presidencial

La televisión aumenta el volumen de las cosas. Es un fenómeno óptico derivado del formato desproporcionado 4:3 (horizontal/vertical) que tiene la pantalla. La gente se ve “gorda”, con unos “kilitos de más”. Pero ese es sólo el aspecto más frívolo. El efecto más urticante que tiene la pantalla es que distorsiona, amplifica, los estados emocionales de las personas.

En ese aspecto, la televisión tiene un tremendo poder en la comunicación gestual. Si estamos cansados, luciremos terriblemente agotados; si estamos ligeramente fastidiados nos veremos terriblemente molestos; si solo pestañeamos o desviamos un segundo la mirada, daremos la sensación de estar desorientados o completamente perdidos.

De manera que si una persona está cansada, molesta, no ha dormido bien, o no tiene claro qué quiere comunicar, mejor que no aparezca en pantalla. Y menos sentado frente a un entrevistador de una de las cadenas más importantes del mundo hispano en Estados Unidos.

Lo opuesto también es cierto. Una mueca amable potencia la receptividad ante cámaras; un tono seguro en la dicción, mejora la comprensión del mensaje; una mirada limpia, relajada, firme, potencia la confianza en el emisor. La pantalla, en este caso, es una ventaja. Y bienaventurados los que naturalmente tienen, además, esa magia llamada telegenia.

La fallida entrevista en Univisión del presidente Ollanta Humala es un buen ejemplo del poder de penetración que tiene la pantalla. Sin entrar al tema de fondo sobre la reelección que el propio presidente Humala aclaró más tarde en su Twitter -“Ni un día más. Mi juramento con el Perú ya la democracia lo es: no a la reelección”-, fue una pésima aparición en televisión.

Lució no sólo cansado, sino de muy mal humor, sin capacidad de aguante, ni reflejos para responder breve, claro y contundentemente, una pregunta por demás genuina y sin mala intención. "Probablemente, la reacción del presidente hacia ese periodista se deba al cansancio del viaje", dijo luego el Presidente del Consejo de Ministros, Salomón Lerner, a manera de explicación.

Puede ser. Pero no hay excusa. Era su primer viaje oficial fuera del país. Estaba ante una cadena televisiva importante del mundo. El Presidente no podía desaprovechar o mal utilizar un espacio tan importante de esa manera. “Puede ser por cansancio, ingenuidad, falta de experiencia o mal manejo de los medios”, escribió el periodista Jorge Ramos en su blog relatando su experiencia al entrevistar al presidente peruano.

Sin embargo, me atrevo a sostener que más que eso, fue la actitud a la defensiva con que el presidente Humala enfrentó la entrevista. La respuesta que le dio al entrevistador antes de la despedida puede ayudar a entender la mala experiencia: “Seguramente esa podría ser una respuesta que le daría titulares, y yo no estoy para dar titulares”, le dijo ante la insistencia del periodista por obtener una respuesta que confirme su no reelección.

Aquí sí, con todo respeto, se equivoca, señor Presidente. Si acepta una entrevista es para comunicar mensajes. Y estos se expresan mejor en titulares. De manera que una entrevista –bien trabajada y encarada– es precisamente para colocar titulares o “Sound Bytes”. Cuando no se logra, gana el periodista, quien coloca sus propios titulares… que, como vemos, no son los que más nos gustan.

POSTDATA: Había terminado de escrbir este post cuando el presidente Humala decidió dar una entrevista a CNN. Fue un hombre nuevo. Lució relajado, de buen talante, y hasta sonrió. Respondió todas las preguntas y no se molestó cuando le preguntaron por el incidente con Univisión. Esa es la forma de asumir una entrevista. ¿Vio presidente que no es difícil? Es sólo cuestión de entrenamiento, concetración y saber lo que se quiere decir. Si a eso le añade una sonrisita, la cosa sale suave, tranqui, sin sobresaltos.

09 marzo, 2010

Crousillat: acciones y conciencias vendidas

José Enrique Crosuillat ha vuelto a las andadas. Demostrando que el indulto presidencial "por razones humanitaris" fue un tongo, se le vio casi de inmediato comprando en un bazar de las playas de Asia, tomando café con un conocido periodista y gozando de lo lindo, mientras planificaba su verdadero movimiento: recuperar el control de América Televisión mediante artimañas legales.

En el mejor estilo montesinista, ayer pretendió sorprender a la opinión pública presentando, a través de su abogado, un audio en el que el gerente general del Banco Wiese Sudameris, Eugenio Bertini, señalaba supuestas presiones del entonces presidente Alejandro Toledo para cambiar la administración de América Televisión.

El psicosocial fue desmentido en todas sus líneas por el propio Bertini, quien en la noche, en el Programa Prensa Libre de Rosa María Palacios,desmintió haber recibido presiones del Ex Mandatario.

Lo cierto es que el proceso concursal al que fue sometida América Televisión y al que se allanaron las hermanas Crousillat, fue un proceso entre privados donde nada tuvo que ver el poder político.

Es más, si revisamos cronológicamente cómo ha sido el proceso de transferencia de acciones en América Televisión, encontramos que Crousillat no tiene nada que reclamar. Sus acciones se pulverizaron por no haber ejecutado su opción preferencial de ampliación de capital. Veamos en síntesis este proceso:

1992. América TV es vendida a Televisa.

1995. Televisa vende a su vez a Perú Visión (empresa de José Enrique Crousillat).

La venta es por el 99.9% poco más de 33 millones 230 mil dólares.

José Enrique Crousillat no tiene dinero para pagar, por lo que Televisa decide financiarle el pago a Perú Visión.

Para resguardar la operación se firma un contrato de fidecomiso, según el cual las acciones quedan bajo resguardo de BANAMEX.

Las acciones se canjearían a favor de José Enrique Crousillat, conforme pague.

El fideicomiso también establece que José Enrique Crousillat se encargue de la administración del canal debido a que la ley peruana no permite que un extranjero opere un canal de televisión.

Pero José Enrique no pagó. Entonces BANAMEX empezó a ejecutar la garantía, es decir remató las acciones.

2001. Marzo. Un Vladivideo muestra a José Enrique y José Francisco Crousillat vendiendo la línea editorial de América Televisión.

José Enrique pone a buen recaudo las únicas acciones que tiene a su nombre (2.9% del capital social) y decide donar este pequeño paquete a sus hijas, quienes quedan a cargo de la administración del canal.

2001. Diciembre. Indecopi declara insolvente a América TV. En siete años, los Crousillat acumulan deuda de 100 millones de dólares.

 2002. Abril. Los acreedores de América TV (Televisa, Banco Wiese Sudameris, Sunat, Telefónica), retiran confianza a las hermanas Crousillat. Se nombra como nuevo administrador a CCONSULTORÍA A.

Las hermanas Crousillat se allanan al proceso concursal. Se forma el GRUPO TV (El Comercio, Valores Bavaria). Este grupo más el GRUPO LA REPÚBLICA compran el 52,64% de las acreencias del canal.

Ambos grupos forman PLURAL TV para gestionar las acreencias.

2003. GRUPO PLURAL TV es el principal acreedor del canal.

 2003. Cuatro de Junio. Junta de Acreedores aprueba reestructuración del canal. Se toma, además, dos acuerdos:

1) Reducir capital social a cero para absorber deuda millonaria.
2) Aumentar el capital de la empresa.

Familia Crousillat pierde condición de accionista minoritaria por no ejecutar opción preferente de aporte de capital.

Los acreedores sí realizan el aporte y quedan con el 100% del capital de Compañía Peruana de Radiodifusión. Los Crousillat no tienen nada qué reclamar.

10 febrero, 2010

El Francotirador

Bayly arremete contra los políticos. Contra todos los posibles candidatos. Les dispara con todo. Los descalifica. Los desacredita. Ataca a todos, excepto a dos: a Keiko Fujimori y a Luis Castañeda.

Bayly tiene licencia para joder, pero también tiene sus amiguitos.

Bayly se sienta en su poltrona dominguera y despotrica sin límite. Se despacha a su regalado gusto contra la Iglesia. Pide que se les recorte el sueldo a obispos y cardenales. Pide terminar el Concordato.

Bayly provoca a la Iglesia.

Amanece un día y anuncia que quiere ser presidente. Otro día dice quizás. Otro, ya se verá. Un día alaba a Pepe Barba. Otro, se pelea con él. Otro, se amista.

Bayly es un inconsistente.

Propone desaparecer las Fuerzas Armadas. Quiere recortar el sueldo a los congresistas. No quiere llevar lista al Congreso.

Pontifica sobre sí mismo, se enorgullece de su bisexualidad. Un día dice que es casado. Otro que tiene un novio en Argentina. Otro, presenta a una novia de 21 años.

Bayly juega con su sexualidad.

Cacarea de sus pequeños logros literarios. Habla mal de su padre. Habla pestes de sus amigos. Un día escribe que no quiere al Perú.

Bayly es un resentido consigo mismo.

¿Y este payaso tiene 6%?... lo peor es que puede seguir creciendo.